12 septiembre, 2005

Usaquén en domingo



Una mañana de domingo en Bogotá merece una escapada a Usaquén, al norte, hoy una parte de la ciudad, antes su límite. Se transita por la Séptima, que tiene los domingos una de sus calzadas convertida en "ciclovía" y es la imagen misma del disfrute ciudadano.
Usaquén es un remanso de casas bajas y coquetamente pintadas, con restaurantes acogedores, aceras llenas de vendedores de todo y esquinas en las que estratégicamente se colocan cada domingo los que tienen que colocar cachorros de cualquier raza canina imaginable.
Usaquén tiene tiendas secretas, auténtico recreo para el comprador calmoso, privilegio para iniciados. Son un abigarramiento de los objetos más diversos, pero algún extraño arte de la disposición de las cosas consigue que no nos atosigue el escaso espacio. Y el color. Estamos acostumbrados a las tiendas de antiguedades en las que predomina la oscuridad del ambiente, de los objetos mismos y hasta de un tiempo presente en los objetos y que por doloroso es oscuro. Y aquí no. Los objetos más heterogéneos, y hasta decrépitos, tienen color y luz, infunden buen ánimo en el que los contempla; es como si el tiempo se acompasara a otros ritmos y su tránsito no doliera. No son cosas muertas. Estas tiendas tienen más de recopilación de versos que de cementerio de cosas, de verbena para los sentidos que de mausoleo para coleccionistas. Pero nunca veo que vendan nada. Tal vez son museos clandestinos. Auténticos museos, sí, no como lo que se ve por ahí.
Y, para acabar, imprescindible darse una vuelta por el mercado de las pulgas (rastro) de Usaquén, donde uno puede encontrar las más sugerentes artesanías a un precio excelente. Y comer en puestos al aire libre con los lugareños que mejor saben vivir, porque no son ricos y aún entienden de sabores y de los nombres de las cosas.

11 septiembre, 2005

Atardecer en La Candelaria (Bogotá)

Hoy mismo, sábado 10 de septiembre, La Candelaria tenía este aspecto poco antes del atardecer y contemplada desde el Hotel de la Ópera. La Candelaria es un rincón tremendamente atractivo, vivo y sorprendente de esta Bogotá de resonancias hostiles, pero tan plácida en algunos de sus lugares más secretos.
La Candelaria resume esa personalidad doble de Bogotá, que puede hechizar y horrorizar a un tiempo. Contemplando esta calle de la fotografía, que sube hacia los cerros desde la Plaza de Nariño, me ha venido a la mente una fascinante novela que acabo de leer, La piel fría, de Albert Sánchez Piñol (Edhasa). La historia que cuenta transcurre en un islote antártico, en el que los dos protagonistas, únicos habitantes, viven plácidamente durante el día, pero reciben cada noche la visita de seres marinos de aspecto semihumano, que los acosan y pretenden devorarlos. De la misma manera, quien pasee en horas de luz por la Candelaria podrá abandonarse a la ensoñación de que se encuentra en un viejo pueblo castellano, o en una pequeña ciudad criolla que conserva un ritmo pausado y un gusto por la vida que se recrea en casas de comidas bien recogidas y con poso de décadas, propicias para la conspiración o el amorío, mientras en las empinadas calles hay tráfago de alumnos de las muchas universidades que en los alrededores se concentran.
Y sin embargo... Y sin embargo cuando cae la noche otros habitantes toman las calles, como salidos de las profundidades más oscuras de una ciudad que esconde miseria y muerte. Ahora mismo, mientras escribo con la ventana abierta, pasa un joven decrépito que grita amenazas a los fantasmas que deben de atosigar su espíritu. Nunca he conseguido averiguar las claves de ese pulular nocturno de figuras desesperadas y pobres, amenazadoras para el visitante, y hasta para el nativo. No puedo evitar sentirme, aquí en mi hotel, como aquel oficial atmosférico de la novela, encerrado en el faro y aprestándose a resistir los embates de los que le parecen enemigos y monstruos, y que seguramente no son más que otros, sólo otros, otros que acobardan y atraen a un tiempo.
Pero son pensamientos de extranjero. Porque aquí el extranjero soy yo, como eran los extranjeros, en verdad, aquellos oficiales atmosféricos que se defendían en el faro.

09 septiembre, 2005

Quihubo. Nos vemos en Colombia

La semana que viene toca pasarla casi toda en mi querida Bogotá. País de locos maravillosos, Colombia, donde es perfectamente imaginable que antes de darle a uno el tiro de gracia le digan, muy cortésmente, qué pena con usted, le aseguro que no es nada personal. Hay todo un género literarario sobre sicarios, con buenas obras como Rosario Tijeras, de Jorge Franco, o, muy especialmente, La Virgen de los Sicarios, de ese salvaje iconoclasta, maravilloso escritor, que es Fernando Vallejo. De las dos se han hecho películas. Pero conviene leerlas.
Y, sin embargo, Bogotá tiene sitios maravillosos y horas en las que se puede pasear sin peligro ninguno. Y Colombia toda es una joya ya sólo para iniciados.
Para peligro de verdad, una autopista española a las dos de la madrugada de un sábado.
Conozco más colombianos asaltados en España (sin contar a los obreros colombianos diariamente atracados aquí, muchos, por sus patronos) que a españoles que hayan tenido problemas en Colombia. Aunque no conviene dar papaya, que dicen por allá. Pero eso en ningún sitio, tampoco en Wall Street.
Aquí lo dejo por hoy. Prometo que contaré algo de cómo se ven las cosas por allá estos días.

Penas y delincuentes

J.A. García Amado
Publicado en La Nueva España, 1 de julio de 2005.

