10 abril, 2008

Hasta la vista, Colombia

Pues sí, dentro de unos minutos salgo del hotel bogotano y tomo el avión de vuelta a casa. Llevo en este país nueve días, si bien no anuncié aquí el viaje para no estimular más a la fiera anónima. Daba pereza, pero había que venir. Había que venir.
Fue bueno. Reencontré a un puñado de amigos, siempre cordiales. Algunos silencios no significaban lo que parecía. Como de bien nacidos es ser agradecidos, vaya el agradecimiento para ellos y para las universidades que me han vuelto a llamar. En alguna hasta me indicaron que sin crítica y debate no hay academia que valga. Llegan nuevas invitaciones, que agradezco sinceramente, aunque no pueda aceptarlas, porque el cuerpo ya no está para tantos vuelos y hace falta pasar más tiempo en casa para leer un poco y escribir alguna cosa más. Y con los de uno. Sólo un grupo de servidores de la judicatura me declaró persona non grata por aquel post de mis dolores, haciendo, sin duda, un paréntesis en su meritoria labor de guardianes de la libertad de expresión y demás derechos constitucionales.
En una de las universidades que he visitado supe que recibieron una carta de una sabia profesora europea manifestándoles su solidaridad ante mis intolerables ironías y explicándoles que a ella le parece que en Colombia todo es maravilloso y que cómo se me ocurre sacar defectillos. Criaturita. Los dejó perplejos. Se ve que ella sí quiere seguir viajando y disfrutando cómodamente. Cada cual se lo monta como puede. Es un sentimiento muy humano y cómo no comprenderlo. Acabará en algún comité de notables de los que menciono más abajo.
En verdad, yo esperaba más reacciones furiosas de colegas españoles. Al fin y al cabo, la intención de aquel post era más crítica con nosotros que con los colombianos. Pero se picaron más los colombianos, al entender, por ejemplo, que la caricatura sobre el desenfado de algunas mujeres colombianas suponía llamarlas putas. Para quien, como yo, cree en la libertad de la gente, hombres y mujeres, el libre uso que cada uno haga de su cuerpo y de su alma sin cobrar por ello no tiene nada que ver con la prostitución ni guarda nada de inmoral y reprochable. Pero se ve que no todo el mundo piensa así. Está bien y tomo nota. Me reía un poquito del torpe entendimiento de algunos hombres europeos, pero se molestaron algunas damas nacionales y sus celosas contrapartes masculinas. Mis disculpas. Que siga cultivándose o fingiéndose la virtud femenina en sus términos más tradicionales y que, como elemento de esa tradición, continúe el viejo machismo ejerciendo su imperio.
En los posts de por ahí abajo, escritos en otros viajes a Colombia, hay un montón de alabanzas de este país, sus gentes, sus auditorios y sus estudiantes. Me reitero en ellas, con nuevos fundamentos. Sobre los problemas, carencias o tejemanejes académicos no volveré a decir ni pío, pues ya no se me olvidará que soy extranjero, por mucho que aquí siempre me haya sentido como en casa. Cada familia lava en el hogar sus trapos sucios y los de fuera no tienen por qué meterse. Entendido queda.
Por lo demás, la academia foránea sigue haciendo en Colombia valiosísimas aportaciones. Acabo de hallar una nueva muestra en el periódico El Tiempo de hoy mismo. Reproduzco esa pequeña noticia: “X, catedrático Unesco sobre Paz y DD.HH. y analista de procesos de paz en el mundo, propuso la creación de una nueva comisión de notables que plantee salidas a la guerra en Colombia”. Eso, eso, más comisiones de notables. Es lo que Colombia necesita, y que vengamos muchos extranjeros a arreglarles el problema con nuestros sabios consejos y bien financiados por la Unesco. Algo caerá también para los de alguna universidad de las élites capitalinas. Buen mercado. Pero chitón, nada de caricaturas e ironías por mi parte, no sea que los lugareños cómplices de tan valerosas iniciativas me envíen otra vez a sus escuadrones del insulto anónimo. A fin de cuentas, a mí qué carajo me importa.
Andaba estos días explicando teorías de esas de la democracia deliberativa y de la argumentación racional y un avispado estudiante me preguntó si no me parecía que todo eso resultaba aquí un poco postizo y un adorno extraño, visto cómo vive y muere la gente y que, por ejemplo, ahora mismo casi una cuarta parte de los congresistas colombianos están procesados por corrupción, violencia y complicidades con el paramilitarismo. No pude por más que darle la razón por extenso, pese a mis propósitos iniciales de no meterme en camisa de once varas. Pero si tengo que excusarme ahora, me excuso. Es más bonito para un académico, bogotano o extranjero, hacer como que estamos en Noruega. Hágase.
Francamente, en todas partes hay de todo y en todos lados se cuecen habas. En Colombia, en España y donde se tercie. Se supone que los presuntos intelectuales estamos para criticar donde sea y no para revestir la realidad con los complacientes colores de la simulación doctrinal. He vuelto a comprobar, por enésima vez, que pese a las tremendas tensiones que desgarran Colombia, hay buenos espacios para el diálogo, el debate y la franqueza. Por fortuna, los de la amenaza y el insulto anónimo son los menos, por mucho que algunos se parapeten detrás de brillantes títulos y en sofisticadas universidades y sean herederos de una tradición nacional no precisamente gloriosa y que debería acabarse de una maldita vez, para que las buenas gentes de este país sean libres al pensar, hablar y gobernarse. Y para que los extranjeros a los que amablemente se invita podamos hacer aquí algo más que gastarnos cuento y dar coba a tanto la hora
Hasta pronto, Colombia. Gracias, amigos.
PD.- Por supuesto que cada cosa que aquí se escribe puede ser debatida y criticada. Faltaría más. Pero sería mejor no gastar mucho tiempo en volver mentarme a la madre y llamarme putero, ladrón o marica por decir estas cosas con intención constructiva y amor al buen debate; y hasta por afecto a Colombia, aunque no se me crea. Total, no voy a cambiar. A estas edades y con lo que uno lleva remado...

08 abril, 2008

Una de Rosa Montero

Estos días vive de prestado este blog, pues, como ando de gira, ya no me queda apenas un minuto para escribir nada de nada. Chsssssss..., que no se enteren los malos de mis rutas. De todos modos, el jueves ya me voy volando a casa, y cuento, si ha lugar.
Ayer Rosa Montero escribía en El País una columna que me parece magistral. ¡Cuánta falta hacen columnistas así! Ahí va:

Turulata. Por Rosa Montero.

Contemplo turulata el goteo de medidas aperturistas que el actual gobierno cubano está regalando con entrañable magnanimidad a sus gobernados. Hete aquí que, de golpe y porrazo, ¡se permite a los cubanos alojarse en los mismos hoteles que los extranjeros! ¡Hurrraaaa! Y pocos días después, ¡se autoriza la compra de microondas y vídeos! ¡Guau! Pero espera, porque todavía hay una reforma más radical e intrépida: ¡los teléfonos móviles ya no serán de uso exclusivo de los mandamases! Lo repito para que te des cuenta de la enormidad: ¡los móviles van a dejar de estar prohibidos para los cubanos! ¿No es impresionante y superguay?

Cuanto más feroz es una dictadura, más opaca resulta y más se parece a un agujero negro que no deja escapar ni un rayo de luz. Pasó con la URSS, por ejemplo; en el momento, y desde fuera, casi nadie alcanzaba a atisbar completamente el grosor del horror que ocultaba, y fue sólo después, al colapsarse, cuando fue emergiendo capa tras capa su roña indecible. Para quien quiera fijarse, hace mucho que está claro el totalitarismo cubano; acaban de cumplirse cinco años de la primavera negra, aquel paroxismo represivo que llevó a la cárcel, con penas de hasta 28 años de prisión, a 75 disidentes. Todavía quedan 58 dentro en condiciones terribles. Las Damas de Blanco, esposas de los presos, llevan años denunciando el infierno castrista con increíble coraje. Bastaría con pararse a escucharlas para saber, pero los humanos nos aferramos a nuestros prejuicios. Por eso este goteo de disparatadas medidas puede ser útil para que algunos empiecen a ver lo que no veían: un país que prohíbe alojarse en el mismo hotel que los extranjeros, comprar un microondas, tener un móvil. Lo cual no es más que un símbolo estrafalario de las otras prohibiciones fundamentales. La punta del iceberg del gran infierno.

Educación para el bolivarismo

Je, y se quejan aquí, en España. Véase la reforma de la enseñanza que se trae Chávez entre zarpas.
Oigan, y la foto no tiene desperdicio. Ay, si Marx levantara la cabeza. Y hasta Bolívar.

Polémica en Venezuela por proyecto de reforma curricular
Al currículo 'bolivariano' se le ha tachado también de desconocer los logros de los gobiernos civiles del siglo XX y de ser el reflejo de las obsesiones y fobias históricas del mandatario.
Presionado por las protestas que ya anunciaron representantes del magisterio y diferentes grupos de la sociedad civil, el presidente venezolano, Hugo Chávez, se ha visto obligado a suspender la entrada en vigencia del nuevo currículo 'bolivariano' para los subsistemas de educación primaria y secundaria en Venezuela.
Así las cosas, el nacimiento del "hombre nuevo" de la revolución, prometido por Chávez para este año, tendrá que esperar un tiempo.
Padres y madres de familia se han lanzado a las calles de varios estados del país para rechazar la modificación del pénsum de estudios en escuelas y liceos, y sectores de la oposición organizan una multitudinaria movilización de protesta para el próximo 19 de abril.
La respuesta de Chávez fue aplazar el cambio de currículo y dejar mal parados a sus detractores, retándoles a que presenten una propuesta alternativa.
"La oposición quiere tomar esto como una bandera. Bueno, ¡qué presenten un modelo pues, háganlo!", espetó la noche del jueves pasado el jefe de Estado, tras plantear la posibilidad de convocar un referendo, en el 2009, para decidir la aplicación del llamado 'currículo bolivariano'.
Como argumento para avalar el polémico documento, el mandatario expuso: "Nos enseñaron la historia eurocéntrica, imperialista y luego norteamericanista. Entonces, se trata de desmontar esa ideología dominante y de montar la ideología nacional. Estudiemos la filosofía política, que nuestros jóvenes en los liceos comiencen a estudiar de qué se trata cuando se habla de capitalismo, que lo vayan a ver en la realidad, que vayan a ver cómo son explotados los trabajadores".
La Ley Orgánica de Educación está paralizada desde agosto del 2001 y la reforma del currículo bolivariano comenzó a plantearse con fuerza a mediados del 2007, cuando Chávez planteó la necesidad de "ideologizar" la educación.
La última reforma educativa que sí se aplicó en Venezuela tuvo lugar en 1996 y 1997, cuando gobernaba el presidente Rafael Caldera.
Visión sesgada
El investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Leonardo Carvajal, advierte que "la ideología chavista está presente a lo largo y ancho del proyecto curricular".
Para Carvajal, fundador de la ONG Asamblea de Educación, "la visión militarista de la historia y de la sociedad aparece con muchísima fuerza en el área de Ciencias Sociales y Ciudadanía de tercero, cuarto y quinto año de bachillerato" (ver nota anexa).
En cuarto año, por ejemplo, de los 14 contenidos de Ciencias Sociales y Ciudadanía, 10 "exaltan valores y criterios militaristas, algunos de ellos tan peligrosos como la tesis del 'espacio vital', invocada en su tiempo por el régimen nazi como justificación de su expansionismo bélico sobre Europa", alerta el profesor de la UCAB.
De imponerse, el texto firmado por el ministro de Educación y hermano del Presidente, Adán Chávez, los jóvenes deberán aprender de primer a tercer año de bachillerato materias como "la Fuerza Armada en el marco de la defensa integral de la nación", "la Fuerza Armada en el marco de la seguridad y defensa integral de la nación. Reconocimiento de sus componentes y estructura", y "Estructura de la Ley Orgánica de Seguridad y Defensa Integral de la nación".
Carvajal subraya que, "en cuanto a las interpretaciones de nuestra historia, se insiste en el currículo de forma reiterativa en los tres grandes momentos que Chávez constantemente exalta: la Guerra de Independencia, la Guerra Federal y su propio periodo gubernamental".
De hecho, el general José Antonio Páez, prócer de la independencia a quien el Presidente acusa de haber traicionado a Bolívar para venderse al imperialismo, aparece muy poco y de forma negativa.
"Tampoco se menciona el periodo perezjimenista (gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, 1952-1958, la última dictadura militar en Venezuela) y mucho menos lo que ocurrió el 23 de enero de 1958 (cuando el pueblo derrocó a Pérez Jiménez). Es una historia que insiste en las obsesiones de Chávez y omite épocas y personajes a los que él les tiene fobias", comenta el académico.
El pénsum menosprecia los aportes y éxitos cosechados por los gobiernos civiles y democráticos que se instalaron desde 1959 hasta 1999, e incorpora expresiones que forman parte del discurso oficial.
En todo el texto se pueden encontrar términos como fundos zamoranos (iniciativa agrícola impulsada por el Ejecutivo), concejos comunales, misiones sociales (programas asistencialistas), núcleos de desarrollo endógeno y Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba).
Carvajal agrega que, "en cuanto al marxismo interpretado o en su 'versión' chavista, el currículo bolivariano también ofrece varios ejemplos: en primer año de bachillerato se presenta El trabajo como fuente real del valor de un bien o servicio; y en segundo año los estudiantes verán La propiedad colectiva como base de las relaciones de producción. Fundamentos legales".
'Empalago con lo indígena'
En cuarto año, acota el analista, "con el tema de 'La literatura como testimonio de la historia. Retrato de la realidad' se resucita la teoría del realismo literario y artístico socialistas, propia de los totalitarismos soviético y maoísta".
Como aspecto positivo de la reforma curricular, Carvajal destaca cómo el pénsum de primer grado se intenta reivindicar la herencia "ancestral, originaria y afrodescendiente que nos identifica como nación".
Sin embargo, lamenta que en el fondo se produzca un "racismo al revés, porque se desconoce la contribución europea al proceso histórico de mestizaje biológico y cultural que hemos experimentado".
Y como muestra del "empalago con lo indígena", como lo califica Carvajal, resalta el área de Educación Física, Deporte y Recreación del primer año de bachillerato plasmada en la propuesta de reforma.
Allí se establece que los niños de todo el país deben aprender "deportes indígenas" como arco y flecha, natación libre, cerbatana, canotaje, lucha (wayú y yekuana), lanzamiento de cardón, lanzamiento con piedra y lanzamiento con honda, entre otros.
PEDRO PABLO PEÑALOZA PARA EL TIEMPO CARACAS

