20 enero, 2006

Batasuna y la paz. Dialogando con un amigo.

En un comentario que está por ahí abajo dice el amigo que tiene el nick de "un amigo" cosas como las siguientes (entresaco en aras de la brevedad):
No le tengo simpatía alguna a Batasuna, pero identificarla de plano con ETA me parece, aparte de poco sutil, hacerle el caldo gordo a la misma ETA. (...).
Volviendo a Batasuna: tenemos que analizar mejor. No sé si este hipotético análisis lleve a la paz, pero es lo único que nos alejará de la ignorancia. No es un partido político en el sentido en el que lo es Convergència, o la misma Esquerra, por poner un ejemplo cualquiera, que ruego quien me lea que interprete en el plano puramente técnico. Es otro tipo de organización. Dentro de ella hay una enorme diversidad de personas. Hay, por supuesto, quienes han abrazado ya la violencia "chica" y están a punto de dar el salto a la "grande" (sin darse cuenta, como tantos otros, de que ya se cruza la peor de las barreras el día de la primera pedrada, o del primer bofetón). Pero también hay en ella personas que buscan otra cosa. Asimilar a todas en el primer caso es hacerle un flaco favor a nuestros intelectos, y a las pocas posibilidades de paz que haya en el horizonte. Y, por supuesto, es empujar a las "relativamente" cercanas hacia lo "absolutamente" lejano.
Lo siento si este pensamiento incompleto y embrionario -por ahora no tengo más- te indignara; no es la intención".
Nada de indigación, agradecimiento por la ocasión para dialogar y por las exquisitas maneras.
Por otro lado, creo que yo en el post no hacía esa asimilación automática de Batasuna a ETA, pero eso es lo de menos ahora, hablemos sobre las ideas interesantes que el amigo plantea.
No me cuesta ningún trabajo asumir que Batasuna sea una organización compleja que acoja a personas de diferentes propósitos y con aspiraciones diversas. No quiero hacer comparaciones polémicas ni echar leña dialéctica a ningún fuego, sino debatir con mesura, ponderadamente, pero es como si decimos que entre los falangistas los había también muy distintos y que algunos tenían serias reservas con Franco o las cosas de su política. Sí, pero mientras no se fueron, ahí estaban brazo en alto apoyando lo que apoyaban, matices aparte. Lo que hace que la historia hable hoy con respeto de los Ridruejo, Laín, Tovar o Torrente Ballester no es el hecho de que mientras militaban y hacían el saludo romano pudieran tener dudas o discrepancias internas, sino el dato crucial de que se fueron, de que cortaron amarras con aquel régimen. Otro caso, más delicado si cabe, y que ruego se tome sólo en lo que analígicamente sirva. En Alemania circulan mil historias de unos que otros miembros de las SS que no eran mala gente del todo, y que dudaban y que ocasionalmente trataban de evitar alguna crueldad con los prisioneros o salvaban la vida a algún judío o algún gitano. Estupendo, ¿y? Eran mejor que sus colegas más sanguinarios y fanáticos, sin duda, pero no se fueron a casa y siguieron en la rueda del sistema asesino. Nada les impedía irse, pero no se iban.
Ahora los batasunos. No pretendo decir que merezca el mismo reproche moral y el mismo desprecio el que aprieta el gatillo, el que lo aplaude y el que simplemente va de comparsa y sueña con que un día no haya muertos, pero sin dejar de disculpar al criminal. Son tres grados de miseria moral. Los primeros son los de ETA, los segundos son los que aprueban los delitos de ETA, asesinatos incluidos, y los segundos son los que comprenden y disculpan, cosa que es un grado menos que aprobar y entusiasmarse, pero que también tiene lo suyo.
Con esto le estoy dando buena parte de razón a "un amigo".
Pero conviene seguir razonando. A Batasuna los partidos y los jueces no le están pidiendo que renuncie a los objetivos independentistas de ETA, sino que condene la violencia, que proclame abiertamente que tales objetivos pueden y deben perseguirse con medios pacíficos, con cualesquiera medios que sean pacíficos. Batasuna no ha hecho tal condena. Más aún, sus dirigentes una y otra vez exaltan, vitorean, aplauden a los abyectos gudaris que preparan las bombas o dan el tiro en la nuca o extorsionan.
Podemos imaginar que hay militantes de Batasuna que se sienten mal así y que creen que tal grupo debería dar el paso de rechazar la violencia sin renunciar a los objetivos. ¿Y? ¿Se supone que porque haya tales gentes debe darse legalidad y espacio a esa organización que, como tal, sigue en sus trece de complicidad con la muerte y el abuso? ¿No sería acaso más lógico preguntarse por qué no se van esos militantes que tan a disgusto deben de encontrarse?
Es un tanto curioso que operemos con tales suposiciones, con ficciones casi. En una organización que, al menos en lo que hacia el exterior se ve, se muestra monolítica e inflexible, tenemos que presumir que hay gentes que quisieran que las cosas fueran distintas, aunque a esas gentes ni se las vea ni se las oiga ni sepamos quiénes son. ¿No sería más razonable pedir que aparezcan y se muestren antes de, por un lado, creer en lo que no percibimos y, por otro, tomar la imaginaria parte por el todo y decir que tiene derecho a reconocimiento y consideración una organización que permanentemente dice y hace lo contrario de eso que al parecer podría hacer si se dieran no sé qué misteriosas circunstancias?
Ahora es la ley de partidos la que los oprime a los batasunos y les impide mostrar la senda pacifista que íntimamente anhelan. ¿Y antes? ¿No fueron partido legal, con presencia en parlamentos y todo tipo de instituciones? ¿Por qué no aprovecharon entonces para hacer eso que hemos de creer que ahora harían si volvieran a ser legales y concurrir a las elecciones?
Con todo esto no digo que no se deban explorar las vías de la negociación. Nunca he dicho aquí una palabra contra eso. Pero una cosa es negociar de tú a tú con alguien y otra dedicarse a dar caprichos a quien sólo está dispuesto a negociar cuando ya haya ganado la contienda y no quede, por tanto, nada relevante que negociar. Batasuna está haciendo su juego y lo hace con tremenda habilidad. Es en la otra parte, en la del Gobierno ZP, donde no se entiende bien ni cuál es el juego ni qué se está dispuesto a ceder y a cambio de qué.
Y vamos con lo que aquí criticábamos el otro día. Si el Gobierno cree honradamente que la ley de partidos es injusta o ineficaz, que lo diga claramente y que la derogue o la modifique. Lo inadmisible es la pretensión de estar en la procesión y repicando; esto es, proclamar para la galaría que la ley está muy bien y es necesaria y puntualizar acto seguido que no conviene aplicarla, o que debe aplicarse sólo cuando convenga o apetezca. Porque semejante actitud encierra un mensaje que trasciende con mucho el asunto vasco: el mensaje de que la ley, cualquier ley, no es un valor central del Estado de Derecho, el mensaje de que los poderes públicos no siempre deben defenderla y aplicarla mientras esté vigente, sino que su valor es puramente instrumental, estratégico, de conveniencia. Se dice de esa ley pero la sociedad acabará pensándolo de todas. Y entonces definitivamente este Estado será como ZP: una combinación de cinismo, egoísmo, ignorancia y falta de escrúpulos. Y, entonces, apaga y vámonos.

18 enero, 2006

Medinaceli

Viajo en coche de Madrid a Zaragoza, hoy. Acarreo una losa de hastío, un regusto amargo, pesadumbre. Hago camino entre universidades y me siento como el hanster en su jaula, vueltas y vueltas a la rueda mentirosa. Llevo empacho de mezquindades y no consigo vomitarlas. Consecuencias del malsano ambiente, de la contaminación siciliana, secuelas de caverna y atavismos.
Este maldito desarraigo no permite echar el ancla en ninguna parte apenas. La academia parecía el lugar, al fin. De la aldea a lo universal. Y resulta un universo obsceno y parroquial, apenas un planetario cutre y desconchado.
Necesito un barril para enfundármelo y salir a buscar un profesor. Dicen que cuecen las mismas habas duras en todas partes. Serán los tiempos. Tal vez me lo arreglara un anuncio: busco torre de marfil. O: compro cuarteles de invierno; abstenerse prostíbulos baratos y establos con pretensiones. La vida social se ha hecho intemperie amarga. Le levantas a la excelencia la losa de mármol y aparecen los cadáveres pútridos, amontonados. Gaudeamus.
Insisto en Celia Cruz en la radio del coche, y en el Gran Combo, pero no me levantan el espíritu como otras veces. Menos mal que aparece en el indicador Medinaceli y salgo de la autovía para ver.
Cuarenta o cincuenta minutos en la vieja Medinaceli, la alta. Cuarenta o cincuenta minutos y no llego a ver una sola persona. Pateo calles con adoquines, retrato piedras. Y ni una persona. El viento se desmelena en el único pino, los cipreses, muchos, impasibles. Hay ruido de metales que entrechoca el viento, y como de puertas batidas al desgaire. Pero no veo personas.
Llego al castillo, una mole maciza, afirmándose sola. O eso pienso, hasta que lo rodeo, con el aire helado azotándome el rostro y una luz de tarde cegadora. Y descubro en un ángulo el cementerio, pegado a los muros. Lo eterno con lo eterno, la ruina con la ruina, los tiempos idos dándose la mano. Cruza sobre los muros, muy lejos, la estela huidiza de un avión. No hay ni una persona en las calles y los caminos, sólo las piedras, los cipreses, el solitario pino y los muertos.
Vuelvo a la carretera aliviado, he dejado la melancolía en las callejas; o se la llevó el aire. Pienso que aún perdura vida, que hay gentes por ahí en algún lado y no es fácil descubrirlas, pero están. Y que resiste la vida fuera de las cloacas.
En lo que resta de camino me invaden los propósitos de enmienda. No volveré a enfrascarme aquel mundo de los muertos vivientes y las ratas. La vida única está aquí, en aquellas piedras de Medinaceli y en el camino. Y en casa.
Si la poesía se diera gratis y abundante no valdría lo que vale ni nos haría tanto bien. Por eso siento, al fin, que me hacen algo de favor los fantasmales moradores de estos tanatorios de almas entre los que me desplazo.

