09 junio, 2006

Bogavantes

Vaya, vaya, vaya. Me entero tarde y por los pelos de que se ha censurado en la capital de esto una obra de teatro porque en ella moría un bogavante, supongo que uno por sesión. Por cierto, que a la compañía le debía salir más caro el bicho que todo el atrezzo, que no sé muy bien lo que es, pero me queda fino. Menuda se va a armar. Con lo bien que se lo estaban pasando los políticos con mando en solares en esas cuchipandas con constructor orondo y, ocasionalmente, modelo local con ínfulas de estrella errante. Por cierto, rebusquen en estantes y bibliotecas y léanse la estupenda novela de mi amigo Sosa Wagner, Hígado de oca a las uvas, se lo pasarán bien y algo tiene que ver.
Ya veo lo que se nos viene encima bien pronto, el debate sobre el estado de la nación convertido en pugna sobre el estado de la ración. Rajoy defendiendo el derecho del comensal galaico a beneficiarse la media docenita de ostras vivas y Zapatero, ¡ostras!, insistiendo en que vuelva al consenso para culminar el proceso de pazzzzzzz de mariscos y bivalvos. Y los mileuristas de a pie recordando con nostalgia la sopa con almejas y quisquilla que prepara su mamá los domingos, mientras los ilustra, a ellos, sobre lo mal que está todo y que a dónde vamos a parar. Y los politicastros dale que dale que si la gula, que si el percebe. Y Yamasfabes jurando que aquella vez él no se estaba zampando el mejillón, sino haciéndole la respiración boca a boca. Notables rifirrafes nos aguardan.
¿Tienen alma los bogavantes? ¿Siente la almeja tanto como a veces aparenta? ¿Se les encoge el ánimo a las navajas cuando intuyen la boca ansiosa? ¿Se esconde ternura en lo más recóndito del mejillón? No está lejos el tiempo en que los restaurantes habrán de disponer espacios apartados para los muy viles que se solazan a base de crema de nécoras y truchas con torreznos. ¿Afectará a los peces la campaña antiomnívoros? Tal vez sea tiempo de que Peter Singer nos ilumine sobre técnicas indoloras de cocción del centollo. Porque hasta ahora, creo, rige la regla infame de que hay que meterlo en agua fría que se vaya calentando poco a poco, hasta la ebullición, para evitarle contracturas súbitas que priven al paladar de sus esponjosas hebras.
Día tras día voy cayendo en cuenta de que he vivido rodeado de los más crueles criminales. Mi propia madre, sin ir más lejos. Y yo que, pasados los primeros sobresaltos, me enorgullecía de lo depurado de su técnica de ejecución de gallinas o su estilo de karateka a la hora de sacrificar el conejo. Ay, iluso de mí, cuanto pitu de caleya (traduzco yo para que no tengan que ir a un traductor automático de ésos: pollo de corral) me zampé, con patatines (traducción: patatitas; no, patatillas; bueno, yo qué sé), acompañado de la caterva de primos que se dejaban caer el día de la fiesta del pueblo, no por amor al patrono ni por afecto familiar sobrevenido, no, por puro afán de devorar otra vez las rústicas viandas.
Yo creo que es tiempo propicio para reforma penal; que hace tiempo que no tocamos el Código ese y se nos anquilosa la lista de crímenes. Qué tal el delito de conspiración de cetárea o el de maquinación marisquera. Ya me veo entre rejas, en compañía de concejales y coleccionistas de sellos, engullendo el puré de espinacas y los filetes de tofu. Si bien, confío en que ZP, perpetuado en la paz y ahíto de comisiones y mesas vegetarianas, decida un acercamiento de penados carnívoros y marisquívoros, o un indulto de bogavanticidas. Ya puestos a ser comprensivos con los criminales... Me imagino la mesa para los tratos, a un lado el Gobierno y sus asesores vegetarianos, al otro los depredadores del percebe y la langosta poniendo precio a su abstinencia.
O tal vez no he entendido bien la noticia y la prohibición de cargarse el bogavante rige sólo para el teatro. En cualquier caso, por algo se empieza. Pues qué es la vida, sino puro teatro, como cantaba La Lupe:
Igual que en un escenario
finges tu dolor barato,
tu drama no es necesario,
ya conozco ese teatro.
Fingiendo qué bien te queda el papel,
después de todo parece
que ésa es tu forma de ser. Yo confiaba ciegamente
en la fiebre de tus besos,
mentiste serenamente
y el telón cayó por eso. Teatro, lo tuyo es puro teatro,
falsedad bien ensayada,
estudiado simulacro,
fue tu mejor actuación
destrozar mi corazón.Y hoy que me lloras deveras
recuerdo tu simulacro,
perdona que no te crea, me parece que es teatro
.
¿A quién diablos se refiere La Lupe?

08 junio, 2006

Multiculturalistas y comunitaristas.

Hora y horas de hospital. Y días y días. Se me va trastornando la cabeza, síndrome de encierro se podría llamar esto, no sé. Leo, paseo por la habitación, dormito algunos minutos, sigo a ráfagas los partidos de Roland Garros. Es duro. Porque, para mayor desánimo, no se ve a mi viejo mejorar. Paciencia, para eso estamos.
Ayer y hoy, por si éramos pocos, hube de ponerme a terminar de leer los trabajos de mis estudiantes. Consuela que están más que dignos. Sorprendentes esos muchachos, pues de palabra dicen poco y no para extasiarse precisamente, pero por escrito parece que piensan, y bien, y hasta se expresa pulcramente la mayoría.
En ésas andaba y me tocó leer todo el taco de sus comentarios sobre un texto de Rodolfo Vázquez alusivo al multiculturalismo y la relación entre derechos individuales y culturales. Y me hizo pensar nuevamente. A eso vamos, aunque sólo sea para pasar el rato. Hablemos de las paradojas del multiculturalismo de raíz comunitarista.

