03 junio, 2010

El fracaso de la enseñanza

(Publicado hoy en El Mundo de León)
Suponga que a todos los de su barrio que tengan trabajo les dicen que si consiguen aguantar dos horas trotando a buen ritmo, les suben el sueldo. ¿Cuántos cree usted que lo conseguirían? Ahora imagine que al cabo de unos años se rebaja el requisito y basta correr sesenta minutos para tener o mantener dicha mejora. ¿Cree que serían más, menos o los mismos los que lograrían esa marca? Yo estoy convencido de que serían los mismos, o casi. Quien tiene aptitud para una carrera de una hora la tiene para correr el doble si hace falta o le parece conveniente. Quien sólo quiere sofá y tele y vive vencido por la pereza o la abulia preferirá seguir como está antes que mejorar a base de esfuerzo.
Hace unos días leíamos que sólo el treinta por ciento de los estudiantes universitarios leoneses acaban su carrera en el tiempo establecido. Desde mi experiencia como profesor universitario y desde el recuerdo (lejano ya, ¡ay!) de mi época de estudiante, les puedo asegurar una cosa: en las últimas décadas el nivel promedio de exigencia en las carreras ha disminuido como mínimo a la mitad. Con lo que se estudiaba hace veinte o treinta años daría ahora para hacer varias carreras al mismo tiempo, no una sola. Y, sin embargo, ahí tenemos los resultados: mengua la exigencia y mengua tanto o más el rendimiento. ¿Por qué? Porque el capaz y tenaz va a hacer siempre lo necesario para salir airoso de los exámenes, mientras que el dado a la molicie va a disminuir su esfuerzo en proporción directa a lo que se bajen los baremos.
El fracaso escolar no lo provocan los profesores exigentes, sino los estudiantes que no quieren esforzarse o que no están acostumbrados a trabajar porque siempre se les ha tenido entre algodones y tomando la sopa boba. El verdadero fracaso escolar es la combinación de estos dos factores: que los mejores aprenden menos de lo que debieran, pues no se les exige todo lo que podrían dar de sí, y que los peores van a seguir suspendiendo aunque sólo se les solicite que escriban su nombre con las tildes bien puestas. Por eso el actual sistema de enseñanza es, de principio a fin, una estafa y una estupidez. Está hecho a la medida de sus muñidores, que son unos cuentistas redomados.

02 junio, 2010

La sentencia de la semana. 1. Lo poco que pesa el honor del padre cuando es mala o tonta la madre

Vamos a iniciar hoy una nueva sección en este blog, para que no se nos olvide que tiene algo de jurídico. La llamaremos “La sentencia de la semana” y la usaremos para comentar decisiones judiciales que nos llamen la atención, bien porque en ellas se razone de un modo extraño, bien porque planteen problemas teóricos o prácticos muy interesantes. La de hoy, para empezar, es de las primeras.

Se trata de la Sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla, Sección 8ª, de 9 de noviembre de 2009. El número de la Sentencia es el 367/2009. Omito el nombre del magistrado ponente, pues temo que me voy a ensañar un poquito y, desde luego, no hay una cuestión personal aquí ni pretendo faltarle al respeto a nadie. Pero lean la Sentencia ustedes mismos -es breve- y luego me dicen algo de cómo está redactada. Se la copio al final de la entrada.

El asunto es el siguiente. Una señora, llamada Elena, presentó contra su marido, de nombre Nicolás, denuncia por abusos sexuales de éste contra la hija de ambos, menor de edad. Resultó ser una denuncia falsa, y de tal falsedad no ha quedado duda ninguna, una vez practicadas las pruebas correspondientes, tal como en la Sentencia se reconoce. El marido y padre, don Nicolás, interpuso, curiosamente, demanda por intromisión ilegítima en el derecho al honor, demanda que fue desestimada en primera instancia y cuyo recurso de apelación resuelve la presente Sentencia de la Audiencia. Téngase presente, por tanto, que no estamos ni ante un proceso penal por denuncia falsa ni ante una reclamación civil de daños con base en el 1902 del Código Civil. Entiendo que la base normativa de la demanda de don Nicolás está en la LO 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen, que en el apartado primero del artículo 9 dice que “La tutela judicial frente a las intromisiones ilegítimas en los derechos a que se refiere la presente Ley podrá recabarse por las vías procesales ordinarias o por el procedimiento previsto en el artículo 53.2, de la Constitución. También podrá acudirse, cuando proceda, al recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional”. Y en el apartado tercero establece que “La existencia de perjuicio se presumirá siempre que se acredite la intromisión ilegítima. La indemnización se extenderá al daño moral que se valorará atendiendo a las circunstancias del caso y a la gravedad de la lesión efectivamente producida, para lo que se tendrá en cuenta en su caso, la difusión o audiencia del medio a través del que se haya producido” y que “También se valorará el beneficio que haya obtenido el causante de la lesión como consecuencia de la misma”. Así que lo que estaba en juego con la demanda de don Nicolás contra la madre de su hija era, por un lado, la restitución de su honor mancillado con la denuncia y, por otro, la indemnización que tendría que estipularse si se reconociera que el atentado contra su honor fue “ilegítimo”.

Hasta ahí los hechos y el trasfondo normativo. Ahora prepárense para las sorpresas y los sobresaltos. Así estamos y esto es lo que hay: la Justicia razona como razona. No hay más tutía. Resumiré la Sentencia paso a paso, numerando las etapas de su razonamiento, al tiempo que pongo de manifiesto mis perplejidades. Esto nos dice la Audiencia sevillana:

1. Es “gravísimo” el ataque que padece el honor de un hombre que es víctima de una denuncia falsa por abusos sexuales a una hija suya menor. Tal denuncia falsa “atenta al (sic.) ser o esfera más íntima de la personalidad de un padre” y supone un estigma y “un grave deshonor”. “Por consecuencia, imputar este tipo de conductas a sabiendas de que son falsas sin el menor escrúpulo, atentan (sic.) claramente al honor, a la propia estima y a la consideración debida por los demás, sin perjuicio del reproche penal por la denuncia falsa, cuyo bien jurídico atacado es otro, (La Administración de Justicia) o los daños morales, materiales y perjuicios y molestias causadas por verse injustamente inmerso en un procedimiento penal”.

No hay duda, por consiguiente, de que el honor de don Nicolás ha sufrido muy grave quebranto con la denuncia en cuestión.

2. Pero nos encontramos, según la Sentencia, ante una “colisión jurídica entre el derecho al honor del denunciado y el derecho-deber de proteger a la menor frente a posibles ataques sexuales del otro progenitor”.

¿Colisión de derechos? ¿Cómo que colisión de derechos? Si hay tal colisión de derechos en este caso, la habrá también en cualquier otro supuesto de denuncia falsa. Yo le denuncio a usted como autor de cualquier delito y con tal denuncia no hago más que cumplir con mi derecho-deber de colaborar con la Administración de Justicia y comportarme como ciudadano ejemplar que vela por el orden social debido y por la protección de los bienes merecedores de tutela penal. Así que ya sabe, yo lo denuncio a usted por violación, estafa, robo, homicidio o lo que me dé la gana, y estoy quedando como un señor y simplemente contraponiendo mi derecho a su derecho al honor.

Y usted dirá que de acuerdo, que puede ser, pero a condición de que mi denuncia no sea falsa. Falso, según la Sentencia. Vea por qué.

3. Según nos cuenta la Audiencia, si quien denuncia falsamente no actúa de mala fe y no tiene previa conciencia de tal falsedad, habrá que concluir que su derecho-deber de denunciar prevalece sobre el derecho suyo de usted al honor. Así queda resuelta la mentada colisión de derechos. Empieza usted a estar preocupado por la muy liviana protección de su derecho fundamental al honor, ¿verdad? Sí, el derecho al honor es un derecho fundamental amparado por el art. 18 de la Constitución. El derecho-deber de denunciar, incluso en falso pero sin mala uva, no sé cuánto de fundamental será y en qué artículo constitucional tendrá acogida. A lo mejor está en uno de esos principios constitucionales implícitos que tanto se llevan hoy en día.

Oigamos al Tribunal: “Decantándose el conflicto jurídico a favor del derecho al honor del denunciado o a favor del derecho-deber tuitivo, según se acredite que la denunciante actuó o no a sabiendas de que los abusos sexuales eran falsos, ya sea con intención directa de atacar el honor o de forma eventual, persiguiendo alguna otra ventaja jurídica”. Aparte de lo elegante que queda eso de comenzar una frase con un gerundio, vemos que el tema se reconduce a un asunto de prueba: o se prueba que el autor de la denuncia falsa obró a sabiendas de la falsedad y con total mala fe y/o buscando alguna ganancia o ventaja, o el derecho al honor pierde la partida y el denunciado se queda a dos velas. O sea, y en nuestro ejemplo paralelo: yo a usted le he hecho trizas la reputación con una acusación gravísima y mentirosa, pero la pelota pasa a su tejado en forma de prueba semidiabólica, como mínimo: o prueba usted mi mala intención y mi propósito asqueroso, o yo me voy de rositas y usted se queda jodido y sin reparación. Es lo que se llama proteger los derechos fundamentales ponderando, que es gerundio también. Todo, pues, dependerá de la combinación de mi habilidad para hacerme el tonto y de la valoración de las posibles pruebas o indicios de mi dolo que haga el juez. Y aquí nos espera otro susto, ya verán.

4. A valorar la prueba se aprestan nuestros magistrados: “Por tanto, en casos como el de autos, lo que debemos hacer es una valoración del bagaje probatorio existente en los autos para decir si la denuncia o la puesta en conocimiento de la "notitia criminis" se hizo con conocimiento y voluntad de la falsedad por la madre de la menor”. Pero antes de ver cuál es el objeto y el resultado de dicha valoración, permítasenos una consideración. ¿No hay aquí espacio para una mínima exigencia de cuidado? ¿En verdad sólo puede ser relevante el dolo puro y duro, la mala intención de libro? ¿No cabe tomar en consideración la culpa o negligencia y pensar que el denunciante debe adoptar unas mínimas precauciones, tener un elemental cuidado y comprobar con rigor sus indicios o sospechas antes de dar el paso de denunciar y poner en tan gravísimo brete el honor del denunciado, en este caso el padre de la menor? Incluso en pro de la protección de la menor, ¿no debería estar más protegido el padre? ¿La conclusión que a la niña o muchacha se le va a mostrar es que su padre era inocente, pero que bien está quedándose así, sin reparación de su honor indebidamente dañado, mientras que la madre mintió, pero no por mala, sino por boba y que, por tanto, nada debe reparar? Curioso, curioso, curioso. Y dicen que protegen derechos fundamentales y que resuelven colisiones de derechos. Manda narices.

No debemos perder de vista algo que antes hemos señalado y que la Sentencia de marras ni menciona: que está en juego no sólo la restitución nominal del honor herido, sino también una indemnización que, a tenor del precepto legal antes citado, tendría que seguirse con necesidad si se fallara que fue ilegítima la intromisión en el derecho al honor. Que no se trata, pues, de decir que la mujer delinquió o que es mala gente, sino de examinar si fue ilegítimo el daño al honor y, en ese caso, sentar una indemnización por parte del que provocó tal daño. Y que nada impide que pueda haber atentado al honor por vía culposa, no sólo dolosa, y que, en consecuencia, sea objeto de reproche jurídico quien por frivolidad o falta de cuidado incurre en un atentado tan grave como acusar a un padre de abusar sexualmente de su hija. Pero todo esto queda excluido de raíz en la Sentencia, pues o prueba el padre denunciado que la madre era plenamente consciente de lo infundado de la denuncia, o se queda sin honor y sin reparación, pues gana el derecho de la madre, el derecho-deber de denunciar, que, al parecer, abarca algunos supuestos de derecho-deber de denunciar falsamente.

