26 enero, 2011

Crisis económica y crisis política en España. Por Francisco Sosa Wagner*

(Publicado hoy en El Mundo)

La crisis económica en Europa oculta su crisis política. Precisamente por ello no acaba de verse la necesidad de una reforma de sus instituciones destinadas a fortalecer las comunes europeas y debilitar las nacionales representadas por los Estados, esos caballos de Troya en cuya panza anidan los más peligrosos “-ismos”, el nacionalismo y el proteccionismo, enemigos proclamados de la construcción europea. Si se caminara por la senda federal, todo lo demás, gobierno económico, política exterior, política de defensa, investigadora, etc vendrían con la naturalidad con la que llegan las setas en el otoño lluvioso.

De igual manera, la crisis económica española está encubriendo la crisis política profunda de instituciones muy averiadas con las que, sin embargo, convivimos y aun vegetamos con complaciente ceguera.

Veamos. Sabemos que la democracia se nutre de unos ingredientes que han traído de cabeza a los más finos pensadores de la ciencia política moderna por lo menos desde el siglo XVIII. Entre ellos destacan la separación de poderes, que venía de Inglaterra y halló un afortunado divulgador en Montesquieu; las libertades públicas y los derechos fundamentales que consiguieron enumerar con singular acierto los revolucionarios franceses; y, por último, los mecanismos de representación del cuerpo social, una vez descartada -o desacreditada- la democracia directa que tan querida fue por algún padre fundador (J. J. Rousseau especialmente). Quienes escribieron la Declaración de los derechos del hombre en Francia en 1789 dejaron establecido para la posteridad que una sociedad que no garantiza esos derechos y que desconoce la separación de poderes, carece sencillamente de Constitución. Palabras escritas en material resistente pues ahí siguen, como referencias inevitables, con la lozanía y la altanería propias de quien se sabe subido en peana de compactos fundamentos.

Pues bien ¿qué queda en la España de hoy de estos ingredientes? A mi juicio, de ellos el único que se salva es el relativo a las libertades públicas. Con muchas limitaciones y con todos los desfallecimientos que se quieran enumerar, lo cierto es que gozamos de un aceptable régimen de libertades que garantiza vivir con una cierta seguridad sabiendo que quien llama a las siete a la puerta de casa es el lechero y no una banda de canallas que, amparada por el poder político, practica el secuestro o el tiro en la nuca.

Es verdad que mucho hay que avanzar en el disfrute de tales derechos pues la moderna sociedad está obligando a cavilar sobre ellos con renovadas entendederas. Ahí están -por citar algunos ejemplos- el derecho a la información o el respeto a la intimidad convulsionados ambos por el río de noticias que alimenta ese pantano que llamamos Internet.

Los demás ingredientes se hallan lisa y llanamente en estado calamitoso. Listos para ser declarados en ruina, que es lo que se hace en la legislación urbanística con los edificios necesitados de reformas sustanciales.

La separación de poderes se asemeja a la calavera que describe Lope de Vega: “esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura de estos huesos / carne y cabellos ...”. Hoy, el postulado de la separación de los poderes no es sino “cometa al viento” por seguir con las bellas expresiones de Lope. En efecto, un Consejo general del Poder judicial politizado, que selecciona con criterios partidistas a altos representantes de la magistratura -pronto habrá diecisiete Consejillos para hacer lo propio-, y un Tribunal Constitucional, picado asimismo de la viruela partidaria, se han encargado de socavar sus cimientos y de esparcir entre la ciudadanía la impureza destructora de la desconfianza.

Pero donde se ha llegado a límites que ya resultan insoportables para la credibilidad del todo es en el sistema representativo. A nuestro adulterado modelo de partidos políticos y a nuestro extravagante y ponzoñoso derecho electoral ya he dedicado atención en otras ocasiones en esta misma página. Ahora es momento de añadir algunas anotaciones, fruto de la observación de nuestra pintoresca vida política.

Hay organizaciones políticas que dedican agotadores esfuerzos a insultarse entre ellas -con poca gracia, cuando el insulto es una bella arte- y lo hacen en cuantas ocasiones se presentan, que son muchas pues no desperdician ni siquiera los fines de semana. Es de ver la cantidad de mítines que se programan los sábados o los domingos, aunque no haya elecciones a la vista, y donde no se oyen sino vulgaridades e improperios. Por cierto ¿de dónde sale el dineral que en ellos se gasta?

Cuando escucho las informaciones referidas a estos actos finsemaneros me pregunto si sus protagonistas no necesitan un paréntesis para reflexionar con serenidad o para limpiarse la boca y enjuagársela de estereotipos leyendo una novela. Goethe sostenía que “es imprescindible, todos los días, oír una pequeña canción, leer un buen poema, ver un cuadro, y, al menos, decir una frase razonable”. ¿Cómo es posible que se haya olvidado esta enseñanza de aquel viejo, creador y soñador infatigable? ¿Cómo es posible que se desprecie el reposo de un domingo para engolfarse en un ensayo o en un libro de aventuras o en otro que se halle grávido de imágenes bellas, inútiles y temblequeantes?

Tengo para mí que quien acierte a poner en pie un discurso pedagógico pensado para ser escuchado por gentes adultas y no por estultos, acabará ciñendo el laurel del victorioso. De la victoria que merece la pena, de la que disfruta quien vence y convence. Entiendo por discurso pedagógico el que se pronuncia o difunde -hoy existen mil medios- con una argumentación sólida y alto sentido práctico. Hoy, la crisis económica nos debería obligar especialmente a ello tanto por lo enrevesado de sus enigmas como por lo inerme que la ciudadanía se halla ante ellos.

¿No ganaríamos todos si, en lugar de oír al presidente del Gobierno descalificando a su antecesor o a sus adversarios, lo viéramos sentado ante una cámara de televisión explicándonos con serenidad, olvidándose por un día de los tópicos insufribles de las derechas y las izquierdas, de los neoliberales y de los progresistas, en qué consisten sus medidas y hacerlo con modestia, advirtiéndonos que puede equivocarse? Y lo mismo cabe decir de quienes encarnan el poder desde la oposición política. O el mando sindical. Nada de mítines vociferantes a los que asiste la parroquia en nómina sino pedagogía y explicaciones maduras y solventes.

Claro que, si así se procediera, a lo mejor el votante se hacía adulto, empezaba a pensar por su cuenta y dejaba de votarles, pero la tan venerada democracia ¿no merece este sacrificio?

Porque a esa democracia se le falta el respeto con los mítines a que aludo como se le falta el respeto comprando votos con el cheque bebé o con esta o aquella maña limosnera ideada un mes antes de las elecciones. A mí me recuerda -servata distantia- algo que conozco bien y es el sistema que siguen algunos rectores de Universidades cuando han de presentarse a la renovación de sus cargos: ¡es de ver la cantidad de becarios que nacen y de secretarios y vicerrectores que se nombran! ¿En qué se diferencian estos métodos, humillantes para el ciudadano, de los que practicaba el conde de Romanones en la corrupta Restauración? Solo en que el conde pagaba de su bolsillo y los actuales candidatos giran contra la cuenta corriente de los dineros públicos, esos que forman la deuda abultada que ahora los mercados se quieren cobrar.

A la vista de todo ello, bien podría el sistema democrático español recitar aquellos versos desesperanzados de Ronsard: “solo huesos me quedan, igual que un esqueleto / descarnado, reseco, macilento y escuálido ...”. Se advertirá que son los poetas quienes afinan y atinan.

*Catedrático y eurodiputado por UpyD. Su próximo libro (con Mercedes Fuertes y prólogo de Carmen Iglesias), de inminente publicación, se titula “El Estado sin territorio. Cuatro relatos de la España autonómica” (Marcial Pons)

25 enero, 2011

¿Hay alguien ahí, al otro lado?

Que si redes sociales, que si variadas intercomunicaciones, que si globalización, que si multicul(tural)ismo, que si... Nada. Todo cuento, mentiras. Aquí nadie sabe un pimiento de nada. Ciegosreunidos.com. Vamos en todo, de lo pequeño a lo grande, perfectamente al garete; al debalu, que se dice en mi tierra.

En los grandes temas es más que evidente y está suficientemente glosado por la prensa de cada día, amén. Hoy es lo de las cajas de ahorros. Que no había problema, luego que sí, luego que con unas fusiones en frío o unos polvos sin ganas o no sé qué se habían resuelto los inconvenientes de capitalización, pasivos, activos, tríos y tal. Además, que tenemos un sistema bancario a prueba de bomba y que quedamos los primeros en el campeonato de Europa de bancas, bancos y taburetes. Bueno, pues ahora, que están horribles las cajas de las cajas (con esto de quitar mayúsculas, porque tampoco la Academia de la Húmeda se aclara, menudos líos me armo) y que el gobierno las va a nacionalizar, si sobrevive una semana más el tal gobierno, pues el día menos pensado saltará la noticia de que Zapatero es un ectoplasma, la Salgado un holograma y Rubalcaba una pegatina que reemplazó a un celofán, para que todo sea sección de papelería de un bazar chino.

¿De qué podemos estar seguros, visto lo visto? De nada. Las previsiones no se cumplen, los cálculos no salen, las esperanzas se frustran, los brotes verdes amarillean o se los come algún jamelgo con carnet. Eso sí, los temores se confirman, sistemáticamente. ¡Joder!

No hay nadie al otro lado. Nadie, nada, vacío total. Estamos solos. ¿Quiénes? Todos. ¿Dónde? Aquí. ¡Hostias! Sombras chinescas, embaucamiento, juegos de manos. Pues el gobierno no gobierna, aunque haga normas o quite números y los ponga, los financieros no financian, a los contables no les salen las cuentas, los guardias civiles han dejado de poner multas, los inspectores no inspeccionan, los funcionarios no funcionan, los constructores ya no construyen, los deudores no pagan, los acreedores no cobran, los morosos no se sabe dónde moran, el gobierno se opone a la oposición y la oposición hace como si ya gobernara sin saber cómo, igual que el gobierno, Europa es Alemania, a Alemania volvemos a emigrar los que íbamos a hacer cuatro o cinco estados nuevos aquí mismo, con sus banderas tan monas, sus himnos y unos mártires con jengibre y unas gotas de Cointreau.