Supongamos un par de casos. Una persona de mal carácter golpea a un vecino al que odia. Le produce graves lesiones y es condenada a pena privativa de libertad. En aplicación del régimen de beneficios penitenciarios legalmente establecido, dicha persona cumple una parte de la pena y cuando le toca salir de prisión las autoridades caen en la cuenta de que no sólo no está arrepentido de lo que hizo, sino que ha dicho en alguna ocasión que el vecino golpeado es mala gente y merece que le zurren. ¿Estaríamos de acuerdo en que a dicho condenado se le impidiera la salida de prisión y se le mantuviera así hasta que se arrepienta, pida perdón o asegure que no volverá a agredir a su vecino? Para muchos resultará tentador decir que sí, que así debe ser, pero quiero pensar que será por inadvertencia sobre las "tremendas" consecuencias que tal política tendría para todos los ciudadanos. Otro ejemplo. Ponga que usted, aficionado a los licores de alta graduación, un día se toma unas copas de más y provoca un accidente con víctimas mortales, e imagine que le condenan como responsable de un homicidio por imprudencia. Cuando el cumplimiento de su condena está finalizando, las autoridades constatan que sigue siendo usted miembro de la sociedad de amigos del orujo y crítico con las normas que reprimen el consumo de alcohol por los conductores. Así que la autoridad judicial dispone que siga usted en prisión hasta que conste fehacientemente que ha cambiado de opinión y que nunca querrá volver a emborracharse. O sea, para siempre, pues cómo se prueba que uno en el futuro no va a hacer determinada cosa, por mucho que diga.
Esos modos de proceder no son nuevos. Bajo el nazismo, los delincuentes que eran mal vistos por los jerarcas del régimen cumplían las penas de cárcel a las que eran castigados por sus delitos y, cuando finalizaba su reclusión ordinaria en prisión, a la salida de la cárcel los esperaba la Gestapo para conducirlos a los campos de concentración y evitar así todo peligro futuro de que reincidieran o, simplemente, dieran mal ejemplo a la sociedad. Mucha gente cree aún hoy que la sociedad viviría más segura si las leyes permitieran que determinados delincuentes permanecieran encerrados de por vida o hasta que con seguridad supiéramos que no van a repetir sus delitos. De lo que no se dan cuenta es del serio peligro que todos corremos cuando las garantías penales y procesales se sacrifican en pro de la obsesión por la seguridad. En estos tiempos en que, sin diferencia de partidos, la ley penal se manipula por puro afán electoralista, se hace particularmente urgente recordar a los ciudadanos algo que es consustancial al Estado de Derecho: que las garantías penales y procesales no están para dar privilegios o ventajas al delincuente, sino para protegernos a todos nosotros, pues hay algo aún más temible que unos cuantos asesinos, reales o potenciales, en la calle, y eso más temible es un Estado no sujeto a los frenos legales y a salvaguardias tales como el principio de legalidad penal, el debido proceso, el derecho a la defensa y la presunción de inocencia. En un Estado de Derecho nadie puede ser condenado o aislado por lo que un día pudiera llegar a hacer, sino sólo por lo que ya hizo. Y la pena es expiación de la falta pasada, pago de la deuda con la sociedad por el mal causado, no sanción por una forma de ser que a la mayoría no le agrade o profilaxis a cuenta de las hipotéticas acciones futuras de aquellos a quienes más tememos. No hay que remontarse muy lejos para saber a qué lleva la histeria de la seguridad y el uso incontrolado de los instrumentos del Estado. Sólo hay que pensar en el franquismo, en el Chile de Pinochet, la Argentina de Videla, la Alemania de Hitler, la Unión Soviética de Stalin, la Rumanía de Ceaucescu, etc., etc.
O en Guantánamo hoy. Porque tiene gracia escuchar a tanto progre que critica a Bush, con toda justicia, por mantener el campo de concentración de Guantánamo, y proclama a continuación que los asesinos de ETA no deben salir de la cárcel cuando marca la ley, sino cuando no sea de temer que vuelvan a las andadas. Igual que resulta chocante escuchar al actual Ministro del Interior afirmar que es "tremendo" que cierto preso terrorista, condenado por sus crímenes a varios miles de años de prisión, salga de la cárcel al cabo de dieciocho, dejando de lado en tales declaraciones cosas tales como que el referido Ministro es juez y, por más señas, miembro de una asociación judicial que opuso sus críticas a la ley que en la legislatura anterior estableció para los terroristas el cumplimiento íntegro de las penas. ¿No le tocaría a él, por su triple condición de miembro de un Gobierno democrático, juez y persona progresista, recordarle a la sociedad para qué sirve la legalidad penal y que las cárceles en democracia no pueden ser un campo de concentración para encerrar a los que los gobiernos o la sociedad consideren peligrosos, sino los lugares donde los ciudadanos cumplan, con todas las garantías, las penas legalmente establecidas por lo que han hecho, y no donde se los aísle a cuenta de lo que un día podrían hacer, o hacer de nuevo? Porque cuando se abre esa espita se comienza encerrando a los terroristas que pueden volver a asesinar, se sigue con los que pueden hacerlo un día por primera vez y se acaba reprimiendo a todos los que no piensan como le parezca bien al dictador de turno. Al paso que vamos, y si no conseguimos detener la demagogia imperante, acabaremos levantando campos de concentración en cada Comunidad Autónoma. Y más de un hijo nuestro acabará encerrado ahí porque algo que dijo un día o la melena que lleva o el tatuaje que se puso lo hacen sospechoso de poder llegar a atentar contra algún bien esencial de nuestra sociedad.
Sí, estoy hablando del escándalo provocado por la posible libertad del terrorista De Juana Chaos. No me cabe ni la más mínima duda de que se trata de un sujeto de la peor calaña, un asesino absolutamente despreciable y un fanático degenerado. Pero sus derechos son los mismos de todos los demás, por la cuenta que nos tiene a todos los demás, si queremos, precisamente, vivir tranquilos y no temer al Estado más que a nadie. Podemos debatir sobre cuánta debe ser la pena que se aplique a los terroristas y en qué proporción deben cumplirla. Y me parece perfectamente legítima la postura de los que piden mano dura, penas más altas y cumplimiento íntegro, siempre que lo hagan desde el respeto al principio de legalidad y a las garantías procesales. Porque una cosa son los contenidos de la ley penal y penitenciaria, y otra, más importante aún, los principios con los que se aplica. Y según la esencia misma de esos principios, a cada uno se le aplica la ley penal que estaba vigente en el momento en que cometió su acción y sólo la ley favorable se puede aplicar retroactivamente. Si empezamos a saltarnos esas barreras acabaremos un día no muy lejano arrepintiéndonos, porque habremos comenzado así a alimentar, paso a paso, al más peligroso terrorismo de cuantos han existido en la historia moderna: el terrorismo de Estado. Para mi vida y mi libertad es más conveniente que ese canalla salga cuando le toca según la ley, buena o mala, que el mantenerlo encerrado para siempre al margen de ella o contraviniéndola. Aunque parezca mentira. Es lo que nos enseña la historia.

