04 septiembre, 2006

Parábola invertida de María Teresa y el lobo.

María Teresa era el mayordomo (¿mayor doma?) de una extensa finca que administraba amorosamente por delegación de su amado amo y donde pastaban unas ovejitas amorosas y muy dulces. Cerca vivía una gran colonia de lobitos buenos. Los lobitos pasaban hambre y contemplaban siempre con comprensible envidia los ricos pastos y los rebaños de María Teresa y su amo.
Un día, el más atrevido de los lobitos se animó a saltar la cerca ruinosa que cerraba la finca de María Teresa y su amo. María Teresa lo miró muy seria y dijo: lobito, que no se vuelva a repetir, aquí nadie puede entrar sin mi permiso. El lobito agachó la cabeza y María Teresa no hizo más. Así que el lobito se quedó.
Al poco fueron varios los lobitos que se aventuraron y siempre los reconvenía María Teresa: esto no puede ser, debéis estar en vuestro bosque. Y le gritaba al jefe de la manada, que la miraba desde el bosque: oye, lobo, que no vengan más. Ya te mando yo de vez en cuando un poco de carne y unos torreznos. Pero lobito que llegaba, lobito que se quedaba.
Así, en éstas, fueron pasando los meses y los lobitos. Que no vengan más, rogaba María Teresa. Y el jefe de la manada de lobitos le respondía: vale. Y saltaban otros mil la cerca, que a estas alturas estaba ya hecha unos zorros. María Teresa no la reparaba porque se habían pasado de moda las cercas y no resultaba fino levantar unas nuevas. Eso sí, a la propiedad de las fincas ninguno renunciaba.
Un día eran ya tantos los lobitos en la finca que María Teresa se salió de sus casillas y a voz en grito dijo:aquí ya no se cabe, así que se acabó el cuento, no entrará ni uno más. A su alrededor, sentados muy formales, la escuchaban los lobitos. Y el jefe de los lobitos la oía desde el bosque, mientras se daba un banquete con las viandas que le habían enviado los lobitos de la finca.
A todo esto, el amo, que era un filósofo algo incomprendido, no se cansaba de soltar sus cabalísticas frases, como “es importante dar su importancia a lo importante” o “el enfado provoca enfado y si nos enfadamos estaremos más enfadados” o “estamos de acuerdo en que es importante estar de acuerdo, por lo que estarán de acuerdo conmigo en que estamos de acuerdo”. Lo escuchaban arrobadas las ovejitas. Y los lobitos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Como canta el rapero : "escucha mis parábolas son para volar ..."
Lo que no cuenta Vd profesor en esta magnífica parábola es si al final hubo alianza de civilizaciones entre ovejitas y lobos.
Y sólo destaca Vd como elemento diferenciador "el hambre" y olvida otros elementos culturales que son imposibles de aceptar para ambas civilizaciones.
Y lo de ¿las cercas?

tumbaito dijo...

¿María Teresa cuidaba ovejitas? ¡Leñe!¡No sabía que las ovejas fuesen tan hijas de puta!

Más que ovejas parecen cobras. ¿Quien velará por los pobres lobitos?

el necroscopio dijo...

Muy bueno y tienes toda la rázón. Te falta sólo decir que Mª teresa amenazaba inútilmente a los lobitos con que iban a venir los cazadores (la UE) no?

Un saludo.

tumbaito dijo...

¡Uy! ¡No sé yo si inútilmente!