Lo del multiculturalismo es un cajón de sastre, como corresponde a su condición de moda y de rótulo chic para ligar con progres. Como aquí estamos en un blog diletante y no en una sesuda monografía ni en una conferencia para durmientes, intentemos definiciones de andar por casa, aunque con el propósito de que no desmerezcan demasiado de lo debido.
El multiculturalismo es aquella doctrina filosófico-política que proclama la bondad y las ventajas de las sociedades multiculturales, es decir, de las sociedades en las que conviven pacífica y armónicamente culturas diversas. A estos efectos, por cultura podemos entender el conjunto de creencias y prácticas que corresponden a una visión del mundo y a una correspondiente idea del ser humano, creencias y prácticas que se asientan en una tradición o conjunto de tradiciones concatenadas. Su grado de amplitud o su extensión pueden ser muy diversos, razón por la cual se habla de una cultura cristiana occidental o una oriental, de una cultura islámica o de una cultura cristiana, o, en escala menor, de una cultura alemana, o francesa, o catalana o asturiana, o de los Picos de Europa.
Pocos, sólo fanáticos y fundamentalistas, serán los que hoy en día sostengan que las sociedades perfectamente homogéneas son mejores y más enriquecedoras que aquellas otras en las que convivan cosmovisiones y costumbres de distinta raigambre. En ese sentido la inmensa mayoría creo que somos multiculturalistas. El problema teórico se vuelve más acuciante cuando se trata de poner en relación cultura y Estado y de preguntarse si cabe, y cómo se debe organizar, un Estado multicultural. En términos superficialmente fácticos, los Estados multiculturales abundan. Pero la cuestión interesante se halla en si son preferibles o no a los monoculturales. Aquéllos que ligan esencialmente el Estado a la nación, entendida ésta de modo sustancialista, propenden al ideal de Estado monocultural, homogéneo, pues culturales son las definiciones de nación que este tipo de doctrinantes o políticos manejan. Así que, por la propia lógica de los conceptos y por pura coherencia, podemos sentar una primera hipótesis: cuanto más "nacionalista" sea una noción de Estado, más reacia será a la admisión de un Estado como mera estructura jurídico-política que dé abrigo y admita por igual cosmovisiones y prácticas culturales diversas. Un caso claro podemos verlo en la doctrina del Estado franquista. Otros casos transparentes los contemplamos ahora de continuo.
La hipótesis anterior se complementa con una segunda: es el liberalismo, en tanto que doctrina política -aquí no estoy hablando de neoliberalismos económicos y cosas por el estilo, lo uno no lleva a lo otro, conste- el que se halla en mejores condiciones para admitir un Estado abierto a las diversidades culturales de su ciudadanía. Y arribamos con esto a una gran paradoja. Muchos, no todos, de los que se proclaman multiculturalistas simpatizan grandemente con la filosofía política del comunitarismo. El comunitarismo es aquella doctrina que sostiene que el individuo aislado es mero átomo, hombre sin atributos, papel en blanco. Que es la respectiva cultura en la que nacemos y vivimos la que nos alimenta de nuestras ideas, nuestros ideales y nuestra noción del bien y del mal. Y que, por consiguiente, el imperativo moral primero de cada ciudadano es el amar, mantener y defender esa cultura de la que todo su ser bebe, sin la que no sería como es ni pensaría como piensa. El deber genérico de amor al prójimo se matiza en escala, pues no todo el prójimo merece el mismo amor y se debe más al prójimo próximo, es decir, a los miembros de los propios grupos, de las propias comunidades: familia, nación, cultura. El viejo imperativo kantiano que propugna valorar a todo individuo como supremo bien, al margen de cualesquiera características añadidas, todas aleatorias, se muta en obligación de tener por bien supremo al grupo de cada uno, con sus normas y sus tradiciones. Y esto se hace particularmente agudo en caso de conflicto entre el grupo propio e individuos o grupos ajenos a él: la prioridad la debe tener el grupo propio, mi comunidad cultural vale más y merece mayor respeto que cualquier ser individual foráneo. Entre nosotros y los otros las diferencias no son secundarias, son constitutivas y esenciales, determinantes, y bien está así. De ahí que uno de los más radicales comunitaristas, como es MacIntyre, haya escrito que es deber supremo de cada ciudadano defender, incluso con las armas, su comunidad frente a todo peligro externo o interno que amenace sus señas definitorias o su independencia. Estamos obligados a impedir que "los otros" contaminen, desfiguren, disuelvan la cultura comunitaria nuestra, la de "nosotros".
¿Cómo explicamos esa simpatía de algunos multiculturalistas por el comunitarismo? Pues no lo sé, tal vez por desarreglos psicológicos o por el simple afán de acumular pegatinas de moda en la capa de uno. O, en unos pocos casos, por cinismo. Tal ocurre, por ejemplo, pero no sólo, con ciertos profesores latinoamericanos que en nombre del comunitarismo defienden los derechos grupales de los indígenas como superiores a los genéricos derechos fundamentales individuales, que dejarían de ser comunes a todos los nacionales y pasarían a pertenecer sólo en propiedad a los blancos y capitalinos. Eso sí, por respeto a la identidad cultural indígena. Y los indígenas, por tanto, a sus reservas, a sus resguardos, a disfrutar allí en paz y gloria de Dios de las normas tradicionales de su grupo, sin acceso a prácticas de otras culturas que desvirtuarían su identidad y los convertirían en desgraciados sin arraigo: minucias tales como la libertad de expresión, o de consentir el casamiento o de no sufrir tratos o penas crueles inhumanos o degradantes, o de tener igual oportunidad que los de las otras culturas estatales, en particular la capitalina, para acceder a los supremos puestos de la gobernación o las finanzas. Pero se hace por su bien, eso sí, porque son más felices con sus tradiciones que con las nuestras. Así que ellos con las suyas y nosotros con las nuestras. Y Dios en la casa de todos. Qué bien.
En suma, que no veo cómo se puede ser coherentemente y al tiempo, y sin doblez, multiculturalista y comunitarista. En cambio, considerándome, como me considero, multiculturalista, creo que la filosofía que permite la defensa más consecuente de este planteamiento es la filosofía liberal, una cierta filosofía liberal, la clásica. ¿Por qué? Porque la admisión de distintas culturas conviviendo bajo un mismo ordenamiento jurídico-político requiere las siguientes condiciones:
a) Dar más valor a los individuos, a cada individuo, que a cualesquiera grupos o comunidades.
b) Estimar que el supremo bien de cada individuo es su autonomía, la cual supone, ante todo, libertad de elección, libertad para escoger su fe, su filiación política y su prácticas vitales tanto públicas (profesión, v.gr.) como privadas (opción sexual, matrimonio...).
c) Considerar que cuantas más culturas y cosmovisiones cohabiten en un mismo territorio, tanto más amplia es la "carta" de la que cada ciudadano puede escoger el "menú" de su vida.
Por estas tres razones, que podrían ampliarse, la filosofía política liberal acoge como ventaja enriquecedora para cada sujeto lo que para los comunitaristas no es más que riesgo de corrupción y contagio de las señas de identidad de los grupos.
Ahora, bien, se podría objetar a todo esto, como ha venido haciendo el propio MacIntyre, que las anteriores no son más que las señales definitorias de una determinada cultura, la occidental-liberal, y de unas determinadas comunidades nacionales en ellas insertas. Y es cierto. Pero se podría replicar lo siguiente. Por un lado, si es verdadque la existencia de culturas alternativas es un bien, esta cultura liberal es la que mejor admite el pluralismo cultural, eso parece histórica y políticamente innegable.
Para el comunitarista no es un bien la pluralidad cultural, sólo es un bien la propia cultura comunitaria. A las otras meramente se las tolera mientras estén en su casa y se las anima a seguir en ella y sin invadir la nuestra. Por otro lado, nos tropezamos con el gran problema de ver bajo qué reglas convivimos en un Estado multicultural. Cualquier comunitarismo dirá que o bajo las reglas únicas de la cultura dominante, en su plenitud, o bajo reglas diferentes, pero enviando a las culturas alternativas a la mayoritaria o dominante a sus "reservas". En cambio, el liberal responderá que para que la convivencia quepa hacen falta unas mínimas, tal vez minimísimas, reglas de juego comunes, marcadas esencialmente por el respeto a los derechos individuales fundamentales, a las libertades primeras y más básicas de cada individuo, unidas a los derechos políticos que garanticen idénticas oportunidades participativas y a una mínima igualdad de oportunidades que se siga de la garantía de satisfacción de las necesidades materiales básicas.
¿Quiénes rechazan por "imperialistas" esas reglas mínimas de la acción común? Los comunitaristas. ¿Quiénes las aceptan? La gran mayoría de los mejores teóricos del multiculturalismo, comenzando por Kymlicka y siguiendo, por ejemplo, por Raz. La lógica inmanente al comunitarismo es, paradójicamente, una lógica antipluralista y exterminadora de culturas. La lógica inmanente al mejor liberalismo político es una lógica de la tolerancia leal de la diversidad.
Cuando un Estado decide examinar el grado de integración de los inmigrantes antes de darles papeles o ciudadanía, hace algo que un comunitarista coherente jamás podrá criticar, sino es al precio, precisamente, de dicha coherencia. En cambio, un liberal propugnará, en su caso, que tales acreditaciones se limiten al conocimiento de las reglas de juego más elementales, que son reglas de pleno respeto de todos y cada uno de los individuos.
Ah, y por si acaso: Bush no es liberal. Es un fanático muy al gusto comunitarista. Que conste.

06 junio, 2006

Pequeñeces

Vaya, resulta que hoy es el día de la Bestia. Felicidades, Bestia, no lo sabía. Definitivamente, tu ascensión no es resistible, ya tienes santo y todo. No dejes de celebrar tu día, quizá en el bar de tu amigo. Y que no se os olvide invitar al negro.
Los periódicos vienen estos días con un revoltijo de noticias inquietantes. Quizá estaban preparando el terreno para la efemérides de hoy. El suplemento Magazine de este fin de semana contenía un artículo de Quim Monzó, ese gran escritor de relatos cortos, artículo titulado Ricuras. Sorprendente la noticia que recoge: ya son muchos los hoteles de medio mundo que no admiten niños. Je. ¿Tendrá eso algo que ver con lo que hoy celebramos?
A propósito de hijos y tal, venía en los periódicos de hace unas pocas jornadas la noticia de que una pareja separada andaba en pleitos por el régimen de visitas al perrillo que fue de ambos. Por ahí abajo ya hay comentarios sobre eso. Tras la ruptura el perro se quedó con la mujer y pactaron los de la pareja declinante que esposo amante podría visitar al chucho regularmente. Pero no se pararon en pormenores y el juez que llevó el caso dejó al buen hombre sin el derecho a alternar periódicamente con su adorado chucho. Un drama de no te menees, para que digan que no es perra la vida. Y a ese pobre can, ¿quién lo salva de su dueña? Me lo imagino paseando en invierno por su ciudad natal, nostálgico de prados y de perras propiamente dichas, abrigado con traje de lana de vivos colores y adornada su cola con un vistoso pompón, cual si fuera cliente de un Llongueras perruno. ¿Para cuándo la liberación de los perros?
Leo en La Nueva España que el rector de Oviedo y presidente de la CRUJE (¿se me coló errata?) insiste en que hacen falta planes de rejuvenecimiento para el profesorado universitario. "Hay que mover banquillo", esas fueron sus palabras, bien oportunas en este delicado momento histórico, con el Mundial a la vuelta de la esquina. Ya les decía yo a éstos dónde habría que ponerles el banquillo, ya. Quieren esclavos más jóvenes e inexpertos, está bien. Que no se olviden de solicitar también unos abanicos y vaselina abundante para el dolor de alma mater, por lo de las rozaduras.
Cuando lleguen las prejubilaciones, ¿quién se va a apuntar? ¿Los buenos y cumplidores que trabajan -o lo intentan entre las burocracias mil- o los absentistas a tiempo completo? Los primeros, claro, que son los únicos que se queman. Los otros no notarían la diferencia práctica entre su situación actual y la de pensionistas. Se jubilaron de facto al día siguiente de aparecer su nombramiento en el BOE. Eso sí, la huerta la tienen preciosa y a sus churumbeles los llevan monísimos.
Un gran amigo y querido colega ha tenido arrestos suficientes para leerse entero el anteproyecto de ley de reforma universitaria, o cómo se llame la nueva alhaja jurídica que les va a dar a los rectores placer por donde más les gusta. Le pregunto qué se dice en tan relevante texto sobre el nuevo sistema de concursos para profesorado funcionario. Me explica que nada, que eso lo deja la ley al desarrollo reglamentario, eso sí, advirtiendo que los jueces serán profesionales de reconocido prestigio. Probablemente no dice profesionales de qué, eso facilita las cosas. A golpe de decreto, a todos los míos meto, cada día son más descarados estos magníficos, que son cuarenta y la madre. Vayan los candidatos en edad de merecer titularidad o cátedra practicando la genuflexión en dos tiempos y el movimiento suave de pompis en pompa. Que ahora los buscan jóvenes, además.
Al parecer, a Arcadi Espada han intentado zumbarle un poco a la entrada de un acto en su tierra, Cataluña. Esos muchachos tan aguerridos tienen ante sí un brillante futuro. Que nos jodan bien hasta que pidamos paz. Ya verán luego con qué valentía les plantamos cara y defendemos las libertades y los principios. Tranquilo, Arcadi, sabes que esta sociedad jamás te dejará en la estacada, por nada del mundo. Eso sí, a lo mejor te dicen que algo habrás hecho o que eso te pasa por hablar, en lugar de ir a tu bola. Es que somos la monda los españoles -y los otros, da igual-, gente cojonuda, valerosa, de una pieza. Qué bien. Podemos vivir todos juntos y tranquilos, chapoteando con fruición en este estiercol posmoderno, descreído y talantoso.
¡Referenda a tutiplén ya! Y que cada perro se lama su culo. O lo que diga el convenio de separación.