Amigos con cuento (I) A. Fierro

Callos fríos a la leonesa
A. Fierro.

Tenéis que reconocer que, a veces, las cosas vienen mal dadas. Que no es que el santo no lo tengamos de cara, sino que viene de culo o atravesado y dando hostias. Que a los pequeños dioses caseros y familiares, manes, lares, penates, de vez en cuando se unen los hijoputatis, que son unos primos jaraneros y calaveras que se divierten horrores gastando bromas pesadas. Además, queríamos que todo saliera bien. Era la cena con la que despedíamos el verano. Que todo transcurriera en un ambiente de sosiego y melancolía, como el tono de los artículos de Julio para el periódico que tituló “Veraneo interior”.

Ayer, ya tenía yo que haber intuido unos pequeños desequilibrios en la fuerza que hacían presagiar estas tragedias caseras. Para empezar, después de unos hermosísimos días de calor soportable y frescor a la anochecida, amaneció nublado y chispeando. En el telediario de la 3, hablaron de que el Katrina se había revuelto un poquito y que podía empezar a bufar de nuevo. Esto lo dijeron antes de que le dieran el Príncipe de Asturias a Fernandito Alonso que, por cierto, el otro día estuve en Oviedo comiendo con un amigo e hice la prueba y no me lo podía creer: si pronuncié tres veces su nombre a tres interlocutores distintos, los tres tenían algo que ver con el muchacho: o habían ido con él al colegio, o conocían mucho a una prima, o el chaval mayor suyo era colega porque compitió –y alguna vez lo ganó- cuando, de pequeñinos, corrían juntos en los karts. En fin, una cosa asturiana y no grave, porque me gustaría saber a mí qué pasaría si hoy mismo, cuando salga a tomar los vinos, hago la prueba con ZP.

Estábamos, digo, con lo del epicentro. Pues bien, al atardecer se descolgó con estruendo de su pared en el salón el cuadro de Emiliano. Ya sé que el nuevo marco es frágil y no aguanta el peso del cristal, pero mira tú por dónde tenía que ser ayer precisamente. Luego, en la tele dijeron que Morientes se había lesionado en vísperas del trascendental partido contra Serbia-Montenegro, antigua Yugoslavia, como bien explicó Milosevic, el delantero centro.

Pero hoy, sin embargo, hasta que comenzaron las llamadas de teléfono, nada hacía presagiar tanto renglón torcido. De hecho, Mar y yo organizamos todo sin contratiempo alguno. Yo madrugué y estuve dibujando un buen rato. Tenía ganas de usar un pincelito nuevo. Dibujé mi mesa de trabajo en la que aparece desplegado un mapamundi con las corrientes oceánicas. Es un motivo simbólico y globalizador que le vendrá bien a la blog de Toño Amado, cada día más internacional. Luego, leí un par de horas “Vida de Rossini”, de Stendhal. Mar, creo que anduvo limpiando, y a eso de las doce me llamó para ir a comprar los callos.

Nada, digo, hacía suponer los dramas familiares de la tarde, aunque siempre podemos sacarle punta a cualquier anécdota: Recordé, al anochecer, cuando ya estaba abrumado y sentado solo en la enorme mesa del comedor, que un borrón de tinta china casi había arruinado mi dibujo y me había tenido rascaqueterasca un buen rato y que Stendhal lleva a rajatabla su teoría del medio y que las pasiones cálidas, su expansión, el ocio contemplativo sólo se dan en los soleados climas meridionales y hoy también había amanecido nublado.

El primero en llamar, a eso de las seis, fue Sendo. Estaba desolado, no se lo podía creer: el caminante de casi cuatro metros de alto que tenía en el taller, dándole los últimos retoques y casi a punto para volver a colocarlo en la plaza de Astorga, se había incendiado de nuevo. No se explicaba cómo había ocurrido. Lo más probable era que el obrero que había estado a última hora de la mañana para aplicar unos puntos de soldadura y que fumaba como un carretero hubiera dejado una colilla sin apagar y que tanto papel, disolventes, y demás enseres apetecibles al fuego, hubieran hecho panda y salido de marcha en busca de emociones fuertes.

El Jacobeo se quedaba otra vez huérfano de uno de sus símbolos. Sendo, que tenía que recoger a Gus, lo llamó contándole el fregao en el que andaba y éste, después de serenarse pegando unas voces al más hermoso estilo asturianín, agarró la moto y en menos que se reza un credo, enfiló hacia San Justo para retratar las pavesas y no sabemos si a consolar a Sendo o mandarlo al guano, que depende del día que tenga.

Eran las dos primeras bajas.

A las siete y pico, fue Tacho. Acababa de llamar Marisa, que había comido fuera y acababa de llegar a casa y acababa de recoger una notificación de la Universidad que le anunciaba la fecha del nuevo examen de su oposición y estaba histérica perdida. Tacho, que es un profesional, le dijo que tuviera calma, que en cinco minutos estaba con ella. Cogió el portátil, donde tenía copia del recurso y salió a la calle pensando que de ésta entraban en el Guiness si conseguían anular por cuarta vez la convocatoria. Estaba contento. Ya en camino, se puso a tararear “bella figlia dell’amore, /schiavo son de’vezzi tuoi; /con un detto sol tu puoi/ la mie pene consolar”. Casi se le olvida llamarnos para decir que no podía venir, que le dejásemos lo suyo en un taper.