AnteTodoMuchaCalma pierde la calma y da en el clavo.

Me permito subir aquí arriba un comentario de AnteTodoMuchaCalma que dice cosas con mucha razón y majamente contadas. Además esta vez no me regaña a mí, parece que va por su cuenta. Y, para colmo de desconcierto, Venator lo aplaude entrechocando esforzadamente sus pabellones auriculares.
El comentario mencionado es este:
No es cierto que el diablo hiciese la más gorda haciendo creer a los hombres que no existía. Después hizo otra peor: hacerles creer que, como la AdministraciónPública es despilfarradora y corrupta, los asuntos públicos deben ser ejecutadospor mano privada (previamente untada de parné público). Cursos de formación a parados que llevan sindicatos y empresas. Custodia de documentos públicos (¡incluso historiales médicos!) por empresas privadas. Obra pública como el foco fundamental de corrupción (Transparency International dixit). Los cuarteles militares ¡vigilados por seguratas privados! (esta es de Mortadelo). En el colmo: las prisiones infantiles (sin eufemismos) en España pasan a ser masivamentePRIVADAS, en su titularidad o en su gestión (bueno: en Cataluña no). El ius puniendo sobre menores en España lo ejercen particulares... ¿sin ánimo de lucro? Supuestas ONGs que (¡oh, sorpresa!) comparten sede social con una ETT (de dondeprovienen los "educadores" que trabajan en el centro) y una empresa de seguridad (de donde provienen sus seguratas). El diablo hizo creer que el fraude de caudales públicos se da sólo la Administración, pero que en cuanto sales del edificio público, la gente respeta el erario público. Así, el mal no reside ya en el corazón del hombre: ¡reside en Nuevos Ministerios!. De modo que démosle los presupuestos públicos a sujetos privados para que persigan los fines públicos. Desde aquí, al diablo sólo le hacía falta inventarse los dos formatos. Para los conservadores, bic naranja ("subsidiariedad de la acción estatal"); para los progres, bic cristal (apoyo estatal a las ONGs). ¡Adelante! Privatización de la acción estatal en todas las ramas. Objetivo de la iniciativa privada patria: vivir de la ubre estatal, autonómica, local o lo que sea (y de sus funcionarios, más freudianamente: DOS ubres estatales mejor que una). Los riesgos del mercado, para los trabajadores. Y a los objetivos que legitimaban la inversión estatal que les den.

El chollo de la guerra. O de cuán pocos se salvan.

Ayer tuve la oportunidad de departir con un colega colombiano. Me habló largamente sobre los trabajos en pro de la paz de una organización en la que él se integra muy activamente y que tiene precisamente ese cometido, contribuir a buscar soluciones para la pacificación de Colombia, mediar en tan sangriento conflicto, participar con ideas y propuestas en las negociaciones de paz o en la creación de un escenario adecuado para las mismas.
Le pregunté quién financiaba tales actividades de tan humanitaria organización y me explicó que provenía todo de cierto Estado europeo que hace un tiempo había otorgado una generosa financiación por cinco años para tal iniciativa y dichas acciones de esa organización.
Perfecto.
Bonito.
Loable.
Nos tomamos una copa. La conversación se hace aún más fluida, especialmente por su parte. Me cuenta que él como profesor de una universidad pública prestigiosa cobre unos mil quinientos euros mensuales. Para el nivel salarial de Colombia no está mal, pienso.
Y añade literalmente esto: pero ese dinero no es nada, pues yo lo triplico con lo que recibo mensualmente de la organización. De la organización pacifista y pacificadora en la que desempeña su meritoria labor.
Triplica, o sea: pongamos, a la baja, tres mil euros mensuales a cuenta de andar buscando la paz en aquel pobre y desangrado país. No es moco de pavo ese sueldo en Colombia.
El día que se acabe la guerra colombiana no sé de qué van a vivir muchos de mis amigos más comprometidos con las buenas ideas y las loables intenciones. Esos reformistas sociales tan aliados con un pueblo que demanda justicia y mejor distribución de la riqueza.
Manga güevos.

DERECHOS INDÍGENAS EN BROMA Y EN SERIO

Era una comunidad que tenía fuertemente marcadas sus tradiciones seculares. Se trataba de una cultura campesina que desde tiempo inmemorial había vivido semiaislada. No hace ni tres décadas que la primera carretera llegó hasta algunas de sus casas. Existe una fuerte imbricación entre el poder temporal y el poder religioso dentro de la comunidad. De hecho, los sacerdotes poseen gran influencia sobre todas las decisiones que en el grupo se toman, y no digamos sobre la vida privada de los miembros, en particular sobre cosas tales como la vida sexual, el régimen familiar o las prácticas de ayuda colectiva.
Hay todo un sistema de reglas sociales de raigrambre tradicional, con una antigüedad que se pierde en los orígenes mismos de la comunidad. Afectan tales reglas por ejemplo a las relaciones entre varones y mujeres. En el hombre se fomenta y se alaba la iniciación sexual temprana y un cierto grado de promiscuidad masculina es mirado por todo el grupo, hombres y mujeres, con simpatía y como signo de arrojo, capacidad e inteligencia. En cambio, las mujeres están obligadas por las reglas y la vivencia tradicional de la comunidad a guardar una actitud recatada y a defender aguerridamente su virginidad. Importa mucho para el estatuto y la consideración social de la mujer que ésta llegue virgen al matrimonio y, en relación con eso, cae en progresivo descrédito la mujer que mantiene sucesivas relaciones sentimentales con distintos hombres sin llegar a casarse y aunque no conste que se haya consumado con ninguno la relación sexual plena.
Dentro del matrimonio la autoridad pertenece al varón de modo indiscutido. Esto se traduce en un deber de obediencia de la mujer en todos los aspectos de la vida, desde la mera organización doméstica hasta los pormenores de la convivencia social. También se exige dentro del matrimonio una plena entrega y disponibilidad sexual de la mujer para el marido, sin discusión, exigencia ni más pretensión que esa de la plena entrega femenina. Tal disciplina conyugal se mantiene a veces a base de violencia del marido sobre la esposa, violencia física incluso. Y la misma estructura jerárquica, con plena autoridad indiscutida del padre, se aplica a los hijos menores de edad y a los mayores que vivan en y de la explotación de la hacienda agraria familiar.
Un elemento esencial de la identidad comunitaria es el sentido del honor. Pocas cosas revisten mayor gravedad que la afrenta al honor. Cuando el afrentado es un varón, él está obligado a lavar tal mancha, retando al ofensor. Muy a menudo se dirime tal desencuentro de modo violento, si bien es una violencia acotada según la índole del caso y conforme a una casuística muy compleja que revela un entramado normativo que discierne grados de sanciones según una escala de gravedad de los comportamientos ofensivos. Cuando la ofendida es una mujer, es su marido el obligado por las normas comunitarias a combatir la afrenta. Si es soltera, son sus hermanos masculinos, si los tuviere, o su padre, los que han de cumplir ese papel.
Podríamos seguir enumerando usos y reglas que dan cuenta de lo compacto del sentimiento comunitario y lo completo y preciso de las reglas que son parte esencial de esa identidad grupal.
Ahora viene el problema. Desde hace tiempo y crecientemente, existe una gran presión exterior sobre el grupo, de modo que éste está siendo forzado a renunciar a gran parte de esas sus señas de identidad, a abandonar sus reglas ancestrales y a someterse a nuevas prácticas sociales y formas de vida que le son profundamente extrañas, ajenas. El problema se ha hecho más acuciante con la nueva Constitución del Estado en el que la comunidad se inserta, que reconoce una larga lista de los llamados derechos humanos o fundamentales y fuerza, al parecer, a los órganos estatales a imponer el respeto a esos derechos por encima de toda particularidad grupal y de toda tradición de las comunidades aborígenes. En concreto, la imposición de cosas tales como la igualdad jurídica entre los sexos o la prohibición de ciertos tratos autoritarios o violentos del marido hacia la esposa, la erosión de la autoridad paterna en nombre de la protección de los derechos de los niños, el inducido descrédito de las autoridades religiosas tradicionales, etc., están dando lugar a que rápidamente la comunidad pierda sus señas identificatorias, deje de poseer espíritu de grupo y sensación de pertenencia y se disgregue. Con ello sus miembros padecen sensación de desarraigo y acaban en su mayoría fuera de la comunidad y en puestos y trabajos de ínfima consideración y donde son casi todos sistemáticamente explotados y discriminados, entre otras cosas porque nunca llegan a dominar plenamente ni los resortes de la vida urbana y burguesa, ni tan siquiera el lenguaje que se habla en las ciudades del Estado.
Afortunadamente, está surgiendo todo un movimiento indigenista que trata de defender los derechos de tal grupo a permanecer en su identidad tradicional y a conservarse como comunidad. Para ello se insiste en que es preciso reconocerle al grupo autonomía normativa, por encima incluso de las normas de la Constitución. La base de tales demandas es un cierto relativismo cultural que estima que la filosofía de los derechos humanos no es más que una cosmovisión más, propia de determinadas culturas urbanas y burguesas, y que toda pretensión de imponerla a y en comunidades que tienen planteamientos distintos y normas diferentes es un acto de etnocentrismo, de imperialismo cultural y, en último extremo, de atentado contra los derechos culturales de esos grupos y contra la dignidad individual de cada uno de sus miembros.
FIN DE LA HISTORIA. AHORA LA REFLEXIÓN:
Esto que acabo de contar es una pura invención. Pero se parece muchísimo a lo que se cuenta de ciertas comunidades indígenas latinoamericanas, incluida la demanda de autonomía normativa y de que se hagan excepciones en ellas a la vigencia general de los derechos fundamentales constitucionalmente garantizados. Por ejemplo, precisamente, que se excepcione la regla de no discriminación por razón de sexo.
La inmensa mayoría de los teóricos que se tienen por progresistas avalan, emocionados, tales excepciones y esa exaltación de lo comunitario y de las reglas grupales indígenas. Por tanto, si eso que acabo de narrar se predicara de alguna tribu amazónica o de algún grupo indígena boliviano, se sumarían encantados a la exaltación y defensa de lo aborigen y tradicional frente a la ley general y abstracta que protege derechos por igual para todos los ciudadanos del Estado y con independencia de su raza, origen o sexo.
Y, sí, lo que describía en la narración hace un momento se parece a lo que se dice de muchos grupos indígenas latinoamericanos. Pero no era eso. Es una descripción, creo que bastante fiel, de la comunidad campesina en la que yo nací, en Asturias. Muy poco diferente, sin duda, de cualquier otra comunidad campesina o popular española.
Ahora a los de mi pueblo ya no les vale invocar la tradición y sus reglas para justificar su dominio sobre las mujeres y hasta la violencia doméstica. Y me parece muy bien. Los derechos humanos valen aquí lo mismo para una señora o señor de la calle Serrano de Madrid que para un o una "indígena" de las montañas de Asturias.
Y ahora mi pregunta: ¿por qué no ha de ser así también si hablamos de Colombia, Perú, Brasil, México o Bolivia? ¿Por qué para aquellos países y sus grupos indígenas se considera que no debe regir lo que aquí se impone sin admitir excepciones por razón de cultura originaria o tradición? ¿Por qué una indígena aymara no puede tener garantizados por la ley del Estado los mismos derechos básicos que ya cualquier mujer de mi aldea tiene asegurados, afortunadamente?
Como respuesta sólo soy capaz de manejar una hipótesis, que es ésta: toda la parafernalia del indigenismo y toda la propaganda comunitarista en favor de la prioridad de los derechos grupales frente a las constituciones sirve en última instancia a la perpetuación de una doble explotación de los miembros de esos grupos. En primer lugar, la explotación y discriminación por parte de los blancos burgueses y capitalinos, que se quedan tranquilos viendo a los indios permanecer en sus reservas o resguardos, atados a ellos por las propias reglas comunitarias y el predominio indiscutido de la cultura grupal. Así nunca van a tener esos burguesitos blancos que competir con un indio más inteligente en un concurso para acceder a plaza de profesor universitario o de funcionario del Estado.
En segundo lugar, se trata de perpetuar el esquema fuertemente jerarquizado de dominación interna en el grupo. Que los mismos caciques y sus sucesores sigan mandando sobre la masa de los indios sin derechos. Y que los hombres sigan dominando sobre las mujeres y los padres sobre los hijos. Etc.
Cuando el blanco burgués rechaza para los indios lo que quiere para sí y sus iguales, debemos inmediatamente sospechar. El indio sigue explotado y la nueva doctrina misionera y pseudocaritativa que justifica ahora su sometimiento se llama indigenismo. La reclamación de los derechos indígenas es la mejor manera de que los indígenas no tengan nunca nuestros derechos.
Si el indigenismo comunitarista se hubiera impuesto en mi país y mi pueblo, yo no estaría ahora aquí (hoy en la Universidad Carlos III de Madrid) escribiendo esto. Seguiría con un arado en la mano y ordeñando vacas. Eso sí, por mi bien y en pro de mi comunión con la tierra y los antepasados. A lo mejor soy un desgraciado por eso y no me entero, de tan alienado que estoy por la cultura occidental moderna y sus derechos. Vaya usted a saber.