05 junio, 2006

Universidad y tecnología. Por Francisco Sosa Wagner.

La Universidad española no ha perdido el norte como se afirma. La Universidad se dirige con plena conciencia a ponerse al servicio de sus miembros que se han apropiado de una organización financiada con el dinero de todos, tal como he razonado en mi libro "El mito de la autonomía universitaria" (que va por la segunda edición y, con el favor de los lectores, pronto verá la tercera). Ahora se anuncia la supresión de las pruebas públicas para acceder al profesorado más la jubilación de los catedráticos vejestorios de sesenta años, ventajosamente sustituidos por ayudantes que, con un contrato temporal, suelen tener el impagable detalle de votar lo que se les pide y a quien se les señala.
Menos mal que los estudiantes aportan innovaciones que contribuyen al progreso. Así, en el caso de la chuleta. Esta fue un tiempo un trozo de carne de una res que se comía con unos pimientos y unas patatas fritas. Todavía hoy se ve en los restaurantes a gentes disfrutar de este plato. Con aparente complacencia. El lenguaje, que es burlón -porque viene de lengua que es músculo movible y mudable- se apropió de la palabra para designar asimismo las notas o papelillos en que los estudiantes apuntaban el contenido del artículo 1922 del Código civil o las enfermedades de aparato urinario. Y así surgieron los más imaginativos inventos: quién llevaba las obligaciones del empresario del buque en un canuto parecido a un cigarrillo, quién anotaba largos fragmentos de Herodoto en el antebrazo. Imagino que, en los seminarios, los aspirantes al sacerdocio apuntarían entre los pliegues de sus arreos las enrevesadas cuestiones de la liturgia o los recovecos insondables de las disputas teológicas. Pecados veniales que encontrarían la indulgencia del confesor porque este también actúa al dictado, al dictado de Dios que es quien le pasa la chuleta de la penitencia.
Todo eso es ya pasado. Hoy es la alta tecnología la que impera y, como se desliza por cualesquiera intersticios de la vida social y animal, ha llegado también al micromundo de la chuleta. Así, en California, que es donde suele empezar casi todo, un joven descargó sus apuntes de biología molecular en un móvil-PDA y, a partir de ahí, el examen fue coser y cantar. Un experto en estas cuestiones ha anunciado un futuro grávido de dificultades. Ha dicho: "con el tiempo, tendremos que fijarnos mucho en el uso del iPod". Y más diabólica resultará la utilización de la programación de la calculadora con fórmulas y no digamos el manejo del Sidekick.
Las autoridades docentes americanas no están como las españolas entregadas a la productiva tarea de rebañar los textos legales para permanecer decenios en el poder académico sin amenazas de prejubilaciones. No. Las de aquel continente se dedican a perseguir estos engaños e inventan al efecto prácticas como la de disponer las mesas de las aulas de modo que los alumnos ofrezcan la espalda y el profesor pueda ver limpiamente las pantallas de sus portátiles para vigilar si usan aplicaciones fraudulentas.
La verdad es que me resulta difícil entender estos esfuerzos. Me parece que saber manejar el iPod o el Sidekick es muchísimo más difícil que aprenderse la Anatomía patológica o las intimidades de las cucurbitáceas que son cuestiones al alcance de cualquier joven. En cambio, enviar un mensaje desde el PDA con retorno a la pantalla del móvil o preparar una conexión inalámbrica al pupitre son habilidades reservadas a personas muy capaces. Quien puede dominarlas ¿no va a saber en el futuro aprenderse, cuando las circunstancias apremien, las enfermedades de las vacas? ¿No son estas cuestiones menores?
Con todo, yo que soy profesor antiguo, me quedo con la chica a la que sorprendí hace años con los vicios del acto administrativo apuntados justo en el inicio de su muslo. Adorable criatura que ignoraba que a mí los vicios, cuando son del acto administrativo, me traen al fresco pero... los muslos, los muslos opulentos, ay, me encalabrinan.

¿Qué hay en el coco de Zapatero?

Ésa del título es para mí la cuestión más apasionante, la más interesante, la que invita a más hipótesis y argumentos. Otras cosas de la situación política en estos pagos me apasionan bastante menos, aunque inciten a la sátira y el esperpento y a un servidor le entretenga ensañarse con la profunda ridiculez y el olor a moho que despiden casi todos los asuntos que andamos debatiendo en este país masoca. Como ya he dicho muchas veces, me resulta bastante indiferente que España sea una, trina o kas, que la libre convivencia de los homosexuales se llame matrimonio o patrimonio, que se les hagan homenajes a los simios grandes o a los pequeños, que se pueda fumar o a un lado o a otro de la barra de un bar, pero no en los dos lados, que se organicen concursos de lanzamiento mutuo de muertos de hace ¡setenta años!, que los archivos de cualquier cosa se integren, se desintegren o se rocíen con el aroma de la Calvo en calderas. Y no digamos cuánto es mi escepticismo ante la enésima ley de universidades que se aproxima, descenso, probablemente ya definitivo, a los abismos del mamoneo rectoral y etapa terminal de ese cáncer llamado autonomía universitaria (véase el libro de mi amigo Sosa Wagner sobre el particular), a mayor pompa y ostentación de esa panda de gañanes con tratamiento de magníficos y excelentísimos, nada menos. Por si acaso, en mi disciplina los más avispados ya han encontrado la pauta para sobrevivir en los gloriosos tiempos venideros: el que quiera peces que se moje el culo.

Pues digo que por el lado intelectual todo eso, y mucho más, me deja frío, pues, de tan clara la retahíla de mamarrachadas y de tan ridícula la pose de quienes piensan que estamos construyendo un país la mar de chuli y cool, poco queda por hablar, la situación se comenta sola. Lo que de verdad me intriga es la personalidad de Rodríguez Zapatero, supuesto que tenga alguna, que vaya usted a saber. ¿Qué ideales contiene su cabeza? ¿Qué propósitos lo guían? ¿Qué quiere hacer con este país, con este Estado, con esta gente, con nosotros? Enigmas, enigmas, enigmas. Miramos atrás con ánimo comparativo y no encontramos cosa igual en nuestra memoria (histórica, claro). Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar, cada uno con sus luces y sus sombras, sus méritos y sus servidumbres, pero a todos se los veía venir, enseñaban sus cartas, tenían programas, mejores o peores, que eran algo más que una bolsa de chucherías retóricas, de frasecillas monas de todo a cien. El ciudadano pensaba: éste es así y asá, quiere esto y lo otro, su idea del Estado, o de Europa, o del mundo, es ésta, y sabemos, poco más o menos, lo que se puede esperar. Eso con Zapatero no ocurre, parece un colgado de la improvisación, un funambulista del BOE, un ludópata del regate en corto sin visión de la jugada ni sentido del gol. Tiene más peligro que un chimpancé con una pistola cargada. ¿O me equivoco y estamos ante una lumbrera política posmoderna, ante el renovador de las ideas y las prácticas de gobierno de lo público? No sé, pero suena a coña, la verdad, y me gustaría, en serio, encontrarme con alguien que lo crea así de buena fe y sin que le paguen por pensarlo.

Tengo un buen amigo que, resentido, como yo mismo, por las traiciones de esta izquierdita frívola, bobalicona y descarada que masturba cuatro topiquillos baratos como si frotara la lámpara de Aladino, llama siempre a Zapatero el Gran Vacuo. Andrés de la Oliva decía este sábado en un artículo de ABC que ya no le quedan dudas de que Zapatero está poseído por una vacuidad intelectual supina. No sé cuánto de diagnóstico sincero tendría lo de bobo solemne que le soltó Rajoy, parafraseando a medias, y seguramente sin saberlo, aquellos versos de Nicanor Parra que tal vez se le pueden aplicar también a él en algo:

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
Echando sangre por boca y narices.

Zapatero nos tiene a todos desconcertados y creo que porque no se corresponde su apariencia con los supuestos resultados. La apariencia es infame en lo intelectual y grimosa en lo moral, creo que hace falta estar muy ciego para negar las dos cosas. Sus discursos son material de primera para semiólogos, ejemplos casi redondos de cómo construir frases carentes de todo significado tangible, mensurable, analizable, pero biensonantes a base de meter muchas palabritas con resonancia agradable. Ni los suyos lo entienden, de eso no cabe que cabeza humana dude. Y lo siguen marcando el paso, sin embargo, de lo que se desprende que no ha de ser por cosa de ideas, sino de instinto de nómina. En suma, si en su cacumen vive alguna idea que no sea la obsesión por mantenerse en el poder y un par de viejos prejuicios más, la disimula a base de bien. Y, pese a eso, tal parece que se propone cosas y las consigue. La mayoría de las veces no hay hijo de madre que sepa el por qué y el para qué de lo que se propone y cumple (v.gr. el Estatut dichoso), pero nos queda a todos un resquicio de duda o ese temor insuperable a admitir que tal vez estamos en manos de un conductor sin carnet y borracho. Pronto desearemos que deje de buscar objetivos para su gobierno, no sea que los alcance, y vaya desastre.