Una valoración adecuada y no risible de los derechos en conflicto avalaría sin duda la toma en cuenta de la culpa o negligencia de la denunciante, pues, en primer lugar, pondría en su debido lugar constitucional el derecho al honor y, en segundo lugar, matizaría de modo razonable ese derecho-deber de denunciar, pues permitiría darle un enunciado de este tenor: existe un derecho-deber de denunciar, pero con cuidado, con prudencia, con una mínima cautela y con una mínima seguridad, pues, de no ser así, no sólo se daña el honor del denunciado, sino hasta el propio bien que se quiere proteger con el mentado derecho-deber, como es en este caso la integridad y el interés de la menor. Una menor que es objeto de una denuncia falsa contra su padre por abuso sexual no sólo no es protegida, sino que es también dañada. O al menos parece que así debería parecerle a cualquier persona razonable, con o sin toga. Y eso por no hablar de otro bien jurídico-constitucional que también debe tutelarse: la Administración de Justicia. ¿O no sufre dicho bien cuando se permite denunciar impunemente delitos tan graves a tontas y a locas?

Pero volvamos a las pruebas y su decisiva valoración.

5. En la Sentencia se nos dice que hay indicios tremendos de que la madre denunció a sabiendas de que no habían existido los referidos abusos sexuales. Miren cuántos: “Y haciendo esa valoración, nos encontramos con indicios de que la madre actuó a sabiendas de la falsedad de la imputación realizada, como es el hecho de que ocultara la anterior denuncia realizada por ella contra su anterior pareja y padre de su hija mayor, de su interés en limitar y obstaculizar las visitas del denunciado a su hija y el propio marco de conflicto de derecho de familia, donde se produce la denuncia indirecta llevando a su hija al hospital, o el esperar al día siguiente para llevarla a la niña (sic.) al centro de salud, así como la constatación de cierta intervención de la madre en la narración de hechos”.

¿Parece claro y terminante, verdad? Pues no. Véase en qué se acaba, pero le recomiendo que el párrafo siguiente lo lea usted sentado:

“Pero lo cierto y verdad es que, aparte de indicios, que no son unívocos y de los que no se puede deducir sin ningún género de dudas la actuación torticera de la madre, no existe una prueba clara y terminante de que todo fue un invento y manipulación de la menor por parte de la madre, y al no existir esa prueba terminante este Tribunal no puede decantarse a favor del derecho del honor del actor a riesgo de limitar el derecho-deber de denunciar, en defensa de las menores, ante sospechas de ataques sexuales de los propios progenitores, pues el derecho-deber de protección lo consideramos como superior al derecho al honor y por ello, sólo en el caso de existir una prueba terminante, no ya de inexistencia de abusos sexuales, (que en este caso estamos completamente convencidos, a la vistas (sic.) de las pruebas que no lo hubo), sino de que la madre haya actuado a sabiendas de su falsedad y con un interés expureo, es sólo cuando debe prevalecer el derecho al honor y no el ejercicio torticero de un derecho-deber de protección con otra finalidad”.

Sí, ya sé que se ha quedado usted deslumbrado por lo de “expureo”. Vaya tela.

Primero. ¿Cuándo puede haber en un caso como este una “prueba terminante” que sea más terminante que los citados indicios? Salvo la confesión de la acusadora, fruto de un arrepentimiento que parece improbable y de un deseo de indemnizar más sorprendente aún, no se nos ocurre ninguna.

Segundo. Si no estamos en un proceso penal, ¿por qué esta manera radical de aplicar una especie de presunción de inocencia? No estamos preguntándonos si la acusadora, doña Elena, es una criminal, una delincuente, sino si ha habido intromisión ilegítima en el derecho al honor. El foco hay que ponerlo en el derecho fundamental ignorado y en su titular, no en la presunción de inocencia de quien lo pisoteó.

Tercero. ¿Qué base constitucional, legal o simplemente de sentido común tiene esa afirmación, totalmente decisiva aquí, de que “el derecho-deber de protección” es (“lo consideramos”) “superior al derecho al honor”? Respuesta obvia: ninguna base.

¿Derecho-deber de protección de quién? Desde luego, parece más bien que de la madre, porque es bien extraño que pueda protegerse a la menor mediante denuncias falsas contra su padre, nada menos que por abuso sexual, denuncias que sin duda habrán provocado una sucesión de medidas contra ese progenitor y a la vista de la niña, y padecidas también por ella, aunque sea indirectamente. Pero, ¿algún ser humano razonable, magistrado o mortal común, puede todavía pensar que la denuncia falsa contra el padre, aunque sea sin dolo, puede hallar justificación en la protección del menor o la menor? ¿Pero se está protegiendo a la menor cuando se exime de toda responsabilidad, absolutamente toda, al progenitor o progenitora que denuncia falsamente, aunque sea por descuido o porque es imbécil y no se preocupa de ir con un mínimo cuidado en asunto tan grave? Más aún: ¿alguien se imagina que una denuncia falsa de este cariz puede en realidad hacerse sin mala fe y nada más que por una sospecha que no se somete a un mínimo escrutinio? ¿De verdad pueden unos señores magistrados estar tan en la inopia o es que van a otra cosa?

6. Decimos los muy brutos de mi pueblo que bien está hacer el amor, pero no arrancar los pelos. No lo decimos exactamente con tanta finura, pero ustedes ya me entienden. Bueno, pues la Sentencia acaba hasta por arrancar los pelos: le perdonan las costas a don Nicolás porque seguramente tiene razón:

“No obstante la confirmación del fallo de la sentencia recurrida en cuanto al fondo del asunto, aunque por distintos fundamentos, consideramos que el caso presenta dudas de hecho sobre la actuación de la madre y su conocimiento de la falsedad de la imputación, pues, como hemos dicho, aunque no existe una prueba terminante para decantarnos a favor del derecho al honor frente al derecho-deber tuitivo, existen indicios de la falsedad de la misma, que tienen que tener una consecuencia en la no imposición de costas de la primera instancia con arreglo a lo dispuesto en el art. 394 de la LEC , y estar, ab initio, justificada la interposición de la demanda”. “Y al revocarse la sentencia recurrida, al menos en cuanto a las costas, con arreglo a lo dispuesto en el art. 398.2 de la LEC , tampoco procede imponer las de esta Alzada”.

Sin comentarios. Dejémoslo estar, no vayamos a ser nosotros los que ahora hagamos afrenta al honor de alguien.

PD.- Sospeché que el magistrado ponente pudiera ser un magistrado suplente. Pero busqué con ayuda de Google y me parece que no. Así que a cada uno lo suyo.

AHÍ VA LA SENTENCIA:

ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO.- Por el Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Sevilla se dictó Sentencia de fecha 13/04/09 , que contiene el siguiente FALLO:
"Que debo desestimar y desestimo íntegramente la demanda interpuesta por el Procurador/ra Sr./Sra Alcantara Martínez en nombre y representación D. Nicolas contra Dª. Elena y en consecuencia debo absolver y absuelvo a ésta última de los pedimentos contenidos en el suplico de la demanda con imposición de costas a la parte actora."
SEGUNDO.- Notificada a las partes la resolución de referencia, se interpuso recurso de apelación contra ella, el cual se preparo e interpuso por escrito en tiempo y forma ante el Juzgado "a quo", dándose traslado del mismo a la otra parte que presentó escrito de oposición y al Ministerio Fiscal, que hizo lo propio, ordenándose la remisión a este Tribunal de los autos, que una vez recibidos se registraron y designó ponente, señalándose vista, por tratarse de un procedimiento sobre Derechos Fundamentales.
TERCERO.- En la tramitación de este recurso se han observado las formalidades legales.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- Entrando en el fondo del recurso, este Tribunal no puede estar conforme con el Ministerio Fiscal ni con la parte demandada ni con la sentencia recurrida, en cuanto se afirma que si se estimara la demanda se produciría una incongruencia, en cuanto que se podría haber accionado penalmente por una presunta acusación o denuncia falsa e incluso también por vía de daños y perjuicios morales del art. 1.902 del Código Civil , pero no se podría ejercitar una acción civil en defensa del honor del actor, porque no ha existido tal ataque a ese bien y derecho fundamental, que es el honor.
SEGUNDO.- Sin embargo, este Tribunal, partiendo de la indeterminación del concepto social de honor, tenemos que decir, que, sí podemos calificar un ataque al honor en esta Sociedad como gravísimo, es el producido mediante una denuncia falsa por supuestos abusos sexuales a una hija menor cometido por su padre, lo cual atenta al ser o esfera mas intima de la personalidad de un padre; constituyendo una actuación horrenda y merecedora del mayor reproche, el abuso sexual de un ser inocente por aquella persona, que precisamente tiene la obligación de protegerla y que, en vez de protegerla, se aprovecha de su situación y relación paterno filian para abusar de ella, siendo este tipo de actuaciones absolutamente repugnantes para la Sociedad actual, quedando, quien es condenado por ellas, estigmatizado para siempre, suponiendo un grave deshonor.
Por consecuencia, imputar este tipo de conductas a sabiendas de que son falsas sin el menor escrúpulo, atentan claramente al honor, a la propia estima y a la consideración debida por los demás, sin perjuicio del reproche penal por la denuncia falsa, cuyo bien jurídico atacado es otro, (La Administración de Justicia) o los daños morales, materiales y perjuicios y molestias causadas por verse injustamente inmerso en un procedimiento penal
TERCERO.- Así pues, no se trata de que una imputación a un padre, de unos abusos sexuales a una hija menor de edad, no constituyan un ataque al honor, sino que lo que se produce en estos casos es una colisión jurídica entre el derecho al honor del denunciado y el derecho-deber de proteger a la menor frente a posibles ataques sexuales del otro progenitor, poniéndolo en conocimiento de quien por razón de su profesión u oficio tiene el deber de investigarlos o comunicarlos para que se investiguen.
Decantándose el conflicto jurídico a favor del derecho al honor del denunciado o a favor del derecho-deber tuitivo, según se acredite que la denunciante actuó o no a sabiendas de que los abusos sexuales eran falsos, ya sea con intención directa de atacar el honor o de forma eventual, persiguiendo alguna otra ventaja jurídica.
CUARTO.- Por tanto, en casos como el de autos, lo que debemos hacer es una valoración del bagaje probatorio existente en los autos para decir si la denuncia o la puesta en conocimiento de la "notitia criminis" se hizo con conocimiento y voluntad de la falsedad por la madre de la menor.
Y haciendo esa valoración, nos encontramos con indicios de que la madre actuó a sabiendas de la falsedad de la imputación realizada, como es el hecho de que ocultara la anterior denuncia realizada por ella contra su anterior pareja y padre de su hija mayor, de su interés en limitar y obstaculizar las visitas del denunciado a su hija y el propio marco de conflicto de derecho de familia, donde se produce la denuncia indirecta llevando a su hija al hospital, o el esperar al día siguiente para llevarla a la niña al centro de salud, así como la constatación de cierta intervención de la madre en la narración de hechos.
Pero lo cierto y verdad es que, aparte de indicios, que no son unívocos y de los que no se puede deducir sin ningún género de dudas la actuación torticera de la madre, no existe una prueba clara y terminante de que todo fue un invento y manipulación de la menor por parte de la madre, y al no existir esa prueba terminante este Tribunal no puede decantarse a favor del derecho del honor del actor a riesgo de limitar el derecho-deber de denunciar, en defensa de las menores, ante sospechas de ataques sexuales de los propios progenitores, pues el derecho-deber de protección lo consideramos como superior al derecho al honor y por ello, sólo en el caso de existir una prueba terminante, no ya de inexistencia de abusos sexuales, (que en este caso estamos completamente convencidos, a la vistas de las pruebas que no lo hubo), sino de que la madre haya actuado a sabiendas de su falsedad y con un interés expureo, es sólo cuando debe prevalecer el derecho al honor y no el ejercicio torticero de un derecho-deber de protección con otra finalidad.
En definitiva, si bien no estamos totalmente contestes con el fundamento de la sentencia recurrida, apoyada por el Ministerio Fiscal y por la parte apelada, si que debemos confirmar el fallo de la misma por inexistencia de una prueba terminante, que nos haga escorar la balanza a favor del honor, sobre que la madre actuó a sabiendas de la falsedad de la imputación de abusos sexuales de su hija menor, que hizo ante los facultativos del hospital, los que con obligación de actuar, pusieron en marcha el mecanismo de la Justicia.
QUINTO.- No obstante la confirmación del fallo de la sentencia recurrida en cuanto al fondo del asunto, aunque por distintos fundamentos, consideramos que el caso presenta dudas de hecho sobre la actuación de la madre y su conocimiento de la falsedad de la imputación, pues, como hemos dicho, aunque no existe una prueba terminante para decantarnos a favor del derecho al honor frente al derecho-deber tuitivo, existen indicios de la falsedad de la misma, que tienen que tener una consecuencia en la no imposición de costas de la primera instancia con arreglo a lo dispuesto en el art. 394 de la LEC , y estar, ab initio, justificada la interposición de la demanda.
Y al revocarse la sentencia recurrida, al menos en cuanto a las costas, con arreglo a lo dispuesto en el art. 398.2 de la LEC , tampoco procede imponer las de esta Alzada.
En su virtud,
FALLAMOS
Se estima parcialmente el recurso interpuesto por la representación de D. Nicolas contra la Sentencia dictada por el Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Sevilla con fecha 13/04/09 en el Juicio Ordinario nº 1830/08, y se confirma en cuanto al fondo el fallo de la misma, revocándose exclusivamente sobre la imposición de costas a la parte actora, que se deja sin efecto, así como tampoco se hace pronunciamiento sobre las costas de esta Alzada.
Dentro del plazo legal devuélvanse las actuaciones originales al Juzgado de procedencia con testimonio de esta resolución para su ejecución.
Así, por esta nuestra Sentencia, definitivamente juzgando en grado de apelación, lo pronunciamos, mandamos, y firmamos
.

