14 septiembre, 2011

Hasta la boina de este país

No quiero caer en el tópico ni en el estereotipo fácil ni en el cabreo superficial. Pero está uno hasta la coronilla. De casi todo. Calamidad de país paleto. Ayer estaba dispuesto hasta a volverme belga, que ya es locura. Hoy me viene nostalgia de alemán o deseo de amanecer austriaco un día de estos. Y suizo no digamos. Que no me vengan con que allá la gente es antipática y llama a los municipales si montas mucha bronca después de las siete de la tarde. Pues mejor.

Como necesito desahogo, va un resumen rápido de la mañana tonta. La pequeña Elsa tiene que hacerse pronto su revisión anual por lo de la enfermedad celiaca. Así que nos vamos a que le extraigan sangre para los análisis. Acudimos a uno de los dos únicos laboratorios que todavía trabajan con Muface. Esa es otra, Muface no paga y se marchan los médicos, los laboratorios, los hospitales… Este se ha vuelto el país de irás y no pagarás. Bueno, pues llegamos al laboratorio de toda una señora clínica leonesa y nos ponemos muy contentos porque no hay cola. El joven de bata blanca que pensábamos que nos iba a atender nos dice: “Ah, es para la niña. Huy, pues entonces tengo que esperar a que venga mi compañera, que es la que sabe”. Extrañeza primera, asomo de mosqueo leve. Nos quedamos con cara de perplejidad y entonces se nos acerca una joven gordita que también estaba en la sala y nos explica que a ella tampoco le saca la sangre ese figura, pues tiene los brazos gruesos y no se le encuentra bien la vena. Y me pregunto: ¿al zampabollos ese para qué lo tienen allí? ¿Sólo para las venas propicias? ¿Será fiable para cualquiera semejante virtuoso de la jeringuilla?

Al cabo llega a la carrera otra joven con bata, de veintipocos años, calculo. Saluda diciendo que uf, qué carrera ha tenido que meterse para atendernos. ¿Dónde diantre estaría? Es sonriente y amable, pero algo empieza a torcerse cuando ve el volante del médico en el que figura todo lo que de la sangre de la niña hay que analizar. Empieza a decir que vaya lío y que qué carnicería, le pregunta al colega, que allí seguía mirando, que cuantos tubos harán falta y que si alcanzará con dos. Se les nota nerviosos. No digo que nos pongamos nerviosos los papás, no; son los enfermeros los que murmuran que vaya marrón y que qué tela de extracción. Los tranquilizo yo diciéndoles que no se preocupen, que la niña es muy dócil para esas cosas y que siempre ha soportado bien tales pinchazos. Elsa estira su bracito con la actitud más sumisa y espera sonriente. Yo pregunto que cómo quieren que la sujete. Me responden que ellos se ocupan. Y va la boba y la pincha en el brazo derecho sin que nadie se ocupe de su brazo izquierdo libre. Hasta yo me despisté, maldición, por confiar en semejantes inútiles. Consecuencia: Elsa da un manotazo con su mano izquierda al notar el torpe pinchazo y la aguja le rasga el brazo derecho donde la había pinchado.

Tremenda llorera de la pequeña y nerviosismo inusitado de los avispones atontados. Vuelto a intentar tranquilizarlos y les digo que lo intentemos ahora con más cabeza y que yo asumo la responsabilidad de sujetar a Elsa y que ellos hagan lo que deben sin preocuparse de más. Pero les tiemblan las manos y me suplican que por Dios, que cómo lo van a hacer si llora así. Rediez, cuántos niños han visto que no lloren y pataleen en ese trance. ¿O acaban de caerse de un nido de cigüeña con bata?

Así que nos largamos jurando en arameo y teniendo que buscar otro laboratorio. Mi mujer pide el libro de reclamaciones y se cisca en todo. Yo acudo a las oficinas del seguro, allí al lado, y mi desconsuelo crece. Enorme oficina con un puñado de gente esperando y… un solo empleado para atender. Eso ya es costumbre en tantos lugares. Cada vez que voy a la oficina de mi banco, que es la oficina central, sucede otro tanto, colas largas y un solo empleado en ventanilla. Total, que si tienes que hacer dos trámites, gastas idiotamente una mañana entera. ¿Nos lo podemos permitir? ¿Así seremos productivos todos? Urge quemar varias sucursales de distintas entidades. Sí, he dicho quemar. Disparar, de momento no. Vayamos viendo primero.