Y puede empeorar las situación, porque en cuanto les quiten sus televisiones a las autonomías, se verá que no eran autonomías ni nada, sino versiones brutales de un Gran Hermano en el que todos joden a todos, y en menos de nada los piratas reivindicarán sus derechos de autor y su propiedad intelectual y hasta inmobiliaria sobre las obras “bajadas” y habrá una nueva Ley Sinde para que se le parta la cara al que diga pirata en lugar de “perceptor avezado de servicios internáuticos no contributivos”.

No sé. Por ejemplo, quién hace las normas. El legislador es mentira, puro embeleco. Los que nos representan no se presentan ni nos oyen ni nos ven; ni existen, son alucinación democrática, espejismo demoscópico. Porque, vamos a ver, cómo es posible, por poner un caso, que si el tropecientos por ciento de los profesores universitarios saben y proclaman que lo de Bolonia es un timo y que los del ministerio y las consejerías del ramo son analfabetos y retrasadillos, cómo es posible en esa situación, digo, que lo de Bolonia cuele. Por poner otro caso, si hasta el maestro más humilde de la aldea más recóndita es plenamente consciente de que quien le enseñó Didáctica no sabe enseñarla y de que aquel que lo aleccionó sobre las ventajas de la escuela no represiva es un manitas de la violencia doméstica, cómo es posible, pregunto, que en la enseñanza manden los pedagogos, pobrecillos, en lugar de estar presos.

Y así todo. Por qué en los periódicos las secciones de economía ocupan muchas más páginas que las de horóscopos y quiromancia, si la exactitud y el rigor de una ciencia y las otras son parejos y, además, los magos y brujos y lectores de higadillos por lo menos existen y los ves, pero los otros son meros entes de razón que ninguna razón tienen, invenciones de mentes descarriadas, fantasmas encadenados a alguna estadística furtiva. Porque dígame usted, querido amigo, cuándo ha visto usted un economista de carne y hueso, cuándo. Sí, ya sé que usted devora las cosas que le sacan a Paul Krugman en El País, igual que yo devoro las huevas que le saco a la señora del centollo, pero, hablando en serio, ¿ha visto usted alguna vez a Paul Krugman en carme mortal o conoce a alguien que lo haya tocado, aunque sea nada más que un poco y no importa dónde? A que no, ¿ve?

Y si alguno hubiere, economista, ya estábamos tardando en tirarlo al pilón, previo tratamiento violento de sus partes pudendas, léase balances y prospecciones, pues con ellos aguantamos lo que jamás civilización alguna soportó a hechiceros falsarios o a chamanes desnortados.

Cuando yo era pequeño y genuinamente de pueblo, creía que la realidad existía y que las cosas eran. Pobre diablo. A los aldeanos nos engañan así, nos cuentan que las sombras en la pared de la puta caverna son la verdad verdadera. Y luego no. Por ejemplo, pensaba que si estudiabas mucho y eras muy competente en alguna materia, venían a buscarte de empresas, administraciones públicas y universidades para ficharte y pagarte un pastón. Qué imbécil. Es al revés, te dan una patada en el culo para contratar con ese dinero a un par de economistas, a una experta en marquetín y a la sobrina del cura, que está en promoción este mes; la sobrina, me refiero a la sobrina, aunque todo se andará, si no se ha andado ya.

Existir, existir, sólo existe el fútbol. Lo único real. Ahí se aplica aquello que yo creía: cada equipo puntero tiene ojeadores que van por todas partes para descubrir los talentos en formación y ficharlos para la alineación de juveniles. Y luego sólo ascienden a titulares si son muy capaces y no dejan de entrenar. Y si hay que reforzar la plantilla con un lateral zurdo, lo traen hasta de Camerún, si hace falta, y le ponen un sueldazo, varios coches y una modelo que ya ha sido novia de unos cuantos del Madrid y sabe cómo se corre la banda o se para un penalty.

¿Por qué los equipos de fútbol se procuran el mejor defensa del planeta o el delantero más goleador y las universidades prefieren simplemente una tía con los labios así y un sobrinísimo de culete alegre? Ya lo he dicho, porque el fútbol sí existe y lo otro es “Lo Otro”, virtual únicamente, materia oscura, agujero negro.. y peludo. Nosotros somos “los otros”. Sí, muertos. Definitivamente. Y todo el rollo este de la política y la economía son pelis que nos pasan mientras aguardamos el Juicio Final, este con mayúsculas porque no hay otro ni admite recursos, cosa juzgada y cero garantías. Pero verás como al final lo suspenden también y nos quedamos así, suspendidos y suspensos, en un bucle, a uvas, a verlas venir y escuchando y escuchando durante una eternidad entera que se van a reformar las cajas de ahorros. Horror de vida esta que no es vida y que ya no sé dónde poner las comas o si va con acento.

23 enero, 2011

Ya está en el aire la FANECA 22

Pues sí, van 22 fanecas.
Aquí está el índice de la de esta semana que comienza:
- Catedráticos por puntos. Primer comentario al Borrador del Estatuto del PDI. Por Juan Antonio García Amado.
- De la enseñanza y... de Bolonia. Por Juan Manuel Alegre Ávila.
- El oscuro horizonte del profesorado universitario. Por Manuel J. Sarmiento Acosta.
Que se diviertan con la pesca.

22 enero, 2011

España: de la pandereta a pinganillo. Por Francisco Sosa Wagner

De la España de pandereta a la España del pinganillo hay un buen pedazo de la larga y tortuosa Historia que hemos recorrido entre duelos y quebrantos.

Aquella fue de cerrado y sacristía, de oración y bostezo, de espíritu burlón y de alma quieta, de embestidas y de tarambanas ... Pero, porque conocía el paño y para que no nos hiciéramos ilusiones, el poeta también dejó advertido que “el vacuo ayer dará un mañana huero”.

Y en ello estamos: en lo huero, en lo hueco y en los huesos.

Si pasamos a la prosa diremos, a la vista de los acontecimientos, que emblemas hay muchos: quien tiene una cruz, quien una media luna, quien un sol rojo, quien una hoz, quien un martillo, quien una cabra ... Nosotros, los españoles, blasonamos de castillos y leones, de cruces y de otros aspavientos pero da la impresión de que nos hemos quedado un poco anticuados. Como el viejo hidalgo que, triste y desbaratado, ya no es capaz de ver el nuevo sol que refulge en las miradas de sus nietos.

La España nueva, la España plural, alegre y confiada, la de los rojos atributos, la de los pájaros en la cabeza, la de los ecos sin voz, la de las luces fatuas, esa España, que ha entrado tan engalanada y tan bien compuesta en el siglo XXI, tiene necesidad de cambiar de emblemas. De ofrecer otra imagen ahora que estamos en tiempos de mercadeo o marquetín. De lavarse su cara pintarrajeada con los churretes de las memorias desmemoriadas.

Porque aquellos leones y aquellos castillos estaban bien para una época de imperios y epopeyas, tiempos bélicos de Sanchos, de Hurracas, de Berenguelas, de los infantes de Aragón y de aquel gran Condestable, Maestre que conocimos tan privado; tiempo de conquistas y naves aventureras, de Colones y Pizarros, de santos y frailes pálidos y elegantemente tocados por el escorbuto, de romances de frontera, de Cides y Jimenas... Siglos de espadones y de carlistones, de obispos leprosos y de episodios emocionales y nacionales...

Pero todo eso es pasado, agua que no mueve molino, historia, historieta, materia de examen.

Por eso me atrevo a proponer un cambio radical. Y, si pensamos en él, el pinganillo debe ocupar un lugar central. El pinganillo como emblema nacional. Sí, hay que meter el pinganillo en la bandera, en los desfiles militares, en los despachos oficiales, y crear una mística del pinganillo, una oda al pinganillo y un himno al pinganillo. Hemos estado tanto tiempo preocupados porque nuestro himno carecía de letra y ahora se nos desvela con la naturalidad propia de las grandes revelaciones: cantemos al pinganillo como los poetas han cantado a la rosa y a la luna, tan gastadas ya a estas alturas.

Se podría pensar en una Orden del pinganillo con sus grandes cruces, sus placas y sus encomiendas. Serían entregadas por el rey en momentos solemnes, por ejemplo, de aprobación de Estatutos de Autonomía y fastos gordos por el estilo.

Hemos andado penando por la identidad nacional, por el ser de España, preguntándonos cuál era nuestra naturaleza de españoles, cuáles nuestros atributos como país... Hasta que hemos dado con el pinganillo.

Adiós a la pandereta del subdesarrollo. Todos con el pinganillo. Y ¿qué es el pinganillo? Dícese de un aparato que sirve para entender a un prójimo que habla nuestra propia lengua. El audífono de un pueblo sordo.

21 enero, 2011

La Cultural y el capitalismo

(Publicado ayer en El Mundo de León)


Estamos de suerte, vienen los árabes. No me refiero a una nueva remesa de pateras salidas de las costas de Marruecos, sino al capital árabe que puede salvar la Cultural Leonesa, el equipo de fútbol. Albricias. Leo por ahí que hay un grupo dispuesto a meter quince millones de euros para solucionar los problemas económicos de nuestra sociedad anónima deportiva. A esos tendremos que recibirlos con los brazos abiertos, no como a los que arriban en barcas de mala muerte. No somos racistas ni xenófobos, cuidado; somos clasistas. Si vienen con pasta, que pasen y cojan lo que quieran.