15 enero, 2006

Los peques pegan a sus padres. Ya era hora.

Je, je, je, je. Me parto de risa. Esos mocositos tan mimaditos, tan cuidados, tan exclusivos. Esos a los que ningún maestro o profesor de secundaria puede decirles ni pío, pues aparecen los padres/as furibumbos y dispuestos a partirle la cara al osado enseñante. Esos a los que sus progenitores colman de atenciones, arrumacos y mimitos. Esos a los que nadie, absolutamente nadie, y tampoco los padres, contradice ni contraría. Esos que desde su más tiernos años amargan a cualquiera que caiga al lado de la ejemplar familia en un restaurante, un asiento de tren o avión o una sala de espera de la seguridad social. Pues esos maleducados, tiranos, déspotas y odiosos chiquitines al fin han decidido revolverse contra los causantes de su condición infrahumana y de su talante de monstruos repulsivos: ahora les pegan a sus padres. Je, je, je, je.
Me imagino a tantos padres tratando de protegerse con la colección completa de "Cómo ser padres chachis" o de "Tu tontito y tú", o invocando con voz trémula las consignas TFE (tolerancia familiar extrema), o preguntando a sus retoños, compungidos, por qué no les apetece más ver otras diez horas la tele que golpearles a ellos.
Ya me imagino los kioskos y tiendas de dentro de pocos años. Facículos sobre "defensa personal frente a hijos" y sobre "curas y apósitos para mamás heridas". Puertas blindadas y antimortero para habitaciones paternas. Cursos de primeros auxilios para padres atacados por sus criaturitas divinas-mira-qué-ricura-de-hijo-de-puta-chiquitín-es-igualito-a-ti.
Y los pedagogos seguirán erre que erre: aguanta, papi, no frustres la creatividad del chaval. Reprimir sus agresiones puede causarle algún trauma psíquico irreversible al muchacho. Él, el pobre, sólo pretende con sus golpes proyectar su hondo sentido creativo. Cada leñazo que te propina es un paso en su proceso de maduración multifacética y supercalifragilística.
Y digo yo, ¿cuándo toca empezar a zumbarles a los catedráticos de pedagogía? No digo a los pobres maestros y profesores de ESO o lo que sea, digo a los artífices de la demagogia pañalera, a los tontainas que siguen diciendo supinas bobaditas ideales de la vida y que son los causantes últimos de que hayamos llegado a alimentar a estos mamarrachos pequeños que van a convertir el mundo en una definitiva porquería en cuanto los dejemos crecer y los multipliquemos un poco más. No, lo pregunto porque cuando sea el turno de darles unos azotes bien dados a los pedagogos guays me gustaría apuntarme. Le quedan a uno tan pocas ilusiones...
Y que conste que conozco niños y muchachos absolutamente maravillosos, educados, alegres, despiertos, atentos, amables, laboriosos. Pero también conozco a sus padres, claro. Y no son nunca de la especie mi-niño-es-el-rey-y-hay-que-darle-lo-que-pida-pobrecito-mío.
Ojo, no estoy diciendo que la solución sea andar todo el día con la vara zurrándole al rapaz o la rapaza, como hace cincuenta o cien años. Ni ese extremo ni éste; ni violencia paterna ni idiotez paterna, ese es el punto.
Pues me he puesto así por la noticia que viene hoy el el Diario de León. Pinchen aquí encima y véanla, que no tiene desperdicio. Cuenta el fiscal de menores (que, por cierto, es un buen amigo y colaborador de este blog) cómo aumentan vertiginosamente los casos de menores que maltratan con saña a sus padres. Y que sus padres salen corriendo para el juzgado a pedir ayuda para que encierren a la bestia que hicieron.
Y no se pierdan este detalle de la noticia, nada baladí: dice un experto que tales menores no suelen pertenecer a familias desestructuradas, todo lo contrario. La mayoría pertenecen a familias "guapas". Es que me parto. Discúlpenme, ya sé qe no es políticamente correcto ni muy educado. Pero no puedo aguantar la risa. Hace falta un fiscal que proteja a mayores con hijos. Y los GEO.

Demoledor Vargas Llosa.

Este artículo de Vargas Llosa que sale hoy en El País justifica un domingo. Este hombre les tiene perfectamente tomada la medida a los idiotas de todo pelaje, tanto a derechas como a izquierdas. A los nostálgicos de rebaños y padre autoritario. A los inútiles para la libertad. Y, sobre todo, a los jetas que querrían ver el planeta convertido en un zoológico de razas, con cada una en su jaulita-país, y nosotros -ellos, los jetas- dando conferencias sobre lo bien que vive cada grupito con sus ritos y sus tradiciones, tan monos.
Además, ha visto muy bien cuál será la nueva moda de los pijoprogres, una vez que el foulard de Arafat ya no se lleva. Qué buen tipo aquel Arafat, tan ahorrador. Y cuánto hizo por la industria textil.
El último párrafo de antología. No se lo pierdan.
Copio entero aquí el artículo, aunque recomiendo verlo en El País pinchando aquí.

RAZAS, BOTAS Y NACIONALISMO
Mario Vargas Llosa

La gira por Europa de Evo Morales, presidente electo de Bolivia, que dentro de unos días asumirá la primera magistratura de su país, ha sido un gran éxito mediático.

