09 junio, 2006

Bogavantes

Vaya, vaya, vaya. Me entero tarde y por los pelos de que se ha censurado en la capital de esto una obra de teatro porque en ella moría un bogavante, supongo que uno por sesión. Por cierto, que a la compañía le debía salir más caro el bicho que todo el atrezzo, que no sé muy bien lo que es, pero me queda fino. Menuda se va a armar. Con lo bien que se lo estaban pasando los políticos con mando en solares en esas cuchipandas con constructor orondo y, ocasionalmente, modelo local con ínfulas de estrella errante. Por cierto, rebusquen en estantes y bibliotecas y léanse la estupenda novela de mi amigo Sosa Wagner, Hígado de oca a las uvas, se lo pasarán bien y algo tiene que ver.
Ya veo lo que se nos viene encima bien pronto, el debate sobre el estado de la nación convertido en pugna sobre el estado de la ración. Rajoy defendiendo el derecho del comensal galaico a beneficiarse la media docenita de ostras vivas y Zapatero, ¡ostras!, insistiendo en que vuelva al consenso para culminar el proceso de pazzzzzzz de mariscos y bivalvos. Y los mileuristas de a pie recordando con nostalgia la sopa con almejas y quisquilla que prepara su mamá los domingos, mientras los ilustra, a ellos, sobre lo mal que está todo y que a dónde vamos a parar. Y los politicastros dale que dale que si la gula, que si el percebe. Y Yamasfabes jurando que aquella vez él no se estaba zampando el mejillón, sino haciéndole la respiración boca a boca. Notables rifirrafes nos aguardan.
¿Tienen alma los bogavantes? ¿Siente la almeja tanto como a veces aparenta? ¿Se les encoge el ánimo a las navajas cuando intuyen la boca ansiosa? ¿Se esconde ternura en lo más recóndito del mejillón? No está lejos el tiempo en que los restaurantes habrán de disponer espacios apartados para los muy viles que se solazan a base de crema de nécoras y truchas con torreznos. ¿Afectará a los peces la campaña antiomnívoros? Tal vez sea tiempo de que Peter Singer nos ilumine sobre técnicas indoloras de cocción del centollo. Porque hasta ahora, creo, rige la regla infame de que hay que meterlo en agua fría que se vaya calentando poco a poco, hasta la ebullición, para evitarle contracturas súbitas que priven al paladar de sus esponjosas hebras.
Día tras día voy cayendo en cuenta de que he vivido rodeado de los más crueles criminales. Mi propia madre, sin ir más lejos. Y yo que, pasados los primeros sobresaltos, me enorgullecía de lo depurado de su técnica de ejecución de gallinas o su estilo de karateka a la hora de sacrificar el conejo. Ay, iluso de mí, cuanto pitu de caleya (traduzco yo para que no tengan que ir a un traductor automático de ésos: pollo de corral) me zampé, con patatines (traducción: patatitas; no, patatillas; bueno, yo qué sé), acompañado de la caterva de primos que se dejaban caer el día de la fiesta del pueblo, no por amor al patrono ni por afecto familiar sobrevenido, no, por puro afán de devorar otra vez las rústicas viandas.
Yo creo que es tiempo propicio para reforma penal; que hace tiempo que no tocamos el Código ese y se nos anquilosa la lista de crímenes. Qué tal el delito de conspiración de cetárea o el de maquinación marisquera. Ya me veo entre rejas, en compañía de concejales y coleccionistas de sellos, engullendo el puré de espinacas y los filetes de tofu. Si bien, confío en que ZP, perpetuado en la paz y ahíto de comisiones y mesas vegetarianas, decida un acercamiento de penados carnívoros y marisquívoros, o un indulto de bogavanticidas. Ya puestos a ser comprensivos con los criminales... Me imagino la mesa para los tratos, a un lado el Gobierno y sus asesores vegetarianos, al otro los depredadores del percebe y la langosta poniendo precio a su abstinencia.
O tal vez no he entendido bien la noticia y la prohibición de cargarse el bogavante rige sólo para el teatro. En cualquier caso, por algo se empieza. Pues qué es la vida, sino puro teatro, como cantaba La Lupe:
Igual que en un escenario
finges tu dolor barato,
tu drama no es necesario,
ya conozco ese teatro.
Fingiendo qué bien te queda el papel,
después de todo parece
que ésa es tu forma de ser. Yo confiaba ciegamente
en la fiebre de tus besos,
mentiste serenamente
y el telón cayó por eso. Teatro, lo tuyo es puro teatro,
falsedad bien ensayada,
estudiado simulacro,
fue tu mejor actuación
destrozar mi corazón.Y hoy que me lloras deveras
recuerdo tu simulacro,
perdona que no te crea, me parece que es teatro
.
¿A quién diablos se refiere La Lupe?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Le han condonado al PSOE 40 millones de euros , los bancos esta legislatura.
Si estos hijo putas de banqueros capitalistas nos diesen a los que menos tenemos esa cantidad en libros y medios para estudiar flipaba la puta sociedad. Pero para eso hay que ser comunitarista y no sólo ser respetuoso con el derecho a respirar de los más pobres.