Son muy buena cosa la filantropía, el amor al prójimo y el desprendimiento espontáneo. Acabaremos cambiando nuestra visión del mundo y nuestra ideología al comprobar cuántos empresarios de aquí y de esos mundos se juegan los cuartos nada más que para que cada ciudad tenga su deporte rey, para que grandes y pequeños se solacen cada domingo con las gestas del equipo de sus amores. Unas veces son rusos del negocio del petróleo, otras veces se trata de empresarios españoles, constructores sobre todo, promotores, reyes del ladrillo y del hormigón. Ahora la moda es que lleguen de los Emiratos. Un día estás allá, en tu palacio, y, un poco aburrido de tanto harén y tanta bolsa de valores, te preguntas qué podrías hacer tú por la humanidad doliente y menesterosa y te dices que, caramba, en León tienen un equipo en apuros y qué mejor oportunidad para mostrar tu munificencia y tu amor a la humanidad. Oye, y te vienes con tus millones y la gente te lo agradece porque sabe que no buscas más que la felicidad del orbe y el cumplimiento de las pequeñas ilusiones de los ciudadanos.

Esa manera de arriesgar el capital, esa forma de no querer nada para sí mismos, ese empeño en gestionar una sociedad anónima al servicio nada más que del pueblo y de sus trabajadores igualan a los más esforzados hombres de negocios de nuestro país y a los mejores del extranjero, llámense Florentino, Gil, Del Nido, Lopera… o tengan apellido ruso o turbante. Es el capitalismo con rostro humano, la redención definitiva de los oprimidos y la quintaesencia de la ética empresarial. Da gusto. Yo, como leonés en ejercicio, también me lleno de gozo.

20 enero, 2011

La lengua de los senadores

Hay que ver cómo se ha puesto la gente con lo de el pinganillo de cinco lenguas en el Senado. Como si tuviera importancia. Como si lo que se gasta con el aparatejo y los traductores fuera relevante en comparación con lo que cuesta el Senado mismo. La cámara territorial lo llaman. Es cual si me calificaran a mí como el asturiano saleroso o el rey de del bacalao al horno. Son maneras de hablar y no va más allá la cosa. Aunque, si bien lo pensamos, un servidor sí se marca su salero cuando la ocasión lo requiere, y cuando me pongo el delantal de cocinar, me salen exquisitos el bacalao y unos platos más. En cambio, lo del carácter territorial del Senado es tan misterioso como lo de las caras de Bélmez, te lo cuentan y sigues pensando que tiene truco, que hay gato encerrado.

Por poner otra comparación, es como si usted se mosquea porque a esa verruguilla de junto al escroto le ha salido un puntito verde. Compañero, el color de los puntitos es lo de menos, lo relevante es que no pinta nada una verruga en lugar tan sensible. Pues lo del Senado igual. No añade nada de nada ni a la democracia ni al Estado de Derecho ni a la soberanía popular ni a la representación ciudadana, y menos a la representación territorial, salvo que las autonomías ponen por el morro a unos cuantos senadores y cuando, por ejemplo en Castilla y León, no saben qué hacer con uno de los suyos que se les está poniendo fondón y torpe, lo vuelven senador para que la Comunidad tenga en el Estado una defensa de impresión.

En el marco de nuestra Constitución y nuestro Estado de Derecho, la definición correcta de Senado es esta: Cámara compuesta por senadores. Y la noción exacta de senador reza así: miembro de la Cámara llamada Senado. Igual que se dicen Senadores por ser del Senado, podrían llamarse camareros por ser de la Cámara. O camarista, que es término que evita que te pidan un café a la mínima y que según el dicccionario puede significar “Residente en alguna cámara de posada, que no tenía trato con los demás hospedados” o “Criada distinguida de la reina, princesa o infantas”. Precioso y exacto. No tiene mayor enjundia teórica o conceptual el asunto.

Puestas así las cosas y con el debido realismo, tenemos que el Senado y los senadores conforman el peor de los círculos, que es el círculo vicioso, son pescadilla retozona que se muerde su propia cola. Si no hubiera Senado, no existirían los senadores y si no existieran los senadores a ver con qué íbamos a hacer el Senado, no nos iban a llamar a usted o a mí que no militamos en nada y que, además, somos honestos currantes con mucho que hacer.

El problema de ese tipo de bucles político-conceptuales es que tienden a la invisibilidad, la ciudadanía se olvida de ellos porque son aburridos y dan para poco. A ver, usted mismo, que me pone esa cara de escepticismo y que no sabe si pensar que por mi teclado habla la derecha más rancia o el anarquismo más feroz. Pues no, pero contésteme usted a esto: a que no se sabe el nombre de tres senadores, ¿eh? Digo de ahora mismo, no me venga con historias de Cicerón y Catilina y Graco y no sé qué. Que manda narices que conozca usted más senadores romanos que del Senado territorial nuestro.

Si el Consejo de Estado tuviera más plazas sería distinto, porque a muchos de esos senadores los jubilarían allí en lugar de mandarlos de camaristas territoriales. Pero, claro, el Consejo de Estado está lleno y fíjate que ya no queda sitio ni para cumplir las promesas de cuando el TC y tal. La última silla la ocupó Fernández de la Vega y ahí os quedáis las amigas, tontinas. Pero los que aconsejan al Estado son cuatro gatos y cuatro gatas, poco más de ocho o treinta, lo mejorcito de la ciencia jurídica y el macramé, y así dónde metes a todo el personal. Como muy bien explican aquí, no hay cama para tanta gente. Pues que no desaparezca el Senado, porque, si no, tendríamos que constituir nuevas cajas de ahorros o ampliar las concejalías de bienestar.

Recapitulemos: a) los senadores no tienen más que hacer que ser senadores y retroalimentarse; b) lo que dicen que representan no cuenta, pues son tan territoriales como yo etrusco; c) en lo que cuenta no tocan bola, pues si un día les da por decir que no a una ley, va el Congreso, la vuelve a mirar y decide lo que le da la gana sin contar con el Senado; d) cuando dicen en casa o a los chavales que son senadores, todos los imagina con toga y coturnos y los invitan a fiestas de disfraces y a pelis porno rebuscadas, como lo de Topolanek, pero con una corona de mirto sobre el cráneo y venga a darles a la cítara y la lira.

Así que se inventan lo del pinganillo y hablar en cinco lenguas nada menos, a fin de que se las traduzcan, y se produce el milagro de que: a) todos pensamos que, puesto que hablan y traducen, tienen algo que decir y que decirse; b) nosotros también hablamos de ellos en nuestras respectivas lenguas, como si de ellos tuviéramos algo que decirnos; c) ellos se dicen lo de deja que hablen, aunque sea mal, que más duele la indiferencia del electorado y más cornás da el hambre; d) cuando llegan a casa ya tienen algo que contar a la parienta o el pariente, tipo "tenías que ver qué voz tan insinuante se le oía a la que traducía del euskera" o "yo el gallego lo entiendo un poco, pero me puse el pinganillo para descojonarme porque el que lo vierte al catalán es un poco tartaja".

Entre unas cosas y otras, vamos tirando. De momento. Un ten con ten que ni fu ni fa.

19 enero, 2011

Ética y estática de las rebajas

Espero no ponerme muy frívolo, pues se trata de algo tan serio como diagnosticar una dolencia psíquica, en este caso la de los tenderos de ropa. Paso a contarles lo de hoy.

Esta mañana tenía que hacer un montón de gestiones en la ciudad, así que me dije que aprovecharía dos horitas que me quedaban entre unas cosas y otras para darme una vuelta por las rebajas. Tenía ganas de mercarme alguna prenda resultona. De que vivo en la inopia debe de haber muestras más que sobradas, pero no me esperaba esto de hoy.

Fui pasando por los escaparates de cinco o seis tiendas, si me apuran, todas las presentables que hay en León cuando de ropa de caballero se trata, y grandes almacenes aparte. Increíble lo que descubrí y que todo el mundo debía de saber antes que yo. Pensé que en el primer comercio había algún error y me marché a otro; en este empecé a mirar discretamente a los lados y a mi espalda, por si me había metido inadvertidamente en algún programa de bromazos y cámara oculta. Así que, fingiendo indiferencia, me encaminé a una tercera tienda. Más de lo mismo. El Día de los Inocentes no cae en enero, de modo que comencé a pensar que era real lo que veía, sin trampa ni cartón. Qué sofoco.

Les canto unos ejemplos al azar. Cazadora de paño vulgar del todo y a la que no le aprecio nada de particular, no es de piel ni de nuevos materiales ni se anuncia como impermeable a la lluvia o a la retórica de Sopena o Losantos: “antes, 550 euros; ahora, 380”. Bah, me digo, a algún becario del comercio se le escapó un cero de más en los dos lados. ¡Ya serán 38, y va que chuta! Pero al lado habían colocado un abriguito fino, gris y como para lucir muslo cuando vas en plan pareja homo a un hotel inglés en el que exiges cama matrimonial: “antes, 730; ahora: 480”. Bueeeno, sigo imaginando, incauto, será por algún rollo de políticas de género o de igualdad de oportunidades, para que el chiquilicuatre se pueda sentir tan fetén como una miss Orense cualquiera. Demonios, pero a unos centímetros se veía un jerseicillo con textura de papel de fumar, de un azul cielo que hacía juego con el carácter de Rajoy, con un cuellecito triangular y que no se pondría ni para el tajo el portero de mi modesta urbanización: “antes, 135; ahora: 85”. Y así todo y en todas partes. No compré nada y, para colmo, me puse a reflexionar y salí corriendo a buscar el ordenador para escribir esta entrada.

¿Están locos? Con lo que gana mi asistenta en un mes –ojo, tengo entendido que le pago un rato por encima de la media y de lo habitual; el otro día varios progres y liberados sindicales la mar de izquierdistas me fardaron de que ellos por la mitad de ese dinero tenían una ecuatoriana el doble de horas- se compra una chaquetilla de medio pelo y unos calcetines; y para de contar. ¿A quién demonios pretenden venderle algo? ¿Es esto lo que llaman rebajas? Están pirados, lo confirmo. Ah, y conste que no hablamos de esas marcas hiperpijas, sino de prendas de progenitor desconocido en cuya etiqueta lucen denominaciones tales como “La Ovejita Lucera” o “Tara-Zona” o “Cospedal Wear”. Y que no se trata de boutiques en calles como la mítica Serrano de los Madriles, sino que bordeamos la barriada. Enfrente de uno de esos comercios para lelos pervertidos entré precisamente esta mañana en un supermercado de El Árbol a comprarme un par de lechugas y un litro de leche semidesnatada. Del nivel de la vía ya se hacen una idea cabal con eso.