Dicen que es irresistlible en las distancias cortas, que tiene un don hechicero y te lleva al huerto en cuanto te clava esos ojos con fijeza demente. Algo habrá de verdad cuando tantos lo afirman y cuando tantísimos sucumben. Debe de ser una cosa como aquello que se contaba de la Preysler en tiempos, mutatis mutandis, claro. Yo lo comprobé un poquito en un amigo que yo tenía antes de meterme a largar en este blog, un tipo de mucho peso en el Partido Socialista Obrero Español. Él no era obrero, no, pero español se sentía por los cuatro costados. Qué matracas, en las comidas de entonces, con que España una y los nacionalistas vascos y catalanes unos malandrines y unos facinerosos. Cuantísima indignación, qué manera de dolerse de España. Y un día me lo encuentro y me cuenta que hay que cambiar todos los estatutos de autonomía, reinterpretar la Constitución, ir a un modelo federal o cuasifederal y bla, bla, bla. Le pregunto que qué le pasó o que si ha ido a Damasco últimamente. Y me cuenta, con una mirada de intensa felicidad, que se le apareció Zapatero. Que fue Zapatero a su casa y le explicó todo. Qué es todo, inquirí yo. Pues todo, ahora lo veo claro. Y no saqué de él más palabra sobre el contenido de tan magnífico plan de organización territorial del Estado. Eran los tiempos en que ZP encabezaba la oposición a Aznar y andaba haciéndose arrumacos con Maragall. Pasados los años, creo que fui bastante ingenuo al pensar que mi amigo se había deslumbrado por la idea de España plural y en paz que le había vendido Zapatero. No, ahora sospecho que de eso no hablaron. Me juego una cena a que la conversación fue toda sobre cómo trincar el poder y mantenerse en él mucho tiempo, colocando a éste y al otro, y sobre qué le gustaría a mi amigo que le regalaran para su jubilación. Tiene que ser bueno el obsequio, porque hay que ver cómo ha tragado y tragado.

¿Y el tema moral? De Franco para acá no habíamos tenido un político que pusiera tal cara de bueno y soltara tantas palabras de amor, paz y solidaridad universal, al tiempo que con las dos manos hace putadas a mansalva, a diestro y siniestro. Dicen que pronto será el hombre sin sombra, pues ni ésta se fía ya de él y el día menos pensado se larga. Tiene una mala uva de libro, una propensión innata a la deslealtad y un resentimiento crónico. Vende a su mismísimo abuelo -sí, hasta al famoso abuelísimo- si le conviene para seguir enhebrado al poder. ¿Y su capacidad de disimulo, engaño y trola vil? Donde pone el ojo, pone la bola. Cada día me recuerda más, hasta en el gesto, a ese mentiroso compulsivo del que he hablado aquí más de una vez. ¿Alguien se atreve en serio a discutirme todo esto?, ¿de verdad?

Y, sin embargo... Pues sin embargo sigue gozando de crédito moral en esta sociedad. Quizá esto último se explica porque la sintonía es perfecta, porque él es la medida de ella y ella a la medida de él, porque están hechos el uno para el otro y ha resultado providencial su unión. Con lo que a ella, perversona, le gusta que la chuleen y que le digan cosas bonitas al oído mientras se la benefician.

PS.- La nota anterior la escribí el sábado. Es madrugada del lunes cuando la cuelgo y dos sensaciones contradictorias me poseen. Una de grima, pues vi a ZP hace unas horas en un informativo de la tele diciendo aquello de que no va a permitir que se metan con sus muy sufridos y honestos compañeros del PSE. No se refería a Rosa Díez, no. Pero lo que me descompuso el estómago fue el puchero que ponía al decirlo: clavadito a ese trolero enfermo que yo conocí. Ya no me caben dudas, ZP no es malito: está malito. Que los psiquiatras se pronuncien, please.

A cambio, la sensación agradable me la dio lo que leí hoy en un par de periódicos y que ojalá sea verdad: que Felipe González y Aznar han empezado a hablarse y a comentar la situación. Ay, si fuera verdad, qué maravilla si hicieran algo y tomaran la iniciativa para que este país que gobernaron un día no acabe siendo una irremediable casa de putas con gobernanta turulata. Demasiado bonito para ser cierto, tal vez.


03 junio, 2006

Proceso de paz. Un relato futurista.

Esto es una pura ficción literaria, un intento elemental de cuento futurista. Cualquier parecido con la realidad no sería más que broma del azar: es imposible. Palabra.
Corre el año 2023 y estamos en el Estado Ibérico Oriental. Se palpa la inquietud en la población, pues desde hace unos diez años una muy organizada banda de chorizos lleva sus fechorías por todo el territorio del Estado. Comenzaron robando en pisos deshabitados, luego pasaron a los adosados y pareados, sin importarles que estuvieran sus moradores dentro. Y fueron ampliando la gama de sus fechorías, incluyendo el llamado secuestro express y distintas formas de extorsión. A veces han matado, incluso, a alguno de los asaltados. En los últimos tiempos también se ha vuelto común que cobren impuesto de "seguridad" a las empresas o comunidades de vecinos de áreas residenciales, a cambio del compromiso de excluirlas de sus asaltos. La policía ha detenido a muchos de estos bandoleros, pero parece que tienen una buena cantera y cada uno que va a la cárcel es rápidamente remplazado por un miembro nuevo, de idéntica proveniencia. Porque éste de la proveniencia es un detalle peculiar y, por lo que vamos a decir, muy importante: todos los de esa banda tienen el mismo origen, son naturales de un territorio que llamaremos T. Hablan, la mayoría, la lengua de su tierra y cultivan con esmero sus tradiciones originarias. Hasta se consideran descendientes de no sé qué guerreros de no sé cuándo.
Al principio cometían sus delitos sin más. Pero con tanta actividad y lo peculiar de su organización, perfectamente jerárquica y con disciplina militar, los ciudadanos empezaron a especular sobre sus propósitos últimos, la índole de sus razones o las causas que los llevaron a vivir al otro lado de la ley. Los medios de comunicación tuvieron mucho que ver con todo eso y abundaron los programas sobre la banda, programas de todo tipo: documentales, reportajes, debates, y telenovelas. La opinión pública está ya muy familiarizada con la fotogénica imagen de su líder encarcelado, un tipo cuarentón, de ojos vivos y sonrisa permanente, con buena planta. Se hizo tan famoso, que muchos jóvenes ya imitan su modo de vestir, con esos jerseys de cuello redondo, sin camisa debajo, y esas cazadoras informales de paño, muy diferente todo de aquellos trajes cruzados de los mafiosos de antaño.
El Gobierno anterior puso todo su esfuerzo en la persecución policial de la delictiva organización, para lo cual aumentó el presupuesto de las fuerzas de seguridad. Y los éxitos fueron muchos, ciertamente, pero no suficientes; el índice de los delitos descendió notablemente, pero no se acabaron las ominosas acciones de ese grupo de los de T., ni mucho menos. El Gobierno actual ganó las elecciones a base de prometer que a este país retornaría la paz, aunque fuera a costa de ponerse a negociar directamente con los jefes de los ladrones. El mismísimo Parlamento avaló dicho propósito, si bien bajo condición de que los robos y secuestros parasen antes de que las conversaciones formales se iniciaran.
Dicho y hecho. Las acciones de la banda han cesado hace meses y sus portavoces se dicen dispuestos a negociar con el ejecutivo del Estado. Todo el mundo se preguntaba cuáles serían sus reclamaciones, qué pedirían a cambio de convertirse en ciudadanos que viven dentro de la ley y no a su margen. Esta misma semana se ha desvelado el misterio. Quieren un territorio dentro del Estado en el que puedan vivir juntos y a su aire, y autogobernarse sin interferencias del Estado central, con su propia ley y sus propios jueces. Y que sean indultados sus presos. Y subvenciones y unas autopistas. La reacción primera de los partidos estatales y de los medios de comunicación fue de incredulidad y rechazo, pero los jefes de la banda adujeron que existían precedentes de situaciones similares resueltas como ellos pretenden. Aluden a algún caso del 2006, nada menos.
No se sabe qué ocurrirá, pero la sociedad vuelve a estar muy esperanzada y el optimismo renace. Es probable que se les dé gran parte de lo que piden. Al fin y al cabo, es tan importante para el ciudadano de a pie poder vivir tranquilo y sentirse seguro...