07 abril, 2008

El cazuelón

Igual que los jovenzuelos, la mayoría universitarios, se citan para celebrar el botellón, debido, entre otras cosas, a lo que cuestan las copas en los locales al uso, así los ya creciditos, padres y madres de familia, profesionales de clase media, empleados de todo pelaje, prejubilados y pensionistas con marcha en el cuerpo, deberíamos juntarnos cada tanto en los mismos terrenos y hacer un cazuelón. Pásalo.
¿Por qué? Por cómo se nos han puesto los precios de los restaurantes. Uno se acerca el sábado hasta el Barrio Húmedo, busca alguna casa de comidas digna, pero sin condecoración de tenedores en guías gastronómicas o de estrellas en el firmamento de Michelín, se pide unas mollejas a la plancha y un poco de lengua curada, lo riega con un vino de esos que en el supermercado se consiguen por seis o siete euros y, a la hora de pagar, se deja la Visa herida de muerte y como si nos hubiera cocinado Ferrán Adriá algún platito de humo con aroma de perejil. Y más ahora que la inflación nos enseña sus negras fauces y ya se nos fue la posibilidad de darnos una alegría financiera al vender el pisito de la abuela en el extrarradio a precio de apartamento parisino con vistas al Sena.
Siempre nos queda la muy honesta alternativa de permanecer en casa, ver el partido de fútbol con unas cervezas y unas aceitunas rellenas, cenar en conyugal armonía unas setas con torreznos, brindar en pareja con una de aquellas botellas de cuando estuvo en casa el primo de la Rioja e irnos a la cama aprovechando que es sábado y aunque no hayamos estrenado camisa. Pero hasta las mejores rutinas caseras necesitan el aliento de alguna escapadita festiva y acabaremos echando de menos el callejeo y el que nos vean los amigos con la chaqueta nueva.
Así que podríamos juntarnos de vez en cuando los mayores, al menos en primavera, en los terrenos del campus universitario, perfumarlo con el aroma de las tortilla caseras y los filetes empanados y regarlo de caldos bercianos y hasta con algún orujito de Valdebimbre. Luego se armarían grupos para jugar a la escoba, cotorrear sobre lo caro que se ha puesto todo y especular sobre por qué agujero se habrán escapado los dineros del Ayuntamiento. Llegado el caso, podrían aportarse unos casetes y cabría marcarse unos bailes, no necesariamente regionales, entre la alegre concurrencia y con el respeto debido a la contraparte siempre vigilante.
Para rectores y decanos no supondría mayor quebranto, pues de gentes con nuestra solera no es esperable que atentemos contra las farolas o alfombremos de humores corporales los sagrados recintos del alma mater. No haría falta mandar a los municipales y, si alguno se acercara, recibiría el agasajo de unos chorizos al vino o un trozo de empanada.
Que se vea que el afable burgués también existe.

06 abril, 2008

¿Quién nos chupa la sangre? Por Francisco Sosa Wagner

La cantidad de años que llevo comprando cremas y aplicándome todo tipo de productos farmacéuticos para engañar al tiempo que me cerca como sonido de guerra y ahora resulta que con unas sanguijuelas, sabiamente aplicadas en la piel, recuperamos la juventud perdida. Así lo ha confesado una de esas hembras pingües de la pantalla que ha decidido tirar por la ventana las pócimas y despedir a su médico, quedándose a solas con sus sanguijuelas: “al primer mordisco me dan ganas de gritar pero una vez que me relajo, noto cómo comienzan a beber mi sangre y ya me encuentro libre de toxinas”.
Este es su relato, escueto pero claro como la desnudez de un cuerpo. De donde se sigue que hacemos largos caminos para descubrir obviedades ya sabidas. Porque la terapia a base de sanguijuelas sale en todas las novelas del siglo XIX, desde Balzac a Tolstoi pasando por Theodor Fontane. En ellas, en cuanto aparecía un personaje aquejado de una hepatitis o una nefritis, pongamos un patricio urbano o una señorita afilada, de esas con mirada de saeta, venía el médico con su muestrario de sanguijuelas amaestradas y las aplicaba en la zona comprometida por la enfermedad. Para las afecciones testiculares, tan propias de aquellas épocas ahítas de moralina pero desparramada en anhelos, la ingle era el lugar apropiado.
Es decir que, después de grandes investigaciones cosméticas y dermatológicas, descubrimos el valor terapéutico de la sanguijuela como los cubanos tuvieron que irse a Sierra Maestra y hacer una revolución con muchas banderas y oír interminables discursos para que ahora se les permita entrar en un hotel o llamar por teléfono. Piensa uno -en nuestra poquedad- que nos podríamos haber ahorrado tantos aspavientos y tantos esfuerzos. Ser comedidos es un tributo aconsejable para no irritar a los dioses.
Porque la sanguijuela, que ahora se recupera, fue además un avance en relación con otras prácticas destinadas a mantener la salud o la belleza. En Viena se visita la casa que perteneció a una señora de la alta aristocracia -las aristocracias siempre son altas- que se bañaba en la sangre de las señoritas a las que mataba por el solo placer de aparecer más guapa en los bailes de la corte, cosechando gran éxito, gracias precisamente a la sangradera previa. Hasta que una rival, incapaz de atraer hacia sí la atención de los machos en aquellos saraos con el emperador, la denunció a la policía cubriéndola de epítetos como asesina y torturadora. Cuando lo único que pretendía aquella señora era esquivar los escombros de los inviernos.
Y a finales del siglo XV y principios del XVI, en aquellas tierras centroeuropeas, nido de perversiones por el clima y el ahorro que el sol practica en ellas, una condesa a la que se conoce con el nombre de la Báthory también desangraba a las campesinas para darse un bañito de sangre lo que devolvía el lustre a su piel marchita, asegurándole burbujas de esplendor. Ha pasado a la historia como la “condesa de la sangre” y ha inspirado relatos escritos a sangre fría. Justo para evitar estos excesos, se inventó la sanguijuela, modosito anélido sin mayores pretensiones que ayudar al prójimo de forma incruenta y barata. Poder beneficiarnos de esta terapia y no hacernos mala sangre viendo cómo la disfrutan los ricos exige implantar factorías de sanguijuelas como las hay de lubinas y de truchas.
Pero a la sanguijuela le espera otro destino histórico más sublime: ejercer en nuestra sociedad doliente el monopolio exclusivo de chuparnos la sangre. ¿Alguien se atreve a negar que, si tal ocurriera, estaríamos ante la revolución definitiva, el verdadero fin de la historia?

05 abril, 2008

¿Habrá masones en León?

Bueno, y si los hay supongo que no pasa nada. Tengo muy escasa idea de lo que supone a día de hoy ser masón. Probablemente es una manera de asociarse con unos amigos de ideas parecidas y no tiene más alcance que el simbólico. Como organizar una sociedad gastronómica o así. Casi seguro.
En tiempos de la dictadura nos presentaron a los masones como unos villanos sumamente perversos, demoníacos y comeniños. Una más de aquellas fábulas para mantener al personal atemorizado y las filas bien prietas y en orden. El miedo guarda viña. Y ahora mismo anda la derechona haciendo insinuaciones, amagando, señalando con el dedo sin explicarnos que pasaría si alguno de los sutilmente apuntados fuera masón.
Lo estimulante de las logias masónicas es el secreto, el celo con que sus miembros ocultan esa condición, que no ha de ser para tanto. Supongo que conservarán los viejos rituales, el mandil, las ceremonias de acogimiento de los neófitos, aquellos compromisos asumidos, sin duda, con ánimo más lúdico que otra cosa.
Los tenemos medio olvidados y a lo mejor hasta es injusta tanta indiferencia. Uno va al médico o al abogado, se tropieza con el concejal, se cruza con el escritor de fama y se pregunta si serán de derechas o de izquierdas, si irán a misa o al campo, si le darán al pimple o serán abstemios, si les gustará el fútbol o el golf, pero casi nunca se nos ocurre plantearnos si serán masones. Nos perdemos una especulación entretenida.
Si los hay, ¿para qué les servirá serlo? Imagino que para bien poco, salvo por el placer de encontrarse de pascuas a ramos con los amigos y hacer unas risas. No es pensable que el compromiso vaya mucho más allá, que suponga, por ejemplo, que a la hora de que un político masón proponga para un cargo a un ciudadano prefiera a un correligionario de la logia antes que a un tipo de la calle y más competente, o que al tiempo de votar en algún concurso o para algún premio vaya a contar más el compañerismo masónico que los méritos intrínsecos de los candidatos. Sólo faltaba que también tuviéramos cuotas o enchufes por ese lado.
Lo dicho, debe de tratarse de resabios de otras épocas, románticos restos de los tiempos en que las ideas no podían defenderse a cara descubierta ni por las ideologías se podía luchar sin riesgo. En una sociedad bien alimentada de libertades y derechos, donde cada uno puede exponer su pensamiento y hacerlo valer en partidos, sindicatos, asociaciones variadas y foros de todo tipo, donde la opinión pública se muestra bien receptiva ante cualquier propuesta y para toda demanda, esa manera de ocultarse y de proceder a la chita callando no parece que tenga mucha razón de ser. Será más que nada por jugar y pasar el rato con unos colegas.
Además, en León seguro que no hay masones, pues nos enteraríamos. Ya se sabe cómo son estos lugares relativamente pequeños y donde casi todo el mundo se conoce.