Y no solo están pirados, están acabados, aunque nadie se lo haya dicho todavía a la cara. Kaputt, finito, hasta aquí llegaron y de aquí no pasan. Luego tendrá la culpa el capital financiero internacional y votarán a Zapatero para que hostigue a los especuladores con un par de sonrisas a cuatro patas. Se han quedado colgados de esta década última, cuando nos creímos ricos y famosos for ever y hasta el más pringado se esforzaba por pagar por cualquier cosa el doble de lo razonable, para que se notase bien que paleto sería, pero con una pasta que te mueres y ahora házmelo por esta parte, mi amol. Paradigma amante de promotor inmobiliario con alitosis en negro, que se llama eso. Y todos andábamos marcando paquete de esa guisa, el que construía porque construía y el que no construía porque compraba lo construido y lo revendía a uno tal imbécil como él y con mucho dinero también, dinero de todos los colores. Y corriendo a la tienda a invertir en una bufanda para enseñar a los amigos y explicarles que fueron ochocientos euros de bufanda. Es de oveja coreana tartamuda, añadías, un pastón me costó, ya veis. ¿Tiene buen tacto? Que va, una mierda, pero es que como hay pocas ovejas de esas, costaba la bufanda quinientos euros, pero le dije al de la tienda que o me la ponía en ochocientos o no me la llevaba. ¿Se creen que uno no tiene donde caerse muerto o qué?

Fueron tiempos asquerosos que por fortuna se terminan ya. Pero los ávidos comerciantes no se enteran, pobres. Mientras yo sonreía socarronamente ante su vitrina, uno de ellos me contemplaba desde el interior con cara de preguntarse si este que les escribe sería un bróker (me juego algo a que él dice un brócoli) de esos o concejal de urbanismo costero. Si se entera de que escribo monografías y tengo un blog y una hipoteca de padre y muy señor mío, me saca a patadas del soportal. Pero al pote vendrás, arbeyu, que decimos en mi tierra (traducción, por si algún senador lee esto: a la cazuela vendrás, guisante).

Ya veremos quién ríe el último. En menos de un año los veré a todos cada domingo, concretamente en el rastro y vendiendo tornillos usados y unas gamuzas fantásticas que salieron ahora y que te dejan el salpicadero del coche limpísimo y con olor a concesionario. Al tiempo. Y en los locales que hoy nos ofenden con esos precios para mafiosos rusos, sus mujeres venderán castañas en invierno y en verano el cuerpo, si es que quedan postores entre los pastores; y con rebajas de verdad, no como ahora. A este paso, de las cámaras de comercio tendrán que hacer cámaras frigoríficas para conservar estos especímenes sin que acaben de corromperse. Reliquias, auténticas reliquias, rebajadas y al dos por uno.

18 enero, 2011

No quiero que me representen "mis" sindicatos. ¿Qué puedo hacer?

Intentaré ser breve, pues está más claro que el agua. Y comenzaré contando cuál es la razón de hoy para esa postura que avanzo en el título de la entrada: no quiero que los sindicatos hablen por mí ni se ocupen de mis intereses ni de mis derechos como profesor de universidad pública. ¿Está claro?
Puntualmente los sindicatos dizque mayoritarios (quiere decirse los que sacan más votos entre los que no obtienen casi ninguno: uno doscientos y pico votos, y otro, ciento y tantos, de los varios miles de profesores que en mi universidad trabajamos; me invento las cifras, pero las reales no serán muy diferentes. ¡Que cuente la abstención, rediez!) me vienen informando, como al resto de los compañeros, de la marcha de las negociaciones para esa dichosa ley que se va a llamar de Estatuto del Personal Docente e Investigador. Otro Estaputo, sí. Ya dije aquí el otro día que en un próximo número de Faneca habrá que darle su merecido. Pero déjenme que les anticipe algo, para que luego entiendan mi inquina sindical.
Según ese proyecto de Estaputo, para acceder a catedrático de universidad ya no existirá sólo la vía de la acreditación, sino que se podrá también mediante una evaluación distinta, en la que se van sumando puntos, puntos que se establecerán en "evaluaciones académicas globales del profesorado" (art. 16.2). Pues bien, a tenor de lo que figura en el art. 16.4 y en elAnexo del Borrador de Estatuto, tales puntos se asignarán por:
a) Antigüedad (hasta un máximo de 20 puntos; para que digan que envejecer no es chollo);
b) Méritos docentes (hasta 50 puntos).
c) Méritos de investigación (hasta 50 puntos, máximo; es decir, que ser la mar de antiguo cuenta casi la mitad -véase el apartado a)- que ser premio Nobel).
d) Méritos por innovación y transferencia de conocimiento (la pamplina de moda: hasta 40 puntos; compárese esto también con lo que valen los méritos de investigación).
e) Méritos de dirección y gestión académica universitaria (un máximo de 30 puntos; ya ven uno que haya sido toda la vida decano suma más de la mitad de los puntos que puede alcanzar uno que no haya hecho más que investigar hasta que consiguió el Nobel).
f) Formación (hasta 10 puntos; esto ya se sabe que es para que puedan seguir los pedabobos de las narices dando sus imbecilidades bajo la forma de cursitos; y cobrándolos).
El que en una de esas evaluaciones con este baremo alcance 120 puntos y sea profesor titular será acreditado como catedrático. Y, si ya es catedrático y llega a 140 puntos, alcanzará el cuarto grado de excelencia para catedráticos, el más alto de los posibles según esta pendejada legislativa.
Bueno, pues ahora sumen ustedes. O, mejor, yo les adelanto el veredicto de la aritmética:
- La suma total de puntos posibles da 200.
- Si descontamos los 50 que como máximo se pueden obtener por méritos investigadores, quedan 150 puntos.
- Puesto que para tener que ser acreditado como catedrático basta que la evaluación otorgue un total de 120 puntos, no sólo SE PUEDE ALCANZAR LA CÁTEDRA SIN UN SÓLO MÉRITO INVESTIGADOR (0 -cero- puntos), sino que se puede llegar "sobrao" si se es bastante viejo, se ha sido vicerrector y se han hecho unas cuantas gilipolleces más, como asistir a cursitos para dummies y colgar en la red unos materiales en colorines.
- Pero no sólo eso: puesto que para ser cátedro top alcanza con 140 puntos, también se puede acceder al paraíso académico sin haber dado un palo al agua como investigador.
Ahora háganme el favor de echar la cuenta de los puntos que puede lograr un tipo que en su disciplina es el número uno del mundo -bueno, o el dos o tres-, pero que se ha pasado toda la vida en su laboratorio y con sus publicaciones y que no ha tenido cargos, no ha escuchado las mamarrachadas de los pedabibitos en sus cursos para retrasados mentales, no ha innovado marcándose un convenio con la empresa de basuras del municipio y no es demasiado viejo todavía. Éste no llega a catedrático en su puta vida, ni con la ANECA ni con estos puntos del súper. ¿Solución para él? La emigración, of course. Vente a Alemania, Pepe (saludos, querido Manolo). Y a tomar por el saco nuestros sindicatos, nuestros mamporreros ministeriales y nuestros rectores, que tal para cual.
Estupendo.
Democrático.
Pues por eso. Yo quiero saber qué méritos investigadores tenían los que, como representantes sindicales míos y del resto del profesorado, estuvieron en la negociación de este puerco Estatuto. Y lo mismo por el lado ministerial. Currículos sobre la mesa, please.
Y por esto y por otro millón de razones, exijo, aunque sea vanamente y sin esperanza, que los sindicatos saquen sus zánganas manos de la universidad; o, para decirlo mejor, que representen y defiendan al PAS en lo que proceda, pero que nos dejen en PAZ a los profesores; o, al menos, a los profesores que trabajamos y que no somos como suelen ser nuestros representantes sindicales.
¡No queremos en nuestras universidades más liberado que el liberado sexual!
Los otros, éstos, hacen las normas a su medida. Y, para más inri y como también se comprueba en el proyecto de Estaputo, ¡la dedicación sindical puntúa para ser titular y catedrático!
¡La madre que lo parió y el padre que los concibió! ¡Al río con ellos! ¡Ya! ¡Fuera los parásitos de la universidad!
Bueno, concesión al realismo y a la melancolía: como nunca se irán, como nadie les va a quitar sus privilegios y su jeta y como debe de ser medio fascistoide y totalmente incompatible con el Estado social y sus principios esto que demando, pues..., tendremos los otros que ir pensando en irnos en cuanto se pueda y discretamente. Pero cómo fastidia que estos tipos hayan prostituido a ésta que queríamos tanto, nuestra universidad. Malditos roedores.

Son como son

A falta de un rato para escribir alguna cosa, recreémonos con imágenes y noticias.
Miren esta foto que un amigo nos indica, no tiene desperdicio. Está alojada en este blog y proviene de aquí, pero se la copio igualmente:




¿Y qué me dicen del feroz mercado que nos ataca? ¿Qué me cuentan de los odiosos especuladores sin entrañas? ¿Qué pensamos del capital financiero, tan desalmado como poco productivo?
Ah, pues miren esta noticia y esta otra: Felipe González ahonda en su socialismo y en el compromiso con los parias de la tierra.
¡Puaj!
Aunque, oiga, a lo mejor es todo mentira.
Sea como sea, a los expresidentes convendría darles el mismo tratamiento que en la India señalaba la tradición para las viudas. Por decoro y tal.

16 enero, 2011

¡Ha vuelto la FANECA!