01 junio, 2010

¿Derecho en serio o según y cómo?

Hace un puñado de meses pasó de visita por mi despacho un antiguo alumno al que le guardo sincero aprecio, un pillo buena gente con el que acabé en franca amistad, un tipo realmente simpático que hace quince años aguantó mis clases con una mezcla de sorna y resignación. Ahora es policía municipal en un ayuntamiento cercano a León. Traía la cara amoratada y medio hinchada. Me interesé por lo que le pasaba y me contó. Andaba de patrulla y vio que algunos macarras estaban haciendo no sé qué fechoría. Se acercó a pedirles identificación y explicaciones y la emprendieron a golpes con él, hasta romperle la nariz y dejarlo medio inconsciente. ¿No llevabas pistola?, le pregunté. Y esto me respondió: si saco la pistola y pasa algo, me juego el trabajo; si disparo me la cargo yo con toda seguridad. Prefiero que me den una tunda así.

Hay que ver lo que son las cosas, me he acordado de él y de esa historia al ver las imágenes con las que el Gobierno de Israel pretende presentar como poco menos que legítima defensa de los soldados la carnicería que se organizó ayer en el barco turco con ayuda para los palestinos. No pretendo aquí, en absoluto, entrar en polémicas sobre si son mejores o peores unos u otros, aunque tenga mi idea personal sobre el asunto: en contra de todos. Suele ocurrirme. A lo que voy es a que, en el caso concreto, ninguna agresión con barras de hierro -si ese fue el caso, como parece en algunas imágenes difundidas por los israelíes- o hasta con cuchillos puede justificar que todo un ejército que presume de ser de los más preparados y eficaces se tenga que defenderse a base de tiro a matar. Es obvio que existen mil y una maneras de dominar a un grupo de personas violentas -si era el caso- y sin armas de fuego, como saben los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado de cualquier país.

Parece que casi todo el mundo (¿menos Obama? Cielo santo, qué está pasando con Obama, se preguntará el lince de La Moncloa en medio de la espesura de su mente prodigiosa) lamenta que el Derecho internacional no tenga maneras efectivas para hacer valer sus normas y para sancionar con garantías a determinados países que se toman a broma la legalidad internacional. Qué pena, al parecer, que el Derecho internacional no sea más rígido y contundente, más efectivo, con órganos que lo apliquen sin vuelta de hoja y al margen de poderes y presiones de esta nación o de aquel gobierno. O sea, y en resumen, que nos gustaría que el Derecho internacional fuera derecho en serio, hard law y no esa mezcla de sof law y ética tibetana de la que no sale ni a tiros, precisamente. Me parece muy bien, pero tengo una pregunta para ese adalid de la norma en ristre: ¿por qué no nos gusta lo mismo para el Derecho interno, para el de aquí, para el del país? ¿Por qué estamos tan encantados con que aquí la norma democráticamente legítima se disuelva en dimes y diretes, se enmiende en su aplicación a base de evanescentes principios o coyunturales conveniencias? ¿Por qué aquí suplantamos las legalidades constitucionales establecidas echando mano de voluntades populares alternativas, de intereses grupales fantasmagóricos o de procedimientos informales empleados para reemplazar a los institucionales e institucionalizados? ¿Por qué, en suma, nos gusta que el Derecho español parezca Derecho internacional, mientras que para el Derecho internacional pedimos que sea, en sus medios y su eficacia, como el Derecho interno de un país serio, pongamos Alemania?

Propongo un ejemplo. Ésos que creen que el Estatuto de Autonomía de Cataluña no puede ser corregido por el Tribunal Constitucional en lo que de opuesto a la Constitución tuviere, pues se aduce que ya lo respaldó el pueblo catalán en referéndum y que esos elementos materiales tienen que pesar más que los puramente formales, ¿están dispuestos a aplicar una lógica parecida en este caso de Israel y el Derecho internacional? Puesto que el Consejo de Seguridad de la ONU no ha condenado al Gobierno de Israel y sólo la lamenta su acción, ¿debemos concluir que esa voluntad que dicho Consejo representa es razón bastante para estimar que el proceder de Israel era jurídico? Si por encima de las prescripciones de un texto constitucional tiene que figurar el respeto a la autodeterminación de cada pueblo y si la rigidez de la norma debe dejar paso a la capacidad negociadora de las naciones, ¿eso vale sólo para el Derecho interno o también para el Derecho internacional? Ah, y si el pueblo israelí saliera a la calle en masa para respaldar a su Gobierno o si en referéndum diera por bueno lo acontecido anoche, ¿podríamos decir que tratar de imponer a Israel las normas internacionales en contravención de la voluntad de su pueblo, así expresada, sería una tropelía intolerable que justificaría una mayor desafección -aún- de los israelíes respecto a las normas internacionales?
¿O acaso es que aplicamos una lógica diferente según el caso y la conveniencia y somos unos perfectos chaqueteros jurídicos? Chaqueterismo jurídico, que noción tan interesante e innovadora. Alguien debería hacer una tesis doctoral sobre eso. Con muchos ejemplos, claro.

31 mayo, 2010

Igualdad de oportunidades

Se avecinan fabulosos tiempos para volver a pensar y, desde luego, para replantear el discurso político. En los últimos tiempos, los de bonanza económica y pijerío desbocado, el pensamiento político había sido sustituido por las consignas de marca, y del discurso honrado de la política no quedaban más que caricaturas al estilo de ese Fray Gerundio Campazas que nos sigue gobernando en este país, boberías que ni a tautología llegan, naderías con aroma de pachuli. Ahora, sumidos definitivamente en la paradoja que a todos nos llevará por delante, recuperamos el tiempo para meditar, pues ya no lo gastaremos en seleccionar viajes exóticos o en comprarnos todoterrenos para ir a misa de doce. La paradoja final, por cierto, es tal que así: deberíamos darle una patada en el trasero al Zapatero de nuestros pecados, pero no es posible, pues, en tan trágica situación, el país no puede permitirse ni elecciones anticipadas ni fracasos parlamentarios del tuercebotas. Es lo que se dice estar atrapados.

Al grano. Siempre me he considerado de izquierda o más cercano a la izquierda que a la derecha. De ahí también mi aversión a Zapatero: es una estafa que daña a la izquierda de bien y necesaria, es una caricatura diseñada por el enemigo más perverso -¿quién carajo pergeñó qué para que ese sujeto se hiciera con las riendas de la izquierda, ganara elecciones y atontara a medio país? ¿He dicho país?-, un guiñapo insustancial que pone la ideología más frívola e inane donde hace falta la idea capaz de guiar una praxis seria. ¿Qué entiendo por izquierda? Antes que nada y por encima de todo, igualdad de oportunidades. Ésa es, para mí, la noción dirimente, el gozne que nos permite clasificar los programas políticos con un criterio cierto. La división primera y fundamental se da entre partidos o ideologías políticas defensores y no defensores de la igualdad de oportunidades como objetivo prioritario.

La igualdad de oportunidades entre los ciudadanos supone dos cosas: admitir que en la sociedad existan grados diversos de bienestar o de disfrute de bienes y exigir que del acceso a esos puestos desiguales nadie esté excluido por razón de la lotería social. Lo primero nos aleja del igualitarismo radical, del comunismo teórico; lo segundo nos separa de toda visión de los grupos sociales en términos de castas o estamentos “naturales” o que sean reflejo de una justicia cósmica o un orden de la creación impuesto por algún dios con mala uva.

Si tomamos como referencia el Estado nacional -referencia que va siendo hora de superar- y ponemos a España como ejemplo, una perfecta igualdad de oportunidades se daría aquí si todos los niños que nacen hoy mismo como españoles tuvieran, prescindiendo de sus atributos individuales -coeficiente de inteligencia, temperamento, capacidad de trabajo- las mismas probabilidades de ocupar cualquier puesto en el esquema social, desde el lugar más alto o que más se ambiciona, al más bajo o que más se quiere evitar. Es decir, sería plena tal igualdad de oportunidades si el niño gitano que viene al mundo en algún barrio periférico de una gran capital y el nieto de Botín cuentan con las mismas probabilidades de llegar a ingeniero naval, astronauta, presidente del gobierno, abogado del Estado, auxiliar administrativo o barrendero municipal. Por decirlo de otra manera: sería total la igualdad de oportunidades si, ante la pregunta de cuál de esas cosas es más probable que sean uno y otro de estos dos niños, lo único que cualquiera de nosotros pudiera contestar fuera esto: no sé, dependerá enteramente de sus capacidades individuales y nada está prescrito ni preescrito de antemano: tendrán que competir en buena lid y bajo las mismas reglas, y luego ya veremos.