04 abril, 2008

Pena de Zapatero

Los amigos de este blog saben de sobra que no es santo de mi devoción. Concedo que hasta hay por mi parte algo de visceral en esta tirria. Me resulta profundamente inauténtico, lo tengo por un trepa, no creo para nada en su ideología supuestamente izquierdista, que me parece postiza, inmadura y compuesta de tópicos y latiguillos sin sustancia, no le veo más principios que un ansia infinita de poder a cualquier precio, lo considero capaz de vender su alma (y la nuestra) al diablo con tal de gobernar y dar rienda suelta a un afán de poder por el poder. No me parece que tenga idea tangible del Estado ni que se tome en serio la Constitución ni que vea en los ciudadanos nada más que votantes. Su formación intelectual es tan paupérrima que cuesta creer que nos hayamos puesto en sus manos. Seré injusto, puede ser, pero ya he dicho que ante determinados tipos de persona me puede la víscera y me vence la desconfianza.
Y, con todo y con eso, hallándome fuera de España en este momento, leo los periódicos y me asalta una especie de piadosa comprensión, me enternece, siento una inusitada empatía con él, creo que puedo entenderlo. En El Mundo aparece una foto tremenda, de soledad, de forzado disimulo, como si el personaje hubiera abandonado a la persona y se hubiera quedado a merced de sus propias carencias, con el culo al aire, como ante un espejo inclemente.
Se solaza el periodista al explicar que mientras un buen puñado de dirigentes de medio mundo se junta para conversar entre sí y con Bush, Zapatero se queda solo en su asiento, sin nadie alrededor, fingiendo que estudia unos papeles o que lee unos importantísimos mensajes en su móvil. No levanta la mirada, se hace el abstraído, aparenta que reflexiona. Se ha hecho un flaco favor a sí mismo al decir un rato antes que seguramente hablará con Bush, que habrá tiempo y ocasión para intercambiar impresiones, que tendrá oportunidad de sobra para todo tipo de charlas. Al final, sus personal se esmera para contarnos que se vio un momento con el presidente afgano y con no sé quien más.
Da corte llamar a las cosas por su nombre. Los hechos y la situación ya no permiten atenuantes. No se trata de una actitud deliberada, de un gesto con valor político o moral, de una orgullosa autoafirmación o de un hacer valer el criterio autónomo e independiente del país, España, al que allí está representando. Se menciona su aislamiento, su soledad, el abandono al que acaba reducido. No me cuesta imaginar que los minutos se le hacen eternos, que desea que llegue el día siguiente y volver a casa y tener con quien conversar y a quien mandar. Seguramente en su fuero interno sabe las razones de su actitud, no puede engañarse, está perdido, desplazado, al margen, fuera de lugar. Y eso es precisamente lo que me inspira una compasión exenta de malas intenciones, una ternura poco irónica.
Yo realmente no sé si es tan importante que en esa reunión de la OTAN se diga cuatro trivialidades con Bush. Probablemente no. Contaría, eso sí, para la imagen, para vender la moto en casa, para que parezca que pinta y que pintamos algo. Tanto antiamericanismo para acabar así, mendigando un ratito para la foto y para simular que se dice algo más que ese tristísimo “Hola, hola, felicidades” del primer y brevísimo cruce de saludos. En un receso se juntan varios estadistas y Bush y charlan informalmente en un rincón. Zapatero no está allí, no se arrima, se queda pegado a su asiento. Luego, Bush hace ademán de acercarse, pero Zapatero no levanta la vista y el otro pasa de largo. Menudos son los del Imperio.
Mas no nos hagamos ilusiones, nuestro Presidente no ha desairado al norteamericano, todos saben lo que ocurre. Pero aquí ni los periodistas más críticos se atreven, por lo que se ve, a nombrar la cruda realidad, a describir la razón que lo retiene. Él no puede acercarse a aquellos que departen en la esquina, él se aterra cuando ve que Bush puede decirle algo. ¿Por qué? Cojones, digámoslo y entendámoslo, aunque nos muramos de vergüenza ajena y aunque seamos capaces de ponernos en su lugar en ese instante, o precisamente por eso: NO SABE NI PALABRA DE INGLÉS. Si la reunión no está organizada y prevista, con los traductores al lado, no le queda más salida que rehuir los encuentros, que mostrarse esquivo, que fingirse ocupado, que aparentarse ausente. Y eso, francamente, me apena. Por él, sin ironía. Y por nosotros.
Es lo que hay. Es lo que somos. Eso sí, en casa los putos jefes. Y más chulos que nadie. Typical spanish. Porca miseria.

03 abril, 2008

Churras, merinas y Estados

Esto del relativismo galopante nos está dejando sin referencias y a dos velas. Y conste que cuando digo relativismo y lo critico no me pongo para nada en la onda del Papa, al menos en lo que éste lamente que no imperen en el mundo los valores de su fe como valores absolutos contra viento y marea. No, me refiero a la crisis de aquellas ideas que a trancas y barrancas trajo a nuestra cultura la Ilustración, con su insistencia en el valor primero del individuo y su libertad en igualdad, y de la democracia como única manera de combinar la libertad de los ciudadanos con la necesidad de gobierno y normas que a todos vinculen.
Quizá nos estamos muriendo por sobredosis, y no precisamente de libertad. Comenzamos por entender que el Estado debe velar no solamente porque no nos matemos y no nos robemos los unos a los otros, sino que ha de asegurar también a cada cual unos mínimos vitales dignos, para que aquella libertad de los ciudadanos no sea para muchos meramente nominal. De esa manera, el inicial liberalismo ilustrado no se ve contradicho, sino coherentemente complementado. Aparece así ese avance civilizatorio que es el llamado Estado social. Pero, como todo tiene su contrapeso negativo, nos acostumbramos hasta el exceso a implorar de papá Estado que nos saque todas las castañas del fuego. Va la ciudadanía renunciando a la condición moral y psicológicamente adulta y recae en el infantilismo del que no quiere asumir la vida como arriesgada apuesta, sino que desea abandonarse y poner su destino en manos de instancias más altas que le den tranquilidad de espíritu y cómodo transcurrir de una vida sin sobresaltos. El paso siguiente es congruente con esa infantil idea de la vida como capricho que los demás deben apresurarse a satisfacer: que lo que yo quiera me lo den sin rechistar y que mis antojos se cumplan con cargo al erario público y con el menor esfuerzo para mí. Curiosamente, suelen ser los más privilegiados, o al menos los que tienen la vida más o menos resuelta, los que más reclaman. Un ejemplo, que parece caricatura pero es real: yo meto unos dineros en una inversión arriesgada, incluso loca, bajo la promesa de grandes ganancias; si sale bien, la guita para mí, por supuesto, que para eso arriesgué; si sale mal, que el Estado me cubra las pérdidas por no haberme advertido a tiempo de que me iban a timar. De mis actos y mis decisiones respondo sólo cuando la suerte se me pone de cara.
Una vez que los ciudadanos vamos perdiendo de vista eso que llaman el interés general y que dejamos de captar que la vida social y al amparo del Estado no es sólo ventaja, sino que también supone responsabilidad personal, algo de sacrificio, sometimiento a las normas legítimamente establecidas por vía democrática y buenas dosis de solidaridad con los que no tienen para invertir ni con qué jugar, damos el paso siguiente de esa deriva infantiloide y pensamos que todo el que pía tiene buenas razones y todo el que protesta lo hace por motivos legítimos, sean cuales sean sus demandas. Ese Estado-padre se torna enemigo, el ciudadano adolescente se rebela, con actitud de la que seguramente algo podría decir Freud si levantara la cabeza. Y ahí va todo al mismo cajón, tanto la solicitud justificada de quien pretende que sus derechos constitucionales no sean pisoteados, como el antojo de que quiere hacer valer su santa voluntad por encima de las normas de todos, tanto del que reclama lo que es suyo con arreglo al modelo de Estado en que vivimos y a sus fundamentos de legitimidad, como el que se inventa agravios y se saca de la manga ficticios derechos inverosímiles nada más que para hacerse con mayor tajada y a costa de los demás. Churras y merinas se mezclan y se confunden en procaz amalgama. El que pasa el Estado y la democracia por salva sea la parte se tiene por tan meritorio como el que denuncia las corruptelas y pide que el Estado cumpla sus cometidos con mayor solvencia y menor engaño.
En esas estamos y el vicio en cuestión rebasa las fronteras. Falta capacidad de discernimiento y se impone el todo vale y la convicción de que todo el que se queja o se rebela es bueno y merecedor de igual respeto. Deja de percibirse el matiz que diferencia al desobediente civil del puro terrorista, al verdaderamente oprimido que reclama libertad e igualdad del que hasta por la fuerza o por la puerta falsa no pretende más que favor y privilegio. Y, así, no es de extrañar la noticia que hoy traen los periódicos, con las declaraciones de un mandamás del Comité Olímpico Internacional que equipara sin más la situación de los tibetanos en China, la de los presos en Guantánamo, la de los aborígenes en Australia y la de los vascos en España. Todo al mismo saco y la idea de que si el COI se ha de parar en consideraciones políticas y de derechos humanos habrá de poner trabas por igual a China, EEUU, Australia o España.
Así estamos. Ahora veremos cómo son las réplicas y quién las hace. Por menos de un duro, al que se mosquee lo tildarán de facha y cómplice de todos los oprobios.