Nuestro pez ha regresado a las turbias aguas académicas. Albricias.
Nos dice que hacen falta colaboraciones, que a ver quién lo alimenta. Pues ya saben.
Recuerden que lo pueden encontrar aquí, nadando en mares libres y procelosos.
Al parecer, anda pensando en contarnos la próxima semana algo sobre el nuevo sistema de acceso a cátedra que se prevé en el borrador de Estaputo del PDI. ¿No lo han visto? Es con puntos de Avecren. Sí, y se puede ser catedrático sin un solo punto en investigación. Qué cosa tan maja los sindicatos, qué sería de la universidad sin ellos. A lo mejor nos dábamos a la excelencia y todo. Esperen, esperen hasta la semana que viene y lo comentamos.
¿Para cuándo un Estaputo del palo de la bandera y de los pendones universitarios? ¡Aquí aún faltan estaputos, queremos más! ¡Ni un solo momento sin su reglamento! ¿Ven?, ya tenemos otro lema hermoso.
El caso es legislar. O hacer el chorras de cualquier otra manera. Lo importante es que propiamente no estudie ni Zeus, ni investigue. Pues vale. Cumpliremos.

15 enero, 2011

El feisbú

- Qué
- Na
- ¿Bien?
- Tirando
- Llevas zapatos nuevos
- Son del año pasado
- Ah
- De cuando nos vimos en la boda de Manolo
- Sí
- Bueno, me voy, que llego tarde a la peli
- Vale
- Ya te la contaré
- Como quieras
- Hasta luego
- Adiós

¿Qué les parece ese diálogo? Pues sí, cutre del todo, una de tantas pseudoconversaciones insustanciales de dos que se cruzan por ahí y van a lo suyo. Un rollo bárbaro. Bueno, pues si en lugar de ser un encuentro callejero, se tratara de una "red social", estaría todo el mundo entusiasmado, incluidos los protagonistas. Nuevas formas de comunicación, revolución total. Hay que joderse.

Tienes un vecino con el que te has cruzado unas cuantas veces sin deciros más que hola y adiós. No os apetece nada poneros a pegar la hebra en el ascensor o en el bar de enfrente, aunque quién sabe, igual habría cosas para contaros, a lo mejor ha tenido el tipo una vida apasionante y te estás perdiendo su narración detallada delante de una botella de buen vino. Pero no, ni ganas, qué fastidio y qué pérdida de tiempo meterse en conversaciones con el personal. Pero un día recibes en tu correo el aviso de que tu vecino quiere ser amigo tuyo en facebook. Ah, eso ya es harina de otro costal. Le dices que sí y empezáis una relación cordial e interesantísima.

Hoy él ha puesto en su muro que su tía de Zaragoza le contó que menudo frío esta noche. Aquello se pone que arde; la página, digo. Tú le contestas que jo, vaya tela que debió de ser el frio ese. Una tal Josefina, que aparece en la foto de su perfil montada en un tiovivo y con un tigre de peluche entre las piernas, aclara que en Valencia, en cambio, la gente ha ido a la playa. Rubén manda una foto con paisaje nevado y el muñeco correspondiente. Preciosa. Cinco amigos votan que les gusta la foto y un tal Eduardo dice que gracias, Rubén, por regalarnos ese paisaje tan precioso. Entonces Rubén escribe que gracias a ti Eduardo, y tu vecino planta un comentario más con un poema de Neruda sin decir que es de Neruda, y una tal Graciela contesta de inmediato que muchas gracias y que le encanta Benedetti. Tú vas y recomiendas una canción de Édith Piaf que habla de la nieve en París, pero es en francés y nadie te dice ni pío. Porca miseria, no es tu día. Así que te marchas a toda prisa al facebook de tu primo Estanislao, donde hoy están hablando mucho de por qué ahora los tíos se depilan las axilas. Ahí sí que tienen ambiente selecto y un tema de muchos quilates.

Uno en su blog mete la pata a base de bien, para eso está. Verás como se me pican varios amigos que tienen su facebook y se dan por aludidos. Que no, queridos, que no es por vosotros. Me consta, además, que alguno lo usa para comentar noticias bien sesudas o informar de descubrimientos científicos abracadabrantes. Habrá de todo y no soy quien para juzgar con propiedad, pues he frecuentado muy poco esos lugares virtuales, sus muros, sus fotos y todo eso. Ni siquiera sé muy bien cómo va. Me llegan todas las semanas varias solicitudes de amistad, con frecuencia inversa a mis posibilidades de hacer amigos en vivo, en carne y hueso, en cuerpo mortal, en la vida propiamente dicha. Serán los tiempos. Alguna que otra vez respondo que vale, pues hasta me hice un día un perfil o me registré o algo así. Entonces llego a la correspondiente página, miro por encima y me digo que seguro que por torpeza mía no acierto a ver el mucho y buen contenido que allí ha de alojarse. Sólo encuentro fotos de gente que no conozco y frases del tipo "hola a todos", "son muy bonitas las margaritas", "está preciosa la tarde" o "gracias por el enlace". Menuda basurilla. Pero, insisto, seguro que se debe a que no alcanzo a descubrir los más íntimos y ricos recovecos.

Así que me desentiendo del asunto. Pero el otro día, por no sé qué casualidad o maniobra extraña de un servidor (no mía, sino de uno de esos lugares de almacenaje), empezaron a llegarme por correo electrónico los mensajes que se estaban intercambiando en el facebook de un conocido gallego. De un gallego conocido mío, quiero decir, profesor de universidad, por más señas. Vaya tela. Resumo. El primer mensaje era lo que él acababa de escribir allí: hoy he cocinado caldo gallego, invito al que quiera. Primera respuesta: vale, yo llevo el vino. Contestación del anfitrión: trae también lencería fina. Otro que se mete: si Fulana va con lencería, me presento yo también. El anfitrión: pero tú te vas en cuanto acabemos de comer. La otra: huy, me parece que me voy a cortar. El anfitrión…

Oigan, se pasaron tres horas así, haciéndose pajas virtuales a lo tonto del todo. Que si voy, que si vengo, que si me pongo, que si me quito, que si tú no vienes, que si tú te quedas. Ya picado en mi curiosidad, me di una vuelta completa por el lugar y resultó que era casi todo así y todos los días, con el único añadido de fotos frecuentes, de enlaces al youtube para ver a Lady Gaga y de recomendaciones de películas y series de la tele.

Vamos a ver, tengo yo una pregunta para ustedes, pregunta genuina de despistado total: ¿es eso lo que llaman redes sociales? ¿Es por disponer eso por lo que se está forrando un tal Zuckerman? Pues manda pelotas. Y yo con esta hipoteca. Sí, lo sé, no todo es igual. Vale. He visto algún lugar diferente. Pocos, pero hay.

No pasa nada, cada uno ha de poder montárselo como quiera. Lo que me fastidia es que en vivo y a la cara cada vez es más difícil tener una tertulia o marcarse una conversación decente. Nadie tiene tiempo ni ganas, pues hay que salir corriendo para enchufarse en casa cinco horas en el facebook y el twitter y el otro y colgar otra foto de cuando eras pequeño y te llevaron a la playa y decir que vaya mayor que se ha puesto Harrison Ford y que cuánto te gustan las judías verdes nada más que con un sofrito. Mecagoenlaleche, qué profundidad y cuán intensa comunicación. Vivan las redes supersociales. Masturbación para everibody. Narcisismo a tutiplén y otra foto de cuando la primera comunión.

Ya sé, me dirán que bueno esta uno para hablar, con lo que le mete a este blog. Paso a justificarme. Escribo el blog precisamente porque ya casi no hay con quien hablar y porque los que hablan no escuchan y te atizan el rollo de cuando la mili y en cuanto te dispones tú a abrir la boca para contar cómo fue tu campamento, se acuerdan de que tienen los garbanzos en el fogón, los cabrones que ni cocinan ni nada.

Además, un respeto y una cosa, aquí meneamos temas que tienen su enjundia. En lo que no me veo, francamente, es con el cuelgue diario de cuatro o cinco horas para comentar con la vecinita, en la red "social", que qué sabrosas están las peras de Lérida (perdón, Lleida). Y después, cuando la tropiezo en la escalera, le planto un escueto buenos días y salgo corriendo a buscar un ordenador y escribo que me encanta toparme con vecinas que lleven una minifalda azul.

Estamos enfermos, creo. O serán cosas mías.

13 enero, 2011

Interludio sobre libros electrónicos, negocios y descargas

Tenemos por aquí un buen y serio debate abierto, sobre propiedad intelectual y... descarga de archivos y muchas cosas muy interesantes. Los puntos suspensivos de hace un momento se deben a lo mucho que me llama la atención el derroche de la sensibilidad cuando se dice “pirateo”. Que se carga la semántica no sé cómo y que así no se juega. De acuerdo, de acuerdo. Pero a lo mejor uno de estos días me pido que nadie diga machismo cuando habla de machismo, pues yo soy varón y quizá me hiera el término y, además, habría mucho que discutir sobre cuándo una conducta es machista o no y sobre el tratamiento legal que el asunto puede merecer. Y lo que vale para esos ejemplos vale quizá también cuando hablamos de homicidio, mala educación, despiste o vaya usted a saber qué cosa. Lo que estamos consiguiendo entre todos, me temo, es confundir la realidad con el deseo, las reglas -vigentes para todos, mientras estén vigentes- con los principios de cada cual, y así. Cualquier día oiremos a un violador auténtico gritarle a alguien lo de “usted a mí violador no me llama, pues yo estaré yaciendo con esta señora -o señor- sin consentimiento, pero el término violador tiene connotaciones horribles y, además, quién es usted para echarme la ley encima, si yo creo que la ley habría que cambiarla y, además, nadie escucha lo que venimos gritando desde la Asociación de Amigos del Sexo a la Fuerza. Y qué le dices si se te pone así, vamos a ver.

Ya me he despistado. Iba a otra cosa. No a debatir sobre el fondo, sino a contar cómo va lo mío, pues me he embarcado en lo de los libros electrónicos y quiero poner en relación mis teorías -y la de los amigos de aquí- con mis hechos. Ya les cuento.