No puede haber igualdad de oportunidades sin redistribución de la riqueza, pues lo que la familia paupérrima del niño que hoy viene al mundo no pueda pagarle para que sus posibilidades de ser cualquier cosa no se queden en puramente formales -nada más que virtuales, que diríamos actualmente-, sino que se tornen reales y efectivas, ha de proporcionárselo el Estado bajo la forma de servicios públicos de calidad: educación, sanidad, alimento si es necesario... Ahora bien, tenemos aquí un primer elemento para diferenciar entre demagogia populista y auténtica política de igualdad de oportunidades.

Esos servicios públicos de carácter redistributivo tienen que plantearse con un propósito constructivo o de interés general. No se trata de mantener a unos cuantos -o a unos cuantos miles- para que no tengan que cambiar de trabajo, que irse de su pueblo, que alterar su paisaje o sus costumbres, etc., sino de dar los instrumentos para que cualquiera y los hijos de cualquiera puedan aspirar a lo que sea. Confundir la política de izquierda con la sopa boba y la subvención pública con el mero consuelo es fuente de gran parte de las tropelías y las injusticias que en nombre de un Estado social mal entendido se han cometido.
Me arriesgaré con un ejemplo, para que me atice alguien unos sopapos aquí: que al jornalero andaluz se le haya estado pagando el PER durante los últimos veinte años, al mismo tiempo que la inversión en becas, por ejemplo, no aumentaba como es debido ni se gestionaba para asegurar los mejores resultados sociales, y al miso tiempo que era la mano de obra inmigrante -explotada hasta la náusea en muchos casos- la que se ocupaba de muchas de las labores agrícolas en Andalucía y en el resto del país, es una injusticia monumental, un despropósito que nada tiene que ver con una política social bien entendida. Al hijo del jornalero que tenga capacidad hay que pagarle el colegio, la universidad y un máster en Yale. Al jornalero que no quiera coger los bártulos para irse a Almería o a Lérida o que no aproveche él mismo para -con cargo al erario público, en ese caso sí- estudiar una carrera o dos idiomas, no hay que darle nada. Porque lo que a él se le regala por la mala suerte de que no encuentra en su mismo pueblo el trabajo que más le apetece, se le está quitando a otro, o a las becas del hijo de otro.

Nada más antisocial, en suma, que ese cruce de vieja caridad cristiana con electoralismo espurio, que dar limosna para que me sigan votando y puedan seguir jugando la partida en el mismo bar toda la puñetera vida. Pues no.

El no perder de vista la igualdad de oportunidades como guía de la política social o progresista tiene que servir también para filtrar otro tipo de políticas y programas. Por decirlo a la manera de la estúpida psicopedagogía, la igualdad de oportunidades ha de revestir un carácter transversal, ha de estar presente como pauta con la que poner otro tipo de medidas en su adecuado sitio. Mencionaré sólo un ejemplo de los muchos posibles: las políticas de género.
Las oportunidades vitales de mi madre, campesina pobre, estuvieron decisivamente limitadas por dos razones: por ser pobre y por ser mujer. Si hoy tuviera quince años, ya no sufriría tanta discriminación por ser mujer, pero la misma, poco más o menos, por ser pobre. Es más, vería, con perplejidad y desde la inteligencia aguda que poseía, que por ser pobre era discriminada también por comparación con otras mujeres. ¿Adónde quiero ir a parar? A lo siguiente: que las llamadas políticas de género son indudablemente necesarias como políticas de igualación de oportunidades entre mujeres y hombres, pero que no pueden perder de vista que la división entre mujeres y hombres se cruza con otra división social fundamental, la que se da entre pobres y ricos. Y que, en consecuencia, la prioridad, en muchos programas de discriminación positiva o acción , no se debe dar a la mujer por ser mujer a secas, sino a las mujeres pobres. Porque cuando sólo cuenta el género, lo que se consigue es una reduplicación de la discriminación económica: las ventajas para las mujeres las aprovechan las mujeres económicamente pudientes, con lo que ya tenemos el cuadro completo: la sociedad la domina la coalición de los ricos y las ricas. No estoy propugnando el fin de las medidas de acción afirmativa en ciertos ámbitos, sino su radicalización. ¿Que, por ejemplo, se decide que un tanto por ciento de los puestos en los más altos tribunales del Estado lo cubran mujeres? De acuerdo, pero que se establezca también que al menos dos terceras partes de ellas deben provenir de ciertos estratos sociales particularmente humildes.

La auténtica izquierda, o al menos la que para un servidor es tal, no antepone ningún otro objetivo social a la igualdad de oportunidades: ni objetivos de género ni objetivos de identidad cultural ni objetivos “nacionales” ni nada de eso. Si el llamado Estado social acaba sirviendo al dominio de los burguesotes de siempre, ahora para vivir subvencionados y a costa del que no puede aspirar a más futuro que la miseria o la ignorancia, yo acabaré prefiriendo al mercado salvaje, la verdad. Pero espero que no me llegue el día de una decisión tan triste. Por eso quiero que de una vez surja en este país una izquierda seria, y no esta piltrafa sinvergonzona que nos asfixia y nos mata el ánimo y las esperanzas. Porque quiero que en este país -y en el mundo- nadie esté condenado de antemano, como lo estuvieron mi padre y mi madre, los dos. Porque los dos eran más honrados e infinitamente más inteligentes que toda esta morralla que hoy se las da de progre para vivir del cuento. Y ellos, mis padres, no tuvieron ninguna oportunidad, ninguna. Igual que les sigue pasando a muchos, a media España por lo menos. Por eso me llevan los demonios cuando veo lo que veo, en la tele, en el BOE, en la universidad y en todo este maldito país que merece irse adonde se está yendo.

Ah, y una advertencia final: si eso es lo que define a la izquierda, en mi concepto, será izquierda el partido que haga esa política, o lo será tanto más cuanto más sirva su política a ese objetivo. Llámese como se llame ese partido y tengan sus líderes la ceja para arriba o para abajo. Por supuesto. A ver si vamos a lo que importa, de una puñetera vez.

28 mayo, 2010

¿Votantes o burros?