02 abril, 2008

El sexo de los prohombres

Esto del sexo es la repanocha, como es bien sabido. Así sufren los obispos para reprimir(nos)lo. Tarea no les falta, desde luego. En fin, qué les voy a contar a ustedes, queridos amigos, que no sepan o no intuyan, sobre cómo anda de alborotado el personal. Y no se preocupen, que sólo quiero hacer unas reflexiones sobre la relación entre nación y sexo y sobre el despendole puteril en que se andan los políticos de medio mundo.
Vayamos por (las) partes. Estos tipos norteamericanos o centroeuropeos que se casan con ricas herederas pasadas por el bisturí, que ligan con modelos y variadas mises, que frecuentan ambientes propicios al encamamiento por razón de Estado y que van con los bolsillos atestados de pastillitas azules para dar abasto con las exigencias de sus cargos, acaban un día sí y otro también en el puticlub. Luego, en los ratos libres, pontifican con voz tronante sobre la crisis de los valores en la sociedad occidental y proponen imaginativas soluciones para acabar con el vicio y el despelote universal. ¿Estarán todos poseídos por la esquizofrenia o será que quieren ver con sus propios ojos y tocar con sus mismas manos, etc., el imperio oscuro del pecado carnal?
Cuando no es un alcalde norteamericano por allá, es un concejal balear por aquí, y, ya en el colmo, ahora resulta que se tambalean también los acrisolados fundamentos morales de la Fórmula 1, donde parece que hay mandamases que corren que se las pelan hasta sin bólido. Para colmo, a la mayoría los pillan con la masa en las manos por andar pagando con la Visa oro de la correspondiente institución. Manía que tiene hoy en día la gente de no llevar suelto y de no aflojar del peculio propio ni a la hora de aliviarse. ¿Se acuerdan de aquella vez, hace tres o cuatro años, en que cayó como un pardillo hasta el gerente de una universidad de por aquí, por andar pasándole las facturas del night club a su reputada institución? Esta gente no tiene enmienda.
Y qué me dicen de los peculiares gustos de los ministros y altos cargos de según qué naciones. Los ingleses, por ejemplo, se ponen como locos si una madame los asfixia un poquito, o bastante, mientras van ataviados con la camiseta de su equipo preferido de la Premier League. Ya veremos si no acabamos contagiándonos, ahora que a TVE, siempre al servicio del interés general y la opinión pública libre, le ha dado por transmitirnos partidos de la liga inglesa. ¿Se imaginan a un político riojano haciéndoselo ataviado con los colores del Logroñés, mientras la contraparte de pago le atiza con el látigo de siete colas por no ascender?
Lo último es que el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, un tal Mosley, cuyo padre era nazi, ha sido filmado en plena orgía con nada menos que cinco prostitutas. Jugaban a zurrarse de lo lindo intercambiándose papeles de prisioneros y guardianes de campos de concentración. Que también son ganas. A esa gente le guiñan un ojo y se les empina una fusta. Y venga arrearse zurriagazos y ponerse los culos como pimientos morrones. ¿Qué diablos tienen en la cabeza?
Me parece que a estos propósitos el español es un pueblo mucho más conservador. O será que yo no me entero. Pero no concibo a nuestros prohombres yéndose al puti a disfrazarse de requetés o de tropa mora de Franco y dándose mamporros con unas huríes en traje de la Sección Femenina. En eso el español tradicional es al revés, las broncas las monta en casa y luego se va al lupanar a lamentarse de que la parienta no lo comprende, y le pide a la sacrificada trabajadora del sexo unos arrumacos como Dios manda. Paga con la tarjeta de la empresa o del ayuntamiento, eso sí, pero no lo filman en el menester ataviado de Mari Fe de Triana o de generalísimo de todos los ejércitos.
Tal vez va siendo hora de tomar el toro por los cuernos y de evitar esos desarreglos contables incluyendo en los presupuestos de las administraciones públicas la correspondiente partida para vicio y desenfreno. Y que los contratos con las empresas del amor venal se seleccionen con los rigurosos criterios de la Ley de Contratos del Estado. Se publican en cada caso las condiciones de trato que se requieren y que presenten las casas de alivio las correspondientes ofertas, todo en pro de la(s) transparencia(s). Es más, se podría ir pensando en crear unas empresas públicas de la cosa venérea o, al menos, con capital mixto y presencia de representantes de la sociedad civil en los consejos de administración. Las dietas podrían cobrarse en masajes y los puestos directivos se asegurarían con tratos blindados. Para cubrir los puestos laborales en dichas empresas del amor púb(l)ico no habría más que aplicar los sistemas de promoción interna actualmente vigentes en nuestras administraciones, puros concursos restringidos, computando con generosidad los servicios ya prestados en tales menesteres y primando algún detalle adicional, como los idiomas (francés, etc.). O sea, como lo que hay ahora, pero un poquitín más a las claras.

El desgobierno de lo público. Por Francisco Sosa Wagner

(Publicado en El Mundo, 1 de abril de 2008).
Una carencia del panorama bibliográfico hispano es la referida al análisis de nuestras instituciones, del sistema político y de sus claves de funcionamiento. Lo contrario ocurre en Francia donde entrar en una librería es un gozo para los aficionados a este tipo de literatura. En Italia ha hecho furor en fechas bien recientes un libro titulado La casta, que ofrece las vísceras del sistema parlamentario con crudeza quirúrgica. En la misma Alemania, donde el hombre de pluma en ristre es bastante más circunspecto, en los últimos años, sin embargo, es de ver cómo se arraciman títulos golosos que abarcan tanto el estudio del cuerpo del poder político como de las pústulas que padece el sistema federal.
Por el contrario, en España, en las obras de fácil acceso (otra cosa son los libros de texto para universitarios), no existen explicaciones sencillas, solventes y atractivas, bien escritas, de la Constitución y de la maquinaria institucional; mucho menos estudios comprometidos de la fea realidad que se halla agazapada tras el texto legal, es decir, de sus engaños y fraudes. Dicho de otra forma: no hay clases de fisiología, menos de patología. Ni siquiera las épocas electorales, como la que acabamos de vivir, parecen propicias para ofrecer estos frutos. Claro es que por estos pagos se lleva más la sal gruesa del mitin donde, en lugar de las divinas y latinas palabras valleinclanescas, lo que se esparcen son esos conjuros mágicos con los que los oradores administran el santo sacramento del truco y la trápala.
Menos mal que siempre hay excepciones estimulantes. Una de ellas -hay más pero quedan en círculos muy restringidos- es la obra que acaba de publicar Alejandro Nieto titulada El desgobierno de lo público. A los lectores amantes del género que podríamos llamar de acoso y derribo de los tópicos, el nombre de Nieto les suena bastante. Con justicia, porque lleva años publicando libros que disparan sobre el blanco de nuestra realidad institucional, a la que enfrenta a un juego de espejos que, hábilmente desplegado, permite su contemplación in puribus.
El primero de ellos fue La organización del desgobierno, que cosechó un gran éxito; incluso destacados miembros de los círculos gubernamentales lo leyeron con sumo interés. Lástima que el mismo interés pusieron en no hacerle el más mínimo caso y pasaron página como si no hubiera quedado denunciada sin piedad la deforme realidad de nuestras Administraciones. A él siguieron otros como La nueva organización del desgobierno y El desgobierno judicial, una crítica de nuestro sistema de justicia, de los mecanismos de elección de los magistrados que están en la cumbre de los Tribunales, de la contaminación política que ya nadie se molesta en disimular. En fin, no queda títere con cabeza en las páginas que al gobierno de los jueces dedica Nieto. Lectura imprescindible para las personas a quienes aburren las insulsas palabras del lenguaje institucional, abismo de vacuidades, cueva de Montesinos de todos los encantamientos verbales.
Ahora, en El desgobierno de lo público, lo que trata de averiguar Nieto es «si la Monarquía constitucional nacida en 1978 constituye un auténtico sistema democrático o si, por el contrario, se ha desviado en la perversión de un desgobierno». Que el autor diferencia, por un lado, del mal gobierno al definirlo como «el establecimiento o fijación de unas políticas públicas erróneas», por otro, de la mala administración que sería «su gestión o realización desacertada». El desgobierno supone, por el contrario, «una condición distinta puesto que lleva consigo la nota de intencionalidad y no la mera ignorancia o incapacidad que provocan un mal gobierno o una mala administración».
Si el lector juzga este juego de conceptos poco provocador, allá va este otro referido a las técnicas de manipulación con que desde el poder se nos obsequia a los ciudadanos: «Gracias a ellas puede desgobernarse descaradamente bajo la cobertura de un sistema formalmente democrático. Los monarcas y los caudillos absolutistas no aceptaban el presupuesto electoral que para ellos suponía un cierto riesgo de fracaso. La clase política moderna lo acepta puesto que sabe que con unas elecciones debidamente manipuladas (como sucedía hasta hace poco -se refiere a la Restauración-) o con unos electores debidamente manipulados, como hoy se practica, se puede entrar tranquilamente en el juego democrático sin riesgo alguno».
Otro rasgo del «desgobierno» es la personalización en el ejercicio del poder y la recuperación de las relaciones feudales. Los viejos poderes absolutos ligados a un rey, caudillo o gran timonel ya no se llevan. Podría decirse que los caudillos ya no nacen, sino que se hacen, «se fabrican y venden con técnicas refinadas». Lo importante no es la calidad del producto, sino su presentación publicitaria y el hecho de que «el carisma individual y la fuerza hipnótica no dependen tanto del protagonista como del escenario». Consecuencia de ello es que «hoy no hacen falta políticos sino actores». Pues no «vivimos en la edad de la razón sino de la imagen y de la publicidad: mi partido es progresista y lo contrario es fascista y no necesito explicar qué es lo progresista ni qué es lo fascista».
Al estar hoy, además, el sistema político constituido por una red de relaciones personales e intereses singulares, se está poniendo en pie un sistema feudal remozado que conecta a los individuos por intereses de grupo, territoriales y corporativos: «algo concreto se da a alguien y algo concreto de él se recibe».
Ese peligro de feudalización nueva y, por tanto, joven y vigorosa conoce muchas variantes, pero la que más interesa a Nieto es la representada por el partido político que «da a los suyos cargos determinados que ocupar, acceso al poder y protección universal incluso en supuestos delictivos. Y recibe en contraprestación fidelidad y servicios».
Nieto no cuestiona la existencia de los partidos ni cae en nostalgias dictatoriales, tan propias de las críticas a la democracia que se hicieron en los años 30 por plumas totalitarias, de derechas o de izquierdas. Para él «una democracia parlamentaria no puede funcionar sin partidos» pero «lo que hoy se discute es el alcance real de la transformación de una democracia verbal en una partitocracia real que ha significado la transferencia del poder estatal a los partidos y la instauración de un Estado de partidos».
Partidos que lanzan al «abordaje del Estado», de un Estado desideologizado donde «el enfriamiento ideológico se pretende compensar con un calentamiento verbal, con la estigmatización del adversario, con el insulto personal, con la declarada intención de convertir las elecciones no en una lucha política, y mucho menos ideológica, sino en un fenómeno catártico que permite la exteriorización de pulsiones agresivas aunque hayan sido artificialmente provocadas... Por donde se descubre el parentesco entre la confrontación electoral y la deportiva que acompaña a los grandes encuentros futbolísticos». De ahí, añado yo, la necesidad del bipartidismo, porque al balón juegan dos y nada más que dos.
Las estructuras funcionariales, me refiero a las reales, no a las que circulan por la ley que regula el empleo público, o el papel de los intelectuales «incapaces de elaborar un pensamiento sólido al negarse a salir de su surco disciplinar, lo que les impide ganar perspectiva y volumen en una visión completa» son asuntos que, asimismo, aborda Nieto en este ensayo que debe servir para que las mentes se vuelvan flexibles y críticas, de análoga forma a cómo las terapias modernas sirven para recuperar la elasticidad del cuerpo agarrotado. Quien no se sienta concernido por el libro de Nieto es que tiene, en vez del alma de nardo del árabe español, el alma irrecuperable de un subsecretario empedernido.