Su atuendo y apariencia, que parecían programados por un genial asesor de imagen, no altiplánico sino neoyorquino, han hecho las delicias de la prensa y elevado el entusiasmo de la izquierda boba a extremos orgásmicos. Pronostico que el peinado estilo "fraile campanero" del nuevo mandatario boliviano, sus chompas rayadas con todos los colores del arco iris, las casacas de cuero raídas, los vaqueros arrugados y los zapatones de minero se convertirán pronto en el nuevo signo de distinción vestuaria de la progresía occidental. Excelente noticia para los criadores de auquénidos bolivianos y peruanos, y para los fabricantes de chompas de alpaca, llama o vicuña de los países andinos, que así verán incrementarse sus exportaciones.

Lo que más han destacado periodistas y políticos occidentales es que Evo Morales es el primer indígena que llega a ocupar la presidencia de la República de Bolivia, con lo cual se corrige una injusticia discriminadora y racista de cinco siglos cometida por la ínfima minoría blanca contra los millones de indios aymaras y quechuas bolivianos. Aquella afirmación es una flagrante inexactitud histórica, pues por la presidencia de Bolivia han pasado buen número de bolivianos del más humilde origen, generalmente espadones que habiendo comenzado como soldados rasos escalaron posiciones en el Ejército hasta encaramarse en el poder mediante un cuartelazo, peste endémica de la que Bolivia no consiguió librarse sino en la segunda mitad del siglo XX. Para los racistas interesados en este género de estadísticas, les recomiendo leer Los caudillos bárbaros, un espléndido ensayo sobre los dictadorzuelos que se sucedieron en la presidencia de Bolivia en el siglo XIX que escribió Alcides Arguedas, historiador y prosista de mucha garra, aunque demasiado afrancesado y pesimista para el paladar contemporáneo.

No hace muchos años parecía un axioma que el racismo era una tara peligrosa, que debía ser combatida sin contemplaciones, porque las ideas de raza pura, o de razas superiores e inferiores, habían mostrado con el nazismo las apocalípticas consecuencias que esos estereotipos ideológicos podían provocar. Pero, de un tiempo a esta parte, y gracias a personajes como el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y la familia Humala en el Perú, el racismo cobra de pronto protagonismo y respetabilidad y, fomentado y bendecido por un sector irresponsable de la izquierda, se convierte en un valor, en un factor que sirve para determinar la bondad y la maldad de las personas, es decir, su corrección o incorrección política.

Plantear el problema latinoamericano en términos raciales como hacen aquellos demagogos es una irresponsabilidad insensata. Equivale a querer reemplazar los estúpidos e interesados prejuicios de ciertos latinoamericanos que se creen blancos contra los indios, por otros, igualmente absurdos, de los indios contra los blancos. En el Perú, don Isaac Humala, padre de dos candidatos presidenciales en las elecciones del próximo abril -y uno de ellos, el teniente coronel Ollanta, con posibilidades de ser elegido-, ha explicado a la organización de la sociedad peruana, de acuerdo a la raza, que le gustaría que cualquiera de sus retoños que llegara al Gobierno pusiera en práctica: el Perú sería un país donde sólo los "cobrizos andinos" gozarían de la nacionalidad; el resto -blancos, negros, amarillos- serían sólo "ciudadanos" a los que se les reconocerían algunos derechos. Si un "blanco" latinoamericano hubiera hecho una propuesta semejante, hubiera sido crucificado, con toda razón, por la ira universal. Pero como quien la formula es un supuesto indio, ello sólo ha merecido algunas discretas ironías o una silenciosa aprobación.

Llamo a don Isaac Humala un "supuesto" indio, porque en verdad eso es lo que han dictaminado que es sus paisanos del pueblecito ayacuchano de donde la familia Humala salió para trasladarse a Lima. Una socióloga fue recientemente a husmear los antecedentes andinos de los Humala en aquel lugar, y descubrió que los campesinos los consideraban los "mistis" locales, es decir, los "blancos", porque tenían propiedades, ganados y eran, cómo no, explotadores de indios.

Tampoco el señor Evo Morales es un indio, propiamente hablando, aunque naciera en una familia indígena muy pobre y fuera de niño pastor de llamas. Basta oírlo hablar su buen castellano de erres rotundas y sibilantes eses serranas, su astuta modestia ("me asusta un poco, señores, verme rodeado de tantos periodistas, ustedes perdonen"), sus estudiadas y sabias ambigüedades ("el capitalismo europeo es bueno, pues, pero el de los Estados Unidos no lo es"), para saber que don Evo es el emblemático criollo latinoamericano, vivo como una ardilla, trepador y latero, y con una vasta experiencia de manipulador de hombres y mujeres, adquirida en su larga trayectoria de dirigente cocalero y miembro de la aristocracia sindical.

Cualquiera que no sea ciego y obtuso advierte, de entrada, en América Latina, que, más que raciales, las nociones de "indio" y "blanco" (o "negro" o "amarillo") son culturales y que están impregnadas de un contenido económico y social. Un latinoamericano se blanquea a medida que se enriquece o adquiere poder, en tanto que un pobre se cholea o indianiza a medida que desciende en la pirámide social. Lo que indica que el prejuicio racial -que, sin duda, existe, y ha causado y causa todavía tremendas injusticias- es también, y acaso sobre todo, un prejuicio social y económico de los sectores favorecidos y privilegiados contra los explotados y marginados.

América Latina es cada vez más, por fortuna, un continente mestizo, culturalmente hablando. Este mestizaje ha sido mucho más lento en los países andinos, desde luego, que, digamos, en México o en Paraguay, pero ha avanzado de todos modos al extremo de que hablar de "indios puros" o "blancos puros" es una falacia. Esa pureza racial, si es que existe, está confinada en minorías tan insignificantes que no entran siquiera en las estadísticas. (En el Perú, los únicos indios "puros" serían, según los biólogos, el puñadito de urus del Titicaca).

En todo caso, por una razón elemental de justicia y de igual-dad, los prejuicios raciales deben ser erradicados como una fuente abyecta de discriminación y de violencia. Todos, sin excepción, los de blancos contra indios y los de indios contra blancos, negros o amarillos. Es extraordinario que haya que recordarlo todavía y, sobre todo, que haya que recordárselo a esa izquierda que, arreada por gentes como el comandante Hugo Chávez, el cocalero Evo Morales o el doctor Isaac Humala, están dando derecho de ciudad a formas renovadas de racismo.

No sólo la raza se vuelve un concepto ideológico presentable en estos tiempos aberrantes; también el militarismo. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de hacer el elogio más exaltado del general Juan Velasco Alvarado, el dictador que gobernó el Perú entre 1968 y 1975, cuya política, ha dicho, continuará en el Perú su protegido, el comandante Ollanta Humala, si ganase las elecciones.

El general Velasco Alvarado derribó mediante un golpe de Estado el gobierno democrático de Fernando Belaunde Terry e instauró una dictadura militar de izquierda que expropió todos los medios de comunicación y puso los canales de televisión y los periódicos en manos de una camarilla de mercenarios reclutados en las sentinas de la izquierda. Nacionalizó las tierras y buena parte de las industrias, encarceló y deportó a opositores, y puso fin a toda forma de crítica y oposición política. Su desastrosa política económica hundió al Perú en una crisis atroz que golpeó, sobre todo, a los sectores más humildes, obreros, campesinos y marginados, y el país todavía no se recupera del todo de aquella catástrofe que el general Velasco y su mafia castrense causaron al Perú. Ése es el modelo que el comandante Chávez y su discípulo el comandante Humala quisieran -con la complicidad de los electores obnubilados- ver reinstaurado en el Perú y en América Latina.

Además de racistas y militaristas, estos nuevos caudillos bárbaros se jactan de ser nacionalistas. No podía ser de otra manera. El nacionalismo es la cultura de los incultos, una entelequia ideológica construida de manera tan obtusa y primaria como el racismo (y su correlato inevitable), que hace de la pertenencia a una abstracción colectivista -la nación- el valor supremo y la credencial privilegiada de un individuo. Si hay un continente donde el nacionalismo ha hecho estragos, es América Latina. Ésa fue la ideología en que vistieron sus atropellos y exacciones todos los caudillos que nos desangraron en guerras internas o externas, el pretexto que sirvió para dilapidar recursos en armamentos (lo que permitía las grandes corrupciones) y el obstáculo principal para la integración económica y política de los países latinoamericanos. Parece mentira que, con todo lo que hemos vivido, haya todavía una izquierda en Latinoamérica que resucite a estos monstruos -la raza, la bota y el nacionalismo- como una panacea para nuestros problemas. Es verdad que hay otra izquierda, más responsable y más moderna -la representada por un Ricardo Lagos, un Tabaré Vásquez o un Lula da Silva-, que se distingue nítidamente de la que encarnan esos anacronismos vivientes que son Hugo Chávez, Evo Morales y el clan de los Humala. Pero, por desgracia, es mucho menos influyente que la que propaga por todo el continente el presidente venezolano con su verborrea y sus petrodólares.

14 enero, 2006

Qué pensaría un marciano.