Un amigo que milita en un partido político minoritario me contó hace días la siguiente anecdotilla. Se encontró con un conocido, hablaron un poco de política y el sujeto le soltó a mi amigo lo siguiente: “Sí, tu partido es muy majo, pero yo soy de Zapatero porque yo soy republicano, ¿sabes? Pero, ojo, republicano de los de antes”.
Aplastante. No pretendo hacer la exégesis de tan complejo enunciado ni preguntarme cómo será por dentro la cabeza de ese genio del razonamiento político. Tampoco se me alcanza qué relación ve el muy avispado entre la política de Zapatero y el amor a la República, salvo que haya secretas actitudes y ocultos propósitos que a uno se le escapan. Más bien me conformo con la idea de que mi amigo se topó con un imbécil. A eso no hay más vueltas que darle. Así que elevemos el tono un poquillo.
Tracemos primeramente el esquema de lo que, sin demasiadas pretensiones, puede considerarse un votante razonable y maduro, con psicología de ciudadano adulto. Llamemos X a ese ciudadano políticamente adulto. Por muy variadas razones (lecturas, influencia del medio, temperamento, situación personal…) X se ha formado una idea de las distintas opciones políticas, de los diferentes programas políticos que aquí y ahora compiten. X es capaz de señalar al menos unos pocos atributos definitorios de cada una de esas opciones. De entre todas ellas, X se forma una preferencia: prefiere (porque le parece avalada por mejores razones y más loables propósitos, etc.) la opción política P1. La antepone, por tanto a las opciones P2…Pn, que le convencen menos o nada.
Va de suyo, como ya se ha dicho, que X es capaz de diferenciar por algo más que por el nombre o por detalles meramente aparentes o cosméticos su opción preferida, P1, de las otras opciones (P2… Pn). Esto significa que si se le pregunta a X por qué prefiere P1, no responderá diciendo que le gusta P1 porque es P1 o porque no es P2, sino que podrá dar las razones que, en su opinión, definen dicha opción. Pongamos que las alternativas fueran nada más que una que llamamos conservadora y una que llamamos reformista, y que X prefiere la alternativa conservadora. Si le preguntamos por qué, no podrá decirnos que se acoge a la conservadora porque es la conservadora, o porque es la que más estima la buena gente, o porque en su casa siempre han sido conservadores. Es decir, a la primera o ante nuestra réplica, tiene que poder detallarnos, aunque sea mínimamente, qué significa para él la opción conservadora, enumerando caracteres o atributos que permitan diferenciar esa opción de la opción reformista. Si no es capaz, es un votante irracional. Por esa regla de tres también podrían votar las vocas o los cerdos.
Así que los esquemas más elementales de un ciudadano políticamente maduro pueden, en este punto, resumirse así:
“Prefiero la opción política P1 en razón de las características A, B y C que la definen o caracterizan, y que, por tanto, la diferencian de la opción política P2, cuyas notas definitorias son D, E, F, y de la opción política P3…, etc.”.
En tanto que votante, y puesto que a las urnas las ideas concurren encarnadas en o representadas por partidos o agrupaciones políticas, X deberá luego ver qué partido recoge, o recoge mejor o en mayor medida, su opción preferida, P1. Lo congruente es que vote a ese partido (llamémoslo H) en lugar de a cualquier otro que represente opciones diversas o que represente menos perfectamente esa opción. Por supuesto, cabe que el cálculo entren también otros factores, como cuál de entre los partidos (H, J…) próximos a P1 tiene más posibilidades de gobernar o cuenta con mayores garantías para ser eficaz en su gobierno, etc. Pero, simplificando, lo que se quiere decir aquí es que, permaneciendo idénticos otros factores, es incoherente el votante que se inclina por un partido que no recoja su opción preferente. Si no hay ninguno que la satisfaga en grado mínimo, puede ser también coherente la abstención o el voto en blanco.
Supongamos ahora que gana las elecciones el partido H, al que X votó porque encarnaba mejor que ningún otro, en su opinión, la idea o programa político P1, definido P1, en opinión de X, por los caracteres A, B, C. La pregunta ahora es: ¿cuánta disonancia o incongruencia entre la acción política del partido H en el gobierno (o en la oposicion, en realidad) y la opción política P1 puede X soportar sin dejar de votar a dicho partido? ¿Cuáles son aquí los umbrales razonables de tolerancia?
Me parece que la respuesta a esta pregunta sólo puede ser indirecta, tal que así: a circunstancias constantes, un votante es tanto menos maduro políticamente, tanto menos razonable en cuanto ciudadano político, cuanta mayor disonancia permite entre la acción del partido al que vota y la idea sustantiva por la que vota a ese partido. Otra forma de expresar dicha idea: un ciudadano es tanto más políticamente inmaduro cuanto más inmune sea su voto a un partido respecto de la acción política concreta (de gobierno o de oposición) del partido al que vota, inmunidad derivada de la disposición a sacrificar las ideas o programas que definen la concepción política de ese ciudadano, en pro de un líder o partido al que, por tanto, ya no se vota por razón de ideas, sino por otro tipo de motivos que serán, normalmente, móviles puramente emotivos (es muy guapo, era el partido de mi abuelo, es lo que vota mi novia, es lo que votamos los cojos, etc., etc.).
Si algo valen estas modestas herramientas de análisis, el diagnóstico resultante para nuestro país será deprimente: la inmensa mayoría de los españoles vota con las posaderas. Más elegantemente: la enorme fidelidad del voto de la mayoría de los españoles indica que el suyo no es un voto basado en preferencias reflexivas, sino en poses frívolas y en adscripciones puramente emotivas; en un campo, por cierto, en el que la emotividad es sinónimo de irracionalidad. Quien diga que vota a Fulano o Mengano porque le cae bien o porque habla bonito o porque tiene un hoyuelo atractivo en la barbilla es un perfecto zoquete, un inimputable político, un imbécil de libro.
Como ejercicio, apliquemos lo anterior a los partidos mayoritarios aquí, el PP y el PSOE. Si consideramos al primero partido conservador y al segundo partido reformista, puede haber magníficas razones para preferir una u otra opción y votar en consecuencia a éste o aquél. Pero ahora bajemos de las ensoñaciones a los hechos.
Toda idea política o programa político del PP tendrán un carácter puramente presunto. Será el votante bienintencionado el que les impute a los de Rajoy esta o aquella concepción concreta de la sociedad o tal o cual solución para determinado problema. Porque lo que es decir, el PP no dice nada, salvo que por decir o proponer entendamos enunciados tan generalísimos como vacíos, del tipo “la familia es la célula básica de la sociedad” o “España se rompe”. Y, aunque hagamos el acto de caridad política de pensar que en esos enunciados hay contenidos tangibles y propuestas determinadas, no mejorará la situación, pues vemos que cuando el PP ha gobernado no ha cambiado ni una coma de la política familiar sentada antes por el otro partido (por ejemplo, ni de broma deroga el PP la legislación abortista que tanto critica desde la oposición) ni se propone el PP modificar ni tanto así la organización territorial de este Estado que, según su consigna, se rompe por estar mal organizado. ¿Entonces por qué lo votan tantos de los que lo votan? Yo no lo sé, pero creo que la mayoría de esos votantes son de piñón fijo y políticamente inimputables: o votan contra el PSOE o votan sin ideología sustantiva ninguna.
¿Y el PSOE? Aquí, al menos en un nivel superficial, la situación es la contraria. El PSOE de Zapatero ha sido un partido superideologizado. Zapatero y los suyos han tratado de hacer de la disputa ideológica el eje de sus apoyos. Pero el tipo de ideología con la que se han identificado tiene dos características que la hacen desentonar de lo que se supone que representa un partido socialista: escasa incidencia sobre la realidad social tangible y compatibilidad con una práctica política que muy difícilmente podrá ser calificada de socialista por un observador político mínimamente informado.
En términos más claros: quien vote por una concepción socialdemocrática o socialista de la sociedad no podrá seguir apoyando coherentemente a un partido que ha hecho aumentar las diferencias entre pobres y ricos, que ha contribuido a la multiplicación salvaje del desempleo, que ha endeudado el Estado, al menos en parte, para favorecer a los bancos, el capital financiero y las grandes empresas constructoras y que recorta deuda del Estado a base de congelar pensiones y el sueldo de una parte de los trabajadores. Que, fuera de eso, nos resulte simpático que mande quitar las estatuas de Franco o que persiga el consumo de tabaco, es harina de otro costal. Pero ¿alguien cree que las estatuas de Franco o el consumo de cigarrillos en restaurantes pueden ser razón decisiva para votar o dejar de votar a un partido, y más con la que está cayendo?
Que, en el punto al que el PSOE de Zapatero ha llegado, siga habiendo gentes que proclamen su fidelidad electoral a esas siglas o a ese líder, es otra muestra más de que a mucho votante español le importan tan poco las ideas como las realidades, que sólo mira lo mona que queda su posturita al dárselas de esto o de lo otro. Como el idiota del cuento del principio.
Y aún faltaría introducir un factor más, que simplemente mencionaré para no alargar en demasía este texto. Me refiero a qué ocurre cuando el votante constata que el partido al que votó ya no es meramente que cumpla mejor o peor con la idea o el programa que se le supone, sino que está en manos de un incapaz o un grupo de incapaces. ¿Seguir votando a ese partido no será, precisamente, la manera definitiva de arruinarlo para mucho tiempo? También en esto la fe puede mover montañas y, desde luego, ser más potente que la razón. Si uno se empeña en que el rey está vestido, vestido lo ve y no hay más tutía. Se confunde los pelos de sus partes con la real capa de armiño, y listo. Seguro que más de un votante de Hitler andaba obnubilado por el apellido “socialista” que llevaba su partido, el nacionalsocialista. Y no es por comparar, ni mucho menos, en otros puntos o para otros propósitos. Sólo se trata de decir que si un votante se pone burro, burro hay que dejarlo.
Lo que pasa es que tanto burro ya fastidia, la verdad. Y no hay por qué tolerar más: al votante burro, como ese conocido de mi amigo, hay que cantarle las cuarenta como se merece: vota lo que quieras, chaval, que para eso vivimos en una sociedad libre; pero vete al carajo y no me aturres a mí con tus gilipolleces. Tal cual. Que se enteren de que no somos tan atontados como ellos y que vean el asquito que nos dan porque ellos son los que están jorobando este invento.

27 mayo, 2010

¿Pegarse un tiro? ¿Echarse al monte? ¿Pasar de todo?

Copia exacta del mensaje de un alumno UNIVERSITARIO que acabo de recibir. Sólo suprimo su nombre y el dato de los puntos. El resto es tal cual:
"Ola soy un alumno suyo me llamo XXXXX y me gustaria preguntarle haber si me puede decir los fallos del tercer test, es que tuve en total de los tres test XX puntos y por eso queria saber mis fallos.
y despues de cara a examinarme de su parte en el examen de la próxima semana, su parte seria tipo test como hasta ahora? y que serian 12 preguntas? y en ese examen entran tambien los artículos no?
gracias".
Agradeceré cualquier sugerencia del amable lector. En particular, me gustaría que debatiéramos el siguiente tema: a quién deberíamos fusilar mañana al amanecer. Por la brava, sin juicios ni leches.

¿Y si la crisis fuera una oportunidad?

(Publicado hoy en El Mundo de León)
Entiéndanme. A mí también me van a bajar el sueldo. Y soy de los afortunados. No sabemos lo que nos espera a la vuelta de la esquina de la próxima maniobra de los inversores o al hilo de la siguiente ocurrencia de estos zascandiles que nos gobiernan como penitencia por nuestra frivolidad. Pero también cabe que la sociedad salga de ésta -cuando salga y si es que sale- renovada; falta nos hace. Quizá estábamos necesitando una buena sacudida para volver a ponernos en nuestro sitio y a razonar como adultos, y para dejarnos de poses y posturitas de nuevos ricos con poco seso. Se nos está bajando la chulería como por arte de magia. Ya era hora.
Permítame el amable lector que convierta lo que sigue en una pura enumeración. Es una relación de cosas que podríamos cambiar, ahora que estamos en crisis y se nos quitan los humos. Son meros ejemplos.
Deberíamos aprovechar para: 1) Votar por ideas serias y programas, no por consignas vacías o estereotipos pasados de rosca. 2) Exigir a los gobernantes que no mientan con esa desfachatez y que cumplan sus compromisos y promesas. 3) Mirar con mejores ojos al ciudadano que trabaja duro que al que roba o se aprovecha de los otros. 4) Diferenciar los debates esenciales de los accesorios; por ejemplo, discutir sobre el futuro es más importante que andar en polémicas sobre el pasado. 5) Recuperar la valoración social positiva del mérito, la capacidad y el esfuerzo, sea en la educación, la Administración o la empresa privada. 6) Olvidar para siempre enchufes, recomendaciones y variados favoritismos. 6) Dejar de subvencionar como cultura las paparruchas. 7) En realidad, dejar de financiar con dinero público cualquier cosa que no sirva de verdad al progreso de la ciencia auténtica o a la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos. 8) Prescindir de cuanto engendro administrativo sea tan inútil como caro, llámese ayuntamiento, comunidad autónoma, empresa pública, fundación pública... 9) Defender las instituciones públicas importantes frente al ataque combinado de la sinvergonzonería y la insolidaridad.
Y así sucesivamente. Está casi todo por hacer, si queremos tener un Estado como es debido y no este club de carretera, por decirlo fino.

26 mayo, 2010

Gente de peso

Yo le había jurado una y mil veces que jamás la engañaría. Años con la misma promesa en los labios todo el rato. Al fin, me pilló con la asistenta en actitud poco decorosa, el uno sobre el otro y apretados como si nos fuera la vida en el empellón. Sin darle tiempo ni para una lágrima, comencé a jurar que no era lo que parecía, ni cambio ni bandazo, que las malditas circunstancias me habían forzado y que estaba haciéndole a la otra el amor sin deseo y hasta con un poco de grima. Mi amigo Rodríguez Ibarra acudió al quite y le escribió a mi señora una carta en la que le hacía ver cuánta debió de ser la presión de la malvada mucama para que un servidor cediera a sus reclamos y se bajara los pantalones de aquella manera. Decía Rodríguez (Ibarra) que mis jadeos no eran de placer, sino de íntimo sofoco y de incontenible dolor, que aquella manera de mordisquearle el pezón a la muy pelandusca no significaba más que sublimación de las ganas de abofetearla por llevarme al huerto. Y así todo.
Cedió mi mujer y renovamos nuestros juramentos de amor, fidelidad y mutua entrega. Aún le salían pucheros cuando cada tanto recordaba con qué saña había criticado yo a su antiguo novio, tildándolo de mendaz y aprovechado, de inestable y traidorzuelo. “Me dijiste muchas veces que yo no merecía un hombre que me mintiera y que tuviera mal talante”, me repetía. Yo, por calmarla, le aseguré que pondría por escrito mis reforzadas promesas y mi compromiso de amor eterno. Así lo hicimos y le firmé un documento en el que, con encendida prosa, le reiteraba mi cariño sin tacha y el juramento de que nunca más le pondría los cuernos. Lloró de emoción al leer testimonio tan franco y me comió a besos.
Esa misma noche, pasadas las doce, mientras un par de fulanas me hacían una esmerada -y cara- felación, tomé el papelucho y le puse una corrección de errores. Escribí: “Donde dice ´nunca más` ha de leerse ´nunca más hoy`". Firmé con fecha de ayer. El día que vuelva a cazarme le responderé que si no sabe leer o qué. Como me ama, se disgustará un poquillo al comprobar de nuevo que soy un truhán y un cantamañanas, pero no me abandonará. En realidad, de entre tantos pretendientes me eligió por eso, por cabroncete y porque le vacilo como a ella le gusta. Pedazo de putón, si bien se mira.
Por cierto, tengo que llamar a Juan Carlos para ver cuándo nos corremos una juntos. Se la debo. Y eso que sé que anda hablando mal de mí a mis espaldas. Pero a la hora de la verdad ahí está, firme y solidario con los de nuestra clase.
(Dedicado al votante pertinaz de JLRZ. Un punto de vista similar, pero en serio, aquí).

