Fue bueno. Reencontré a un puñado de amigos, siempre cordiales. Algunos silencios no significaban lo que parecía. Como de bien nacidos es ser agradecidos, vaya el agradecimiento para ellos y para las universidades que me han vuelto a llamar. En alguna hasta me indicaron que sin crítica y debate no hay academia que valga. Llegan nuevas invitaciones, que agradezco sinceramente, aunque no pueda aceptarlas, porque el cuerpo ya no está para tantos vuelos y hace falta pasar más tiempo en casa para leer un poco y escribir alguna cosa más. Y con los de uno. Sólo un grupo de servidores de la judicatura me declaró persona non grata por aquel post de mis dolores, haciendo, sin duda, un paréntesis en su meritoria labor de guardianes de la libertad de expresión y demás derechos constitucionales.
En una de las universidades que he visitado supe que recibieron una carta de una sabia profesora europea manifestándoles su solidaridad ante mis intolerables ironías y explicándoles que a ella le parece que en Colombia todo es maravilloso y que cómo se me ocurre sacar defectillos. Criaturita. Los dejó perplejos. Se ve que ella sí quiere seguir viajando y disfrutando cómodamente. Cada cual se lo monta como puede. Es un sentimiento muy humano y cómo no comprenderlo. Acabará en algún comité de notables de los que menciono más abajo.
En verdad, yo esperaba más reacciones furiosas de colegas españoles. Al fin y al cabo, la intención de aquel post era más crítica con nosotros que con los colombianos. Pero se picaron más los colombianos, al entender, por ejemplo, que la caricatura sobre el desenfado de algunas mujeres colombianas suponía llamarlas putas. Para quien, como yo, cree en la libertad de la gente, hombres y mujeres, el libre uso que cada uno haga de su cuerpo y de su alma sin cobrar por ello no tiene nada que ver con la prostitución ni guarda nada de inmoral y reprochable. Pero se ve que no todo el mundo piensa así. Está bien y tomo nota. Me reía un poquito del torpe entendimiento de algunos hombres europeos, pero se molestaron algunas damas nacionales y sus celosas contrapartes masculinas. Mis disculpas. Que siga cultivándose o fingiéndose la virtud femenina en sus términos más tradicionales y que, como elemento de esa tradición, continúe el viejo machismo ejerciendo su imperio.
En los posts de por ahí abajo, escritos en otros viajes a Colombia, hay un montón de alabanzas de este país, sus gentes, sus auditorios y sus estudiantes. Me reitero en ellas, con nuevos fundamentos. Sobre los problemas, carencias o tejemanejes académicos no volveré a decir ni pío, pues ya no se me olvidará que soy extranjero, por mucho que aquí siempre me haya sentido como en casa. Cada familia lava en el hogar sus trapos sucios y los de fuera no tienen por qué meterse. Entendido queda.
Por lo demás, la academia foránea sigue haciendo en Colombia valiosísimas aportaciones. Acabo de hallar una nueva muestra en el periódico El Tiempo de hoy mismo. Reproduzco esa pequeña noticia: “X, catedrático Unesco sobre Paz y DD.HH. y analista de procesos de paz en el mundo, propuso la creación de una nueva comisión de notables que plantee salidas a la guerra en Colombia”. Eso, eso, más comisiones de notables. Es lo que Colombia necesita, y que vengamos muchos extranjeros a arreglarles el problema con nuestros sabios consejos y bien financiados por la Unesco. Algo caerá también para los de alguna universidad de las élites capitalinas. Buen mercado. Pero chitón, nada de caricaturas e ironías por mi parte, no sea que los lugareños cómplices de tan valerosas iniciativas me envíen otra vez a sus escuadrones del insulto anónimo. A fin de cuentas, a mí qué carajo me importa.
Andaba estos días explicando teorías de esas de la democracia deliberativa y de la argumentación racional y un avispado estudiante me preguntó si no me parecía que todo eso resultaba aquí un poco postizo y un adorno extraño, visto cómo vive y muere la gente y que, por ejemplo, ahora mismo casi una cuarta parte de los congresistas colombianos están procesados por corrupción, violencia y complicidades con el paramilitarismo. No pude por más que darle la razón por extenso, pese a mis propósitos iniciales de no meterme en camisa de once varas. Pero si tengo que excusarme ahora, me excuso. Es más bonito para un académico, bogotano o extranjero, hacer como que estamos en Noruega. Hágase.
Hasta pronto, Colombia. Gracias, amigos.
PD.- Por supuesto que cada cosa que aquí se escribe puede ser debatida y criticada. Faltaría más. Pero sería mejor no gastar mucho tiempo en volver mentarme a la madre y llamarme putero, ladrón o marica por decir estas cosas con intención constructiva y amor al buen debate; y hasta por afecto a Colombia, aunque no se me crea. Total, no voy a cambiar. A estas edades y con lo que uno lleva remado...