Iba a decir que qué pensaría un marciano si se diera una vuelta por aquí y nos viera con esta facha. Pero voy a plantearlo de otra manera.
Imagínese usted, si es lector que ya anda por los cuarenta o más, que allá por el ochenta y tantos a usted le hubiera dado un patatús y se hubiera quedado inconsciente. Y que acaba de despertarse, ahora mismo, en pleno uso de sus facultades mentales, como si nada hubiera pasado y con sus recuerdos completos.
Usted recordaría aquellos primeros gobiernos de Felipe González. O, antes, a Suárez y sus gentes. Y lo a gusto que estábamos, y lo orgullosos, con una Constitución tan a la última, y metiéndonos de cabeza en Europa, y quemando etapas a toda velocidad. Y gobernados por unos tipos que daba gusto cómo hablaban, pues hasta se les entendía lo que decían. Y que habían leído. Y que tenían experiencias vitales, políticas y profesionales variadas y ricas. Y con una oposición que vaya tela. Nunca creí que en este país acabaríamos añorando la cabeza de Fraga, a pesar de tantos pesares. Y su talante en tiempos de mutaciones. Sí, he dicho su talante y no he bebido más que un café aguado. Es que, recuerde, el trato de Fraga con Carrillo y de Carrilo con Fraga, por ejemplo, era exquisito y elegante, sin que lo cortés excluyera de ninguno lo valiente. Como ahora talantín y talantón. Igualito.
Bueno, pues después de hurgar en su memoria, usted, recién despertado de tan largo sueño, enciende la radio y la tele y se pone a leer los periódicos con frenesí. Quiere enterarse de cómo son hoy los del gobierno y los de la oposición.
En cuanto lo consiguiera, apuesto a que comenzaría a implorar a todos los dioses para que le privaran nuevamente del seso.
Porque, vamos a ver, ¿cómo hemos podido caer tan bajo? ¿Qué hemos hecho para merecer esto?
Uno ve la alineación del partido gobernante: ZP, Pepiño Blanco, Caldera, Carmen Calvo...
Y ve al clan de la quijada encabezando (y acabando) la oposición: Rajoy, Acebes, Zaplana...
Y ya si miramos a los aliados, para qué.
Y he dicho ver y mirar. Si, ya por puro masoquismo, ponemos la oreja a cómo hablan, la monda. Es como haber regresado a la infancia, a Carioco, Anacleto y las Hermanas Gilda. Y que me perdonen los últimamente aludidos.
Ando así porque hace un par de días vi en La 2 un trozo de documental sobre la apertura de relaciones diplomáticas con Israel en tiempos de Felipe González. Y salían muchos de los de entonces. Y hablaban...
Ay, qué más nos puede pasar.
Necesito fumar, ya.

Tocando los suevos

Bah, voy a dejar de enredar con los periódicos y ponerme a trabajar algo serio, al fin, esta tarde. Esto es una alucinación permanente. No fume, no beba, no se meta nada: lea en los periódicos las cosas que que dice aquí cada día la tropa de cantamañanas con escaño y verá que flipe.
Reparo hoy con calma en lo que dice el inefable Antxo Quintana sobre los orígenes de Galicia como nación propiamente nacional, base de unos derechos históricos del copón y probable fundamento de una nueva y lozana monarquía peninsular. Pues según el paisano ese, que debe de ser un voraz lector de Mortadelo y Filemón, Galicia empezó a ser propiamente ella misma, con su ser en sí, en el siglo VI, cuando llegaron por allí unos paisanos que llamaban los suevos. Ahora tocan los suevos. Y se quedan tan antxos. Pinche aquí y véalo en el preámbulo mismo de la propuesta de nuevo Estatuto que hace el Bloque.
Que tiemblen los alemanes de Suabia, que era tierra de suevos, pues Antxo se los anexiona en cuanto se den la vuelta.
Además, es de sobra sabido que el idioma gallego deriva de la lengua sueva, según subes a la derecha antes de pasar el tercer cruceiro, y digan lo que digan los filólogos vendidos al imperialismo romano-español.
Este rollo nacional es lo más parecido a un restaurante a la carta. En ese imaginario lugar, hay en la entrada un mandado que le pregunta a usted si es nacionalista o no. Si dice que no, le mandan a freir churros con cajas destempladas, habráse visto el cosmopolita este, qué se habrá creído. Si dice que sí, le preguntan luego si españolista o plural periférico. Si responde lo primero le dan una camiseta de unidad de destino en lo universal y le pasan a la parte más económica y modesta del restaurante, donde sólo se sirve tortilla de patatas y banderillas.
Es mucho más divertido (y rentable) identificarse como nacionalista periférico oprimido del-tó-del-tó. En ese caso, no sólo le financian un menú lleno de exquisiteces a la última de Bocuse, sino que le ofrecen una esplendorosa carta en la que usted puede elegir sus ancestros. Se acabó el complejo por lo del butanero. Ahora usted selecciona cuidadosamente y se diseña un árbol genealógico modelo primavera-verano. Tiene usted para escoger entre tatarabuelos celtas, suevos, vándalos, alanos, tartesos, iberos, fenicios y arroz a la cubana. Luego hace usted pandi con los que se hayan puesto un padre de las mismas trazas (o el mismo padre, llegado el caso), se presenta a las elecciones vestido de lo que haya pillado y en cosa de meses estará usted superfinanciado y regateando porcentajes del IVA al jodido Estado central, que no tiene padre ni pedigree ni ná de ná. Porque no olvidemos que ya los suevos se las trajeron tiesas con Roma por el asunto de tener agencia tributaria propia y gestionar todo el impuesto sobre la renta.
Y luego dicen que no se pasa risa en este Estado español, o lo que sea.
El tema ese de la tocadura de suevos tiene calientes a mis paisanos asturianos. Desternillante y fuerte el artículo que publica hoy Luis M. Alonso en La Nueva España (artículo que, además, tiene la virtud de recordarnos los grandes logros de la ministrina de la vivienda con aquella idea tan guay de la agencia de alquileres baratos: ya van 195 en no sé cuántos meses, y la cosa está que no para), y no le va a la zaga el de Javier Neira.
¿Qué información tendrá ZP sobre los suevos, él que está tan leído? Dicen que en casa tiene prohibido decir esa palabra, pero a lo mejor esto son infundios y andan todo el día suevos para arriba y suevos para abajo.

El doble rasero de una izquierda esquizofrénica

Pinchen aquí encima y echen un vistazo a esta noticia que viene en ABC. Parece fundada. Explica lo contentitos que están los nazis batasunos (perdón por la redundancia. Y que me no se enfade el amigo anónimo que siempre está por aquí proclamándose nazi mediante flagrantes contradicciones performativas) con las perspectivas halagüeñas que se les presentan gracias al talante estrábico de ZP. No me digan que esa tropa de canes callejeros que quieren crear no se parece un montón a la Sturmabteilung (SA). El siguiente paso serán las Schutzstaffel (SS).
No tengo humor para glosar por extenso la noticia, que, por lo demás, habla por sí sola de los tiempos brumosos que se avecinan en esa parte del extranjero. Además, si me extiendo en desahogos se me quema la fabada que estoy cocinando en este momento. Y lo primero es lo primero.
No, lo que quería plantear era nada más que una pregunta, que a mí me parece de cajón, pero...
Es ésta: si en vez de ser ZP fuera Aznar, o Rajoy, y si en lugar de ser Batasuna fuera un grupo ilegal de cabezas rapadas de extrema derecha que reclamasen España una-grande-y-libre y el fin del sistemá autonómico, y hubiesen matado ya por sus "ideales" a mil personas, ¿qué dirían los periódicos? ¿Cómo serían los editoriales a toda prisa de El País? ¿Qué se comentaría en las tertulias de la SER -o no ser rico a prisa-? ¿Habría manifestaciones en las calles y se llamaría asesino o cómplice de los asesinos al presidente del gobierno? ¿Cómo se sentirían los paraprogres de este País, que son legión, entre sushi y sushi?
Insisto por enésima vez. El progresista o persona que honestamente se sienta de izquierda en estos tiempos está -estamos- prácticamente condenados a la soledad y a la subsistencia cuasiclandestina. Porque la mayoría de los que se dicen simpatizantes, votantes o militantes de la izquierda traga con carros y carretas y no le hace ascos, en el fondo, ni al asesinato, ni a la extorsión ni a las más acrisoladas y acreditadas formas totalitarias, siempre que el ejecutor de turno sea "uno de los nuestros". Y "los nuestros" son los que diga el jefe que son los nuestros. Y el jefe ahora es "eso".
Llamarse socialista y seguirle el juego a ese resentido iletrado, que odia tanto a la derecha normalizada como admira babosamente a los revolucionarios del gatillo fácil (eso sí, por la espalda) o el golpe de Estado pseudorevolucionario (¿qué es Chavez? Estos días se ha hablado mucho de los militares y de sus peligros reales o virtuales. ¿Qué es el amigo Chavez sino un militar golpista que está haciendo su segundo intento, esta vez por otra vía más sutil, de acabar con todo vestigio real de democracia?) es o una expresión de demencia o una burda manifestación de indecencia.
¿O no es verdad que los batasunos son igual de mefíticos (lo pongo así para que piensen que es inglés y no lo entiendan) que los cabezas rapadas de la esvástica? Desde luego, no seré yo quien se manche las neuronas ni mancille el teclado de mi ordenador replicándole al que vea diferencias sustanciales que excusen crímenes y justifiquen los pactos y las sonrisas de Diablín.
O refundamos una izquierda decente que merezca el nombre y la herencia de gentes que honestamente lucharon por la justicia social sin hacerse asesinos ni cómplices de dictadores psicópatas, o se va todo al carajo para siempre.