Les había dicho que en navidades me compré un lector muy majo. Ya lo manejo con toda la soltura que cabe para estas edades. ¿Y saben cuántas novelas lleva ya en sus entrañas? Casi mil. Ayer mismo bajé más de quinientas de una dirección que es una mina, una locura. Tiene miles y miles de libros en un formato raro, pero también he averiguado ya de dónde se descargan programas para cambiar sin problema de un formato a otro. Total, y resumiendo, que usted encuentra en la red, y gratis, prácticamente cualquier cosa que busque de cualquier autor. Eso, a día de hoy, es así. No tengo ni idea de quién y por qué hace el considerable esfuerzo de colgar tanto libro..., pirateado no, como se diga. Digitalizado, debe de ser.

Me tengo -¿o me tenía?- por un aceptable comprador de libros, en especial literatura. ¿Seguiré igual o gastaré menos -o mucho menos- en adelante? Ah, ahí está la cuestión. ¿Seré representativo del comprador estándar de libros? Por qué no. Si lo soy y en el futuro adquiero menos, resultará verdad que el mercado de los libros sufrirá lo suyo.

Pues yo creo que sí, que ya no voy a gastar tanto en libros en papel. Además, estoy muy satisfecho con mi lector: perfecta calidad de la pantalla y la letra, lectura muy cómoda, posibilidad de marcar páginas, subrayar, hacer anotaciones en los márgenes...

¿Qué creo que me va a ocurrir? Seguirá gustándome tener en papel y ver en las estanterías de mi casa ciertas obras de los grandes, pero estoy casi seguro de que no volveré a gastar un euro en muchas de esas novelas que uno lee y luego amontona porque no son de releer propiamente. Por poner un caso, me parece que ya no me agenciaré más novela negra en papel. ¡Está todo en la red! ¡Tengo todo ya en mi cacharro! Cuando digo todo, digo todo, desde los clásicos (Hammet, Chandler..) hasta los últimos buenos, españoles y de fuera; incluso suecos y noruegos y un islandés, fíjense qué nivel.

Es verdad que hay que afinar el cálculo. Nadie se compraría en edición de imprenta tantos libros como puede descargar. Por cuestiones de sitio para colocarlos, por dificultad para ordenarlos y..., por dinero, claro. Si a mis setecientas novelas les pongo un modesto precio medio de doce euros, me salen ocho mil cuatrocientos euros. Es lo que valdría, en papel, esa literatura que me he procurado... gratis. Pero no es que las editoriales y librerías se hayan perdido esos ocho mil y pico machacantes míos, ya que no todos los habría comprado. La clave está en esta otra pregunta: ¿cuántos de esos setecientos que he conseguido por la cara habría mercado en librería, si no los tuviera de ese otro modo? No lo sé. Pero, tirando por lo bajo, por lo menos veinte o treinta. ¿Se compensará esa pérdida -para ellos- de algún modo? Lo ignoro. De momento, no parece que el descubrir gratis a un autor que me apasione me vaya a llevar a adquirir sus obras en papel; me incitará a... piratearlas (huy, discúlpenme), pues en la red -por lo que he visto- las encontraré seguro.

He leído hace un rato el trabajo que viene en El País sobre todo esto, titulado “A un paso del duelo final”. No me aclara gran cosa, salvo que nadie sabe nada. Hablan primero de Bubok. Algunos de los resultados del último proyecto de investigación que he dirigido están publicados como libro ahí. Es un sistema estupendo. Nosotros elegimos que el libro sea gratuito y pueda descargarlo cualquiera. Si alguien lo quiere en papel, puede pedirlo, se lo sirven en menos de una semana y cuesta unos quince euros. La ventaja grande, bajo mi punto de vista, es que te libras por completo de las servidumbres de las editoriales comerciales, que primero te dicen que no les interesa lo tuyo, luego te añaden que si pones tres mil euros te lo sacan, nunca te dan contrato a firmar ni te reconocen derechos de autor, después, milagrosamente, te avisan de que van a imprimir una segunda edición porque la primera se agotó -conozco casos- pero siguen vacilándote y sin pagarte porque la vida está muy achuchá y, entretanto, te insisten en que quites cien páginas de tu original y en que retires ese párrafo donde dices “mamonas” y “pajilleros”. A la porra. Quien escribe sobre materias académicas para dialogar con los colegas y estudiantes y mostrarles su trabajo a ellos tiene que poner sus cosas en la red, en lugar de andar suplicando como un pobre menesteroso a un editor de Ciudad Real o Basauri que primero te desprecia, después te vacila y por fin saca una pasta a tu costa pero se enfada si no le das las gracias y no publicas con él -gratis también- un manual de tu asignatura. Ah, por cierto, Bubok y las demás editoras gestionan ellas solas ISBN y demás datos para poner en la aplicación de las acreditaciones. No problem.

Siguiendo con lo de El País, luego echo una mirada a la página de Copirrait, plataforma que agrupa a muy famosos y meritorios “creadores”. Defensas encendidas de la Ley Sinde. Van de cráneo. Contra los hechos valen poco las normas. Y los hechos son: a) yo puedo descargar hoy, en un solo día, cinco mil novelas de las que pueblan ahora mismo los estantes de una buena librería; b) mi acción no es ilegal; c) para perseguirme a mí y a quienes como yo hicieran, habría que convertir el Estado en un engendro autoritario y sin garantías procesales y sustantivas, habría que poder espiarme, controlar mi uso de la red, etc; d) A los “piratas” (perdón, perdón; era con ironía y mucho cariño) que disponen los servidores con ese material échales un galgo; cambian de “alojamiento” y se reproducen con mucha facilidad, se evaden a “paraísos cibernéticos” (mira qué bonita expresión, como los paraísos fiscales), etc., etc. Nada que hacer, impotencia, puertas al campo, agua en un cesto. O cambian las bases de la producción, el mercado y los modos de retribuir a autores, editores y demás, o se acabó lo que se daba. ¿Se acabó lo que se daba?

Seguirá habiendo novelistas y poetas, pero quizá los primeros no puedan seguir viviendo de sus escritos, igual que no viven de ellos los segundos, salvo uno de León que siempre sufre en sus versos porque la dictadura -contra la que retroactivamente está luchando a brazo partido- le puso casa y Zapatero premios y conferencias en los Cervantes del mundo. O tendrán que inventar maneras de obtener algún lucro precisamente a través de la red y con los intercambios que en ella tengan con sus lectores. A lo mejor se democratiza el mundo literario y ya no hay que ser de la cuerda de algún capo catalán o darle gusto al tal para verse editado. Te autoeditas tú en la web y los cibernautas deciden... No sé.

Lo que tiene guasa es lo de Libranda, lo de los editores españoles. También, siguiendo el artículo de El País, volví a mirar su página. Un horror. Y cómo esconden en su catálogo los precios de las ediciones electrónicas, los cabritos. ¿Cuáles precios? Algunos ejemplos a vuelapluma. Muñoz Molina -autor al que admiro mucho-, La noche de los tiempos -su última novela-: en papel, 24,90 euros; en formato digital (e-pub): 17,49. Joyce Carol Oates, Infiel (estupendos cuentos, éste lo tengo en la estantería): en papel, 22 euros; digital, 9 euros. ¿Están locos? ¿Están locos de remate? ¿No se dan cuenta de que de internet se descargan por cero euros?

Ni estoy justificando el “pirateo” (perdón, lo siento, se me escapó otra vez) ni poniéndome de parte de los autores o las empresas. Lo que hace falta es encontrar caminos nuevos. Sigo diciendo que no ha de poder “colgar” cualquiera lo que le dé la gana, un escrito mío que me arrebata sin permiso y sin que yo lo hubiera regalado al público, una foto íntima de mi tía, los números -tristes- de mi cuenta corriente...; pero verdad es que constituye engaño grave pensar que el aire que respiramos o el agua de los ríos se puede vender envasado y a precios muy altos y que la gente lo va a comprar en lugar de respirar o bañarse sin coste.

Si a mí me dicen ahora mismo los de Editorial Anagrama (o los de Tusquets o los de Alfagura o los de Acantilado o los de Salamandra...) que por treinta euros tengo acceso a todo sus publicaciones de este año y puedo descargar lo que me dé la gana, y que por treinta más me abren su catálogo antiguo, ni me lo pienso, firmo de inmediato. Y, si quieren echarle imaginación, pues que den una clave para que una vez a la semana pueda chatear uno con su escritor favorito, o descuentos para irse de fin de semana barato a Madrid o Barcelona cuando hay presentaciones... Yo qué sé. Tienen que darse cuenta, en cualquier caso, de que ahora, para bien o para mal, la sartén por el mango la tiene la gente, y que para leer ya no hay materialmente necesidad de apoquinarles lo que pidan. Es como cuando a uno -que no soy ni seré yo, de verdad- le salen novias a porrillo y la parienta, envejecida y “musculosa”, se pone borde. Pues ya ves qué problema, corazón. Con las editoriales sucede lo mismo, nos guste o no nos guste y sean cuales sean a medio plazo las consecuencis para eso que llaman la cultura y que ya no se sabe qué es, si lo de los libros, lo de la gastronomía o lo de hablar sin decir tacos ni ofender a los nuestros aunque sean... Quieto parao, que he dicho que me reformo y me reciclo, en lugar de refocilarme.

Discriminados

(Publicado hoy en El Mundo de León)

Se nos vienen el Gobierno y la señora Pajín con una nueva norma, pues les parece que había pocas. Presentaron el otro día el anteproyecto de Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación, que pretenden que entre en vigor en 2013. Largo me lo fiais. Para dentro de dos años, todos calvos. No será lo peor que nos pueda ocurrir, al paso que vamos y mientras el poder legislativo legisla igual que el que reza a Santa Bárbara cuando truena, por hacer algo y que no se note que no sabe de meteorología.