31 marzo, 2008

La guerra del aire

Agencia UFO. 1 de abril de 2020.- La polémica está servida. El Gobierno de Aragón, de la mano de su Presidente, Marcelino Capillas, ha informado de que próximamente iniciará la construcción de un muro de tres kilómetros de alto y que rodeará toda la Comunidad Autónoma, con el fin de que de esa tierra no se escapen los aires para las Comunidades limítrofes. “En nuestro nuevo Estatuto hay base legal suficiente para esta medida -ha declarado el Presidente aragonés-, pues en él ha quedado terminantemente reflejada la competencia exclusiva de esta Comunidad Aragonesa sobre el aire de sus pueblos y sobre los vientos que de ella arranquen o por ella soplen”. En efecto, el artículo 823 del referido Estatuto, que en esto sigue la pauta primeramente marcada por el Vasco, el Gallego, el Valenciano y el Catalán, dispone que “La Comunidad Nacional de Aragón posee competencia exclusiva sobre... w-23) Los aires, vientos, tempestades y cualquier otra corriente gaseosa móvil que circule de o entre los aragoneses y las aragonesas que se hallen en territorio de la Comunidad de Aragón. Esta competencia será compartida con la Comunidad respectiva cuando el aragonés o la aragonesa que respire, se airee o ventile se encuentre en territorio del Estado que no sea aragonés”. Y añadió el señor Capillas: “Nadie nos va a asfixiar ni a darse aires a nuestra costa”.
El conflicto lleva meses incubándose. Hace un par de años, Cataluña reformó también su Estatuto y sentó en él que los aires que por su territorio transiten o en él se generen por cualquier efecto natural o artificial pertenecen nada más que a los catalanes. Curiosamente, dicha norma figura en el capítulo del Estatuto rotulado como “Derechos lingüísticos y competencias de que la lengua catalana”. La Exposición de Motivos, en su página 588, aclara esta aparente peculiaridad sistemática, al señalar que, puesto que las palabras se las lleva el viento, deben los vientos catalanes ser controlados por los poderes públicos de esta Comunidad, “únicos legitimados para administrar ese vehículo aéreo por el que se transmiten los sonidos de la noble y siempre dulce lengua de nuestros próceres y próceras”.
De hecho, esa medida del Estatuto Catalán, que, a mediados de su cuarto mandato, fue saludada por el Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, como una conquista para los derechos históricos de los respirantes catalanes y una prueba más de que la vertebración del Estado está por encima de los cuatro elementos”, hasta hace poco sólo había dado lugar a gestos simbólicos. Entre los mismos, los más sonados fueron la colocación en las aduanas de entrada a Cataluña de carteles con la inscripción “De aquí en adelante respirarás catalán” y la creación de la "Empresa Pública Catalana de Buenos Aires”, que comercializa globos rellenos de aire nacional y con la efigie de Marta Ferrusola, medida ésta que se justificó con el argumento de que esa señora sí que tenía aires de catalanidad hasta en el refajo.
El enfrentamiento, por el momento dialéctico, surgió a raíz de la creciente contaminación de Barcelona por causa de las treinta desaladoras instaladas en sus costas. Una primera medida del Gobierno de la Generalitat, consistente en repartir escafandras pintadas con los colores nacionales, no tuvo en la población la respuesta esperada, pues muchos ciudadanos consideraron que tal adminículo dificultaba grandemente el típico beso “a torniquet” entre las parejas autóctonas. De ahí que el Consejero de Medio Ambiente, Albert Perales i Oviedo, presentara el proyecto de enviar al Moncayo aragonés unas cubas con capacidad para transportar a Cataluña hasta cien metros cubiquets de aire fresco. Pero el Gobierno de Aragón sembró de tachuelas los accesos a sus puertos y montañas, alegando el artículo correspondiente de su Estatuto (923), a tenor del cual, es propiedad irrenunciable de los aragoneses cada accidente orográfico de la Comunidad, así como sus vías de acceso y cada gesta montañera que allí acontezca. Como medida de presión sobre la Comunidad vecina, el Presidente catalán, honorable Pep García i Cazorla, llamó a los catalanes a acudir cada fin de semana a la frontera con Aragón y proceder allí con las mayores aspiraciones.
Ante la inquietud que en el conjunto del Estado, antaño España, se generó por estos hechos amenazadores para el tradicional consenso interterritorial, el Presidente Zapatero convocó una reunión de Presidentes de Comunidades Autónomas, de la que salió un importante documento cuya principal conclusión, adoptada por asentimiento, es que cada Comunidad debe aspirar nada más que de lo suyo y que se creará un fondo interterritorial de bombonas de oxígeno para las situaciones de emergencia. A la salida de tal reunión, el Presidente Zapatero declaró, satisfecho, que había vuelto a quedar bien patente la sólida unión entre las naciones que componen el Estado: “Estamos tan estrechamente unidos que ni el aire circula entre nosotros”.
El problema surgió a la hora de hacer efectiva dicha medida, pues, como es sabido, las competencias sobre bombonas habían sido previamente trasferidas a las Comunidades Autónomas. De hecho, uno de los asuntos que han tenido más ocupado en los últimos tiempos al Fiscal General del Estado, señor Duque Pompero, es el del tráfico ilegal de de aire. Hace apenas dos meses, varios integrantes del clan gallego de los Charlines han sido detenidos por traficar con vientos de la Costa da Morte, que vendían a precios astronómicos en chringuitos ilegales de Madrid, Barcelona y Ciudad Real. Ayer mismo el juez Grullón ordenó la incautación de varios cargamentos de brisas del Cantábrico que se hallaban almacenados en una antigua herriko taberna de Hernani, se cree que con el propósito de brindarle un respiro financiero a ETA.
El muro que pretende levantar el Gobierno de Aragón ha sido fuertemente contestado por varios grupos ecologistas, preocupados por las dificultades que las golondrinas hallarán a la hora de superarlo en su anual migración. “Tendrán el aire, pero no habrá pájaro que ponga allí un huevo”, ha declarado a la Cadena Ser el portavoz de Ecologistas Autonómicos, Xuan Elvin Gaviota. La réplica aragonesa no se ha hecho esperar y la Consejera de Medio Ambiente de esa Comunidad, doña Jennifer Mosquera, ha explicado que están en estudio sofisticados sistemas que permitan el paso de las golondrinas por unos ventanucos hechos a tal propósito en el muro. “Pasa el pájaro, sin que se escape el aire”, ha declarado al cierre del Congreso Internacional sobre Globalización y Libertad de los Pueblos, celebrado en Teruel el pasado fin de semana.
Al tiempo, en el debate ha terciado la Comunidad Valenciana, con el anuncio de que también construirá un muro, pegado al aragonés, pero por la parte valenciana de la raya fronteriza, para evitar que pase el viento de levante, que tradicionalmente llega a Aragón desde el Mediterráneo y que también se conoce como bochorno. “No nos fiamos de los ventanucos de marras y además sabemos que los aragoneses han encargado a una empresa ucraniana varias centrales aspiradoras”, ha dicho, en improvisada rueda de prensa, el Director General de Corrientes Neumáticas de la Generalitat, don Aquilino Cierzo Bembibre.
Las espadas están en alto. La Presidenta de la Comisión Europea, Carla Bruni, se ha ofrecido a mediar y sus buenos oficios han sido de inmediato aceptados por Rodríguez Zapatero, quien ha manifestado que “la recibiremos con los brazos abiertos, porque la cuestión es espinosa".
Continuaremos informando.

30 marzo, 2008

Más sobre jueces, de un comunicante anónimo

Un anónimo comentarista del post anterior hace unas consideraciones complementarias que me permito traer a primera plana. Se ve que sabe de lo que habla.

Por cierto, lo de que cuente como trabajo en el oficio y puntúe para los ascensos el tiempo que uno se pasa en carguetes y canonjías me recuerda también los muy académicos criterios que en la Universidad se van imponiendo.

Esto nos cuenta el amigo comunicante:

Promocionar a los mejores profesionales a los puestos superiores del aparato judicial constituiría una verdadera revolución, aunque no parece verosímil que suceda tal cosa en la partitocracia que vivimos. Hay magistrados que acreditan en sus sentencias (que es donde deben hacerlo) formación, criterio y conocimiento de los asuntos, pero también lo es que nunca los encontraremos más allá de una Audiencia Provincial, es decir, hasta donde llegan los nombramientos reglados. ¿Cómo van a permitir los partidos políticos que magistrados con criterio e independencia acaben en una sala del Supremo? Esos magistrados (los únicos dignos de tal nombre) no son de fiar: en cualquier momento les puede dar por aplicar la ley, sea quien sea el litigante.

Cuando alguien ingresa en la carrera judicial, a través de cualquiera de las variadas vías posibles, tiene ante sí la siguiente alternativa:

1) Dedicarse a su trabajo con ahínco, intentar mejorar cada día, estudiar sin descanso y servir con ello a los ciudadanos. Este camino conduce conocidamente a la pérdida de la salud psíquica y física, la frustración, la desesperanza, la melancolía y el hastío. Puede incluir, en algunos supuestos, un expediente disciplinario (no es broma).

2) Afiliarse a una asociación (imprescindible), obtener un puesto gubernativo de "letrado" en el CGPJ (es fácil: hay más de un centenar y lo dan por puro enchufe a los amigos). A partir de aquí, las reglas son sencillas: no tienes que poner sentencias, lo que te deja mucho tiempo libre para cabildear, hacer pasillos e ir dándote a conocer entre los que mandan. A la vez, por uno de esos milagros del mundo funcionarial, la ley establece que el tiempo que inviertas, tan provechosamente, en esa situación (“servicios especiales”) se computará como si estuvieras partiéndote el alma en un juzgado de instrucción.

También puedes aprovechar para conocer mundo. Algunos hay en el CGPJ que en los últimos años sólo han sido vistos, fugazmente, en la T-4, porque ¿cómo van a pasar los jueces búlgaros, v. gr., si ellos no les dan una docenita de conferencias, pontificando sobre las sentencias que nunca han dictado y los asuntos que jamás han pasado por sus manos?

Después de unos años en este plan, puedes volver a un órgano jurisdiccional, pero -eso sí- de Presidente de Sala, como mínimo. ¿Qué más da que no hayas puesto una docena de sentencias en toda tu vida? Lo importante es que eres la persona idónea, que nunca vas a fallarle a los que te han puesto ahí. En fin, mejor no seguir con esta vexata quaestio.

Para terminar, ya que me parece imposible -en las circunstancias actuales- la realización de la utopía que propone el post ("los mejores jueces al Supremo”) yo me permito reformularla de forma negativa: ya que los mejores son inexorablemente postergados, al menos que no se nombre a los peores, como viene sucediendo. ¿Nos harán caso? Me temo que no.

Jueces independientes

Cuando se trata de hacer un equipo de fútbol, o una selección, se busca a alguien competente y con experiencia que, como entrenador o seleccionador, haga jugar a los mejores, y los equipos se disputan secretarios técnicos (creo que se llaman así) que vean un montón de partidos de todos los equipos y en todas las categorías y traten de fichar a los jugadores más capaces. Últimamente, por ejemplo, la prensa especializada se hace lenguas de la habilidad de Monchi, en el Sevilla, para localizar perlas futbolísticas que acaban dando un gran rendimiento, al margen del relumbrón mediático y de las revistas de la víscera. Permítase esta comparación solamente para subrayar que en los más altos poderes del Estado no ocurren las cosas del mismo modo.
Legislan unos parlamentarios cuyo mérito más notable suele ser, en la mayoría de los casos, la sumisión y la disposición para bajar la testuz y votar lo que se les mande sin rechistar. Y así salen las leyes que salen y como salen, que hasta la ortografía y la sintaxis sufren últimamente en el BOE, por no hablar de la cantidad de tonterías y simplezas abochornantes que impregnan hoy en día la legislación. Pero concedamos que las leyes las hacen legítimamente los políticos y que a la política se suelen dedicar quienes no tienen aptitudes o ánimo para hacer cosa de mejor provecho o mayor brillo.
Más delicado, aún, es el caso de la judicatura. El poder judicial tiene una estructura marcadamente jerárquica. Se va ascendiendo por antigüedad, pero a partir de cierto nivel las designaciones competen al Consejo General del Poder Judicial. El Consejo General del Poder Judicial lo manejan los partidos, ya que sus miembros los nombra el Parlamento. Decimos Parlamento y suena a legitimidad elevada e interés general. Pero cuando hablamos de elegir a las más altas magistraturas judiciales lo que asoma por debajo de la puerta de las Cortes es la patita de los partidos políticos, empeñados en colocar a sus afines y en promocionar a sus leales. Do ut des. Yo te nombro y tú me sigues la corriente. Se hace realidad el viejo dicho de que más vale caer en gracia que ser gracioso. La profesionalidad queda desplazada por la politiquería de más baja estofa.
Sobre el papel, los ascensos de los jueces podrían dirimirse con estricta aplicación de los principios constitucionales de mérito y capacidad. Además de que la experiencia es un grado y algo han de contar los años de labor, bastaría que alguien con capacidad de juicio y ánimo independiente fuera viendo y cotejando los resultados de su trabajo: las sentencias. Ni más ni menos. Que cuente más el poner buenas sentencias que el hacer muchos pasillos.
Quienes tenemos el vicio de leer jurisprudencia nos hacemos cruces en muchas ocasiones al comprobar qué peregrinos razonamientos, qué escasa perspicacia, qué patadas a la lógica y al diccionario y qué lamentable rigor técnico presentan muchas sentencias. En otras ocasiones la impresión es la opuesta y, se esté de acuerdo con el fallo o se discrepe, pues la materia jurídica tiene siempre mucho de opinable, complace hallar jueces que argumentan con pericia, les dan a las leyes el trato que se merecen –que nos merecemos los ciudadanos- y demuestran una sólida formación, amén de independencia de juicio y capacidad para sobreponerse a presiones y guiños. Pero más nos escandaliza comprobar, una vez sí y otra también, que suelen progresar más rápido muchos jueces escasamente escrupulosos en su trabajo y que compensan su poco celo o su débil capacidad profesional con abundancia de relaciones públicas y complaciente gesto ante quienes mandan. Con las excepciones que vengan al caso, por supuesto.
Deberíamos reflexionar un poco sobre la perversa analogía que se ha establecido entre el ascenso de los militares al generalato y el acceso a los más altos tribunales judiciales. De entre todos los coroneles que han superado el correspondiente curso de general y cuentan en su hoja de servicios con los méritos mínimos que la ley marca, el gobierno decide a cuáles elevar a generales, con decisión que tiene mucho de decisión política, aunque, al menos idealmente, no sea meramente política. En este caso puede estar justificado, pues de los mandos supremos del ejército cabe pedir no sólo preparación profesional, sino también determinadas actitudes y ciertas lealtades al poder legítimamente establecido –que no es lo mismo que al partido de turno, dicho sea de paso; pero en fin-. Pues el ejército, en suma, no ha de ser un poder independiente, sino bien sometido al poder civil. Pero ¿y los jueces? Ahí la situación debería ser la inversa, pero es la misma. Los magistrados integrantes del Tribunal Supremo, de los Tribunales Superiores de Justicia, y hasta de las Audiencias, nada tendrían que deber a la decisión discrecional de los políticos -o de sus delegados en el CGPJ- y, sentado que en su curriculum figuren méritos bastantes y que su trayectoria no tenga obvia tacha profesional, nada más que su pura capacidad como sentenciadores solventes tendría contar para su promoción. ¿Por qué no se crea una JUANECA, pero en serio? O que se fiche a Monchi.
Pero quién le pone el cascabel el gato. La alternativa que se suele ofrecer al nombramiento descaradamente político por un Consejo General del Poder Judicial integrado por secuaces serviles de los partidos políticos es que la batuta pase a manos de las asociaciones judiciales, que son grupos de presión también politizados y que vienen a cumplir un papel similar al de los sindicatos de la función pública: apoyar a los suyos, y al interés general que le den morcilla.
Al parecer, para la elección de los más altos guardianes de nuestros derechos las únicas alternativas son que decida Drácula o que elija Frankenstein. Pues no, invéntese lo necesario para que se seleccione simplemente a los mejores. Si es posible en el fútbol, más o menos, ¿no ha de serlo en la judicatura?