Galicia: geografía e historia. Por Francisco Sosa Wagner

Escribía la semana pasada sobre el destino de lospapeles en los Archivos y anunciaba otra polémica: la anexión de trozos de la geografía española. Nos afecta en estas tierras como afecta a nuestros vecinos asturianos porque es una fuerza política relevante gallega la que ha planteado la cuestión: algunos pueblos de los territorios leonés y asturiano podrían cambiar de jurisdicción y acogerse al pabellón gallego. Es una propuesta interesante y animosa, lástima que sea tributaria de un desconocimiento audazde la historia y de una empanada mental artesana. Todo esto de hacer coincidir las estructuras políticas conpretendidos espacios culturales se reactivó acomienzos del siglo XX de la mano del principio de las nacionalidades proclamado por el presidente americano Wilson al terminar la primera guerra mundial con el designio de desmembrar el Imperio austro - húngaro. Hoy sabemos que tal ocurrencia de fue uno de los mayores disparates del siglo, origen de calamidades que llegan literalmente hasta nuestros días, es decir,que ha tenido una fuerza expansiva avasalladora. Pero como estos son conocimientos que antes se adquirían en el Bachillerato, me parece una pedantería insistir sobre ellos, tan solo quiero recomendar a los ideólogos gallegos que se lean algunos libros de la historia de Centroeuropa porque, a buen seguro,contribuirán a desastacarles los canales por los que habitualmente fluye el pensamiento. A mí lo que realmente me fascina es pensar en la pobre geografía. Antes unida, no se sabe bien la razón, a la historia, cuando son dos disciplinas muy alejadas la una de la otra, antagónicas incluso. ¿Por qué? Porque la historia es el sobresalto, la mudanza, el cambio perenne, “¿qué se hizo el rey don Juan, los infantesde Aragón qué se hicieron?” cantaba Jorge Manrique, ofreciendo un buen testimonio poético de este fenómeno que estoy señalando, el galopar infatigable de los acontecimientos históricos. Estos brincan de la paz a la guerra, del reinado a la república, de los fueros a los Códigos, de las pelucas a las barbas, de estas a los bigotes enhiestos ... y así sucesivamente. Un trajín de taquicardia que exige un eficaz marcapasos.El Pantocrátor que podemos ver en un fresco bizantino es pantócrator precisamente porque impulsa los movimientos de la historia, da cuerda a su reloj, como si dijéramos. Si, en la Ilíada, Zeus es quien amontona las nubes, este Pantócrator es el que ordena la bajamar y la pleamar de la Historia. ¿No nos llena de escalofríos pensar que solo en esta, en la Historia,viven los muertos? Pues bien, justo lo contrario es la geografía, apacible entre las apacibles, quieta entre las quietas: la geografía es el río, soñoliento en susemblante de espejo, la montaña, sabia y altiva en sus eternidades, el humo de la chimenea, bandada de palideces, el mar, que reza su perenne plegaria de olas ... La geografía es la estabilidad, el sosiego. Es que ha sido inventada para eso: para introducir calma allí donde se desbordan las pasiones. Si los soldados de Napoleón hubieran escuchado a las colinas donde se apostaban para asaltar las posiciones enemigas, a buen seguro hubieran dejado el fusil, convencidos de la inutilidad del esfuerzo. Si alguna relación existe entre la geografía y la historia es precisamente que aquella, con su quietud burlona, es un fármaco contra las agitaciones atropelladas de esta. Esto es lo que más reprocho a los políticos que promueven la anexión de territorios leoneses y asturianos a Galicia: que traten de agitar a la geografía, que tengan el descaro de sacarla del mapa en el que descansa e intenten ponerla a trotar. Ya que no respetan la historia, pido miramientos al menos con la geografía.

13 enero, 2006

Diccionario de bobaditas ZPG. 3.

Hoy no traemos un nuevo término del glosario de nuestro Gran Hombre de Estado. En realidad, es un asunto de lógica el que nos ocupa. Creo que es un tipo de lógica nuevo, que él va sacando trabajosamente. Se llama Lógica Scottex, tiene capa doble y combina muy bien el espesor y la rugosidad.
Vean lo que pasó. Ayer ZPG declaró esto: que el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) «no era lo que decían que era, porque en caso contrario Batasuna seguiría actuando en el Parlamento vasco».
Áteme usted esa mosca por el rabo. ¿Esto con qué se come? Vamos a ver, desempolvemos el instrumental analítico y aguantémonos la risa, que el tema no es de broma.
Si la frase zapatogrouchesca quiere decir algo (y probablemente no quiere decir nada, no nos engañemos) creo que sólo puede ser esto: de los/as del PCTV andaba diciendo todo el mundo (malhablados, criticones, malandrines, enemigos del consenso, pelandruscos, chismosos; qué gente, hombre, no la dejan a una negociar ni hacer nada) que eran una sucursal de Herri Batasuna. Que iban al Parlamento vasco en el lugar de Herri Batasuna y en su nombre. Pero no con su nombre, claro, porque está prohibido a esos efectos. Y concluye nuestro avispado Presidente que si están ellos/as y no está Batasuna, es porque no está Batasuna, con lo cual, se pregunta cariacontecido y con una ceja p´arriba, ¿cómo va a estar Batasuna actuando a través de los/as valerosos/as gudaris/as del Partido Comunista de las Tierras Vascas, si Batasuna no está?
Aplastante la lógica de este cruce de Groucho Marx y Fray Gerundio de Campazas, que nos cayó en la Moncloa porque sabe en todo momento estar en la onda (expansiva).

Un artículo apabullante sobre la izquierda descarriada

Apabullante, en mi opinión, el artículo que publica hoy José Varela Ortega en ABC. Sobre el desvarío de una izquierda desideologizada que busca sólo comedero. El mayor dolor para los que llevamos dentro de la neurona el ideal redistributivo y humanista de la izquierda que merezca tal nombre. Hay una y mil veces que tratar de desenmascarar a esta jetoizquierda impostora, que combina el mayor grado de incultura con el descaro más grande que se ha visto por aquí desde los tiempos de Franco. O refundamos una izquierda moderna, culta, civilizada y seria, o se acabó el invento. Ellos, los de Diablín, creen que su triunfo será destrozar al PP. Al PP que lo zurzan si quieren (aunque un partido de centro-derecha moderno es fundamental para el equilibrio del sistema político), pero el auténtico crimen político de los zapaterianos es estar matando a la izquierda, o lo que quedaba de ella.
Ah, y que nadie me miente a Llamazares, que me troncho. Respeto y seriedad, oiga.
Tiene narices que tengan que recordárnoslo desde ABC.
Y que los de El País estén tan contentitos. Ande yo caliente...
Remito al artículo entero en el enlace de arriba, pero no me resisto a copiar aquí unos párrafos:
¿Por qué entonces esta deriva de la izquierda tras un reverso ideológico que le chupa la sangre electoral por doquier desde hace cosa de un siglo? ¿Cuál es el propósito, cuáles las consecuencias? La ignorancia es cosa diferente de la estulticia, pero sazonada con audacia y decantada con astucia es la cocaína del ludópata. Y esta sobredosis de nacionalismo puede resultar una apuesta tan arriesgada para la izquierda votante como aditiva para la intrigante, si logra expulsar al centro-derecha del sistema -y, por tanto, del poder- durante muchos años. Porque aquí el objetivo estratégico consiste en rehacer el planetario político con nacionalistas y secesionistas para romper el modelo de consenso constitucional de 1978 entre izquierda y derecha. Un retroceso, pues, al exclusivismo o monopolio de partido: la causa de todos nuestros males, según Cánovas. No obstante, la actual puesta en escena del infausto ritornelo es más bien una variante de la hiper-legitimidad, estilo izquierda republicana: el ensueño de «la mayoría natural» como derivada de un síndrome de superioridad moral y antesala de autoritarismo. Digamos que una suerte de azañismo con setenta y tantos años más -aunque setenta mil lecturas menos en la cabeza. Que la ocurrencia se nos antoje lamentable o simplista no le resta eficacia electoral: sacar el Estatuto «como sea», pactar con ETA «lo que sea» y, luego, disolver. La tormenta pasará, la gente olvidará, las elecciones se ganarán y la derecha, «sin discurso» ni pancarta y fuera ya del sistema, se verá embuchada con un trágala de pesada digestión. En este guión de ruptura y marginación, se entiende que la Transición sea el enemigo histórico a batir y la «memoria histórica» -valga el anacronismo- de la República, la Guerra y la represión franquista, los episodios a deformar, en la medida que un ajuste de cuentas anacrónico coadyuva al objetivo señalado: la satanización y marginación del centro-derecha como reo de franquismo.Sin embargo, la comprensión de un plan no exime del costo. Aparte de la carga insoportable para la estabilidad del sistema, dinamitar principios e ideas producirá daños irreversibles. En estas capitulaciones matrimoniales con el nacionalismo, la izquierda se ha dejado algo más que plumas de su identidad programática. Se ha vaciado de contenido ideológico. Ha pinchado en hueso filosófico y eso no se enmienda en un chalaneo de porcentajes. Un discurso más interesado en la identidad que en la semejanza; centrado en etnias, en lugar de la Humanidad; en el nacionalismo, antes que el internacionalismo; que trafica igualdad por privilegio; que traduce diferencia cultural en desigualdad socio-política, confundiendo el derecho a la diferencia con la diferencia de derechos; que promueve derechos históricos a costa de los individuales; que habla de territorios, en vez de ciudadanos libres e iguales; que, en lugar de exigir el derecho a la igualdad, predica la virtud de la solidaridad, calculando balanzas fiscales, que no impuestos individuales y progresivos...Un discurso así, en suma, licuará la izquierda. Estos jóvenes han abandonado su legendario lugar a la izquierda del presidente de la histórica Asamblea. Ya no se sientan entre «los amigos de la Constitución». Acierta, pues, el president Maragall... pero sólo en el título: ¡Parece mentira!, en efecto, que la izquierda española haya comulgado con las ruedas del molino constitucional más reaccionario conocido desde el Fuero de los Españoles.

Las opiniones de "un amigo" sobre el futuro de ZP

Pues "un amigo" es un amigo que no sé quién es, pero al que da gusto tener aquí de interlocutor. Ve algunas cosas de modo distinto a como las veo yo, cosa que me parece muy bien y me hace siempre reflexionar.
Este es sutexto, que subo del comentario a uno de mis últimos posts.