Como no hay dos sin tres y las desgracias nunca vienen solas, estaba yo gritándole a Mar, que había subido a regar en las terrazas de arriba, “¡sólo faltaba que…!”, cuando sonó el teléfono. Julio y Cecilia llamaban desde Urgencias. Cuando estaban saliendo desde la casa de La Mata, a Julito se le había antojado traer el pato. Le dijeron que no y cogió un berrinche. Cecilia discutió con Julio y le hizo ver que no pasaba nada por darle el capricho porque en un par de días estarían en Madrid y allí el pobre niño tendría que sujetarse a las espartanas reglas y horarios de la vida escolar. Volvió Julió al patio, Julito corrió detrás y Gastón, el enorme samoyedo, desde el otro extremo del jardín, hizo lo propio loco de contento y arrollando a Julito, que cayó mal y hasta que no les dieran las radiografías no sabrían si la muñeca izquierda tenía algún problema serio. Vamos, que aquello iba para largo y que Julio, con la navaja que le había regalado Yuma, estaba en ese momento partiendo un cachín del postre que iban a traer para la cena, porque eran casi las nueve y le había entrado hambre.

Mar se ha sentado frente a mí en la mesa del comedor. Está muy bonita con flores y velas. Mar también está guapa, alta y delgada. Pensé que iba a echarse a llorar, pero le ha dado una risa nerviosa. Yo, que llevo el día intelectualizándolo todo, estoy serio como una patata. He recordado el poema de Pessoa “Dobrada à Moda do Porto”. El poeta se enfada, pero no protesta porque es un mindundi; no los come, no pide otra cosa y se va a dar una vuelta. Pero hace un hermoso poema, “Un día en un restaurante, fuera del espacio y del tiempo, me sirvieron el amor como unos callos fríos”. Pero a mí, ahora, con un cabreo del ocho, lo que menos se me ocurre es escribir nada y aquí quería yo ver a don Fernando, porque lo suyo, al fin y al cabo, sería una ración de nada y esto son más de dos kilos.

A. Fierro.

Miércoles, 7 de septiembre de 2005.

08 septiembre, 2005

MANIFIESTO APÓCRIFO POR UN NUEVO NACIONALISMO ESPAÑOL

Los abajo firmantes, profesionales de distintos sectores y naturales de o residentes en diferentes ciudades y pueblos de Castilla-León, Castilla-La Mancha, Cantabria, Asturias, Andalucía, Extremadura, Murcia, La Rioja y Aragón, queremos manifestar lo siguiente:

1. En el marco del actual y candente debate sobre la organización del Estado Español, la idea de pertenecer, en tanto que ciudadanos, a una entidad jurídico-política llamada España no sólo no nos molesta, sino que hasta nos agrada, y ello sin perjuicio de nuestra interna diversidad y de nuestros vínculos emotivos y lealtades con el terruño de cada uno.

2. Creemos que es positivo que un Estado tenga arraigo nacional auténtico, de modo que las estructuras políticas y jurídicas se engarcen sin distorsión con un imaginario colectivo común y unas señas de identidad compartidas, por lo que es deseable y queremos para nuestro Estado una mayor uniformidad, dentro del respeto máximo a las libertades individuales. En esto, nuestro sentimiento como españoles es plenamente coincidente con el que respecto de sus naciones vienen manifestando catalanes o vascos, por ejemplo, y de ahí que, como se verá, nuestro apoyo a su segregación se base en sentimientos nacionales perfectamente parangonables a los suyos y respetuosos de ellos.

3. Consideramos que el hecho de que del Estado Español formen parte naciones, nacionalidades, comunidades o regiones cuya idiosincrasia, lengua y sentir no encajen sino forzadamente con los que a nosotros nos aglutinan en nuestro común sentimiento de españoles, produce una doble tensión, por no decir injusticia: les obliga a ellos a convivir bajo estructuras jurídico-políticas comunes con nosotros, a quienes sienten distintos y considerablemente ajenos, y nos obliga a nosotros a convivir de la misma forma con ellos, a quienes también tenemos por considerablemente ajenos y distintos.

4. Todo lo anterior nos lleva a propugnar una revisión constitucional profunda que permita revisar y reestructurar territorialmente el Estado llamado España, de forma que en él no permanezca ninguna comunidad, nacionalidad o nación que no lo desee, y de forma también que ninguna comunidad, nacionalidad o nación se vea obligada a convivir en él con otras que le son extrañas y distantes.

5. A tal fin, defendemos que respecto de todas la Comunidades Autónomas en las que consistente y reiteradamente se haya manifestado un espíritu nacionalista de corte independentista o similar se organice un referéndum sobre su permanencia como parte del Estado español. Opinamos que tal referéndum debe tener lugar tanto en cada una de ellas como en el resto de lo que actualmente es el Estado español, a fin de que unas partes y otras puedan manifestar su voluntad de permanecer juntos o separarse.

6. Proponemos que pase a quedar segregada del Estado Español toda Comunidad en la que los votos en ella emitidos y partidarios de la separación sean más que los de la opción contraria, así como toda Comunidad respecto de la que los votos emitidos en el resto del Estado y partidarios de su segregación sean más que los de la opción contraria.

7. Si tales consultas populares se llevan a cabo, desde este mismo momento anunciamos que propugnaremos que quienes, como nosotros, son partidarios de un Estado español políticamente cohesionado, jurídicamente moderno y económicamente competitivo voten en contra de la permanencia en el mismo de las Comunidades que no comparten nuestras señas de españoles o que, compartiéndolas, reiteradamente dan muestras de malestar, aprovechamiento o deslealtad.