02 junio, 2006

Derechos históricos: nuevas complicaciones

Qué lío. Los conceptos son como los bichos o como los humanos. Cada uno tiene su temperamento, se labra su biografía o anda al albur de los destinos. Los hay que pasan que ni fu ni fa, no se hacen notar, nacen por azar y acaban sin pena ni gloria. Otros, en cambio, parecen surgidos para alterar los cimientos mismos del mundo, para socavar los pilares de la convivencia y todas esas cosas, en fin. Me he puesto así por causa de lo de los derechos históricos. Se le veía venir a esta noción su malévolo carácter, lo revoltoso de su ser. Y confirmado.
Que las autonomías de acá, de allá o de acullá se desabrochen y se saquen los derechos del saco de la historia, como el mago extrae los conejos o el trilero los dados lastrados, pues pase, allá cada cual con su conciencia jurídica. Si acaso, es buen tema para los que tienen blog y se desfogan en el ágora virtual. Ah, pero, amigo mío, la cosa cambia cuando es la mismísima vida privada de los ciudadanos de carne y hueso la que recibe las acometidas del ambicioso concepto, los embates ardorosos de algún derecho histórico despendolado. Ando meditabundo estos días y repitiéndome que no somos nada y todo eso. Y no sólo por la tragedia de Rocío Jurado, último emblema incuestionado de lo que fue la nación española y a la que el buen dios se lleva por amor a la metáforas. Cuando murió el Papa anterior yo andaba por países lejanos, pero alcancé a indignarme un poco por el entusiasmo luctuoso de las radios y las televisiones patrias aconfesionales, que yo captaba por internet o en sus emisiones internacionales. Pero reconozco mi error, no se trataba de nostalgia del Estado católico ni afán neofundamentalista para combatir a la competencia, no; es que el buen hombre y sucesor de Pedro era famoso. Si hubiera cantado copla habría sido lo mismo, incluso copla atea. O puede que sean formas de una nueva religiosidad popular, pagana, promiscua y gratis.
Lo siento, me desvié. Retomo el hilo derecho de los históricos. Y me reconozco reflexivo, tirando a anonadado, tal es el efecto que me se ha desencadenado por un encuentro casual de estos días. Me topé en la calle con una vieja amiga y compañera de carrera. Los saludos de rigor, las preguntas reglamentarias y unos ojos llorosos que yo no recordaba de ese color, pero vaya a usted a saber qué le pasa a mi memoria histórica (por cierto, las memorias que no sean históricas serán adivinatorias, ¿no?, recuerdos del futuro y tal). El caso es que, compasivo, la convido a un café y acepta, para mi sorpresa. Que le vendrá bien hablar un poco, me confiesa, desahogarse incluso, si le permito el abuso. Sea, contesto, ya arrepentido para mis adentros. Recojo ahora nuestro diálogo, podado únicamente de algunas líneas intrascendentes y que no vienen al caso.
- Tuve un novio primero, luego un marido luego, del que enviudé, y ahora vivo, mesuradamente feliz, con un buen hombre, otra vez casada.
- Vaya, no imaginaba que alguien de nuestra promoción se gastara una vida sentimental tan movida-. Se lo dije por decir algo, y de inmediato pensé que estaría más guapo callado. Pero ella ya ponía cara de ir a embalarse y ni reparó en mi bobo comentario.
- Y ahora ando en pleitos, si no lo veo no lo creo. Pleitos amorosos.
- ¿Pensiones y esas cosas?
- No, no, derechos históricos.
- ¿También te dedicas a la política?
- Ay, la política. No, hijo, no. Aquel primer novio.
- Cuéntame.
- Pues ha venido con que soy suya porque él me tuvo antes y que el que tuvo retuvo y Santa Rita-Rita y no sé qué más zarandajas. Y que prior in tempore, potorrus.
- Potior in ius.
- Bueno, eso, da igual. El caso es que ha presentado una demanda y estamos metidos en un pleito civil.
- No entiendo nada, discúlpame.
- Pues muy sencillo, al parecer. Se empeña en que yo fui suya antes que de ningún otro, que yo fui su primera pareja y él el primer novio mío y que lo que una vez pasó ya es para siempre y él puede reclamarlo cuando quiera; o yo. Pero yo no quiero.
- ¿Pero qué reclama exactamente?
- Ay, no te lo vas a creer. Que mi matrimonio es nulo porque cuando me casé yo no era libre, pues él era mi pareja por derecho histórico. Dice que él y yo seguimos siendo pareja, pero pareja oprimida. Así que solicita la disolución del vínculo o, supletoriamente, que se le permita acostarse conmigo cuando él lo desee, pues su derecho es preferente sobre el de mi marido, por ser anterior y primigenio.
- La leche, qué cosas. Pero vamos a ver, qué hubo exactamente en aquel tiempo entre ese novio y tú. ¿Os casasteis?
- Qué va. Ni follamos siquiera, si te digo la verdad.
- Ah, pues vaya.
- Apetecer sí nos apetecía, bastante. Todavía me acuerdo. Pero ya sabes, que si la familia, que si el miedo al embarazo, que si no teníamos un duro. Y a eso se agarra él.
- ¿A qué?
- Pues a que somos una pareja originaria que constitutivamente no sé qué. A veces ni lo entiendo. Está todo el rato con la matraca de que nuestra pareja es de libro y que nunca ha podido autodeterminarse y que ya toca, caiga quien caiga.
- Pero tu tendrás que estar de acuerdo.
- Dice que no, que no tiene nada que ver. Y su abogada, lo mismo.
- ¿Su abogada? ¿La conozco?
- Te sonará, es una exdiputada catalana, de Los Verdes, que acaba de casarse aquí en Oviedo y ha abierto despacho en la calle Uría.
- Y tu abogado cómo lo ve.
- Chico, no sé, no me convence. Él insiste en que lleguemos a un acuerdo con mi exnovio.
- ¿Dinero?
- No, que le deje echarme un par de polvos, que a lo mejor se calma.
- ¿Y no?
- No estoy segura. ¿Y si luego quiere más y más?
- Ya, qué lío.
- Dichosos derechos históricos, si lo llego a saber hace treinta años ese cabrón no me toca un pelo.
- Pues habría sido otro y tendría derechos históricos también.
- Ya. Qué putada. Ahora que estaba feliz con mi marido.
- Hay algo que no entiendo. Si tú con éste estás casada y con el otro no lo estuviste nunca, qué pasa con los derechos de tu marido, y con los tuyos.
- Ya, pero el otro viene con que mi marido y yo no somos una pareja normal, que somos una pareja de parejas y no sé qué más.
- ¿Un pareja liberal?
- No creo, este rollo no es político, es puramente privado.
- Pues tíratelos a todos, y al carajo.
- Deja, deja, acabarían conmigo, ya no tengo el cuerpo para tantas alegrías. Por cierto, ¿quieres que un día quedemos por la noche para tomar algo?
- Uf, es que ando de paso y ya me voy esta tarde. Si vuelvo por aquí te llamo.
- Vale, no dejes de hacerlo.
- Suerte.
Nos despedimos con un casto beso en la mejilla y empecé a preocuparme de cuántos derechos puedo perder por culpa de los derechos históricos que habré dejado en el camino. Estamos en manos del Volksgeist, hay que joderse. Deberíamos llamar a Los Cazafantasmas (Ghostbusters), a ver si ellos consiguen acabar con los ectoplasmas.


Coherente compasión.

Habitación de hospital. Dos enfermos. En una cama mi padre, que tiene el día tranquilo, dentro de lo que cabe. Sentado a su lado, yo leo en silencio. En la otra cama un paciente que parece bastante enfermo, tiene mal aspecto el hombre. Por la tarde se juntan ocho visitas, ocho, para ese enfermo. Ellos hablan y hablan; yo juro en arameo para mis adentros. Mi padre me mira y nos entendemos sin palabras. Van fallando todas mis técnicas de concentración y mis esfuerzos para aislarme en la lectura de un relato de Cardoso Pires que tengo entre manos.
La conversación de la atenta concurrencia toma derroteros que captan ya indefectiblemente mi atención. El tema es el del día, cómo no: la muerte de Rocío Jurado. Cuando esta mañana viajé, andaban en lo mismo todas las emisoras de radio. Consternación nacional, el acabose, qué tragedia, una buena señora ha muerto, tremendo acontecimiento. Y trabajadora además, matiz no desdeñable en este país de currantes inmortales.
Mientras yo me compadezco de los vivos raros, la muchedumbre vecina va llegando a importantes acuerdos. Así, coinciden en lo mucho que ha debido de padecer esta temporada la hija de la difunta, pobrecilla, qué gran pena da verla, cuánto han empeorado su aspecto y su expresión. Se entusiasman con los detalles últimos atinentes al aspecto doliente de la desdichada huérfana. Consternados y como por misterioso azar, quedan en silencio un par de segundos, lo justo para que suenen en la habitación las toses doloridas de mi padre y el gemido continuo del otro paciente. Una tristeza realmente, esa intensidad con que los hijos de famosas tonadilleras sufren la enfermedad de sus progenitores, una tristeza. La compasión me inunda, no me llega la camisa al cuerpo, eso sí que es dolor.
Los sensibles visitantes vuelven por sus fueros rápidamente, a la caza de nuevos recovecos de su trascendente tema ético-funerario. Ahora toca lo de los paparazzi, precisamente al hilo de cuántos han perseguido a los deudos de Rocío Jurado, que en paz descanse. Pues no hay derecho, por favor, hombre, a molestar así a la gente, es un sinvivir, un agobio, qué aprietos, todos esos desaprensivos echándosete encima, gritándote incluso; lo soportan porque tienen mucho aguante y un temple especial, que si no... Los ocho se pronuncian al unísono y con entusiasmo cierto sobre este aspecto de la cuestión. Mi padre me mira como si quisiera decirme que los saque del cuarto a leches, pero yo qué voy a hacer, con este temple y este aguante que los dioses me han dado. Podría ser famoso, pienso.

31 mayo, 2006

De edades y batallas. 2.

Echas en falta el aire de los puertos,
de las veredas de la tierra nuestra,
de los riscos que azotan cuatro vientos,
de la lenta tonada con los bueyes.
Las albas de diciembre en los cerros
han venido a posarse en tus manos.
Las escarchas, las piedras, los aperos,
una luna de charcos y luciérnagas,
el relente de noches y de perros.
Y hasta el frío metal de los fusiles
se condensa en temblores de tu aliento.
Esquivos pájaros de suaves alas
roban la luz y afilan tu resuello.
Presientes horizontes de jinetes
y ciudades que sólo cruzan ecos,
sin caminos ni brújula ni mapas,
en desiertos.

De edades y batallas. 1.