25 mayo, 2010

Antorchas como culos. Por Francisco Sosa Wagner

Lo ha dicho hace poco Jennifer López: “los españoles se obsesionan con el culo”. No tengo autoridad para enmendar a esta imponente musa pero, desde mi pequeñez, me permito indicarle que yerra, que los españoles solo se obsesionan con determinados culos, no con el culo genéricamente considerado, es decir, con ese “conjunto de las dos nalgas” según la árida y triste definición que nos proporciona la Real Academia.

Vamos a entendernos: claro que todos los culos merecen un respeto, faltaría más, incluso aquellos que representan tan solo un instante de la humana arquitectura, los que no pasan de la consideración de abreviatura, de manojillo de romero, de breve rocío de los prados, también esos son acreedores de nuestra educada consideración. Ahora bien, la obsesión hacia ellos, la chifladura recia y sostenida, esa, querida Jennifer, solo se tributa a algunos que fabrica la Naturaleza como una expresión de su natural (para eso es Naturaleza) caprichoso y magnánimo, y además lo hace como quien alarga una dádiva desmesurada, como quien sabe que está fabricando un tesoro.

Sabemos que estos culos, cuando los vemos pasar erguidos y distantes en su firme entereza, nos proporcionan sudores y temblores pero los vivimos con alegría dirigiéndoles parecidas alabanzas a las que reservamos para esa rosa efímera que es la vida, nuestra vida. Y cosa curiosa: a la vista de uno de ellos, todo lo demás que nos rodea, el resto de los seres humanos, los edificios, las cotizaciones de la Bolsa, las sentencias del Tribunal constitucional, todo eso, de tan aparente consistencia, se nubla, dijérase que adquiere un aire fantasmal, como esos seres que se pasean entre bosques umbrosos y respecto de los que nos resulta difícil precisar sus exactos contornos.

Es decir, cuando un culo de obsesión comparece en escena es como si se abriera un claustro escondido y nos mostrara sus flores, sus hierbas, que son huchas de olores, sus guirnaldas y se oyera además el canto medido de un coro vibrante y seductor. Obsérvese que estamos en un momento refulgente ante el que todo debe quedar como suspendido pues es la hora del disfrute del prodigio, la hora en la que hasta nuestra manía por descifrar los enigmas del mundo debe quedar aplazada.

No es una casualidad que los grandes escritores hayan cantado estos milagros. La Fontaine nos cuenta cómo hubo en Grecia dos siracusanas “que tenían un trasero portentoso. Y por saber cuál de las dos hermanas lo tenía más gentil, duro y carnoso, desnudas se mostraron a un perito que, después de palpar con dulce apremio, ofreció a la mayor su mano, en premio”. Pero la menor no le andaba a la zaga (nunca mejor empleada la expresión) y por eso fue tomado el suyo por el hermano del perito y ambos se casaron y se concertaron para edificar un templo dedicado a “Venus, nalga recia” y “fuera aqueste el templo de la Grecia al que más devoción se ha tenido”.

Y así es porque el culo -cuando no es frívolo sino que alega hechuras imperecederas- tiene algo de roca emergente, pero también de un cielo abierto que nos confiara su indescifrable abismo, de antorcha que portara un fuego de sobresaltos.

Por eso La Fontaine lo lleva a los altares del templo. Más laico, yo lo llevo a algún escondite pleno de melodías, a una cueva profunda donde solo el júbilo del goce esté soleado.

Nuestro hombre en Helsinki (2). Por Fernando Losada

El amigo Fernando sigue narrándonos su peripecia. Para recordar el primer capítulo y conocer al autor, vea aquí.
En esta ocasión pretendo dedicar el informe a la siempre ardua tarea de la búsqueda de piso. Ya desde España estuve interesado en el tema, pero las residencias en las que acogen a investigadores postdoctorales estaban a rebosar (eso es indicativo de algo ¿no?... No recuerdo yo haber escuchado que se hablase de semejantes instituciones por nuestro país; y si las hubiese, ¿estarían llenas?). No me parecía un buen plan ponerme a alquilar un piso sin siquiera haber puesto un pie en él (cosa que se puede hacer gracias a internet), así que tuve la genial idea de alquilar durante un mes una habitación en un hostalillo y ya in situ lanzarme a la caza del hogar. De modo que aquí me tenéis: compartiendo baño, cocina y duchas con gente diferente cada dos días. Vamos, que cuando alguien me decía que aprovechase Finlandia para desayunar cada día con gente distinta no me hacía yo a la idea de que lo iba a conseguir tan pronto... Eso sí, este sitio tiene cosas muy buenas. Y es que estoy en el meollo de la ciudad: en un radio de tres manzanas está la catedral, el senado, el Banco de Finlandia (por cierto, sin que se aprecie mayor actividad en estos días inciertos para el euro), la zona comercial, el puerto, el centro... y la Universidad de Helsinki. Así que el trabajo está a dos minutos andando. Bueno, al grano. ¿Cómo es la búsqueda de piso finlandesa? Agarraos los machos que allá vamos.

Si no quereis cometer los mismos errores que yo he cometido, lo primero que debéis saber es que aquí hay distintas modalidades de alquiler. El primer piso que vi era estupendo; habitación, sala, cocina y baño pequeños (lo habitual aquí) con mucha luz y esas cosas. El asunto es que se alquilaba... hasta junio (¿¡!?). Sí, amigos, aquí uno puede alquilar un piso por meses, semanas e incluso días. Evidentemente en el mercado de particulares (aunque también en algunas inmobiliarias). ¿Y cómo es eso? Pues resulta que el sentido de la propiedad aquí debe ser un poco distinto respecto del nuestro, porque consideran que irse al pueblo una semana y no sacarle provecho al piso es una pérdida de dinero. En efecto, la gente si se va de la ciudad durante un mes, una semana o en unas vacaciones largas, alquila su piso. ¡Con libros, enseres, ajuares y todo! Mmmm. No, reconozco que como buen español mi confianza en el prójimo no sería suficiente como para meter a un desconocido en mi casa durante una semana si no estoy allí. ¡Cómo! ¿Que no me creéis? Fijaos en esta familia que alquila su piso este verano durante cinco semanas.

Después de esta primera decepción empezó el carrusel de visitas a pisos. Hay diferentes modalidades de selección. Personalmente, prefiero el modelo casting, esto es, los dueños citan a los interesados a diferentes horas, les muestran el piso individualmente y en un par de días deciden. Esto significa que por tu parte has de andar fino e intuir qué es lo que esperan de su inquilino esas personas que desconoces: que si los ves medio serios, oiga, trabajo en la universidad; que si son más jovencillos, pues dejar caer algo de cine o música (si dan pie a ello, que no hay nada peor que forzar las cosas). Bueno, como sabéis, lo de venderme no se me da nada bien, así que esta modalidad no me convino mucho. No superé casting alguno, vamos.

Así que conocí otra fórmula finlandesa para decidir a quién alquilas tu piso, que consiste básicamente en congregar a todos los interesados en el mismo día y a la misma hora. De repente te encuentras rodeado por cuarenta personas en un piso de 20 metros cuadrados en el que se tendría mejor idea del espacio si te quedases en el umbral y admirases desde ahí el panorama. Pero no, todo el mundo agolpado y mirando los pequeños detalles (no hay posibilidad de ampliar el campo de visión). Así que vi pisos con rodapiés muy bien instalados, con algún desconchón en el trozo de pared que me tocó ver, con instalaciones eléctricas deficientes (al menos en lo que se refiere al enchufe que estaba a mi alcance)... Esto también permite conocer gente, al menos de vista, porque (¡oh, casualidad!) éramos los mismos en todos los pisos. ¡A alguno hasta le toqué los michelines en dos pisos distintos (por las apreturas, que conste)! Después de la inspección, te preguntan si estás interesado. Evidentemente, en estos casos hay que decir que sí, al menos para poder ver el piso vacío y hacerte una idea. Así que te pones a rellenar en inglés un formulario finlandés. Esto tiene inconvenientes y ventajas: el dueño se acuerda de tí, porque no paras de preguntarle qué significa esto y aquello. Ahora, que se acuerde para bien o para mal depende de tu capacidad de deducción, porque como preguntes más de la cuenta estás condenado, por pesado. Cuando tienen el tocho de formularios no sé qué criterios emplearán para decidir a quién alquilar el piso. Lo que sí sé es que tampoco me escogieron.

Así iban las cosas hasta que la semana pasada llegó otro investigador postdoctoral al centro, un siciliano también cazador (de pisos), como yo. Así que decidimos aunar esfuerzos y, de paso, repartir gastos, que los precios por estos lares son altos. Empezamos la búsqueda y se repitieron los parámetros descritos más arriba: casting en el que nuestra química no debía funcionar del todo (a fin de cuentas somos recién conocidos) o pisos en el que lo que pululaban esta vez eran parejas. En efecto, buscábamos pisos de dos habitaciones, pero en Finlandia o comen en la cama, o consideran el salón/comedor como una habitación más. Así que allí nos teníais, rodeados de parejas buscando el lugar en el que formar su nidito de amor... y una pareja de mediterráneos buscando un piso en el que "convivir". Ni siquiera intentamos hacernos pasar por pareja: no teníamos posibilidad alguna, porque no conozco casero alguno que ante la perspectiva de alquilar el piso a una pareja de fineses recién avenida y con intención de pasar mucho tiempo juntos prefiera alquilarlo a un par de foráneos que no se pueden comprometer a más de un año... Así que nada, a ponerse los zapatos y a otro sitio (porque esa es otra, aquí al entrar en un piso los dejas en la entrada... imaginaos los tumultos de potenciales arrendadores recorriendo descalzos los pisos; ¡y la montaña de zapatos a la entrada!). Esto hizo que tuviéramos que empezar una nueva búsqueda, esta vez de pisos de tres habitaciones (con el consiguiente incremento en el precio de la mensualidad, claro).

Así discurrieron los días y comenzó la desesperación. La broma entre nosotros era que en estos casos uno no encuentra piso hasta que está definitivamente desesperado. Igual al tener esa convicción nos confiamos, pero lo cierto es que al final la alarma cundió. De hecho, pensé en quedarme de forma permanente en el hostalillo desde el que os escribo (ahora ya mi "hogar"); no me saldría tan caro y estaría a un paso de todas partes. Incluso llegué a pensar en instalarme en el despacho de la universidad (¡y no es broma!): tengo un sofá, armario, cajoneras y estantes a porrillo y tres pisos más abajo está el gimnasio con las duchas, así que lo que empezó como una coña acabó siendo una posibilidad sopesada seriamente para el caso de que sucediera alguna emergencia...

En esas estábamos cuando fuimos a ver un piso en Katajanokka, una isla anexa al centro de la ciudad... El piso era estupendo, aunque había que amueblarlo y aun así costaba un pastón. Pero entre dormir en el despacho y pagar un pastón, se paga el pastón (más que nada por el qué dirán: igual eso contraviene alguna convención social). Y entonces sucedió lo que pasa en estos casos: que quieres caldo, pues siete tazas. Nos dice una compañera del trabajo que su familia ha decidido alquilar el piso de su abuela, amueblado, y que podemos verlo al día siguiente. Así que para allí nos fuimos. Buen piso, más lejos del centro que el otro (10 minutos en tranvía) y amueblado. El precio, el mismo. Así que... a la casa de la abuela de Liisa. Espero que retiren todos los retratos familiares que colgaban por las paredes, porque vista cómo es la modalidad de alquiler de piso amueblado por aquí, me temo que nos quedaremos con el equipo completo.