Iurisprudent dice algo relevante. La memoria social es cada vez más corta, y depende del ciclo de noticias audiovisual, que es extremadamente efímero.Por lo cual probablemente se queda largo afirmando que las elecciones se ganan el último año. Quizás basten tres-cuatro meses.En efecto, creo que Zapatero se está proponiendo, como prácticamente único objetivo, navegar el 2006 sin que se rompa la coalición de gobierno. Seguirá sembrando mientras tanto reformas sociales,políticamente de poco precio, sobre cuestiones donde está seguro de tener una mayoría sociológica significativa, e incluso el apoyo de buena parte del electorado del PP (por poner un ejemplo, es increíble que Rajoy haya malgastado energías en oponerse a la reforma del matrimonio civil, sabiendo que un 65% de la ciudadanía estaba a favor. Pero es que D. Mariano, a su manera, tiene también muy poco espacio verdaderamente suyo).Para finales de año o comienzos del 2007, haya ido como haya ido la historia del Estatuto (que se aguará para ganar tiempo), el paso lógico que probablemente dé el PSOE sea proponer una reforma constitucional, con lo cual pondrá en una situación muy difícil a la oposición (quien, en realidad, se ha puesto ella sola en ese brete).Pues le quedará la desagradable alternativa de abrazar las reformas, tragándose doblado el dogma de 'la Constitución es perfecta' -y en ese caso, el ala ultraconservadora del PP echará pal monte, y el partido dividido mal lo tendrá para las elecciones-, o bien la igualmente desagradable de rechazarlas, siendo coherente con su doctrina -y en ese caso, el ala moderada del PP echará pal valle, y el partido dividido mal lo tendrá para las elecciones-.Está claro que el mayor poder de este gobierno, como de cualquiera, no estriba tanto en los votos de hoy sino en la elección de tiempos del procedimiento político que, si sale bien, dictará los votos de mañana. Y en la elección de 'temas cuña' que puedan dividir al adversario.En vista de ello, aunque no alcance una mayoría absoluta -espero ardientemente que no, pues pienso que a lavista de las de Aznar y de González la Constitución reformada debería prohibirlas, o casi-, sí es perfectamente plausible que mejore resultados, y tenga una segunda legislatura con más espacio de maniobra.Con lo cual, aún reconociendo su base, endulzaría pragmáticamente la crítica de Juan Antonio: por supuesto queZapatero quiere seguir en el cargo ... pero no, a mi modo de ver, para "seguirsiendo" presidente del Gobierno, aunque lo sea nominalmente, sino para "serlo" a todos los efectos por primera vez, ya que los vínculos dentro de los que se tiene que mover en esta legislatura son estrechísimos. Hoy, digámoslo claro, es un semipresidente. Y se ve en lo que dice y en lo que hace. En otros países democráticos ha pasado más veces; aquí, en cambio, es una novedad -el último quese le acercó en debilidad fue Suárez, en sus últimos meses. Fuera de todo esto queda la incognita de ETA. Si el análisis de Juan Antonio fuera correcto -tengo mis respetuosas dudas sobre algunas partes-, y efectivamente tienen la sarten por elmango, entonces rectifico lo antes dicho, y coincido totalmente con Iurisprudent: la próxima legislatura será de mayoría absoluta de Zapatero, porque entonces al proceso que describo antes se añadirá una entrega de armas de ETA, en el momento más oportuno, y en 48 horas Zapatero saldrá en televisión, dirá misión cumplida, disolverá las cámaras, convocará elecciones, y pasará lo que bien se puede imaginar.

Una opinión interesante de Ariadna. Sobre preámbulos

Qué bien, hoy que tengo el cuerpo para pocos esfuerzos y la cabeza en nebulosas regiones gripales, me llegan dos comentarios interesantes de dos amigos de este blog. Uno va en este post y otro en el siguiente (que, pensándolo bien, será el anterior. Qué lío).El primero es de Ariadna. Creo que la compartimos con el padre de los bloggeros nacionales, el Arcadi. Así es este mundo virtual, promiscuo y huidizo.Pues lo de Ariadna va sobre el valor jurídico de los preámbulos legales y ayuda a prevenirse frentea a las nuevas trampas saduceas que planean Diablín & cia. Es esto:
Determinar si los preámbulos de los textos normativos tienen o no valorjurídico es cuestión que ha entretenido y entretiene a la dogmática jurídica en general y a la teoría del derecho, al derecho constitucional y la metodología jurídica, en particular. Puesto que ha entretenido a tantos durante tanto tiempo, es posible encontrar bibliografía especializada para sustentar casi cualquier opinión. Y puesto que la Jurisprudencia al respecto tampoco es unánime, también se pueden encontrar sentencias que avalen las opciones más diversas. Yo me adhiero a los que entienden que los preámbulos de los textos normativos sí tienen relevancia jurídica -la cuestión de si son o no normas jurídicas es sólo para despistar y no aclara nada-, por lo que demuestra una irresponsable ligereza quien sin encomendarse a dios ni al diablo sale al escenario y proclama que el término nación se incluirá, de incluirse, en el preámbulo, que no tiene valor jurídico. Además de ligereza, semejante argumento es también de una manifiesta torpeza política y debería indignarnos a todos: a quienes tratan de lograr introducir el término nación, y también a quienes se oponen a esa inclusión. Debería indignarnos porque nos trata como a niños pequeños, a los que sepuede engatusar con cualquier chuchería para que dejen de pedir el juguete caro (no te compro el juego de ordenador pero te compro una bolsa gigante degominolas), o a los que se puede engañar para que dejen a su hermano pequeño jugar con sus juguetes (venga hombre, que tú eres el mayor, mira, le dejas el camión y así se calla y no te pide la playstation, venga que le engañamos así, ya verás). La relevancia normativa de los preámbulos deriva, en mi opinión, de su valor heurístico: los preámbulos suministran argumentos potentes para interpretar una norma en un sentido, y no en otro sentido diverso también posible. Sólo quien identifique, para mí erróneamente, la norma jurídica con el texto normativo en que esa norma se plasma, puede dudar de la relevancia de los preámbulos. Para quienes no comparten esa identificación, y son conscientesde que el texto normativo es sólo el instrumento lingüístico imprescindible del que el legislador se ha valido para transmitir su intención normativa (porque no puede conectar con los destinatarios telepáticamente y necesita valerse del lenguaje), y de que la norma es el sentido que el intérprete -jueces y tribunales preferentemente- atribuye (asigna, imputa) aese texto normativo, los preámbulos tienen una indudable relevanciajurídica, son un instrumento hermenéutico importantísimo a la hora deatribuir sentido al texto normativo. Por tanto, que la palabra nación se incluya o no en un preámbulo, no es asunto baladí -como quieren hacernos creer-. Si se incluye, el día que haya que aplicar el Estatuto para dirimiren sede judicial asuntos concretos, inclinará la balanza en un determinado sentido, y nos quedaremos sin camión y sin playstation.

12 enero, 2006

España apesta

Acabo de cometer un error, otro. Hoy he comido solo, en casa. Lentejas. Apenas me las serví en el plato, un insoportable olor a podredumbre. Caray, pienso, no puede ser, las cocinamos ayer y era todo fresco. Voy comiendo las lentejas y comiéndome la cabeza en pensar de dónde viene el hedor. Al fin lo descubro: la radio. Estaban dando las noticias de las dos.
Díganme ustedes, amigos, si apesta o no apesta. Todo esto lo escuché mientras comía, entre arcadas, mis humildes lentejas:
- Cándido Conde, haciéndose más bien pasar por Cínico Plebeyo, declara que él, en tanto que Fiscal General, no piensa por el momento actuar contra la celebración del próximo congreso de los batasunos. Eso sí, va a pedir un informe a los tres fiscales jefe del País Vasco. Oigan, ¿y qué pensará preguntarles? ¿De qué querrá que le informen que él no sepa ya? ¿Querrá tal vez que le digan a cómo estaba el kilo de bocartes esta mañana en la lonja de Getxo? ¿Pensarán hacer juntos una bono-loto?
- María Teresa Fernández de la Viga en el Ojo Ajeno (ah, perdón, ¿es de la Vega? ¿qué Vega? ¿O es de la Verga? ¿Cómo dice? Qué líos me arma este teclado, oiga), ha declarado esta mañana que el que un partido esté prohibido por ley y sentencia firme no quita sus derechos individuales a sus militantes. Mira qué bien. El día que al Sporting de Gijón lo saquen por moroso de la competición de Liga (segunda división, traumático for me), les decimos a los jugadores que sigan jugando igual los mismos partidos, a título individual, eso sí. Y en una de ésas subimos a primera por la acción conjunta de individuos que siguen en competición jugando juntos, pero no a título de equipo, cuidadín ahí. ¿Verdad, Maritere?
- Y en esto llegó Diablín. 14:25, noticia de última hora: declaraciones del Presidente del Gobierno. Pues dice nuestro leído y políglota (por cierto, el día que tengamos todos que examinarnos de catalán éste pringa fijo) gran jefe que la Ley de Partidos es muy dura y que hay que poner a salvo de ella el derecho de reunión. Oséase, que lo que no tiene derecho a ser tiene derecho a reunirse. Batasuna, digo. Bien está saberlo. Por ejemplo, un día de estos usted y yo y unos amigos más fundamos una organización mafiosa para extorsionar a empresarios por ahí y agenciarnos unos cuartos para lo de la hipoteca y tal. La policía nos disuelve y los jueces nos condenan, pero acudimos al oráculo de Diablín y nos dice que qué tiene que ver que ya no seamos la organización que fuimos, que nuestro derecho a reunirnos para nuestros manejos permanece incólume, prístino, puro. Un amor y un talante. Más rico él con sus sonrisa...
Se ve que ni el Cándido, ni Maritere ni Diablín se han enterado todavía de que los carteles anunciadores del congreso de marras llevan impreso y bien visible el anagrama de ETA. Serán anagramas a título individual, hay que suponer. O anagramas que no deben ser pintados pero pueden ser expuestos. Que san Groucho nos ilumine.
¿Cómo dice usted? ¿Que tienen un morro que se lo pisan? ¿Que por qué no les mete un paquete Bono, el constitucionalista?
Yo creo que la explicación es aún más dramática y tiene mucho que ver con el acertijo del post anterior. No se atreven, ni de lejos, a contrariar ni tanto así a ETA. Se les hiela la sonrisa, se les ahonda la arruga, se les licúa el Código Penal con sólo pensarlo. Saben más que de sobra que el día que ETA vuelva a matar vamos a salir millones a la calle, de todos los partidos (PSOE incluido, por supuesto), de todas las ideologías, unidos por el asco y el hartazgo. Y que ese día nos cargamos la vega de Maritere, la pompa de Pumpido y el papo de Diablín. Pagan lo que sea y a quien sea para que no llegue ese momento. Pero llegará.
Puaj.