Otra vez el hospital. No llego a tiempo a Gijón y la ambulancia ya se ha llevado a mi padre. Tres horas o más de espera, mientras lo examinan en urgencias. Me explican luego que su dolencia respiratoria se ha agravado, que han surgido complicaciones renales y... Al fin lo suben a la habitación. Le pongo la mano en el hombro y se agita, pues quiere hablar y apenas puede. Me pide por señas que me acerque y, con voz insegura, apenas audible, insiste en que quiere morir.
Me toma la mano. Es algo inusual y sé bien qué indica. Tiene miedo, ese miedo animal de los valientes. Se libera de usos y prejuicios, necesita el afecto en la piel. Los campesinos rehuyen el roce físico. Por eso a los que venimos de ese mundo nos cuesta un tiempo acostumbrarnos a toda la retahíla de besos y abrazos en la ciudad, a la cercanía constante de los cuerpos, al roce con cualquier pretexto.
En mi pueblo los varones nunca o casi nunca besaban a sus hijos. Nosotros a ellos tampoco. Eso era cosa de madres, de mujeres. A cambio, mi padre jamás me pegó, ni un pequeño tortazo siquiera. Él y mi madre sufrieron estrecheces para que yo estudiara, trabajaron de sol a sol siete días a la semana, siempre. Mi compromiso es la memoria.
Le aprieto la mano y le hablo para que se anime. Se calma un poco. Me dice fíjate, y yo que estaba mucho mejor que tu madre y ahora mira. Un cabronazo, vuelvo a pensar, eso no se pierde ni en las últimas. Y todo por fumar, me cuenta, maldita la hora. Fue por culpa de la guerra. Yo nunca había fumado y no me llamaba la atención. Pero en la guerra. Fue en Termes, Lérida. Estaba conmigo Luis el de Palacio, otro de Ruedes. Me decían fuma, total qué más da, vamos a morir todos aquí, en cualquier caso. Fumé y ahora fíjate, qué muerte me espera.
Se queda silencioso un buen rato. Respira con trabajo y ruido. Pugna por toser, pero no consigue arrancar esa argamasa cruel que atora su garganta. Cuando se recupera un poco, vuelve a la guerra. En Bárcena Mayor nos ordenaron tomar un monte. De setenta y cinco sólo volvimos vivos trece. Un sargento de Boal, que era un buen hombre, cayó a mi lado. Al sentir la bala gritó morí luchando por la causa de la libertad. Quedó muerto allí mismo. Pero vale más no pensar en aquello, concluye. Y calla, abrumado por la fatiga.
Al cabo me mira, me tiende su brazo tembloroso y me pide que dé cuerda a su reloj. Aunque total para qué, añade. Lo hago y vuelve a repetirme lo de tantas veces: este reloj tiene más años que tú, es un Omega y lo compré antes de que nacieras. Pasa un rato más tranquilo. Luego me repite que mañana tengo que afeitarlo yo, esta gente no sabe.

28 mayo, 2006

Escenas del otro León. Por Anónimo.

Vuelve nuestro Anónimo oficial a mostrar sus dotes narrativas y a contarnos de su mundo, que está en el nuestro sin que lo veamos mayormente. Buena literatura y mucha vida.

¿Dónde le iba a ver sino allí ? En el jardín de Correos, estaba bebiendo agua. Yo venía de recoger un certificado. El estaba bebiendo agua. ¡Antonio, Antonio!, le llamé alto de cerca. ¡Hombre, Anónimo!, parecía un sudista tras la retirada de Getysburg, con sus zapatos desgastadísimos, pantalón gris panza de burra, chaqueta torera marrón clara con 23 grados a la sombra (es que nunca se sabe dónde se puede descuidar una colonia, ¿sabes?), el pelo rizado a lo afro, la barbucia de tres días entrecana, como sudando y los ojos semicerrados de un estar a gusto, como corresponde a quien no está al tanto de lo del Estatuto de Cataluña y ni puta idea de que ERC había dejado el tripartito, que a ver si ERC era el sponsor que había roto el contrato con el Tripartito Illes Balears por el doping. Era la derrota de Getysburg personificada ¡se lo juro!
¡Que dices Antonio! (un hombre nunca le debe preguntar a otro ni adónde vas ni de dónde vienes, porque se puede estar viniendo o se va a ir a un trapi y te puedes emparanoiar bastante con el preguntón) ¿Me invitas a un helado de chocolate con lakasitos que ponen ahí en el B. King?, Siempre, chalemos (vamos). ¿Has arreglado ya los papeles para cobrar el subsidio? (De 46 años que tiene, 21 de cárcel ha pagado este ciudadano para cumplir el fin retributibo de la norma. ¿Que algo haría?, lo que se le puso en los cojones, y bien retribuido está me cago en ros. Sí ya cobré y ya pagué la habitación y compré comida : yogur, chorizo, dos hogazas ...
Mientras, reposadamente, al ritmo monótono en que te deja el habla el Tranquimazin, seguía hablándome de lo que se cuidaba y tal, yo preferí acordarme de cuando antaño, de cuando hace veintitantos años se pegó con quince gitanos en el pub Ludwig van B, que hoy es un solar (joder qué rollo, un desdichado no tiene ni la posibilidad, orgullosa más o menos, de decirle a su hijo un día que coincida : aquí hijo, en este pub, conquisté el título), me contaron que se puso espalda a la pared con una banqueta cogida en la mano izquierda para parar los puñetazos y las patadas que le tiraban y con la derecha soltando hostias como un fiera, con dos cojones. Nadie le ha quitado ese título todavía en León ...
¡Que si me dejuñas 10 euros, Anónimo!, ¡Estoy canino compadre!, respondí con labia instantánea volviendo de mi gondi, tira a mi casa si camelas comer que ha hecho pescado mi hermana. No, tengo que subir dentro un momento a ver al Luis el de la Antonia. El helado le estaba encantando, nos miramos, la heroina te está desarmando y la coca hinchándote la barriga, majo, le dije; ni puto caso, es que no tengo voz de apóstol precisamente.
¿Sabes a quién vi que me compró un paquete de tabaco?, a la chorba esa de la Sobarriba que salió contigo en el 98. Me quedé con cara de besugo y mientras él se quedaba con su coloconcico mascando lakasitos y paladeando helado, yo me fuí a encontrar en mis recurdos con la nativa de un pueblo del, en tiempos, abolengo de los Condes de Luna.
Laura de los ojos azules, de los ojos del azul intenso de llama preparada para fundir hierro, pero en zonas de esas pupilas hacían esfumatto nubecillas más claras ; yo he visto atravesar de perfil sus ojos preciosos la luz blanca del sol y caí en la cuenta de que ya no me importarían cosas tales como saber que el primer Borbón se llamaba Felipe V, ¿qué más da que se hubiese llamado Anastasio III el Breve?, la ruina iba a haber sido la misma. Lo que yo quería era aprender la física y la química que lograban aquel fenómeno que ... ¡me atraes con tus ojos!, ¡ni se te ocurra cometer el sacrilegio de ponerte gafas de sol!, ¡ni parpadees, te lo suplico! Yo pillao y ella brillando en la discoteca y donde estuviera.
En unos andurriales cerca de tu casa, me enseñaste, Laura, a volverme loco por las moras de las zarzas. Y en tus brazos nunca me cansé de escuchar como recitabas a Neruda, a Espronceda ... ¿Cómo te hubiese llamado a tí Lope de Vega? ¿Filis o Amarilis?. Tú eres la Laurencia de Fuenteovejuna arengando a los hombres contra el marquesón o lo que fuese aquel ocioso noblón violador. Seguro que Lope la imaginó con tus ojos del cielo.
Vosotros ya para siempre, nos dijo una amiga una vez que me vió mirarle el azul como si esperase que se derramase en mi vida una catarata de dulzura. Pero fue un Ministerio y prejuicios de no querer comprender lo que es la vida, en ciertos momentos que se pasa muy mal, lo que nos separó.
¡Joder Antonio! te estaba apeteciendo el helado. Lo que me apetece es fumarme un chino, ¡hace que no fumo!, fumo un poquitín, 10 euros, pero... de vez en cuando, no lo busco tampoco. No te llama ¿verdad?, sonreí como de irónico, no, no es que no me llame, es que estoy solo como un perro. No te me curres la lástima, ni me vengas con filosofías, a ver entiéndeme : ¡yérguete!, fuiste un kie en el maco (más que un caballero Jedi y mucho más que uno del Santo Sepulcro de Jerusalén, por supuesto) y todavía conservas el título.
Y a pesar de la derrota que llevaba encima, al decirle yo eso, salió de su ser un orgullo como lanzando al aire desbocadamente Su Lucha (y no estoy parafraseando el libro) desafortunada que me estremeció e hizo que yo también me estirara.

Utilidad de la filosofía


Níjar. Mayo 2006.
J.A.G.A.

27 mayo, 2006

Universidad y blogs. Por Francisco Sosa Wagner.