Bueno, el caso es que por fin parece que tenemos piso. Espero que lo conozcáis pronto con motivo de vuestra visita a Helsinki. Lo cierto es que se me están acumulando las vivencias (sí, tengo más de comida, aborígenes, clima, etc.), pero no quiero atosigar con correos interminables, así que intentaré condensarlo todo en uno semanal. El de la semana que viene será un especial dedicado a la Universidad. ¡Besos y abrazos a todos!

24 mayo, 2010

¿Estamos en huelga de celo soterrada?

Ayer me encuentro a un par de antiguos compañeros y guardias civiles destinados en Tráfico en Asturias. Me dicen, muy serios, que puedo volver tranquilo en mi coche a León, que ya no hay multas, salvo las del radar. Añaden que en alguna provincia ya están consiguiendo pasar días enteros sin poner una sola sanción de tráfico. No caigo en la cuenta de la razón y me la explican: ¿nos bajan el sueldo? Pues también vamos a procurarles menos ingresos.
Conversación de hace un rato. Una persona cercana ha llevado a su madre al servicio de urgencias de un hospital público. Todo el día esperando, se acumula la gente en las salas, hay hasta ataques de ansiedad, pero los pacientes van pasando con cuentagotas y se dice que faltan médicos. ¿Azar o deliberación?
Tropiezo con un compañero en la Facultad y, de buenas a primeras, me asegura que ya ha decidido dar aprobado general. Que se descuenta a sí mismo el tiempo de corrección de los exámenes.
Caramba, caramba, cómo está el ambiente. No digo que ninguno de estos comportamientos sea loable, no. Afirmo nada más que cómo está el ambiente. Hay mucho funcionario cabreado con los comentarios de estos días. Otro éxito del eximio (¿o ex-simio?) Gobierno, dividir aún más a los ciudadanos, enfrentarlos. Imagino -que no justifico- lo que puede pasar por la cabeza de alguno de los médicos en cuestión: con que los funcionarios trabajamos poco y ganamos mucho y es muy justo que nos descuenten para tapar agujero, ¿verdad? ¿Y ahora viene usted a mi consulta con urgencia? ¿Dónde dice que le duele? Espérese, que voy a trabajara como dice usted que lo hacemos.
El día que salgamos de ésta alguien tendrá que coserle a la sociedad más de un costurón. Si salimos.
En realidad, deberíamos estar todos unidos y en la calle. Gritando lo obvio. Contra este Gobierno y esta oposición y contra el voto (f)útil.
Deberíamos ir pensando en refundar el sistema constitucional-político-democrático-social. Pero ahora en serio. Como adultos.

23 mayo, 2010

Santos Juliá sobre la impunidad de los crímenes del franquismo

Miren qué bien cuenta Santos Juliá alguna cosa que aquí ya habíamos insinuado, con menos datos y peor estilo.
Su artículo está en El País de hoy y se titula "Sobre la impunidad de los crímenes del franquismo". Pueden verlo aquí.
PD.- Si fuera interesante debatir algo de este artículo -seguro que sí-, convendría la discusión versara sobre el núcleo o sustancia del mismo, no sobre si el señor Juliá tiene un primo en Cieza.

Me cisco en las competencias y en Bolonia

Asco de tarde de domingo. Mañana se me acaba el plazo para "colgar" la Guía Docente de la asignatura que el año que viene impartiré en el nuevo Grano en Derecho (perdón, quise decir Grado). Tengo preguntas interesantes que nadie podrá responderme. Por ejemplo, por qué diablos no vale hacer un programa de los de toda la vida, con temario, bibliografía y unas pocas informaciones prácticas. Pues no, ahora no vale. Hay que enredarse en mamonadas propias de pedamamones. Otra vez las competencias, entre otras cosas.
Mi universidad ha puesto a nuestra disposición una especie de folleto con instrucciones y consejos sobre cómo hacer una Guía Docente. Miren este fragmento, por favor, miren este fragmento. Es largo, pero lo copio entero. Con él está todo dicho sobre la clase de autotocamientos mentales que se traen los que mandan en las universidades en esta época oscura. Luego me permitiré algún comentario final.
Dice en su página 7 el "Modelo de Guía Docente" de mi universidad:
"15) Son muchas las definiciones que existen en la bibliografía del término competencia, que se convierte en una de las “piedras angulares” del Espacio Europeo de Educación Superior. Hemos seleccionado la del “Proyecto Piloto Tuning”, que señala que las competencias representan “una combinación dinámica de atributos en relación con conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades, que describen los resultados de aprendizaje de un programa educativo o lo que los alumnos son capaces de demostrar al final de un proceso educativo”.
16) Las competencias genéricas o transversales son aquellas comunes a cualquier titulación, tales como la capacidad de tomar decisiones, de aprender, de diseñar proyectos, etc. Por tanto, se puede afirmar que son las mismas, con independencia de la materia/asignatura dentro de la titulación e incluso que son las mismas para la gran mayoría de las titulaciones. Suelen venir especificadas en el “Libro Blanco” del Grado en cuestión, así como en el R.D. 1393/2007 por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias. Se recomienda que al plantearlas su enunciado sea corto, claro y comprensible por parte del estudiante. El “Proyecto Tuning” diferencia tres tipos de competencias genéricas o transversales: a) competencias instrumentales: relacionadas con el manejo de herramientas; b) competencias interpersonales: las que permiten mantener una buena relación social con los demás y c) competencias sistémicas: relacionadas con la obtención de una visión de conjunto y con la capacidad de gestionar adecuadamente la totalidad de la actuación. Algunos autores distinguen un cuarto tipo de otras competencias, no incluidas en las tres anteriores.
Arias Blanco (2009) incluye la capacidad de análisis y síntesis, de organización y planificación, de comunicación oral y escrita, el conocimiento de una lengua extranjera, el conocimiento de informática relativo al ámbito de estudio, la capacidad de gestión de la información, la resolución de problemas y la toma de decisiones como ocho ejemplos de competencias instrumentales. Entre las competencias interpersonales, enumera el trabajo en equipo, el trabajo en un equipo de carácter interdisciplinario, el trabajo en un contexto internacional, la habilidad en las relaciones interpersonales, el reconocimiento a la diversidad y multiculturalidad, el razonamiento crítico y el compromiso ético. Destaca dentro de las competencias sistémicas el aprendizaje autónomo, la adaptación a las nuevas situaciones, la creatividad, la capacidad de liderazgo, el conocimiento de otras culturas y costumbres, la iniciativa y el espíritu emprendedor, la motivación por la calidad y la sensibilidad hacia temas medioambientales. Por último, dentro del capítulo de otras competencias abarca la capacidad de aplicar los conocimientos teóricos a la práctica, el uso de internet como medio de comunicación y fuente de información, la experiencia previa, la capacidad para comunicarse con personas no expertas en una determinada materia, la capacidad de entender el lenguaje y las propuestas de otros especialistas, la ambición profesional, la capacidad de autoevaluación, el conocimiento de una segunda lengua extranjera y la capacidad de negociación.
Es conveniente que las competencias genéricas que se incluyan en cada guía docente vayan numeradas. No deberán resultar excesivas, ya que posteriormente habrá que justificar su evaluación, por lo que sólo se deberán incluir aquéllas que se vayan a trabajar en cada asignatura concreta
".
Y ahora que el que pueda me responda a esta pregunta: ¿por qué nos sometemos?
Pues miren, un servidor no se somete. Voy a hacer la Guía en cuestión, pero de coña. A ver qué pasa. Ya les contaré.
¡Contra los pedabobos, insumisión! ¡Y escupitajo!
PD.- Pequeña muestra que quisiera ser semilla de rebelión. En el apartado "Competencias transversales o genéricas", he puesto estas tres: 1/ Empatía intelectivo-emocional; 2/ Capacidad de síntesis reactiva; 3/ Razón práctica analítica compenetrada.
¿Está bien o no? Verán como acabo convertido en referente de la nueva pedogogía.

Otra faneca en la pescadería

Ya hemos pescado la decimoséptima Faneca:
- Comunicado de los alumnos de Humanidades de la Univ. Carlos III contra la reducción de docencia.
- Sépanlo Vdes. O de cómo llegar a Catedrático sin gastar saliva. Por Miguel Díaz y García Conlledo.
- FP en Derecho. Por Jacobo Dopico Gómez-Aller.