NOTA: ESTE DOCUMENTO ES UNA PURA INVENCIÓN, POR SUPUESTO. Y UNA BROMA. PERO PUEDE INVITAR A MEDITAR SOBRE ALGUNOS DETALLES IMPORTANTES: ¿POR QUÉ, SI “A” Y “B” NO SE ENTIENDEN Y SI “B” QUIERE SEPARARSE LEGALMENTE, HA DE INSISTIR “A” EN QUE DEBEN SEGUIR JUNTOS? ¿POR QUÉ NO PUEDE TOMAR “A” EN CONSIDERACIÓN PARA SÍ MISMO LAS RAZONES QUE ADUCE “B” PARA QUERER VIVIR SOLO? ¿TIENE LEGITIMIDAD “A” PARA MANTENER CONSIGO A “B” CONTRA SU VOLUNTAD? ¿PERO NO LA TENDRÍA TAMBIÉN PARA TOMAR LA INICIATIVA Y DECIR QUE SÍ, QUE SE VAYA “B” Y QUE TAMPOCO “A” QUIERE SEGUIR CONVIVIENDO? ¿SI SE ES ESPAÑOLISTA O NACIONALISTA ESPAÑOL –SUPONGO QUE NI LA LÓGICA NI LA DECENCIA EXCLUYEN ESTA OPCIÓN DE ENTRE LAS ADMISIBLES Y LEGÍTIMAS- ¿NO RESULTARÁ MÁS COHERENTE QUERER QUE EL ESTADO ESPAÑOL SE BASE EN UNA NACIÓN Y NO EN UN CONGLOMERADO DISPAR Y MAL AVENIDO?
¿A QUIÉN MOLESTARÍA MÁS, EN SU CASO, ESTE HIPOTÉTICO MANIFESTO, A LOS NACIONALISTAS ESPAÑOLES EN EJERCICIO – PP...- O A LOS NACIONALISTAS CATALANES Y VASCOS? PROBABLEMENTE A TODOS POR IGUAL, Y AHÍ ESTÁ LA GRACIA
Y LA ÚLTIMA PREGUNTA, ESTA PARA TEÓRICOS: ¿SE PUEDE SER NACIONALISTA ESPAÑOL Y DE IZQUIERDAS? QUE SE PUEDE SER NACIONALISTA VASCO O CATALÁN O GALLEGO Y DE IZQUIERDAS PARECE FUERA DE DISCUSIÓN. ¿ENTONCES? ¿ENTONCES POR QUÉ SON EL PP Y LA EXTREMA DERECHA LOS QUE MONOPOLIZAN LA IDEA DE ESPAÑA MIENTRAS QUE A LOS DE IZQUIERDA QUE ESTÁN A GUSTO EN ESTE ESTADO LES DA VERGÜENZA DECIRLO? ¿POR QUÉ A LOS DE IZQUIERDA NO LES DA VERGÜENZA DECIR QUE SON NACIONALISTAS CATALANES Y SÍ QUE SON NACIONALISTAS CASTELLANOS O NACIONALISTAS ESPAÑOLES? ¿PARA CUÁNDO UN MOVIMIENTO INDEPENDENTISTA CASTELLANO? ¿NO HABRÍA BUENOS ARGUMENTOS PARA UN PROGRAMA, UNAS CUANTAS REIVINDICACIONES Y UN PARTIDO BISAGRA?

Un poco de cuento (breve). IV

Dirty Realism
Úrculo Combarro

Cuando la inspiración decae me imagino que soy un escritor norteamericano que desde la ventana de un motel polvoriento contempla la felación que la vecina de la casa de enfrente le esá haciendo a otro escritor norteamericano que sabe que está siendo contemplado por varios pares de ojos norteamericanos que narrarán el suceso en primera persona (por la parte pasiva del asunto, se entiende), pero con mayor parsimonia de lo que el acto en sí supone e insertándolo en un ambiente de rutinario desencanto, en medio de un vacío existencial de honda tensión dramática, pero con un lenguaje desnudo y cortante, muy lejos de esos tejemanejes triviales del sexo de pago para inspirar a los escritores norteamericanos que miran.

07 septiembre, 2005

Normas

Con el desastre del Katrina andamos perplejos por cosas tales como que en la primera potencia económica del mundo existan tales bolsas de pobreza (¿de verdad no lo sabíamos?) y que un país con tal poder esté en manos de una Administración tan torpe y zafia (eso sí lo sabíamos). Todo eso es bien cierto; y relevante. Pero en lo que no se está reparando suficientemente es en lo que significa que el desastre natural haya hecho a tanta gente retornar a lo que los filósofos políticos llaman el estado de naturaleza.
Algunos aprovechan el desastre y la indefensión para darse al pillaje, los saqueos, las violaciones y el asesinato. Allí donde las comunicaciones se han hecho difíciles y donde la policía no puede llegar o tiene gran dificultad para actuar nace de inmediato un orden espontáneo basado en la pura fuerza y el matonismo. Las normas y pautas civilizadas son a toda velocidad reemplazadas por el mero imperio de los que tienen armas y arrojo y se agrupan para dominar al grupo. Lo fácil es reaccionar ante tal fenómeno con condenas morales elementales y demonizando a los sujetos que así proceden. Pero no estaría de más que la reflexión se tornara un poco más compleja y nos parásemos a reparar en asuntos como los siguientes.
Gran parte del pensamiento político progresista se ha venido basando desde hace siglos en la confianza en la bondad natural del ser humano, cuyas perversiones y peores inclinaciones no serían más que reflejo de una sociedad que, por injusta y opresiva, lo malea. Por contra, los conservadores siempre insisten en nuestra innata ferocidad y en la correlativa necesidad de estructuras sociales fuertes que mantengan a raya nuestros instintos de agresión y rapiña.
Va siendo hora de que la izquierda abandone aquel optimismo antropológico sin renunciar a sus objetivos de democracia y justicia social. Esto significa que la búsqueda de una organización social más equitativa y con mejor democracia no puede apoyarse en la contraposición entre libertad natural del individuo y estructuras sociales opresivas por definición, sino en la idea de que sólo desde unas pautas colectivas bien firmes y asentadas se puede construir un mundo en el que las reglas distribuyan oportunidades vitales para todos, en lugar de que sea la fuerza bruta la que administre las posibilidades reales de cada uno. Esto no supone de ningún modo nostalgia del autoritarismo, sino receta de realismo para todos los que de verdad aspiren a una convivencia mínimamente justa. Las normas sociales (jurídicas, morales, usos sociales) no son todas y por definición opresivas. Al contrario, son lo único que nos puede librar de la opresión a manos de los más fuertes o los más diestros en el manejo de la violencia. Así que tengámoslo claro: ninguna reforma social seria y positiva es posible desde ese acratismo barato que se practica durante las cenas de los sábados en urbanizaciones vigiladas por empresas privadas de seguridad. Libres e iguales sólo podremos ser bajo un entramado normativo bien consolidado y bien administrado. La libertad natural no existe y no hay más libertad que la libertad en sociedad. No toda norma es buena, naturalmente, pero no habrá nunca sociedad buena sin normas firmes. Y una cosa es buscar para las normas los contenidos que hagan mejor nuestra vida y otra, bien distinta, soñar con quiméricas sociedades sin normas.
Por otro lado, el discurso pedagógico de las últimas décadas del siglo XX también bebió de aquel optimismo antropológico. El niño es bueno en sí, y si arrebata de mala manera el caramelo a su hermano o le parte la cabeza al compañero de pupitre es porque ha comenzado a imitar los modelos coactivos y solapadamente violentos que familiares y maestros emplean para inculcarle conocimientos, habilidades y reglas. No, se dice, dejémoslo que a sus anchas se moldee como sus personales inclinaciones le dicten, y veremos cómo se hace una persona feliz y libre que espontáneamente irá reclamando los conocimientos que precisa y asumiendo las reglas que mejor le sirven para convivir en armonía con los demás.
De esos polvos vienen muchos de estos lodos. Qué gran material tendrían los maestros, si quisieran y pudieran, en esas imágenes e informaciones sobre las violencias, robos y abusos en Nueva Orleans tras el paso del Katrina. ¿Pero a cuántos maestros somos capaces de imaginar diciendo a sus pupilos “veis, niños, cómo es muy importante que haya normas que nos organicen y policías y jueces que las hagan cumplir”? Podemos suponer la consternación del director del colegio, las admoniciones del inspector de turno y hasta las amenazas de la asociación de padres. Los más lerdos tacharían a semejante profesor de franquista y lindezas así. Y, sin embargo, son los mensajes que conviene transmitir, reposadamente y haciendo énfasis a continuación en cómo esas normas serán tanto mejores cuanto más democrático y transparente el proceso de su creación. Si no, de la frívola utopía del buen salvaje no quedará en la realidad más que el salvaje a secas. Que es lo que hay.