Está surgiendo, ha surgido ya, una nueva forma de comunicación entre los humanos. Se llama “blog” y aparecen en Internet con solo pulsar nombres o direcciones. Es curioso que los mismos periódicos los incluyen como parte de su oferta, probablemente porque quieren hacer suyos el “producto”, sabedores de que son enemigos cualificados pues ya hay gentes que se informan de la actualidad a través de los blogs y no de las publicaciones convencionales. Dentro de poco carecer de blog propio será un signo de paletez irremediable, de estar en la higuera, en cierta manera como quien no manejaba la máquina de escribir hace años o ahora no sabe manejar el ordenador. Por de pronto, quienes no tenemos blog, nos ufanamos al menos de tener amigos con blog, un nuevo signo de distinción, yo lo tengo en la persona de mi colega de Facultad, el catedrático de Filosofía del Derecho Juan Antonio García Amado. A falta de blog propio, amigos con blog, como forma de ir entrando poco a poco en la modernidad.
¿Cuál es la causa de su proliferación? Creo que el blog es un grito que se emite desde la soledad. En la sociedad actual la posibilidad de emitir opiniones y tener un intercambio fructífero de ideas con amigos o compañeros es muy baja, incluso para quienes tenemos la suerte de trabajar en un medio rico como es la Universidad. En esta se discute sobre la organización de los departamentos o se asiste a juntas y comisiones o se conspira para elegir al próximo secretario de la subcomisión de suministros, no digamos para elegir al rector, entretenimientos todos inútiles, impropios de personas a quienes se les supone un grado elevado de identificación con su quehacer. Hablar, de verdad y en profundidad, de algún asunto de relevancia intelectual, solo en muy contadas ocasiones. Esfuerzos destinados a propiciar encuentros provechosos los hay en forma de conferencias o cursos pero la asistencia a los mismos del profesorado es muy baja, acaso los colegas más inmediatos del ponente y poco más (de los estudiantes solo asisten por lo general los cautivos). Suelo decir, cuando participo en tribunales de tesis doctorales, que la discusión que se suscita con motivo de la defensa de estos trabajos, es una de las pocas ocasiones en que los profesionales debaten sobre argumentos de su oficio con precisión y galanura. Por eso añado: conviene que no se enteren los responsables del sistema educativo superior porque corremos el riesgo de que supriman las tesis. Quien quita la ocasión, quita el pecado. Por de pronto ya va a eliminar las oposiciones públicas para sustituirlas por una leva masiva en la que se colocará el más intrigante, el que disfrute de mejor relación con el vicerrector de turno. Sacrificios de este tipo exige ese rentable embeleco que es la autonomía universitaria.
Si esto ocurre en el ambiente privilegiado universitario ¿qué no ocurrirá en otros que forzosamente han de ser más rutinarios? Pues póngase el lector en lo peor. De ahí que los espíritus más libres, los espíritus con una contenida vocación de insurgentes, recurran al blog para descargar en él sus ocurrencias y darlas al aire, al éter, a la red, al universo, cualquiera sabe a quién. En ese espacio enigmático caen como semillas y son por ello aptas para germinar, a la búsqueda como están de la fecundación. Pero lo importante es que el autor ha descargado, se ha liberado de la presión de sus cogitaciones. El blog tiene función depurativa, el blog es un laxante. He empezado este artículo pensando en la inminente conmemoración del setenta aniversario de la muerte del escritor austríaco Karl Kraus (junio de 1936). La semana próxima explicaré el parentesco de Kraus con el blogero actual.

Un poema que me tomo como consejo personal

CONSOLACIÓN.
Cuánta congoja agazapada
llevas Eusebio
El paisaje moral
de tus contemporáneos
te afectó como una lepra blanca

Eres demasiado sensible muchacho
Recógete en los libros
en tu alquimia
en el calor de tu madre

El resto no vale la pena Eusebio
Son fantasmas
Muchedumbres de fantasmas ebrios.

Raúl Gómez Jattin, Amanecer en el Valle del Sinú. Valencia, Pre-Textos, 2006, p. 29)

26 mayo, 2006

Esos perros que azuzan el rebaño.

Facultad de Derecho andaluza. Doy mi charla en régimen seminario con un grupo de excelentes compañeros, un equipo agradable que se conoce muy bien y tiene una vieja y sólida relación. Todo va a las mil maravillas y acabamos en un debate tan amistoso como interesante.
Llega la hora de comer y somos diez. Al segundo plato sale el tema inevitable, el de las naciones, las realidades nacionales, las autodeterminaciones, los estatutos de autonomía, la puta mierda. Y es como si de pronto una tormenta descargara su fuerza más brutal sobre la mesa, rayos y centellas. A los diez minutos de salido el tema ya vuelan de lado a lado las acusaciones, las descalificaciones, los desafíos y hasta los insultos. Armas dialécticas similares en los de una tesis y los de la otra, pasadas por el temiz de cada temperamento. Malditas naciones y coñas, malditas. Llego a temer que el almuerzo acabe a golpes, pero alguno de los más calmados insiste en que urge irse y queda ahí la disputa. Luego, de camino al hotel, mis acompañantes me cuentan que el viejo grupo ya rehuye las ocasiones de encuentro, pues tales guerras están, de poco para acá, a la orden del día.
Se me hace más firme el temor que en los últimos tiempos me acompaña, la convicción de que en este país, o Estado, o lo que sea, vivíamos tranquilos y en bastante buena armonía hasta que un puñado de irresponsables, seguidos a ciegas por unos cientos de borregos a sueldo y con escaño, decidió destapar la caja de los truenos, mentar a la madre de cada uno, revolver la mierda seca, hacer acopio de carroña para alimentarse durante los inviernos parlamentarios, acumular sangre para su vampiresca sed de mayoría de gobierno a cualquier precio. Y me da igual quién empezó, no seamos pueriles. Y no me vengan con el viejo pretexto del tu quoque. Todo el que se solaza en el estiercol es un gusano. Y punto. Nada importan las iniciales de su partido, cuentan los hechos y los resultados. Me refiero a los políticos profesionales, obviamente.
Ojalá se les vuelva en contra, ojalá los ciudadanos acertemos a ver a tiempo que la culpa es de quienes nos azuzan. Y que les demos una sonora patada en el culo. Y luego vayámonos a tomar unos vinos y a hablar felizmente de las cosas de la vida. Como antes.
Me cago en el espíritu de los pueblos y en el alma de las naciones. Es mi modesta contribución idiota a un debate idiota.

24 mayo, 2006

Road movie

La temporada estaba tranquila, pero toca de nuevo echarse a los caminos. Esta vez en coche y en buena compañía, camino del Sur y el Mediterréneo, a sacarle brillo a la conferencia. Que el carlismo me tiene la hipoteca estrangulada, caramba. Así que iré por los pueblos con un altavoz y, como no tengo ajos baratos para vender, gritaré por doquier "Barato, barato, barato. Dworkin, Alexy, Raz, Falcao y Rivelino. Sin aditivos ni conservantes. De qué quieren que les hable, al dos por uno, oiga, y si me compran el paquete entero les regalo una charla sobre las virtudes afrodisiacas de las fabes con almejas. No se pierdan esta ocasión irrepetible".
También aprovecharé para darme algún bañito, si encuentro aguas no blindadas y nativos en son de paz.
Si la demanda académica y el ocio personal me dejan algún rato libre, contaré aquí qué tal marcha la empresa. Si tardo un par de días en aparecer, será buena señal, espero.

23 mayo, 2006

Nuevas profesiones y titulaciones: hay futuro.

Parece que el Ministerio del quilombo educativo pone definitivamente manos a la obra con la lista de nuevas titulaciones universitarias. Aunque no sabemos, de todos modos, cuánto habrá que esperar. Hasta hace poco en ese Ministerio las cosas se hacían al Segundo y según muy especiales biorritmos. Pero ahora cuentan que la Cabrera afirma que o encarrila el rebaño o se tira al monte, y todo se revoluciona aún más.
Según las últimas crónicas, existe en tal instancia oficial un decidido propósito de innovador, con la clara consigna de que sea el nuestro un país puntero en I+D+I+la raíz cuadrada de la hipotenusa partida por el índice de los catetos. Alabado sea.
Entre los más sorprendentes proyectos ministeriales está el de crear nuevas carreras que den respuesta a las exigencias perentorias de nuestro mercado. Según las informaciones que he podido contrastar hoy mismo, entre las nuevas profesiones que gozarán del respaldo universitario se cuentan las siguientes, que someramente describo.

1. Blindador de aguas.
La justificación de este nuevo oficio es obvia, pues tan alto menester no debe seguir ejerciéndose a tontas y a locas. Parece que el propio Presidente ha expresado recientemente su preocupación por el hecho de que sea tan fácil a las autonomías blindar sus ríos, mientras que el Estado no consigue blindar sus mares y costas.
Los estudios de blindador se estructurarán en un primer ciclo común, que otorgará el título de graduado en blindajes acuáticos, y una serie de masters, en segundo ciclo, que darán paso a la titulación de blindador fluvial, blindador marítimo, blindador lacustre, blindador de manantiales y acuíferos y charcoblindador.
Materias obligatorias y comunes para el primer tramo general serán las siguientes, según el plan provisional propuesto por los rectores que han querido mojarse en este tema:
- Principios de metalurgia.
- Aleaciones y aleatoriedad.
- Fundamentos histórico-sociales del blindaje, con énfasis en el blindaje nacional.
- Geografía física y química.
- Zoología fluvial, con particular atención a las especies autóctonas.
- Teoría del Estado tardomedieval.
- Natación y buceo.
- Pesca con mosca.
- Navegación a motor, vela y cabotaje.
- Deportes náuticos.
- Seguridad e higiene en el blindaje.
- Estatuto jurídico-laboral del blindador.
- Derechos históricos de ríos, canales y puertos.
- Principios físicos y arquitectónicos de murallas, contrafuertes, fortines, torres de vigilancia y palafitos.
- Etnología y folklore de las realidades nacionales.
- Introducción a la genética nacional.
- Variedades idiomáticas y dialectales en el Estado español.
- Prácticas tuteladas. A tal efecto, las universidades que oferten esta titulación deberán disponer en su campus de un sistema de canales y estanques en los que puedan los estudiantes experimentar las técnicas y habilidades aprendidas.
Los viajes de fin de carrera, caso de haberlos, deberán realizarse a Venecia o al delta del Ebro.

2. Manipulador de derechos históricos.
Parece que este nuevo título es una concesión a los rectores de las realidades nacionales. Sea como fuere, se antoja aceptable la idea, pues, al parecer, varios yacimientos de derechos, aún no excavados, han sido recientemente saqueados por hordas de desaprensivos, se cree que del PP, aunque se sospecha que están detrás la CIA y los cuartos de varias multinacionales.
Los estudios comunes se organizarán en un primer ciclo, que constará de las siguientes asignaturas obligatorias.
- Historia de los derechos históricos.
- Introducción a la genética nacional.
- Principados, ducados, marquesados, aduanas y fielatos.
- Metafísica.
- Hipnotismo.
- Espiritismo, quiromancia y exorcismo.
- Técnicas de conservación y momificación de los derechos.
- Religión y derechos: revelacion, asunción, resurrección y vida eterna de los derechos.
- Tectónica jurídica y derechos fósiles.
- Técnicas de excavación.
- Tumbas, túmulos y sepulcros.
- Medicina forense.
- Enfermedades, epidemias y plagas de los derechos.
- Elementos de agricultura jurídica: plantación, siembra, abono, escarda, recolección y comercialización de los derechos históricos.
- Defensa de los derechos históricos: Karate, kung-fu, jiu-jitsu y negociación de mayorías parlamentarias.
- Prácticas tuteladas. Para la realización de éstas las universidades deberán firmar convenios con cementerios, crematorios, tanatorios, hospitales y confesiones religiosas. Los viajes de estudio, en su caso, deberán dirigirse al Valle de los Muertos o al Valle de los Caídos.
Superado el primer ciclo y obtenido el título de Manipulador de Derechos Históricos, el estudiante podrá completar un máster en una de estas dos especialidades: Exhumación de Derechos Históricos y Sacrificio y Enterramiento de Derechos Modernos.