Ya echada a perder la media jornada, intento conseguir un libro que a Elsa le falta para el colegio. No lo tengo porque cuando se los compré todos, uno me lo dieron equivocado y yo no hice las comprobaciones. Hay que estar en todo lo mundano y no dándole vueltas a las cosas de los libros. Mas ya no aprenderé. Ni quiero. Lo que sí tengo que mejorar es la técnica con la que se debe aplicar el viejo principio de que donde pago, cago. Tal cual. Montar buenos escándalos y sonoras pedorretas. Bien, a lo del libro. Por cierto, impresionante lo que cuestan los libros del colegio para una mocosilla de cuatro años. Mientras, a financiar chorradas en museos de (cag)arte moderno. Pues vas un día y otro a la única librería de esta ciudad de cagarrutias con visón que parece que tiene existencias de libros de texto y te dicen que precisamente ese te llegará mañana o pasado. ¿No me lo pueden reservar o avisarme? No. Ah. ¿Y darme un teléfono para que llame? Sí, me lo anotaron el otro día. Hoy llamé. Al cabo de timbrar un minuto, sale una voz que me dice que es de las oficinas de la librería. Intento contar mi asuntillo. Pues que vaya por allí en persona y de cuerpo presente, porque el teléfono en la tienda no lo cogen porque están muy ocupados y usted ya me entiende. Te entiendo. Y me defeco en tu mamá/papá y decido que me largo a El Corte Inglés y ahí os den a los del comercio local. Siempre estoy igual, por culpa de mi estúpido romanticismo. Que se arruinen todos y que se ganen la vida en un burdel de medio pelo o poniendo el culete en cualquier esquina con aroma de orines.

Lo bueno de El Corte Inglés es que tampoco te resuelven la papeleta, pero te dicen las cosas. No te llaman feo, simplemente te indican que contigo no hay apareamiento posible. Que el libro ese está agotadísimo y que hasta que no se reedite no hay nada que hacer. Que preguntes dentro de unas semanas. Mejor eso que cada día, como pretendían los reyes del trato personal en el otro lado. Pero me quedo pensando: libros de texto agotados a principios de curso y reediciones retrasadas. O sea, los de las editoras, otros mantas importantísimos.

Es lo que hay, el país que somos. Para lo de volverme alemán ya no llego a tiempo y en lo de la violencia desmedida temo que no voy a encontrar apoyo social suficiente. Lo de alegrarme cada vez que un comercio se arruina o medio barrio se va a la mierda es consuelo nada más que momentáneo. Y en verdad no soy capaz de alegrarme tanto. Hasta para la maldad se va uno poniendo algo mayor.

Me encontré ayer a un viejo amigo que por dos veces me había contado, cuando tocaba, que él había votado a Zapatero porque es mejor apoyar a un leonés que va a hacer muchas cosas por esta ciudad. Me encanta este talante ático de mis conciudadanos, su compromiso con la polis, lo desprendido de su ideología y lo extenso de sus miras. Sí. Pero ayer ese andaba puteado y echaba fuego por entre los dientes. Acababa de tener que cerrar su pequeña empresa y se había quedad en la pura ruina. Cargaba contra Zapatero y los zapaterianos cejipijos con desmesurada saña. Yo le repliqué, suavecito, que yo jamás había votado a ese inútil y que ciego había que estar para no calar a la primera a semejante bobo y a sus cuates y cuatas. Me miró con afecto y me replicó que por supuesto y que un rayo debería partir a cuantos les dieron su apoyo en las urnas dos veces. Eso me dijo. Él. El mismo. Y se marchó tan campante, después de pedirme que lo avisara si me enteraba de algún sitio donde pudiera salirle un curro. Así estamos. Jodidos, pero soberbios. Aquí las culpas siempre las tiene el maestro armero. Y yo ya he escrito aquí que lo de cargar contra el imbécil de Zapatero se acabó en este blog. Nos toca asumir ahora, de una puta vez, un tipo de culpas que llaman colectivas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ver la peli " Un dia de furia " ( 1992 ) de Joel Schumacher, con Michael Douglas.

Que te vamos a decir, Amado...

nun ye pa' ponese tan enfocicáu dijo...

nun ye pa' ponese tan enfocicáu.

Anónimo dijo...

Joer, que razon tiene, mas que un santo...

Aunque de poder elegir, yo, más que alemán, elegiría ser noruego, por eso de que el frio ayudaria a que no se me calentara tanto la sangre como me pasa en este pais de chichinabo y pandereta que es...

Doménico Lozano Woolrich dijo...

Nada, brazos abiertos acá en México, que tampoco es que ande mucho mejor la cosa, pero creo que lo de los laboratorios sí que no pasa (puf, dije creo).

Anónimo dijo...

De aquéllos polvos vienen estos lodos. Pero es que los polvos que se nos avecinan, van a convertir el lodazal en auténtica montaña de excrementos de purísima e inmaculada mierda.

Sr. García Amado, le entiendo, le comprendo, y la única solución que se me ocurre, no es cambiar de país, que va, es cambiar de ... planeta.

¿Alguien sabe cuando, y de donde, sale la próxima nave colonizadora para Alfa Centauri? Es para ir apuntándome. Para Próxima Centauri, también me valdría.