Acertijos trágicos (para nosotros).

Érase que se era un Presidente del Gobierno que:
1. Quiere más que nada en el mundo perpetuarse y perpetuarse en el cargo, a cualquier precio. O eso parece.
2. Ha puesto la clave de su éxito y de su reelección en dos cosas:
a) Conseguir un Estatuto chulo para Cataluña y, con ello, un modelo nuevo o seminuevo de organización territorial del Estado.
b) Que ETA deje de matar, poner bombas y extorsionar.
3. Está dispuesto a dar a los nacionalistas catalanes lo que pidan con tal de tener Estatuto nuevo y guapo y que ETA deje de matar.
4. Si da a los nacionalistas catalanes lo que pidan el electorado “español” se le rebela y pierde millones de votos.
5. Si no da a los nacionalistas catalanes lo que pidan, para no perder millones de votos, gana millones de votos, pero entonces ETA mata a alguien y pierde aquellos millones de votos y otros más. Él conoce al electorado español y sabe cómo corre a votar al otro cuando hay bombas de por medio.
6. Ha prometido que no dará a los nacionalistas catalanes lo que piden y que ETA dejará las armas. No ha prometido, de momento, que los elefantes vayan a volar ni que el Alcoyano gane la Liga.
7. Sabe que ni los nacionalistas catalanes ni los etarras son gilipollas y que no se dejan engatusar por frases enrevesadas y sonrisas frailunas.
8. En resumen: que si el Estatuto gusta a los catalanes, ETA probablemente deja de matar, pero los “españoles” se le mosquean. Y si no hay Estatuto o no gusta lo suficiente a los catalanes, ETA vuelve a matar y los “españoles” se le mosquean.
Y ahora, querido lector, ponemos a prueba su agudeza y su ingenio con un par de sencillas preguntas. Las respuestas al final (léanse al revés).
PREGUNTA 1: ¿QUIÉN TIENE AQUÍ LA SARTÉN POR EL MANGO?
PREGUNTA 2: ¿QUÉ VA A HACER EL PRESIDENTE?
PREGUNTA 3: ¿QUÉ DEBERÍA HACER SI FUERA HONESTO?

Respuestas:
1: ATE.
2. SODASEFNOC AJOC SON SOID EUQ. EBAS OL OMSIM LE IN.
3. ASAC ARAP ESRI.

11 enero, 2006

Una advertencia de Václav Havel

El pasado fin de semana el diario austriaco Die Presse publicaba un artículo de Václav Havel, el conocido y prestigioso dramaturgo y escritor que fue primero importante disidente, en los tiempos oprobiosos del Telón de Acero, y luego último presidente de Checoslovaquia y primer presidente de la República Checa. Alguien con autoridad moral y experiencia bastante para merecer atención y que se tomen en serio sus palabras.
El título (Demokratie droht zu verkümmern) se puede traducir como "La democracia amenazada de atrofia" o, más libremente, "La democracia en decadencia".
Entresaco y traduzco, un tanto libremente, sólo dos párrafos muy significativos y que ayudan a reflexionar sobre cómo es la situación y qué nos estamos jugando todos.
"La democracia europea está amenazada por otro sutil peligro. Podemos perder sin darnos cuenta, o incluso con plena voluntad, nuestras libertades ciudadanas y, en últimas, también el funcionamiento del sistema político, como consecuencia de que no seamos capaces de proseguir el permanente diálogo propio de una sociedad abierta, y de que resignadamente renunciemos a hacer valer nuestros derechos ciudadanos. Ya muy pronto podrían hacerse sitio y consolidarse estructuras políticas, económicas y mediáticas muy difícilmente vencibles, y todo ello al margen del hecho de que hacia el exterior sigan funcionando las instituciones democráticas, incluyendo la celebración de elecciones periódicas".
"El ciudadano puede verse a sí mismo y quedar reducido a mero consumidor. Bajo la influencia de la propaganda, el marketing, los reality shows y el bombardeo continuo de entretenimiento, una parte de la sociedad acepta gustosa la idea de que la política es como una oferta más en el supermercado, y las exigencia de derechos ciudadanos queda reducida a la de protección en tanto que consumidor. El precio de la gasolina o el fútbol son con mucho las noticias a las que se presta más atención. La defensa de los valores fundamentales de la democracia, sin los que posiblemente no podríamos disfrutar ni de la gasolina ni del fútbol, queda degradada a la condición de asunto extravagante. Pero una democracia que funcione no puede sobrevivir sin una sociedad ciudadana abierta, y las estructuras políticas se atrofian también sin esa ciudadanía".

Diccionario de bobaditas ZPG. 2

Allá por el 29 de diciembre pasado colocaba un servidor aquí la propuesta de ir elaborando un diccionario del lenguaje ZPG, que recogiera, por tanto, las palabras que nuestro Presidente redefine, cual Groucho Marx redivivo. Por eso estamos atentos también a esa doctrina emergente, que podría denominarse grouchomarxismo. Todo un hito intelectual y revolucionario.
Aquel 29 de diciembre tuvimos la primera entrada del diccionario. Hoy viene la segunda. Vamos allá.
Según contaba ayer El Mundo, ZP ha forjado una nueva y muy rupturista noción de democracia. Es ésta, en sus mismísimas palabras:
"Eso es la democracia, hacer compatibles sentimientos y convicciones a través del entendimiento".
Genial. Somos demócratas mucho más a menudo de lo que pensábamos. Que a usted le gusta una mujer (o un hombre) y a un amigo suyo le gusta la misma (o el mismo). Bien, lo hablan y se ponen de acuerdo para un trío, convencidos de que así lo van a pasar mejor y de que no se van a doler los sentimientos de nadie. Pues eso es un ejercicio pleno de la democracia, según la definición antevista.
Otro ejemplo: un señor o señora se va de prostitutas o prostitutos. El/la cliente siente que tiene ganas de un desahoguillo y la trabajadora (o el trabajador; qué líos me armo por ser políticamente correcto) de la cosa siente que necesita un poco de dinero. Ambos se hablan y concluyen que los respectivos sentimientos y convicciones son concordes y se complementan. Ponen manos a la obra y, oh magia, la democracia resplandece en su pactado meneo.
Florece la nueva democracia a nuestro alrededor. Como en las negociaciones en curso, tan próximas a algún ejemplo de éstos.
Ni democracia participativa, ni democracia representativa, ni nada de nada: democracia sentimental. En cuanto le pongamos música tendremos un bolero precioso.

Hagamos ahora una propuesta que le puede venir bien al Presidente en un próximo discurso. Definamos negociación, por ejemplo:
Negociación = ríspido conventículo de adánicos almorávides.
Queda bonito, ¿verdad? Suena igual de bien que lo de ZP (o mejor, qué diablos), tiene la misma dosis de significado, es práctico y sirve para lo mismo que lo suyo: para gastarle bromas a la gente y tal, para vacilarle al personal. Mola.
(Continuará)

10 enero, 2006

¿Me falla el sentido común o es de cajón que nos chulean?

Acabo de escuchar en la radio estas dos cosas, por lo demás ya sabidas:
a) El Gobierno está negociando con los partidos catalanes el nuevo modelo de financiación que ha de figurar en el Estatuto.
b) El Gobierno declara que ese modelo nuevo de financiación no regirá sólo para Cataluña, sino para todas las comunidades.
Y yo me pregunto, desde la lógica democrática más elemental: si se está negociando el nuevo modelo de financiación AUTONÓMICA, ¿por qué no están presentes en la negociación todas las Autonomías? ¿Por qué lo que va a ser la pauta para Asturias o Castilla y León o Extremadura se negocia entre el Gobierno central y los partidos catalanes?
Única respuesta que se me ocurre: porque el poder del Estado se ha hecho de facto dual, bipolar, por no decir bífido: Gobierno central y gobierno catalán son los dos poderes que, al cincuenta por ciento, gobiernan y determinan autónomamente y de igual a igual el futuro de todo el territorio del Estado. Dicho de otro modo, nos están haciendo de menos a los no catalanes, tomándonos por el pito de un sereno, reglamentándonos sin consultarnos, haciendo de nuestra capa un sayo suyo, degradándonos a la condición de súbditos de tercera.
Si se negocia un régimien especial y privilegiado para Cataluña, que se diga claramente, para que podamos opinar y oponernos, si pensamos que nos perjidica a los demás.
Si se negocia con Cataluña el régimen común para todos nosotros, tenemos el mismo derecho que los catalanes a sentarnos en esa mesa y pronunciarnos en igualdad.