3. Redactor de preámbulos y disposiciones adicionales.
Estamos, sin duda, ante uno de los oficios con más halagüeño futuro. Ya en este momento es grande la demanda, pero se confía en que aumente en proporción geométrica cuando, próximamente, se revisen los estatutos de autonomía que ahora se están reformando, y, más todavía, cuando comience la elaboración de los estatutos mediante los que defenderán y blindarán sus derechos y competencias las parroquias, pedanías, dehesas, merindades, vías pecuarias y montes en mano común. También las universidades podrán utilizar los servicios de estos nuevos titulados a la hora de redactar sus estatutos y reglamentos, descargando así grandemente a las comisiones que actualmente se fatigan con tan arduos cometidos.
Tras los tres primeros años comunes, podrá cursarse la especialidad de Preámbulos o la de Disposiciones Adicionales. Está en estudio, por el momento, introducir una tercera especialidad, la de Corrección de Errores en Gacetas Oficiales.
Los estudios comunes, de primer ciclo, versarán sobre las siguientes materias:
- Introducción a la genética nacional.
- Géneros literarios, con especial atención a la poesía épica.
- Mitos, leyendas y derechos históricos.
- Técnicas de pacificación.
- Sermones, admoniciones, lisonjas y requiebros.
- Ortografía y sintaxis de las lenguas oficiales.
- Semiótica de párrafos largos, enormes y tremendos.
- Problemas semánticos del lenguaje oficial: ambigüedad intencional y vaguedad sobrevenida.
- Psicología del parlamentario culero.
- Habilidades circenses: trapecio, juegos malabares, doma y payasos.
- Juegos de salón, con especial atención a los desarrollados en los viejos vapores del Mississippi.
- Political correctness.
- Placebos jurídicos y aditivos legales.
- Prácticas tuteladas. Se realizarán las prácticas en un parlamento autonómico o en la Conferencia Episcopal.
El viaje de estudios, si lo hay, deberá hacerse al Vaticano o al Consejo de Seguridad de la ONU. Alternativamente, cabe un circuito por las tumbas de próceres locales de distintas realidades nacionales.

Hasta aquí lo que he podido averiguar de las reformas en curso. Bien se sabe que el curso de las reformas no siempre es tan limpio como sería de desear, razón por la cual cabe que aún se expelan variantes o modificaciones de lo que acabo de exponer. Por otro lado, se rumorea que también están en estudio otras dos titulaciones, la de Pacificador Titulado y la de Memorizador Histórico. Desconozco los detalles, pero los comunicaré aquí en cuanto tenga noticia más precisa.

22 mayo, 2006

Pacifismo y lenguaje. Por Francisco Sosa Wagner

Es la hora del pacifismo, difícil encontrar hoy a algún prójimo que sea capaz de pronunciarse en público contra la paz, insignia de la fraternidad y del entendimiento. Lo de menos es que tal pacifismo sea, en la mayor parte de los casos, una manifestación de gigantesca hipocresía pero, a estas alturas, no nos vamos a caer del guindo pues esta, la hipocresía, es la gran señora de nuestra sociedad ventruda y flácida, ante la que oficiamos toda suerte de reverencias. Lo importante es la naturalidad con la que la paz se ha convertido en el objeto de la guerra pacífica de los espíritus. En ella han de encontrar acomodo las ambiciones del individuo moderno, en ella se han de acurrucar todos los proyectos de relevancia.
Pues bien, en este clima tan pacífico, es divertido contemplar cómo emergen conceptos ligados a la guerra, conceptos de combate como si estuviéramos en la guerra de los bóers, cuando los ingleses repartieron estopa de lo lindo a principios del siglo XX, en la lejana África del Sur, donde por cierto anduvo haciendo sus primeras escaramuzas un tal Winston Churchill. Porque, sépase, que la idea de blindar, tan en boga en nuestros días, está unida a unas planchas metálicas gruesas colocadas en los buques de guerra, en las obras de fortificación o en los vehículos para protegerlos contra los ataques del torvo enemigo. Se empleaban ya en los últimos decenios del siglo XIX y dieron mucho trabajo a los ingenieros y a otros grandes personajes del ingenio manufacturero que desplegaron en los blindajes gran destreza y capacidad creativa. Como todo en esta vida produce su antídoto, nació el arma antiblindaje, así el arma anticarro, el carro de combate se entiende, lo digo porque carro para muchos de nosotros no es más que lo que cogemos en la gran superficie comercial introduciendo una moneda por una ranura y que nos sirve para almacenar nuestras preciosas adquisiciones.
Hoy, en la hora del pacifismo, ya no estamos para blindar armas mortíferas pues luego habría que ir a la guerra con ellas donde hay mucho ruido, se levanta mucho polvo y no hay fines de semana ni puentes sino que se está todo el tiempo disparando y curando heridos o enterrando muertos, con interrupciones solo para comer comida ruda, o sea rancho, en lugar de lubina a la sal regada con un blanco de reserva señera. A falta, digo, de estos blindajes marciales, ahora se blindan las competencias de las Comunidades autónomas y, atención, se blindan los ríos. Tengo blindada la competencia sobre el buceo en aguas interiores, dice muy ufano un presidente de Comunidad autónoma que a lo mejor ni siquiera tiene aguas, ni interiores ni exteriores, pero no se ha dado cuenta. Así hablan de corrido entre ellos los políticos y por eso no es extraño que surja le emulación, la sana competencia y que todos quieran tener sus competencias blindadas como un almirante antiguo no se echaba a la mar si no tenía blindado su buque.
Esto es estupendo porque lo reputo un hallazgo de la moderna ciencia política y del derecho que son árboles caducifolios y de vez en cuando han de renovar sus hojas. Lo mejor, sin embargo, es la idea de blindar un río, que también se lleva mucho, porque hasta ahora el río era un sitio para que lo homenajearan los poetas -“río Duero, río Duero, nadie ...”- o para lavar en ellos las zagalas cantando, muy entonadas, romanzas y arias de zarzuelas. También servía para sacar una trucha y maridarla con un pedazo de jamón. El río en fin era el espejo en el que siempre nos hemos mirado los narcisistas acreditados. Hoy el río hay que blindarlo: con ello gana en rudeza lo que pierde en poesía y en acuosa delicadeza. Se impone aceptar esta realidad que nos permite comprobar cómo vivimos en tiempos poco entonados para la lírica.

Unilenguas

De paso que consultaba otras cosas para uno de tantos escritos inútiles destinados a autoridades académicas, he hecho una elementalísima investigación sobre las lenguas presentes en las páginas web de las universidades públicas de este país. A continuación muestro los resultados.
He examinado por encima las páginas web de cuarenta y tres universidades públicas, que vaya tela la cantidad. He comprobado en qué idioma estaba la página de entrada, a la que se accede escribiendo la dirección electrónica de la respectiva universidad. Luego he mirado si desde la página principal se da acceso a información sobre la universidad en otras lenguas. Mi análisis no ha sido totalmente concienzudo, por lo que cabe que en algún caso me haya pasado desapercibido algún enlace. Pero serán pocos los errores, si los hay.
Estos son los datos:
1. Las universidades públicas situadas en comunidades autónomas con lengua propia oficial tienen su página de entrada a su web en el idioma de tal comunidad. Tal es el caso de las universidades gallegas, vascas, catalanas, valencianas y balear. Hay pocas excepciones. Una, la Universidad de Alicante, que en su página de entrada tiene tres iconos que dicen, por este orden, Universitat d´Alacant, Universidad de Alicante y University of Alicante, y pinchando en cada uno se remite a la página en el correspondiente idioma. Otra, la Universidad Miguel Hernández, de Elche, que sólo tiene su página en castellano. Todas las demás universidades de tales autonomías, contienen enlaces siempre en este orden: castellano e inglés, salvo la Universidad de Vigo, que no ofrece información en inglés. La Universidad Pública de Navarra tiene enlace a información en euskera, pero no en inglés. Un caso particular lo presenta la Universidad de Girona, cuya información figura sólo en catalán, si no he visto mal.
2. El resto de las universidades españolas tienen su página, obviamente, en castellano. Son veintinueve. De ellas, once poseen enlaces que dan acceso a la información también en inglés. Algunas de ésas también remiten a la información en otras lenguas: a francés, italiano y alemán la de Málaga; a francés, portugués e italiano la Pablo de Olavide, de Sevilla; a portugués la de Extremadura; a francés y alemán la de Alcalá; y a francés la de Granada.
Se desprenden de los datos algunas elementales conclusiones. Una, que el deseo de presentarse también en inglés lo tienen en mucha mayor proporción las universidades de comunidades con lengua propia, que, aparte de ésta, colocan casi siempre el inglés al lado del castellano. Otra, que el interés en promocionarse mediante otras lenguas, comenzando por el inglés, aparece en pocas de las otras universidades (Murcia, Salamanca, Sevilla, Cádiz, Rey Juan Carlos y Las Palmas, además de las antes mencionadas -Extremadura, Alcalá, Málaga, Granada y Pablo de Olavide).