He estado ojeando esa norma que nos arrojan ahora, y resulta la mar de chusca. Es para que nadie se sienta discriminado por cualquier cosa, empezando por lo del género y la orientación sexual, que no son lo mismo, pero suelen ir de la mano. Por ejemplo, si un varón se presenta a un casting de macizas para anunciar una colonia de mujer y no lo eligen porque es hombre, habrá que aplicar la ley antidiscriminatoria y obligar a que le den el papel o sancionar a alguien por andar mirándole malamente el sexo; o, si un heterosexual aspira a plaza de camarero en local homo y le responden que nones, otro tanto de lo mismo. O a lo mejor he entendido yo mal el anteproyecto, no sé. Según las autoridades, el propósito es evitar las humillaciones que sufren los que llevan las de perder cuando hay trato desigual. Loable objetivo. Acabará siendo ilegal que los concursos de belleza los ganen los guapos.

Yo mismo puedo resultar muy beneficiado con esta ley, igual que muchos de ustedes. Verán por qué. Como leonés de adopción, me siento a menudo humillantemente discriminado. Sin ir más lejos, me parece una infamia que un catedrático igual que yo cobre en la Universidad Pública de Navarra bastante más de lo que a mí me pagan en la de aquí. Para colmo, el navarro tiene un sistema fiscal distinto y apoquina menos en impuestos. ¿No es discriminatorio esto? ¿Y humillante? ¿Y lo de que en el sistema sanitario nuestro tengamos derecho a menos prestaciones que en otras Comunidades? ¿Y qué me dicen de cómo se sentirán los guardias civiles o policías que ganan un rato menos que si fueran mossos d´esquadra? Podrían ser mil ejemplos. Menos mal que la nueva ley nos va a igualar en lo que de verdad importa. ¿O va de coña/o?

12 enero, 2011

Los y las de siempre siguen con el sexo en la boca. Recomendación de un divertido artículo

Miren qué magnífico y divertidísimo artículo publica hoy, en Cinco Días, Federico Durán, catedrático de Derecho del Trabajo y antiguo presidente del CES.
No me digan que esos legisladorcillos pijos no parecen, además, tontos de remate y horteras hasta la náusea. Seguramente lo son. Tan monos y repulidos, tan sin género ni especie ni nada. Criaturillas profilácticas. Pequeños, peludos, suaves, diríanse de algodón.
Pueden disfrutar del texto aquí o aquí. No se lo pierdan.

11 enero, 2011

La lesgislación que viene, por nuestro bien.

Ando cada día más preocupado por culpa de estos trances que quizá se deban a los transgénicos o, más sencillamente, a los lingotazos ginebrinos de por las noches. He vuelto a Citadelle, es de lo mejorcito. Ya saben lo que me sucede cuando tengo estos días, que se me aparece el futuro y me asusta. Dan ganas de morirse, aunque por las mañanas sólo te quedan ya la boca un poco reseca y las rutinas. Pero qué miedo contemplar lo que nos aguarda. Porque ya sabrán, por otras confesiones de este tenor, que no son ensoñaciones vanas las que me asaltan, sino que adivino el futuro con pelos y señales, lo clavo.

Pues no sé si es por andar todo el día sacudiendo leyes y quitándoles las pelusas, pero el caso es que mi última adivinación versa sobre legislación estatal. En el 2020. En un Estado que acojona también, pues tendremos de presidenta del gobierno a doña Leire, para que luego digan ustedes que la chica no vale y no tiene su fondo, aunque sea de armario. Corre el año 2020, como digo, y hace tres años que el PSOE ha recuperado absolutamente la mayoría, esta vez porque un día antes de las elecciones generales, a las que iba de favorita Esperanza Aguirre –estamos jodidos por donde quiera que nos miremos, ya lo sé-, cayó en Guadalajara un meteorito que armó un desastre, y la gente se dio cuenta de que era castigo divino por las malas andanzas del PP. Pásalo. Ahora manda en serio la Pajín, Zapatero es consejero de Estado, el Estado está como era de esperar con esos consejos que le dan y Rubalcaba acaba de ser nombrado magistrado del Tribunal Constitucional, gracias a que el propio TC ha hecho una interpretación extensiva de lo de juristas der reconocido prestigio con mucha experiencia profesional y ha visto que, aunque Rubalcaba es químico, otros son rubios o con pocas tetas y no por eso dejan de ser elegidos para guardianes de la Constitución. O qué. Son las cosas del neoconstitucionalismo, que es más viejo que Carracuca y ya lo practicaba hasta Calígula cuando lo del caballo. Por cierto, la que a estas alturas está muy malita es las Constitución, pero dicen sus cuidadores que tranquilos y que ya ellos mismos le dan la extramaunción y la “eutanasian”, sin problema y para esos estamos, heil.

Bien, pues ese es el panorama que se me acaba de anticipar, y resultó que después de un consejo de ministros en enero –ahora los consejos son los martes, como aportación de este gobierno a la política social- comparece –comparecerá- el ministro de Sanidad y Cultura y presenta el anteproyecto de Ley de Sanidad Integral Sostenible en Restaurantes y Casas de Comidas (LSSRCC; pronúnciese por señas, como hace el ministro, que es una chica lesbiana, sordomuda, patizamba y de La Corredoria –Asturias-, por no sé qué rollo de cuotas que no he llegado a entender muy bien). Un gran avance del Estado del bienestar e, incluso, del Estado de Derecho. Resumamos los contenidos de tan afortunada norma.

La Exposición de Motivos de la ley, que ahora se llama Motivación de la Exposiciones, por razones de "simetría semántica de tendencia lingüística", o algo así, alude al éxito de la llamada Ley Antitabaco, de 2010, y a cómo hay que seguir aondando en las libertades. No se preocupen, lo de “aondando” no es ni errata ni falta de ortografía de un servidor. Lo que pasa es que la Academia de la Lengua, que ahora preside un antiguo concejal de Convergencia y Uniò que es bilingüe y está muy leído y que llegó a la Academia y al cargo de resultas del pacto de gobierno en el 2015 entre el PP y los catalinistas, la Academia, digo, ha suprimido la letra hache porque a alguien se le ocurrió comparar su forma (h) con la de las carnes de las señoras culonas, y de inmediato el Obervatorio para la Igualdad propuso que se suprimiera esa letra que a algunos tarados recuerda a ciertas mujeres y que, encima, no suena, lo que es, ya, el colmo de la discriminación afrentosa.

¿Qué se contiene en el articulado de la ley? Pues medidas muy enjundiosas que aprovechan los últimos avances tecnológicos. En resumidas cuentas, lo principal es que en la puerta de cada restaurante o lugar en que por precio se sirvan comidas al público, deberá estar instalada una máquina que por el iris de los clientes detecta su estado general de salud y prescribe la dieta pertinente. ¿Que usted anda con el ácido úrico subido? Pues la máquina lo canta y saca una carta adaptada a su dolencia, carta de la que han desaparecido los mariscos, la cerveza, el tomate, el vino tinto y no sé cuántas cosas más. Si anda alto de tensión, con problemas de azúcar, bilirribuna o similares, de inmediato el aparatejo decreta la prohibición de la sal, de los pasteles, de la remolacha o de lo que corresponda a tenor de los siempre cambiantes avances médicos. Por ejemplo, en este año 2020 vuelven a ser malísimos los aceites de oliva y el pescado azul. También se han prohibido los condones de látex porque en algunos casos provocan acidez de estómago, dicen. Cosas de la ciencia dura.

Lo más llamativo son las sanciones, como siempre ocurre en estas normas que salvaguardan nuestras libertades y todos los derechos fundamentales que tenemos, que son un montón. Si un cliente del restaurante se empeña en tomar unos percebes y el chisme de la entrada le ha dado calabazas, es decir, le ha prescrito un menú a base de calabazas nada más, y, para beber, agua sin gas, sólo por decirlo el cliente ya deberá pagar tres millones de pesetas. Lo de las pesetas es porque esos cabrones nos echaron del euros y ahora estamos ahorrando para joderlos a ellos. Si dicho comensal simplemente piensa cuánto le apetecería zamparse unas gambas prohibidas, aunque no lo mencione, la multa es de millón y medio. ¿Que cómo se sabe lo que pensó? Porque hay en el techo detectores de pensamientos culinarios, igual que en todos los semáforos los hay de pensamientos lúbricos, para poder castigar a los hombres que se digan para sus adentros que vaya culo guapo que tiene esa torda que cruza la calle. Eso son dos años de privación de libertad y posterior orden de alejamiento de los semáforos. Si es una señora la que calladamente opina que le encantan los pectorales depilados de un jambo que pasa, no hay sanción, pero si lo dice, recibe el premio a la liberación como es debido, dentro del Plan Trienal de Acción Afirmativa, también puesto en marcha por este gobierno de progreso y buen rollo genérico.

En el caso de los camareros, aquel que sirva un plato indebido a un cliente recibirá de inmediato una orden de ayuno personal y podrá ser condenado a penas de hasta quince años de cárcel y vegetarianismo. Como medida complementaria, siempre que un camarero así delinca, se suspenderá también de empleo y sueldo al jefe de cocina y a la limpiadora, a fin, según la citada Motivación de Exposiciones, de incentivar la solidaridad social y el papel de España en el concierto de las naciones sostenibles y eólicas.

Lo dejo aquí. Sólo tenemos que esperar nueve años y verán cómo acierto de pleno. Es lo que tiene ser buen visionario. Ahora tal vez nos sorprendan esas noticias del futuro, pero más raro nos habría parecido hace quince años lo que ahora se legisla, y mira. Por no hablar de lo que habríamos dicho de jóvenes si nos hubieran contado que durante nuestros mejores años nos iba a gobernar un pobre *** iletrado,con su gobierno de *** y ***. Son las dinámicas de la Historia, ineluctables; ya lo dijo Hegel.

10 enero, 2011

Porquerías jurídico-familiares

Cada vez se entiende menos todo este barullo de parejas e hijos. Aquí lo que hace falta es capar gente a mansalva, pero me temo que algún tribunal ponderará y dirá que es inconstitucional la medida. Así que no sé lo que va a pasar.