21 mayo, 2010

No sabe una qué pensar

Me he pasado todo el día metido en un tren, así que he disfrutado los periódicos como antes, como cuando no tenía que pasar las jornadas rellenando memorias, fichas, guías docentes y variadísimas evaluaciones. Me he pulido tres diarios enteritos y de todo el espectro ideológico, o casi. Como tiene que ser. Y aun así te la pueden meter doblada; la mala idea, me refiero.
Casi me hago una calva en el cráneo de tanto rascármelo tras leer este parrafillo del editorial de El Mundo. Es poca novedad y nada sorprendente, pero viéndolo así, tan resumidito, es cuando me viene una insaciable sed de sangre (política). Dice: “Los cinco mil millones que se van a ahorrar este año con estas medidas suponen una cifra inferior a la pérdida de ingresos que supuso el regalo fiscal de los 400 euros y los 10.000 millones del año que viene casi equivalen a lo que se gastó en las innecesarias obras municipales del Plan E. Dicho mordazmente, el Gobierno paraliza ahora la construcción de autopistas porque el dinero se empleó en construir aceras en los pueblos”.
De acuerdo, es cosa sabida. Pero es de las que hay que repasar para que no se nos olviden. ¿Quiere decirse que a mí me van a reducir el sueldo -sobre eso ya me he pronunciado aquí- para compensar malamente entre todos los funcionarios nada más que lo que se gastó en la demagogia de los 400 euros para los que vendían el voto en las esquinas como putas/os que son? Sí. ¿Que estoy pagando yo lo que le costó al Zapatero irse de putas electorales? Pues sí. Las cosas como son. Y duele. Y jode, vaya si jode. Bien, que descuenten guita a los funcionarios, que para eso tienen trabajo fijo. Vale, pero ¿para que el proxeneta de nuestra política compre maquillaje ideológico hortera para sus rameras/os? Ay, ay, ay.
Condenados periódicos, no volveré a hacerlo. Artículo económico de John Müller, también en El Mundo: “Como denunció Díez el miércoles, el despilfarro ha sido notable: los canales autonómicos de TV generaron, sólo en 2008, pérdidas de 1600 millones. Entre 2003 y 2008, se ha pasado de 163 fundaciones públicas a 541, de las cuales 344 son autonómicas. Estas fundaciones, junto con unas 3.500 empresas públicas de toda índole, tienen una deuda viva de más de 44.000 millones que llegará a 55.000 millones este año”.
¿Y si se cerraran los canalillos autonómicos, que no son más que lugares en los que los chulos de la política captan a los que se prostituyen por 400 euros o porque hay que evitar que venga la derecha -¡manda pelotas!? Y, por cierto, ¿las fundaciones ésas para qué valen? Las que yo conozco, creo que para evitar el pago de ciertos impuestos -¡?- y para que tenga donde mandar y ganar unos duros el amante bandido de algún jefe público. También sirven para poder contratar para actividades tan diversas como inútiles a los y las que felan al felador de algún jefe público. Esto no es un país, es un trenecito. Sí, chu-chú, chu-chú. Qué poético: lo tuyo en el de delante y el de detrás en lo tuyo. Chu-chú, chu-chú. Pues a tomar por el saco propiamente, fuera las fundaciones públicas también, salvo las que no sean de ese tipo ferroviario, y fuera la mitad de las empresas públicas o al demonio cuatro quintas partes de sus consejeros y arrimados. ¿No estamos por ahorrar?
También tengo otra duda para usted, ideologizado lector, progretón de mis entretelas. Los malos de verdad son los especuladores, ya estoy seriamente enterado. Vale. Uno de los grandes trucos de esa especulación capaz de arruinar países y monedas es lo que se llama la venta a corto en descubierto. De acuerdo. La Merkel va y lo prohíbe en Alemania hace un par de días. ¿Merkel es de izquierda a tope? Deduzco que sí. ¿O es que le copió la idea a Zapatero, que la iba a proponer como presidente de la Cosa Europea? Y bien que le han zurrado a la Merkel por hacer eso por su cuenta. Ahora, la muy izquierdistona, dice que le va a poner una tasa a la banca. Bueeeeeno, aquí el sagaz leonés dice que les va a plantar también un impuesto temporal a los ricos. Que te apuestas, mecagoentoslosmuertos, que paso por rico y me dan por ahí también. Mientras los que yo me sé se van de rositas con otro pase en corto y a descubierto.
Cada día me dan más ganas de irme a algún sitio, pero no sé adónde. Y, fuera del blog, tampoco hay donde desahogarse. Antes, hace cuatro o cinco años, cuando me iba de viaje por el país y comentaba a los coleguis del Progrestán que Zapatero era pelín retrasado mental en mi modesta opinión, me rebatían con saña. Ahora me cambian de tema. Pero aquí nadie reconoce nada ni pa Dios. Y luego van todos de superobjetivos y no sé qué. Eso sí, unos amigos meditarráneos me aseguraron ayer que se sabe de buena tinta que Camps y el Bigotes se lo hacían. Chu-chú, chu-chú. Espero que a nadie le dé por llamarlos mariconazos, porque eso es lengaje de la derechona y de una homofobia a lo Charlton Heston. Me juego yo las canas a que también esa cama la voy a pagar yo con otro viaje que me va a meter el Zapatero, que no se lo hace con nadie más que con la milana bonita.

20 mayo, 2010

Los funcionarios y el cabeza de familia

(Publicado hoy en El Mundo de León)
Soy catedrático de universidad y, por tanto, funcionario con un sueldo de los altos en la Administración. Para el recorte de emolumentos que ahora llega me queda margen y, además, estaba mentalizado. Debemos contribuir, proporcionadamente, los que tenemos el privilegio de un trabajo estable y con algunas ventajas adicionales.
Hasta ahí mi acuerdo. Porque miro alrededor y la aquiescencia se va tornando cabreo. Me piden colaboración y sacrificios, y bien está, pero.... Es como si en una familia grande uno fuera un hijo más, con muchos hermanos. Ahora aparece el padre y te dice: “Hijo, estamos hundidos y podemos quedarnos sin casa, sin dinero para comida o para la ropa y los libros de tus hermanos. Tú tienes un sueldo que no está mal y has de auxiliarnos”. Se veía venir. Uno, que quiere ser hijo bueno, echa mano a la cartera, pero a lo mejor también le suelta un discurso al progenitor para convencerlo de que comience por despedir a las tres empleadas de servicio doméstico, al mayordomo y a la manicura. Y tal vez convenga mirar atrás y repasar cómo llegó esta catástrofe. Resulta que el cabeza de familia dilapidó el patrimonio familiar en regalos a lo loco. Por ejemplo, como quería ser presidente de la comunidad de vecinos, dio a cada uno de los que viven en este inmenso rascacielos un regalo de cuatrocientos euros. Sí, también a los más ricachones. Así todo el rato, hasta que la familia se quedó como está ahora, a dos velas. El padre dice que el dinero se le fue en socorrer a los más necesitados, pero resulta que en esta familia cada vez es más grande la distancia entre los que tienen mucho y los que pasan necesidad. Es falso que este cabeza de familia reparta bien, pues, por ejemplo, ahora el regalo para tapar los pufos me lo pide a mí, no a mis parientes más forrados.
En fin, por el dinero que voy a poner para sacar a la familia del hoyo no protestaré. Para eso estamos. Pero hablaré con mis hermanos para ver qué hacemos con este padre que anda medio gagá. Visto lo visto, creo que procede incapacitarlo. Asegurémosle un digno retiro y una vejez agradable. Pero que no vuelva a meter la mano en la caja ni en nada que nos importe. Por el bien de la familia.

19 mayo, 2010

Otro artículo recomendable.

Les sugiero que lean este artículo al que pueden acceder desde AQUÍ. Su autor, asturiano y colaborador habitual de La Nueva España, no pasa habitualmente por un derechista, ni mucho menos. Y miren a lo que va, a lo que a tantos con buena razón desespera: ¿es izquierda esta caricatura de ideología, de gobierno y de presidente que nos gobierna? ¿Son izquierda estos sindicatos tragones y panzudos? ¿Es social este Estado? ¡Anda ya! Esto es una merienda de negros con una jeta así de larga. O pongan el color que quieran si la expresión es políticamente incorrecta. Porque, eso sí, para hablar somos casi tan finos como para robar o mamar del presupuesto.

18 mayo, 2010

No estamos solos: estamos rodeados

En efecto, así es. Rodeados. ¿Será por un virus? ¿Lo causará una destructiva arma química? ¿Vendrá el desastre de algún planeta maligno que primero -ahora- debilita nuestras meninges, para luego invadirnos sin esfuerzo? ¿Será por comer demasiadas chucherías o por dejar de fumar? No sé, pero algo tiene que haber. Hasta hace bien poco yo culpaba a los pedagogos, sector pedabogos de salva sea la parte. Pero ya me parece demasiada obra para ellos solitos. Han de tener apoyo exterior, medios inconfesados, estrategias urdidas en esferas más altas, quién sabe si celestes.
Atacan concentrando el fuego sobre enemigos debilitados. Mismamente un servidor y hoy mismo. Ando con una laringitis que me impide soltar los tacos en el debido tono y, para colmo de desdichas, por las tardes los escalofrías me los provoca también la fiebre. Y justamente en un día así, hoy, recibo ese ataque combinado de los siniestros alienígenas o de los gremlims de marras. Déjenme que se lo cuente despacio y luego juzguen ustedes mismos si hay caso o si no debemos preocuparnos.
Primero al comienzo de la tarde, aparece un comentario a aquella entrada que había colgado aquí y en FANECA, la que se titula “Rankings de las universidades: ¿y a mí qué me importa?”. Que lleguen comentarios críticos a estas cosas es normal, lógico y de agradecer en un foro como este y como ese. Pero, ay, miren lo que me dice el ser que así se me comunica:
Con esa mentalidad que expone, querido colega, su universidad seguirá en el sotano de los ranking. La excelencia académica se impone desde la gente -estudiantes, directivos y docentes incluidos en permanente diálogo- con visión de futuro, no con esperanzas de "haber quién llega a negociar". Así me pregunto, cómo será una de sus clases? No tengo los 50 años suyos en la academia. Talvez alcanzo a llegar a la mitad, pero mi pensamiento es contrario a su exposición. Si dejo pasar, mantengo el statu quo del sistema y otro se graduará porque lo eduqué y vendrá a repetir lo que de mi aprendió. Soy entonces un profesor. Si enseño para provocar, para cambiar, para trascender, otro andará esos pasos para escalar, no en un ranking, sino en el desarrollo humano que tanto necesitamos. Sus palabras son como calcadas del libro "El fin del Pleistoceno", donde el tío Vania se quejaba de manera insistente porque su hermano Edward pretendía bajarse del árbol, armar un hacha con piedras que afilaba, cortar mejor los cueros de las fieras para proteger a la familia en noches del hielo invierno, mantener la hoguera prendida para cocinar siempre un brazo de rinoceronte. Al final tío Vania se quedó refunfuñando entre las copas de los árboles y repitiendo sus acostumbradas palabras: "La habéis hecho buena. ¡Aaaj! ¡Yo me vuelvo a los árboles! ¡Esta vez te has extralimitado, Edward! ¡Eso fue lo que le ocurrió también al brontosaurio!"
Cáspita, repámpanos y recórcholis. Y encima afirma que llevo cincuenta años de profesión académica. Canas sí peino, caramba, pero tantas... No sé si me ofende más eso o la ortografía. Mas aún me aguardaban sorpresas. Meto el nombre del intrépido crítico en el padrecito Google y, tachán, sale un señor que resulta que se vende y promociona tal que así:
Ofrezco”: "Pensamiento en Red, Estrategias de Comunicación, Comunicación Digital, Interacción Social, Exito Global, Exito Local, Alianzas, Cooperaciones, Expertos, Participación, Inteligencias Compartidas”.
¡Ahhhggg, es uno de ellos! De los que enseñan a enseñar sin saber un carajo, de los que imparten cursillos sobre el éxito en lo que sea y ni siquiera dominan por sí mismos las reglas elementales de la ortografía, la sintaxis o el comer en la mesa con gente.
Si fuera sólo eso, resultaría grave, pero podría deberse al azar. Pero no. A las dos horas entra en mi correo electrónico otro mensaje, en plan spam de level. Ustedes dirán. Remitente: Jorge Skrainka. Este apellido asturiano no es; suena de por la parte del Averno. Título del mensaje: “Energía Humana Sustentable” ¿Cómo supieron que andaba bajo de energías? ¿Sustentable será lo mismo que sostenible? Pero eso no es nada. Cuentan que se trata de una empresa radicada en el parque tecnológico de Vigo. Pueden verla si pinchan aquí. Yo no escribo el nombre por si me parte un rayo. Dicen unas cosas preciosas, como que tienen portafolio y así. ¿Será una empresa de pedabobos? Sí, pero con alguien más. Posiblemente con chinos infiltrados que quieren destruir nuestro sistema y nuestra civilización. Las huestes de Fumanchú, mínimo. Porque vean lo que venía en mi mensaje:
Nuestra propuesta de formación se basa en el diseño de situaciones de aprendizaje en las cuales los participantes son el centro del proceso. Cada una de nuestras estrategias es única, ya que cada grupo es único (...) Nuestra metodología hace énfasis en integrar los tópicos a la experiencia de la audiencia y favorecer de esta manera su adecuada transferencia. Por eso, la teoría es mínima. Nuestros cursos y talleres se enriquecen de la combinación de diversas disciplinas: PNL, Inteligencia Emocional (IE), mapas mentales, participación activa, cambio de creencias, equipos de alto desempeño y dinámicas de grupos, entre otras”.
¿No les resulta familiar? ¡Sí, son ellos! ¡Cielo santo! ¡¡¡ES BOLONIA!!!!
Lo s i en to. No pue do seguir es cri biendo Al go me o pri me el cuell (crac).