29 marzo, 2008

Los malos y nosotros, que somos tan buenísimos

Se ha vuelto a armar la tremolina con el caso del asesino de la niña de Huelva. Resulta que tenía una pena pendiente de cumplir, precisamente por abusar de su hija, y nadie se preocupaba de echarle el guante. Al parecer, el juez que lo había condenado no se enteró de que seguía cazando libre, pues la funcionaria que tenía que hacer las cuentas estaba de baja y nadie la sustituyó. Como para no preocuparse ahora, con la cantidad de funcionarios que hay de huelga y el tiempo que llevan así.
Que no funciona a veces el aparato judicial es una cosa. Qué hacer con los delincuentes fácilmente reincidentes es asunto bien distinto, aunque parece que se los quiere mezclar estos días. Hace un rato escuché en una emisora las declaraciones de un psicólogo experto en resocialización y problemas penitenciarios. Decía que, gracias al tratamiento que en la cárcel reciben delincuentes sexuales de este tipo, las probabilidades de reincidencia cuando vuelven a la calle son sólo del cinco por ciento, y que, sin tales tratamientos, serían del veinte. El pueblo llano no se allana, sino que se tira de los pelos, jaleado por comunicadores y tertulianos. ¿Qué se debe hacer?
Sigamos ese juego como si tuviera sentido. De cada cien delincuentes que cumplen condena, aun con los tratamientos mejores y más efectivos, cinco volverán a las andadas. Asesinarán niños, violarán, cometerán crímenes atroces. Vistas así las cosas, la situación es preocupante. Pero de cada cien, noventa y cinco se reintegrarán ordenadamente en la vida social y evitarán en el futuro esas tentaciones. Esos noventa y cinco no tendrían ninguna oportunidad si su cadena fuera perpetua.
La chusma lo tiene clarísimo: cadena perpetua, como mínimo, para todos los autores de esos delitos graves. O sea, anulemos las posibilidades de resocialización de más de nueve de cada diez de ellos. El que la hace una vez, que la pague para siempre. La Constitución no lo ve así, pero ya nos vamos acostumbrando a tratar desenfadadamente con la Constitución. El pueblo es inclemente, al menos mientras no le toque ir a la trena al pariente o amigo de uno; entonces sí invocamos el humanitarismo y los derechos penitenciarios. La ley del embudo es el rasgo más notorio de nuestra idiosincrasia.
Rechacemos los excesos punitivos y pensemos qué hacer con ese otro cinco por ciento de irrecuperables. Es muy fácil reclamar que ésos se queden a la sombra para siempre. El problema está en que hablamos de números, de puras estadísticas, pero ni se puede saber con exactitud quién va a reincidir ni tiene demasiado sentido confiar en dictámenes de supuestos expertos.
Todo se reduce a una opción entre riesgos. La política de resocialización tiene un precio, la posibilidad de que reincida el que cumplió la pena razonable. La mano dura tiene otro riesgo, el derivado de una sociedad en la que el error se paga de por vida y el delincuente recibe el puro estatuto de animal. Con lo primero aumentan nuestras posibilidades de ser víctimas de delitos; con lo segundo, nuestro riesgo de ser víctimas del Estado, el peligro que para todos supone vivir en una sociedad autoritaria, vengativa y cruel.
Es una elección de cada cual. Como lo es la de querer vivir bajo un derecho que ofrezca garantías a todo acusado o bajo un sistema que sólo pretenda quitarse de en medio por la brava tanto a culpables como a meros sospechosos. En un sistema penal con garantías aumenta el riesgo de que sean absueltos culpables; en uno sin ellas, el de que sean condenados inocentes. Cuando la sociedad se rasga las vestiduras porque algún acusado de delito grave es absuelto, parece que prefiere lo segundo. Mucho ponerse en el lugar de la víctima, pero muy poca afición a sopesar qué significa que a alguien lo condenen sin pruebas bastantes o a penas que lo anulan como persona y para siempre, sin vuelta de hoja.
Para los buenos liberales (cuidadín, he dicho buenos liberales, no fachorros camuflados en las ondas o progres de consigna y lo que convenga para las próximas elecciones), la vida es riesgo y mejor ser víctima de un conciudadano que víctima del leviatán estatal. Las mentalidades autoritarias prefieren que papá Estado mate a todos los malos y que el paso por este mundo sea para el resto un puro descanso, esa pacífica convivencia de las ovejas dentro del cercado. Está bien, pero, ya puestos, ¿por qué no quitamos de la circulación a todo el que mata, y no sólo a niños o mujeres indefensas? ¿Por qué no encerramos para siempre también a todo el que roba? ¿Y a todo el que hace el salvaje al volante de un automóvil? Y, claro, ya puestos, demos el paso siguiente y librémonos del mismo modo de los que tienen una pinta amenazadora o un modo de vida que nos inquieta. Y, con todo ello, ya tendremos el tipo de sociedad que añoran los autoritarios, que son legión: una sociedad de borregos, una sociedad infantiloide, un asco de sociedad.
La administración de justicia debe funcionar, la ley debe aplicarse en sus propios términos, sin zarandajas ni truquitos para ricos o famosos, los comportamientos más odiosos deben tipificarse como delitos y ser perseguidos como tales, al reincidente se le debe cobrar más cara su obstinación. Y así tantas cosas. Y quien sea responsable de que el asesino de Mari Luz no estuviera cumpliendo su pena, seguramente el juez, que sea sancionado, ley en mano. Pero cada uno de nosotros, antes de pedir el paredón para los malos, la cárcel a perpetuidad para los descarriados o que en la puerta de cada casa vigilen tres policías armados hasta los dientes, deberíamos mirarnos en el espejo, recordar nuestra escasa santidad y aquel desliz que no nos pillaron, considerar ese aspecto tan poco amable y ortodoxo que tiene un hijo nuestro, o un hermano, o un amigo del alma; o pensar qué debe hacer con nosotros la justicia si un día, por error o mala fe, todo un barrio nos acusa de violadores o pedófilos.
Lo malo de tanta persona de orden y tanto autoritario inflado es que, como dicen en mi pueblo, “el cagau non se güele”.

28 marzo, 2008

Partidos

Llama la atención la naturalidad con que casi todos acabamos aceptando que los partidos políticos no sean más que entramados férreamente jerárquicos, sin más función ni mayor capacidad que la de bailarle el agua al supuesto líder de turno, más o menos carismático. Dice la Constitución, en su artículo 6, que los partidos políticos “son instrumento fundamental para la participación política” y que “su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Amén. Tan democráticos como los plebiscitos que organizan los dictadorzuelos, como aquellos referendos de cuando Franco. Aquí, como en tantas cosas, la Constitución es papel mojado, por no decir otro tipo de papel.
Del dicho al hecho va un gran trecho en este tema. Algún partido intenta de vez en cuando organizar primarias y que los militantes elijan a sus jefes. Buena manera de alborotar el gallinero que, se supone, tiene que actuar disciplinadamente y como una sola mujer. Algún avispado, además, quitó la escalera después de llegar a la gloria por esa vía. Otros, como Aznar, simplemente nombraron digitalmente al llamado a recibir los trompazos y al grito de palabra de Dios, te alabamos, señor.
Las decisiones capitales de los partidos, al menos de los mayoritarios, las medita el capo en la intimidad y luego las refrendan los organillos correspondientes. Los programas y objetivos van de arriba hacia abajo, los marca el sumo pontífice y los asimilan, sí o sí, los cuadros y las bases. No hay debate, no existen compromisos previos ni más alternativas que la santa voluntad del jerifalte. Éste sólo piensa qué es bueno para ganar elecciones y los subordinados piensan que si se ganan las elecciones habrá de donde ordeñar y carguitos para todos. Puros grupos de intereses son esos partidos, máquinas electorales, abrevaderos para trepas y comedero para sumisos.
Y ahí vemos al PSOE y el PP ahora mismo. Los primeros en tensión para ver a quién designa Zapatero para estar a su vera y a la vera de la vera y, sobre todo, qué ocurrencias le van a venir, por su cuenta y a riesgo de todos, para salir con bien de la legislatura. No hay más programa que su santo propósito; la consigna, hágase su voluntad en toda la legislatura. Puede subir un impuesto, bajarlo o suprimirlo, sin que se inquieten los fundamentos ideológicos; puede diseñar el modelo de Estado como si la Constitución fuera una chaqueta reversible. Y así todo. La única diferencia notable con una dictadura es que hay cada cuatro años plebiscito, digo, elecciones. Y el PP a la expectativa de lo que ande tramando Rajoy a su aire, de si pone a éste aquí o allá y si decide hacer una oposición más templada o más furiosa. Las bases no emiten mandatos, sólo los reciben, los militantes sirven solamente para jalear a sus dirigentes y abuchear al rival, haga lo que haga.
Las ovejas andan como locas en pos del lobo. Y les va como les va. Y así nos va. Pero es lo que hay y líbrennos los dioses de ir a peor. Porque sí se puede ir a peor y no es descartable. Chávez y compañía son el modelo secretamente admirado por la mayoría de los que mandan y de los que acatan. Incluidos los simples votantes.

26 marzo, 2008

El que con Bruni se acuesta...