Mientras, sigue uno leyendo patochadas y constatando desenfoques sin cuento y con cuento. Hoy mismo he visto en El País una noticia con este titular: “El Gobierno insta a los jueces a no esgrimir una patología inexistente”. Reconózcase que es un encabezamiento enigmático, bien oscuro. ¿Que los jueces esgrimen patologías y, encima, inexistentes? ¿Cómo, dónde y con qué las esgrimen? ¿Con la mano, con el mazo, con un tenedor…? Habrá que mirar el subtítulo: “Un informe concluye que el llamado Síndrome de Alienación Parental, usado supuestamente por madres para lograr la custodia, carece de validez científica”. Sigue sin entenderse, pero da la impresión de que van a hablar de asuntos científicos y jurídicos de mucha enjundia. Impresión falsa, ya que se trata de la típica ensalada espesa e intoxicante, dinamita para los pollos, alimento –con toxinas- para cerditos y cerditas, cuento chino. Es kommt mir Spanish vor.

Pero lo leí, porque ya se sabe que la curiosidad mata al gato y al bloguero que debería ocuparse de cosas serias en lugar de escribir sobre las mamarrachadas que se llevan. No sé si lo habré entendido bien, más allá de captar sin lugar a dudas que los hombres somos una calamidad y que hay jueces machistas sin remisión. Puede que también los haya feministas, pero creo que eso no es problema.

No había oído hablar del Síndrome de Alienación Parental, que el periodista escribe con mayúsculas, de lo que deduzco que debe de ser más grave que el cáncer de próstata, que siempre se pone así, en minúsculas. Además el cáncer de próstata no tiene siglas (podrían ser CP, mira qué original), mientras que al Síndrome este sí se las asignan en el artículo periodístico (SAP), nuevo indicio de que tiene que ser materia de mucho nivel. ¿En qué consistirá?

Pues, al parecer, es cuando en procesos de divorcio y en el fragor del combate para ver quién se queda con los hijos, el varón alega que la mujer “manipula al menor para que sienta aversión contra él”. Se entiende que contra el padre. Dicen las estadísticas -que siempre aparecen aunque no se sepa quién las hace ni cómo- que el 89% de las veces que tal acusación se formula es por obra del hombre, mientras que las damas sólo imputan esas maniobras a sus ex en el 11% de los casos. Pero lo absurdo es cuando lo alega el paisano, dónde vas a parar. Si lo dicen ellas suele ser con verdad, y así se hará constar en la nueva legislación sobre igualdad, que viene haciéndose pajines y que pretende que no se humille ni a los gordos ni a los feos ni a los que tienen espinillas ni a los eyaculadores precoces ni a los afroamericanos, aunque aquí no tengamos apenas. Ni a las mujeres ni por ser mujeres ni por ser mujeres.

Al margen de la guerra de los géneros, y en especial entre progenitores/as que deberían haber sido amputados de sus partes reproductoras a su debido tiempo, la historia parece sencilla. Mientras lucha por quedarse con los niños, que también son ganas, uno de los papás, generalmente el papá, le dice al juez que el otro –generalmente la mamá- anda hablando malísimamente de él delante de la descendencia. Eso puede ser verdad o puede ser mentira, según lo afirmado coincida o no con los hechos y sin que tengamos que remontarnos a citar a Tarski y la teoría de la verdad como correspondencia ni zarandajas por el estilo. Y esa alegación será jurídicamente relevante o no según que la ley dé o no dé cancha a ese tipo de guantazos dialécticos entre los no castrados a su debido tiempo. Parece sencillo, y una persona normal creo yo que no le daría más vueltas. A veces será verdad que el padre o la madre le hablan al niño pestes del otro y a veces será pura falsedad. Caso por caso, no estadísticamente, porque si es verdadero o falso que yo comí callos a la asturiana este mediodía -sí los comí, comprados en Mieres el sábado- no depende para nada de datos estadísticos sobre la frecuencia con que se toman callos en León en el mes de enero. Y no hay más tutía.

Bueno, pero si ya es un bien escaso la normalidad cuando hablan los juristas, ni te cuento lo que puede quedar de ella cuando, de propina, se meten los científicos sociales –esta vez psicólogos, pura ciencia exactísima, rigor en estado puro-, los periodistas y los que hacen de su sexo profesión y fe, sacerdocio y sacerdocia, dedicación de tiempo completo, obsesión propiamente dicha, maniqueos a los que el aparato reproductor se les ha subido a la cabeza y a ver esa deformidad quién la opera o si no será un síndrome con siglas.

Así que, según la oscura redacción del artículo periodístico que cito, resulta que el Síndrome de Alienación Pariental (SAP, no se olvide) es mentira. ¿Que son siempre falsas aquellas acusaciones? No, que es mentira el síndrome. Que no hay una dolencia psicológica consistente en andar diciendo pestes de la contraparte a la prole. Y que, como el síndrome es más falso que la falsa moneda, según los psicólogos, el juez no tiene por qué tomar jamás en cuenta dichas imputaciones, las formule el papá o las formule la mamá. Creo que el razonamiento se entiende bien: como el síndrome no es propiamente tal, no es verdad que el padre o la madre anden manipulando nunca al chaval de esa manera. Es como el día que se descubra que el síndrome del tabaquismo no es tal síndrome, de lo que se deducirá con aplastante lógica que la gente nunca fuma ni fumó. ¿Que mi pareja declara que ayer me vio atizándole unas deleitosas caladas a un Camel? Si lo que pretende es insinuar que soy rehén del síndrome de abstinencia provocado por la nicotina y si un día unos psicólogos de Nebraska o de Viana do Bolo averiguan que ese síndrome no es tal, resultará que yo ni de broma me fumé un Camel o, si lo fumé, no lo disfruté un carajo. Así es la ciencia posmoderna, tonta del culo.

Sé que estoy haciendo algo de caricatura, pero estas cosas hay que tomárselas con humor. Miren, algo más en serio -no mucho-, lo que cuenta el periódico: “El informe insiste en que ni la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, ni la Asociación Española de Neuropsiquiatría ni la Organización Mundial de la Salud conceden validez científica al SAP o lo consideran un trastorno verificado por la comunidad científica. El Síndrome de Alienación Parental -hasta los años 90 se denominaba Síndrome de la Mujer Maliciosa- es un término acuñado por Richard Gardner, un psiquiatra militar norteamericano que en la década de los ochenta lo definió como trastorno mental invalidante para ocuparse de los hijos. Es, según él, "una campaña de denigración injustificada contra un progenitor alienado", para que el menor rechace vivir con él o acudir a las visitas. Se aplica sobre todo en algunos estados estadounidenses, Argentina y España. La Asociación de Psicólogos de estos dos últimos países avalan el SAP, la comunidad médica no lo rechaza -el Colegio de Médicos entiende que es una decisión que corresponde a cada profesional- y otro tanto ocurre con el Colegio de Abogados. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos lo ha tenido en cuenta en las alegaciones de algunos procesos revisados. En este contexto variopinto, algunos jueces lo aplican a rajatabla. Y eso es, sobre todo, lo que preocupa al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y al Observatorio. La polémica, siete años después de la primera sentencia española que tomaba en consideración el SAP, continúa”.

No me digan que no es para reírse un buen rato. Ni serio ni nada, pura rechifla. O para rasgarse las vestiduras. Resumamos toda esta falta de rigor de la pseudociencia de las narices, unida a la demagogia barata de los medios y a su sumisión al "decurso" único:

a) Las fuentes científicas son exhaustivas y demoledoras: La Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, la Asociación Española de Neuropsiquiatría y la Organización Mundial de la salud. Dicen las tres que no, que no existe tal síndrome. Pues vale. ¿Y qué dicen la Asociación Francesa de Tejido Cerebral, la Asociación Canadiense de Neurocirugía Ornitológica y la Asociación Extremeña de Mujeres Separadas o la Asociación Murciana de Varones Escamados? Huy, perdón, con este último ejemplo se me han mezclado los apartados.

b) Pero, por lo visto, aunque la Asociación Española de Neuropsiquiatría sostine que no hay síndrome que valga, la Asociación de Psicólogos de España –igual que la de Argentina, qué buena compañía nos hacemos los “gallegos” y los psicoanalistas compulsivos- afirman que vaya que sí, que ya lo creo que anda mal del síndrome mucha gente. Jolín, y a veces hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se lo ha creído. No sabe uno a qué atenerse.

c) Pero ya se sabe quién resuelve cualquier duda científica en este país nuestro, puntero donde los haya en materia de saberes y cosas de tías y tíos: el Ministerio de Igualdad. Si, como ahora, están juntos Igualdad y Sanidad -como si lo desigual fuera enfermizo- miel sobre hijuelas. Dice el Ministerio Con Señora que ni síndrome ni hostias. Mano de santa. Por lo visto también anda por ahí un Observatorio que, por más que observa, ni ve síndrome por ningún lado ni verdad en las acusaciones cuando van contra damas con niño. Pues ya está.

d) “El pronunciamiento oficial sobre este supuesto síndrome constituye una vieja reivindicación de las asociaciones de mujeres, que reprochaban a la ex ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el silencio del Gobierno. Ahora como secretaria de Estado, y con Leire Pajín como ministra, el Ejecutivo asume su inexistencia y tiene previsto hacer público el informe en los próximos días”. Esto es otro párrafo de la noticia. Se comenta solo. El ejecutivo ha asumido la inexistencia del síndrome y va a comunicarlo un día de estos. Como cuando no había crisis económica o como cuando éramos y seguimos siendo un Estado social a tope y muy protector de los desamparados. Menudos. Será por declaraciones.

Manda tal.

Consiéntanme un comentario final antes de venirse con la caballería, que es una manera muy nuestra de venirse. Admiro a mi querida esposa por muchas cosas, incluida esta que voy a contarles y que no es de importancia tan menor como parece. No hace mucho, en presencia de otras personas, estábamos hablando de separaciones y cosas por el estilo. Muy seria por un momento, me miró y me dijo tranquilamente, de manera bien creíble: si un día nos separamos, con la niña te quedas tú; ni sueñes que voy a pelear yo por custodias ni similares. Magnífica. Deberían muchos y muchas tomarla como ejemplo. Y a otros y otras habría que caparlos a tiempo, ya se ha dicho. Y punto pelota.