Derecho y poesía.Antología. IX

no bajo a los infiernos/subo
hasta mi hijo clausurado
en su bondad/belleza/vuelo/
y torturado/concentrado/

asesinado/dispersado
por los dolores del país/
¿algún fueguito crece de
la gran silencio de tus ojos?/

oigo la noche caminar
por tus huesitos/duelen/huelen
a tu menor pisado/a
la palomita que tenías

tornasolándose la voz
de hijito solo por la guerra/
por la mitad/por las provincias
desiertas del puro dolor/

hijo que nadie hará otra vez/
golpeo las puertas de la muerte
para desalojarte de
hechos que no te corresponden.

Juan Gelman, de palabra.

06 septiembre, 2005

Se acabó la crisis ideológica de la izquierda..

Andaba la izquierda europea un tanto desdibujada en sus perfiles ideológicos y considerablemente huérfana de ideas remozadas que pudieran ilusionar a las masas y movilizarlas para emprender nuevas y más ambiciosas reformas en pro de la justicia social. Pero, eureka, como por azar, pero sin duda tras ardua reflexión y prolija consulta, nuestro Presidente ha abierto un nuevo y prometedor camino al señalar que es de izquierdas la lucha contra el tabaco y el alcohol. Esto tiene como ventaja más inmediata y práctica la de ayudarnos a confirmar lo que ya sospechábamos: que el pueblo es derechista. No hay más que ver a los jodidos obreros de la construcción a la hora del bocadillo, en una mano el pan con butifarra y en la otra un ducados, y ligotazos de morapio cada minuto.
Descubrimos también, y no resulta cosa vana, cuán progresista hay que considerar la Ley Seca, que estuvo vigente en EEUU de 1919 a 1933, con los extraordinarios resultados sociales de todos conocidos.
Según se comenta en círculos próximos y fiables, el Gobierno ha formado una Comisión de politólogos, sociólogos, filósofos, economistas y directores de cine para que en el plazo máximo de seis meses elabore una lista exahustiva de actividades derechistas, con su correlativo comportamiento progresista. A fin de que los trabajos de dicha Comisión tengan un punto de arranque fiable y homogéneo, se les ha pedido que comiencen analizando si son de izquierdas o de derechas los siguientes comportamientos:
- Comer con poca sal.
- Ir al fútbol.
- Ver El Gran Hermano.
- Ducharse con agua fría.
- Echar una partida al mus.
- Jugar a la play station.
- Ir sentado en el autobús.
- "Coger" por detrás.
- Hacerse un tatuaje.
- Soñar con la Kournikova.
- Hurgarse la naríz en los semáforos.
- Comer fabada asturiana.
- Tomar el café con sacarina.
- Conducir un Golf.
- Decir palabrotas.
- Comer los domingos en casa de los suegros.
- Mentir a los papás.

Bocetos para un catálogo de pelmazos. I. El amigo de to er mundo.

"Ayer estuve en el bar de Arturo y me encontré con Fran, que venía de ver a Manoli, que se separó el mes pasado y anda tristona. Me dijo que la llamara, pero para esta semana he quedado con Chus, que ya regresó de Andorra y quiere contarme que vio allí a Marian, que estaba intentando montar una exposición. Aquí no lo consiguió, pues ya sabes que le puso la proa Nando, el de la galería nueva, que desde que está con Fran se le ha puesto un carácter que no parece él. Por eso yo ya paso de él también, pues desde que le dije aquello de parte de Andrea y me cambió de conversación ya vi que el horno no estaba para bollos. Aunque peor fue lo de Luismi cuando se rompió la pierna y le pidió a Fran que le agilizara lo de la operación y éste le contestó que ya no se hablaba con Maru, cosa que tampoco me extraña, pues Maru anda pidiendo el traslado y su cabeza ya está más allá que acá, y todo por culpa de la discusión aquella cuando lo de los niños de Maru, que iban al colegio con la pequeña de Nacho y no sé que incidente tuvieron con la señorita, que resultó ser la mujer de Mino, el del Dólar, que ahora dejó el bar y anda, al parecer, tratando de acabar la carrera que había dejado colgada, aunque ya le dice Merche que total para qué...".
NOTA IMPORTANTE: EL INTERLOCUTOR O VÍCTIMA DE ESTE TIPO DE PELMAZO ENFEBRECIDO NO SUELE CONOCER O SABER NADA DE NINGUNO DE LOS SIGUIENTES PERSONAJES QUE APARECEN EN EL MONÓLOGO: ARTURO, FRAN, MANOLI, CHUS, MARIAN, NANDO, LUISMI, MARU, ANDREA, NACHO, MINO Y MERCHE.