Al pobre Sarkozy le crecen los enanos. Que no pierda, pues, la esperanza. Ahora aparece su flamante señora en pelota picada, en fotos de hace quince años que se van a subastar en Chiristie´s como si fueran una obra de arte.
Miro y remiro la foto de muestra que sale en los periódicos y me rasco la cabeza sumido en el desconcierto. Quizá nos da la clave para entender su repentino amor por don Niko, pues se ve que esa mujer ha pasado mucha hambre. ¿Y qué me dicen de la postura? Esa manera tan natural de colocar las manos como si se le estuvieran cayendo las vergüenzas, ese pie al desgaire, resultado seguramente de alguna juvenil contractura. Esa cara de pasión. Una mujer así exhala fogosidad, no me digan que no. O se sentía incómoda por la contorsión. Y los pechos divorciados y como haciendo por pasiva la apología de una política de centro que evite esos sinsabores de los extremos.
Para gustos colores, ciertamente. Y uno, ya madurillo, le va cogiendo apego a los clásicos, a las viejas rotundidades, a las féminas sin pasteurizar. Los extremos son viciosos, y perniciosos los excesos cárnicos, pero esta estética de campo de concentración con pelas me parece que sólo les va a políticos de derechas de origen húngaro y aviesas intenciones.

Reconozcan humildemente los varones que se han puesto a pensar en el pequeño Sarko enredado en dos vueltas y media de brazos de la Bruni, rogándole que enderece el pie y sonría un poco, aunque sea de mentirijillas; y ella que cuidado con ese hueso y que si no preferirías, amor, un poquitín de látigo o que nos comiéramos unas ostras con champán delante de la tele, y él que no, pero sácame el esternón del ojo, que me estás lisiando con tu óseo arrebato.
De todos modos, los franceses nos llevan muchos revolcones de adelanto. Aquí unas humildes ministras se retratan todas vestidas para Vogue y se arma la gran escandalera. Qué pasaría si se rifaran por ahí fotos en bolas de las señoras de nuestros prohombres o los esposos de nuestras promujeres. Figúrense, doña Ana Botella, en tiempos, como Dios la trajo al mundo, más el IVA, haciendo con las manos la gaviota sobre el vientre; o doña Sonsoles bajo una sombrilla y a punto de tomar un baño de multitudes. Para fotos de ésas, aquí no saldríamos de Zerolo, que se repite más que el ajo, y, por supuesto, de Albert Rivera, que empezó despelotándose en los carteles y se ha ido quedando en pelota en las urnas.
En esta España nuestra no hemos conseguido todavía ni contemplar a Zapatero en bañador y, en cuanto a señoras políticas, no pasamos de los molares de la Chacón. Cuesta una barbaridad imaginárselos a todos, conservadores y conservadores, en plena crispación corporal y sin soltar discursos. Prometía bastante Cascos, pero no pudo con la fama y nos dejó a medias, antes de que los obispos le arrearan un par de excomuniones. También el Guerra, cuando entonces, amagaba, pero treinta años calentando escaño no hay cuerpo que los aguante y hasta mudo se nos ha quedado.
Diputados y senadores deberían hacer exposición de carnes, además de declaración de bienes. Muchos ciudadanos cambiarían el voto por aquello de que no puede haber mens sana en esos cuerpos y cuerpas tan dejados de la mano de Dios.
Se dice que las fotos de la Bruni tienen un precio de salida (con perdón) de tres mil dólares. Cosas de la inflación. Deberíamos promocionar a nuestras santas; o a nosotros mismos. En cuatro sesiones, media hipoteca resuelta. Y con más arte.

25 marzo, 2008

Universidad: resta y sigue

Si a este que suscribe le tocara hoy comenzar su carrera de profesor universitario, probablemente no la comenzaría. Dicho sea con todo el dolor de un vocacional. Pero, si no hubiera manera de ganarse la vida honradamente de otra forma o tuviera un pariente dentro con mando en plaza y que me metiera en el fregado con buenas perspectivas, diversificaría mi curriculum con cosas que vaya usted a saber si no puntúan un montón el día de mañana: petanca, crochet, punto de cruz, bordados regionales, jota, tiro al plato y caza en ojeo. No vaya a ser que después de Bolonia venga Torrelodones y tras la ANECA la CONCACA.
Aquella carta de inquietud por los nuevos baremos para la acreditación de titulares y catedráticos se envió a la Menestra con firma de 769 profesionales mosqueados, pero sin ánimo de crispar. La revista Science (volumen 319, número 5869 de 14 de marzo de 2008, página 1472. Un resumen en castellano se puede ver pinchando aquí) se hace eco de la civilizada protesta y de la opinión de los hacedores ministeriales, que dicen no hay para tanto y que verás qué contentos todos cuando se reparten acreditaciones a diestro y siniestro; sobre todo a siniestro. Francamente, me da igual. Soy uno de los firmantes de la carta, pero sé que en cuanto haya un puñado de acreditados se dirá que jamás de los jamases hubo sistema más ecuánime y objetivo. Luego se le hacen unos mimos al rector local y a vivir, que son dos días. Si yo fuera rector, me iría poniendo muda limpia y tomando Ciripolen, ante la avalancha de pretendientes de buen ver y dispuestos a todo que se avecina.
Al tiempo, un querido amigo me envía un artículo de El Periódico en el que Manuel Cruz, catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona, se escandaliza ante las jubilaciones anticipadas de profesores de prestigio que hacen mutis sin que la santa institución se inquiete lo más mínimo. Hay que hacer sitio y lo importante es que se vayan unos para que se acomoden las nuevas hornadas de candidatos cargados de méritos pedagógicos y variadas frivilités. Lo que enfada al articulista es que catedráticos con el prestigio de Jordi LLovet o Felipe Martínez Marzoa tiren la toalla, sin que la Universidad lamente la pérdida ni dé las gracias por los servicios prestados. Se necesita hueco para la savia nueva y lo mejor es que se largue el sabio viejo.
Esto de las prejubilaciones del profesorado universitario, sobre lo que críticamente escribía también hace unas semanas nuestro amigo Sosa Wagner, tiene su miga. Los que están supuestamente en activo y no aparecen por su Facultad más que cinco o seis días al mes no se van a prejubilar, porque para qué. Sólo se cansan los que tratan de cumplir honradamente y se topan con que los tiempos no están para romanticismos. El que se esmera desespera.
El referido articulista osa afirmar que la culpa del encanallamiento universitario que soportamos la tienen aquellos penenes de antaño, que tanto lucharon por su estabilidad laboral. Delicado asunto, pero ahí sale una palabreja que se las trae: estabilidad. Hace tiempo que es dogma de fe que todo joven profesor contratado tiene un derecho natural a la estabilidad laboral. Ahí está la madre de todos los excesos. Ni estabilidad laboral ni leches. Al inútil, al zángano, al descarado, al ignorante, al plagiador, al jeta, al que no aprobaría ni el más elemental examen de culturilla general se le debería poner de patitas en la calle. Pero no, se le procura estabilidad, no vaya a ser que proteste y se le complique la vida a algún rector que aspira a culminar su carrera académica como concejal de turismo o director general de deportes regionales.
Como la consigna es estabilidad y aquí paz y después gloria, aunque no sea gloria académica, el sistema se desdobla y se procura que quien no se acredite para funcionario pille al menos contrato estable. Y, claro, falta sitio. Pues que se larguen los viejos a cultivar geranios en su casa. Sobran neuronas y faltan poltronas.
Puestos a renovar plantillas, sería más razonable controlar la producción científica de los catedráticos y titulares con canas y echar con viento fresco y jubilación forzosa a los que llevan diez años y un día sin dar palo al agua o torturando al prójimo en carguetes de chupatintas. Pero no, ésos se quedarán para dar ejemplo a las jóvenes generaciones. Los necios se conjuran para consolidar su monopolio. Y a los jóvenes bien capaces y esforzados, que son muchos, se les tiene hasta los cuarenta años en régimen de mileuristas bajo promesa de que un día tendrán estabilidad si van acumulando carguetes y cursitos pedagógicos. Y acaban agradecidos y en pleno síndrome de Estocolmo.
Pues que les den. A todos. Y el último que tire de la cadena.

24 marzo, 2008

Dulce vida práctica

Este lunes ha hecho de lunes, y eso que no tocaba trabajar. Pero, para empezar, se me ocurrió meter un albañil en casa. Son cosas que nos conviene hacer de vez en cuando a los que vivimos leyendo y de leer, para ver lo que se cuece ahí fuera; o la que se puede armar en la propia casa. Nada, no se preocupen, una obrita sencilla, unos azulejos en la terraza y poco más. Y el albañil, buena gente. Y confianzudo.
Fíjense cómo empezó la mañana. A la primera de cambio el buen hombre me pregunta si tengo una broca larga, tan larga como para atravesar una pared del copón. Contuve el primer impulso, el de decirle aquello de usted, señor mío, por quién me toma, y simplemente le respondí que no. Esta gente no se da cuenta de que con una broca así un tipo como yo hasta puede herirse gravemente. Todavía si fuera una vaca...
La culpa de todo la tienen los manitas, que son una plaga moderna. Se les suele ver en la sección de bricolage del Carrefour y, a los más viciosos, en los almacenes de puro bricolage, como Leroy Merlin, que no en vano tiene apellido de mago. Salvajes. Los conozco que, cuando los visitas, hasta te llevan al trastero para que les veas las herramientas. Cochinos. A tipos como un servidor les entra herramentofobia –si se puede decir así-, pero ellos imperturbables y venga hacer ostentación de taladros, llaves de todos los números, martillos de cualquer calibre, alicates como de tortura y hasta desbrozadoras. ¿Y qué me dicen de ésos que son capaces de pasarse tres fines de semana seguidos sacándole brillo al delco de un Simca 1000 de cuando se iba al campo para todo?
Y, claro, como hoy en día los paisanos tienen de todo en casa, los albañiles se acostumbran a llegar a broca puesta y a trabajar con instrumental ajeno. Creo que, si uno se descuida, hasta confían en que sea el propio pater familias el que vaya colocando los ladrillos, bajo su atenta dirección. Seguro que hay varones felices así, ilusionados por lo que aprenden de trabajos manuales.
Además está la manía de ir contándole a uno los pormenores técnicos. Este mismo de hoy se gastó diez minutos en explicarme por dónde y cómo había que atravesar la pared de marras para sacar fuera la conexión para un enchufe. Que si pones la broca así, que si agujereas asá, que si pasas el cable de tal manera. Y yo rascándome la urticaria con creciente impaciencia, amagando huidas, invocando la prisa, el frío y las ganas de orinar. Como si nada, no entendía que prefería irme rápidamente a leer un cuento de Onetti o a reflexionar sobre si será verdad que el dolo está en el tipo. Cuando se dio cuenta de que el arte de la perforación de muros no era lo mío, decidió explicarme su última y deliciosa obra, consistente en una rampa de un garaje construida con unos materiales antideslizantes de no sé qué gaitas. ¡Socorro! Mañana me esconderé o fingiré unas fiebres altísimas y me quedaré en la cama. Espero que no se arrime a describirme cómo se lija un ladrillo o cómo se engrasa el somier.
Como convenía despintarse de casa, con la que estaba cayendo, decidí acercarme al taller para cambiarle al coche las pastillas del freno, pues el chivato ya no sabía cómo guiñarme para que me compadeciera del pobre vehículo. Había pedido cita previamente y comparecí a la hora indicada. Como no las tenía todas conmigo, iba armado de bibliografía para pasar el rato: un libraco titulado “Responsabilidad objetiva y nexo causal en el ámbito sanitario”. Cielo santo. Me leí casi cien páginas y así se me puso este humor de perros, como es lógico. A quién se le ocurre. Al menos me sirvió para tomar una firme decisión vital: no iré al médico en mucho tiempo y ni atado permitiré que me operen de nada. Qué cantidad de sentencias sobre órganos mal amputados, tenacillas olvidadas en el hígado y anestesias para caballo erróneamente administradas a humanos que ya descansan en paz.
Pero narremos el evento por su orden. Llego al taller y me dicen que en tres horitas estará listo el coche. ¿Pese a que tengo cita? Sí, es lo que se tarda, me cuenta el jovenzuelo de la recepción. Hago mis cálculos y concluyo que no me merece la pena regresar a casa en el intervalo, pues el taller de los líos está en el quinto pino y los taxis de León cobran treinta euros y la cama por bajar la bandera. Me acomodo en la sala de espera, saco las gafas y el libro y el recepcionista me indica que él me avisa en cuanto esté concluido el arreglo. Me pongo a leer y tengo la bendita suerte de que a mi lado se sienta una señora con bebé. No invoco a Herodes por obvias razones de mi paternidad reciente, pero pienso que, ya puestos, me podía haber llevado yo a mi Elsa para contraatacar y hacer una guerra en condiciones.
Pasan dos horas y media y nadie se acuerda de mí. Me dirijo al mismo recepcionista y me deja seco con las siguientes preguntitas: ¿qué desea? ¿ya lo atienden? Uno de esos momentos en que te dices lo de date por jodido. Y aciertas. Que soy el de las pastillas, le digo. Él sólo responde con un ¡ah! y sale corriendo hacia la calle, se mete en mi coche, que casualmente estaba allí, y lo lleva a toda velocidad al taller propiamente dicho. O sea: no sólo se había olvidado de mí, también de mi coche, de las pastillas y hasta del año en que vivimos.
Me salen rugidos variados, espumarajos y expresiones con las que jamás ganaría unas elecciones en este país, por crispador y antipatriota. Me consuela otra empleada, quien me confiesa que a su compañero se le olvidó por completo mi asunto y que cómo está el servicio. Le digo que cómo es posible, que qué manta y que dónde se protesta, y me replica, amable y consternada, que en diez minutos me lo hacen. Que le ponen las pastillitas al coche, quiero decir. Y yo que cómo que bastan diez minutos si el otro cantamañanas me había dicho que dos horas o tres, y ella que es que van a poner un operario en cada rueda, dada la emergencia. Mira qué bien, nunca mi coche había vivido semejante orgía mecánica. Eso sí, al ir a pagar me regalaron una tarjeta para un lavado gratuito, tarjeta que, al parecer, ni caduca ni nada. Di las gracias por inercia y luego me arrepentí.
Las ocho. Llego a casa de vuelta, entro sigilosamente y ¿quién creen que me localiza a través de la ventana del porche? Carajo, el albañil. Me hace una seña, salgo pensando que es que me dice adiós y no: era para contarme cómo había cortado los azulejos y con qué arte había colocado los cantos al bies para que la parafusa no colisionara con el ángulo muerto; o algo así. Antes de despedirse nos insiste en que sus herramientas son muy valiosas y no pueden dormir a la intemperie. Así que nos las deja en la cocina, que ahora talmente parece el trastero de cualquier vecino manitas.
Estoy por irme a cenar a casa de mi suegra, fíjense si es grande la desesperación.

23 marzo, 2008

Jueces y huevos. Por Francisco Sosa Wagner

Lo cierto es que a los tribunales de justicia se les ocurren a veces cosas pintorescas. En lugar de dedicarse a fallar pleitos de cierta sustancia y poner providencias llenas de estética forense, se meten en asuntos en los que sus atribuciones son dudosas. Tal ha ocurrido con esos magistrados italianos que han prohibido a sus compatriotas tocarse los huevos en público, una decisión que plantea problemas bastante peliagudos cuyo esclarecimiento se impone.
Por de pronto será necesario convenir que, aplicando la regla “exclusio unius, inclusio alterius” (excluida una cosa, incluida la otra), es lícito el toque de huevos en privado, es decir, en la soledad e intimidad del domicilio inviolable. Tal tocamiento se ha declarado libre y cada uno puede entregarse a las manipulaciones y frotamientos que tenga por conveniente. ¿Sin límite alguno? ¿Sin fronteras morales ni límites de conciencia? ¿se confía pues la entrega a tales partes íntimas tan solo a los dictados de la costumbre del lugar y de los usos tradicionales?
Más aún, señores jueces: ¿están equiparados el autotoque y el heterotoque? ¿sí a la satisfacción personal, pero no en cambio al socorro que alguien nos presta? Y, al citar a ese “alguien” ¿vale cualquiera o hay que excluir a los parientes? ¿a cuáles? ¿sí a los consanguíneos, no a los agnaticios?
Se está viendo, a poco que se medite, que estamos encadenando cuestiones y eso sin entrar en profundidades. ¡Qué no haría alguien versado en los intríngulis de la lógica! Estamos, me temo, ante preguntas que ni uno de esos pensadores de cabecera que hay ahora lograría contestar de una manera satisfactoria.
Porque adviértase que, por esta vía indirecta y como quien no quiere la cosa, se ha proclamado nada menos que la libertad del toque privado de huevos, una conquista a añadir a las libertades de la Revolución francesa y de la Carta de la ONU, ninguna de las cuales había reparado en esta esfera de la autonomía humana. Tampoco nuestra Constitución, que pasa por moderna y guay, alude a este asunto, incorporado ahora a ella por la vía jurisprudencial que estamos aquí analizando. Ahora bien ¿tal derecho es de los que permiten acudir en amparo ante el Tribunal Constitucional? ¿tiene un “contenido esencial” o va por el mundo sin tal contenido esencial, un poco a la deriva? Son todos distingos de los que nos habíamos visto libres hasta que ha surgido este barullo. Y bastante inquietud origina ya interpretar las miles de sentencias que evacuan a diario los tribunales para tener ahora que meternos en estas que nos importaban un huevo.
Como argumento para deshacer este embrollo se me ocurre el más contundente y que consiste en averiguar si tienen competencia los jueces para hacer tal declaración o han incurrido en exceso de jurisdicción.
Por ahí debe venir la solución al damero: a mi entender, los jueces son sencillamente incompetentes para pronunciarse tanto sobre el toque público como -mucho más- sobre el privado, expresivamente llamado vicio solitario. Esta materia pertenece al Ordinario del lugar, es decir, a la potestad episcopal y, llegado el caso, a la Oficina del Penitenciario apostólico, sita en la ciudad del Vaticano. Son estas autoridades las que pueden decidir con solvencia sobre los huevos, sobre el alcance del tocamiento y, en su caso, sobre la alegría pacificadora del perdón.
Pero los jueces por favor que no nos toquen los huevos.

22 marzo, 2008

Realismo mágico bolivariano

El carácter humano es tornadizo, eso ya se sabía. Si el humano de turno es político bien nutrido de ambiciones, para qué decir. Si es dictador o sabandija que se le parezca, se añade el poder cambiar de opinión cuantas veces se quiera, sin que nadie le tosa y por el gusto de que se vea clarito quién manda. Súmese todo esto y a lo mejor nos da para creer que entendemos una miaja de cómo a menudo en la alta política de baja estofa muchos abrazos acaban en guerras y lo que iba para guerra termina en abrazos y piquitos.
Un caso bien palpable lo tuvimos las pasadas semanas en aquel encontronazo con final de comieron perdices entre Venezuela y Colombia, que es tanto como decir entre Chávez y Uribe, con un tal Correa, de Ecuador, pugnando por meter cabeza en la foto como sea y llegando tarde a todos los dichos.
Los hechos del caso, si la memoria no me falla y puesto que estoy tratando de aprender a vivir sin google, los recuerdo así. Los colombianos, que deben de tener las guerrillas de allá más infiltradas que el PP de Rajoy, descubren que las FARC han puesto campamento en suelo ecuatoriano y que por allí pasea Raúl Reyes como Pedro por su casa. Este Raúl Reyes era un mandamás de esa guerrilla tan humanista y redentora. Si no me equivoco, hace años hasta habló aquí en el Congreso de los Diputados o, al menos, habló a los diputados de aquí, muchos de los cuales debieron de pensar que era un vendedor de carburantes o cosa parecida. Me parece que hasta se entrevistó con el Papa, dentro de aquella gira diplomática suya. Pues bien, a Uribe Presidente se le hinchan las narices ante tal descubrimiento, manda bombardear aquel campamento y las bombas se cargan a Raúl Reyes, lo cual es en todo el mundo noticia mucho más relevante que cuando Raúl Reyes hacía que las FARC pasasen por las armas a pueblos campesinos enteros, en nombre de la liberación de los pueblos, precisamente.
Al Presidente de Ecuador le llega la noticia cuando está en la tele tratando de imitar a Chávez y largando y largando, también para liberar a su pueblo, esta vez el ecuatoriano. Dice que un momento, que hay una noticia y que va a mirar a ver, y luego vuelve y cuenta que un bombardeo de nada y que pelillos a la mar. Más tarde lo piensa, se cabrea y retira a su embajador en Bogotá, que es la forma en que un Estado se cisca en madre patria ajena, y más cuando la patria ajena ha bombardeado la suya.
El que se rebota de inmediato es Chávez, quien dice que ojito, manda tropas a la frontera con Colombia y amenaza con desencadenar una nueva plaga venezolana que se lleve por delante hasta el lucero del alba. De Chávez sabe hasta el apuntador que tiene alojada en su territorio venezolano a media guerrilla colombiana, incluidas temporaditas en Isla Margarita con mojito y mulatona para la dirigencia revolucionaria, se supone que para que esa vanguardia de los oprimidos repase las últimas posturas del materialismo dialéctico. Para colmo, el ejército colombiano, ya puesto a revolver más allá de su frontera, da con el ordenador portátil de Raúl Reyes. Hoy en día un jefe guerrillero sin portátil es como un político español sin consenso: se lo merienda la historia. Y dicen que en el portátil aparece un puñado de cartas que se intercambiaban don Raúl y don Hugo, melosas misivas bolivarianas prometiéndose el oro y el oro para cuando la revolución libertadora se hubiera consumado, a la fuerza, en el cuerpo de sus pueblos y sus naciones.
Suenan bélicos tambores en las selvas y los llanos, el trópico se pinta la cara con los colores de la guerra y los respectivos pueblos se aprestan para aplaudir a sus selecciones militares. Y hete aquí que, de un día para otro, Chávez dice que aquí no ha pasado nada, que no ha sido para tanto, que él siempre amó a Uribe por encima de todas las cosas y que se acabó el devaneo guerrillero. Venezuela y Colombia se reconcilian y se encaman con amor tan súbito como desenfrenado. ¿Qué habrá sucedido? ¿Se le calló a Chávez la venda y ha visto los colmillos de la banda? Raro, raro.
Lo primero que se le ocurre un mal pensado es que en esos documentos que se incautan a las FARC debía de haber más que guiños de pasión revolucionaria. Que quién sabe dónde le habrán pillado la mano metida al tontón de la boina roja, el cual, temeroso de que le llegue el chivatazo al director de la escuela, allá arriba, en Gringolandia, opta por dejar de incordiar a la seño y por hacer los deberes como un aplicado alumnillo que aún no ha dado ni un golpe.
Pero no, maledicencias. La explicación es mucho más simple y hoy la recoge algún periódico colombiano. Para aplacar el berrinche del tal Hugo, el Presidente colombiano recurrió a tres vírgenes y ellas obraron el portento. No es lo que usted está pensando con esa mente tan sucia y preconstitucional, no. Cierto que el titular es engañoso (“Con ayuda de tres vírgenes Uribe buscó la solución a crisis entre Colombia, Ecuador y Venezuela”), pero no. Y un servidor no va a hacer ni un maldito chiste malo, no sea que le caigan, otra vez, tres meses y un día de insultos colombianos y le digan que le van a arrancar la piel allá por no entender que aquél es un país pacífico y tolerante. Así que ciñámonos a los puros hechos. Las vírgenes en cuestión fueron la de Coromoto, la de Las Mercedes y la de Chiquinquirá, de las que Uribe es muy devoto, como de muchísimas otras.
Así que ya saben, si no hubo guerra fue de puro milagro.