De vuelta. Tres perplejidades posvacacionales.

Je, je, imagínense que ahora voy y les cuento por extenso mis periplos. Y que adorno la narración con fotos y anécdotas insustanciales. Adiós blog. Cuántas amistades se echan a perder por semejantes abusos. ¿Ha reparado usted en que el disfrute del que cuenta primorosamente sus viajes es proporcional casi siempre al desagrado y la impaciencia del que lo escucha? Hay mucha gente, creo, que sólo viaja para contarlo luego, y mucha más que evita concienzudamente a los amigos que viajaron durante el último trimestre, no vayan a sacar las diapositivas y nos acaben la paciencia. Viajamos para dar envidia y evitamos a los viajeros para no perder los nervios con sus intrescendentes apostillas sobre la forma de las sombrillas en Bali o el modo de hacer las verduras a la plancha en Murcia.
Tranquilos, yo sólo quiero compartir brevísimamente tres cosillas que me han llamado la atención. De paso, ya lo sé, dejo caer por dónde he andado. Pero finamente y como quien no quiere la cosa.
1. Resulta que tocó pasar en Suiza el día de la fiesta nacional, el 1 de agosto. Sorprendente. Suiza, Estado confederal, eso ya lo sabemos. Pues resulta que en casi todas las casas de casi todos los cantones colgaban en los balcones banderines con los colores de la bandera suiza y de las de todos y cada uno de los veintitantos cantones. Y que en cada ciudad y hasta en el pueblecillo alpino más pequeño y apartado se pasaron dos noches seguidas lanzando fuegos artificiales.
Habrá que estudiar el fenómeno suizo un poco mejor y luego escribir algo. Pero, entretanto, ¿por qué no vamos pensando aquí en un Estado confederal al estilo suizo? ¿Con fiesta nacional y todo?
2. Lo que hace la propaganda turística. Resulta que uno ha tenido la suerte de recorrer variados caminos de Centroamérica: bastante de El Salvador y Guatemala, algo de Panamá, Honduras y Nicaragua. Faltaba Costa Rica y todo hacía pensar que iba a ser otra cosa, aún mejor. Pues no. Pura propaganda. Carreteras infames con cráteres en lugar de baches, puentes a punto de caerse, policías corruptos parando al extranjero para cobrarle mordidas (eso me lo hicieron a mí mismo), precios altísimos por servicios que no los merecen... Sólo se salvan los animales, eso sí.
No digo yo que no haya que ir a Costa Rica, no es eso, pero sí afirmo que quedan en los otros países citados muchos rincones igual de interesantes, menos explotados y con precios infinitamente más razonables. ¿Alguna recomendación para ir pensando? Ahí van tres, sin mucho pensar: La isla de Ometepe (Lago Nicaragua), en Nicaragua, el archipiélago de San Blas, en Panamá, y Antigua, en Guatemala.
3. ¿Por qué dan tantas ganas de hacerse apátrida cuando uno se encuentra con grupos de turistas españoles y oye sus gritos, escucha sus conversaciones y ve sus posturitas y actitudes? Hay un estándar que es temible y aborrecible: pareja en torno a los treinta o treinta y pocos años, poseídos por el coronel Tapioca y ansiosos por contar el menú de su reciente boda y lo bien que nos lo pasamos, ¿te acuerdas de cuántas veces se sirvió lechazo la tía Vicenta? Yo estaba tranquila, pero éste parecía un flan desde tres días antes. Etc.

29 julio, 2005

REGRESAMOS EN SEPTIEMBRE

Toca de nuevo viajar. Algo de vacaciones, algo de trabajo...
Estaré de vuelta en septiembre, con ganas renovadas de dar caña a tirios y troyanos. Tal vez antes pueda ir metiendo alguna foto de esos mundos o alguna cosa.
Lo de estas tres semanas de blog ha sido un placer. Y un vicio.
Saludos a Mercutio, Lia, Sherlock, Venator...
Gracias. Nos vemos/leemos.

28 julio, 2005

Ahorcan a los homosexuales

Ésta sí que es buena. La noticia viene hoy en Periodista Digital y elfaro.net. Resulta que en Irán acaban de ajusticiar en la horca (se ven las fotos) a dos jóvenes por ser homosexuales y haber abusado de un menor. Como explican los citados medios, "En Irán, aunque la homosexualidad es contra la ley, no es causa para la pena de muerte. Ésta se aplica en casos de asesinato, violación sexual, robo armado, adulterio, tráfico de drogas y el abandono de la religión (o partido político), según reportó el periódico Times de Londres. De acuerdo a (lo que) informan diferentes fuentes en internet, la pena de muerte se puede aplicar desde la pubertad. Por lo general, la pubertad para las chicas, se considera a la edad de nueve años y para los chicos, a la edad de 15".

Y no está de más añadir algunos párrafos más de la información (aunque parece que la redactó el enemigo, con tanta patada a la sintaxis):

"En la ley sagrada islámica, en casos de abuso sexual, se ejecutan a los victimarios como a las víctimas. Pero en este caso, no han ejecutado al supuesto menor víctima de abuso sexual".

"Antes de la ejecución, los adolescentes estuvieron prisioneros durante 14 meses y recibieron más de 200 latigazos por desorden público, robo y por beber licor. El abogado de los jóvenes declaró que sus clientes no sabían que la homosexualidad era contra la ley".

"El mismo Time de Londres reporta que el año pasado una niña de 16 años de edad fue colgada por tener sexo antes del matrimonio". Fin de las citas

Ahora voy a permitirme hacer de adivino y adelantar lo que, sin ninguna duda, va a suceder en nuestro país en las próximas 48 horas:

- ZP declarará que Irán queda excluido de la Alianza de Civilizaciones mientras no cambien las normas que permiten la persecución, castigo y ejecución de homosexuales. "Eso no merece el nombre de civilización", declarará Zapatero. Y añadirá: "Mira, Ahmadineyad, o como te llames, como sigas así no t´ajunto".
- Los obispos españoles pedirán que en todas las parroquias se rece un avemaría por el eterno descanso de los vilmente ejecutados.
- Un nutrido grupo de actores y directores de cine, encabezados por Pedro Almodóvar, se manifestará ante la embajada iraní en protesta por semejante represión. Vicente Aranda declarará que si aquello sigue así los directores de cine iraníes tendrán que exiliarse.
- Una docena de ONGs españolas firmarán, en acto público y ante la prensa, un comunicado conjunto declarando abominables, inhumanas y contrarias a los derechos humanos más elementales dichas ejecuciones, al tiempo que solicitarán de la comunidad internacional medidas fulminantes contra el régimen iraní.
- Rajoy manifestará la radical enemistad de su partido con todos los Estados que aplican la pena de muerte. Luego caerá en la cuenta de que..., en fin, todos, todos..., no, bueno, los que la apliquen a los homosexuales, bueno, tal vez no en todos los casos, depende...
- Zerolo no dirá ni pío ni nada.
- Varios colectivos de gays y lesbianas organizarán diversos actos de protesta, como desfiles, conciertos, meriendas, etc., y concluirán con la lectura de un comunicado en el que ratificarán todo su apoyo a la Alianza de Civilizaciones propuesta por ZP. "Nosotros hemos luchado mucho para poder llevar alianza y ahora es necesaria una alianza para que todos puedan llevar alianza. Queremos una alianza de todos los pueblos, una alianza popular". Así concluirá el comunicado, entre vítores.
- Moratinos llamará a consultas al embajador español en Teherán y propondrá a la UE medidas drásticas contra Irán. Manifestará a los periodistas que tales ejecuciones constituyen una forma más de terrorismo islámico, aunque sea bajo la forma de terrorismo islámico de Estado.

Ah, ¿cómo dice usted? Que no se cree que nada de esto que anticipo vaya a ocurrir realmente? So descreído, parece mentira que dude usted de semejante manera del compromiso de nuestros políticos, nuestras instituciones y los diversos colectivos y organizacines sociales. Aznarista, que es usted un aznarista, hombre. Mejor haría en prepararse para acudir a algunas de las múltiples manfestaciones que en los próximos días inundarán nuestras calles en solidaridad con los homosexuales iraníes y en protesta por su radical discriminación. No te digo.

Bueno, pero por si acaso, y ahora en serio. Si me equivoco y todos esos no hacen nada, deberíamos los ciudadanos decentes ir pensando en alguna forma de protesta, aunque sea meramente simbólica. Y juramentarnos para cantarle las cuaranta al primero que oigamos recitar eso de que hay que respetar y tolerar por igual todas las culturas y confesiones.

Un poco de cuento (breve). III.

Destinos.
Úrculo Combarro.

Lo llamaban Paco Tendales porque ahí, en los tendales, hostigaba a las criadas que colgaban las coladas del día. Se movía entre las sábanas con la destreza de la mismísima brisa y su primera palabra siempre provocaba en las muchachas un grito que inevitablemente terminaba en risas.
Lleva cinco años de encargado de la lavandería y siguen llamándolo igual, bromas de la vida, aunque él ya apenas habla y ni se molestó nunca en alegar su inocencia, pues cuando la vio allí, colgando entre las sábanas y meciéndose con ellas, creyó por un momento, un momento eterno, que era su madre.

Cultura

(Publicado en La Nueva España, 7 de noviembre de 2004)
Juan Antonio García Amado.

Entre las gentes más humildes está muy arraigada una creencia poco menos que supersticiosa: que el que no fue a la escuela no sabe nada, el que sólo tiene estudios primarios sabe poco, el que los tiene secundarios bastante y que, en la cúspide, el universitario es aquel que tiene una amplísima cultura, el que conoce de las más variadas cosas del mundo con soltura y gran dominio. Así que entre las buenas gentes y los currantes el saber se le supone al que cursa estudios y alcanza títulos académicos. Qué timo, qué engaño tan cruel.

Quien tenga trato con personas de distinta extracción social y diferentes niveles formativos que haga mentalmente repaso y medite sobre si habrá algo de verdad o sólo exageración en lo que ahora mismo voy a decir: que la pirámide del saber se está invirtiendo de tal manera y a tanta velocidad, que hoy mismo es ya más fácil encontrarse con un labrador u obrero culto que con un licenciado o doctor que sepa algo más que las cuatro reglas de su oficio, ya sea éste el de la ingeniería, las leyes o, incluso, las letras. Eso sí, finos, lo que se dice finos, lo son mucho más los estudiados, pues dominan el lenguaje políticamente correcto y el arte de la diplomacia, para no molestar a quien pueda estar al lado, no vaya a ser alguien con posibles que nos pueda hacer un buen favor. En cambio, los otros hablan a gritos, se ponen un palillo entre los dientes y hasta blasfeman, sobre todo si son asturianos. Pero si se hace el esfuerzo de no pararse en paparruchadas de meapilas y poner el oído a las conversaciones, se captará que suele haber más imaginación, experiencia y saberes, y mejor castellano, en la charla de cualquier chigre o carnicería de barrio que en una cafetería de cualquier facultad universitaria.

Entre profesores universitarios, por ejemplo, hay una conversación que se repite día tras día y que podemos resumir así. Alguien hace una alusión a algún programa de eso que se llama eufemísticamente telebasura e inmediatamente los contertulios responden, al unísono, que apenas ven la televisión, salvo los informativos (a no ser cuando los de Urdaci, que eran parciales), alguna película y un documental de vez en cuando. Aquel que habló primero aclara rápidamente que él tampoco ve aquellos programas y que los menciona de oídas, por lo que le cuenta su asistenta, que se los traga todos, como tiene tanto tiempo libre... Y a los cinco minutos ya están todos los reunidos repasando con el mayor detalle la vida, milagros y merecimientos de los concursantes de la isla, la casa o el hermano idiota, o glosando las últimas y sorprendentes prácticas amatorias de alguna peripatética cortesana de las televisiones privadas y públicas. Y no es raro que cuando acaba la pausa del café, al cabo de hora y media, y todos se van tan desahogados, alguno comente, para quitar hierro, que no serán tan malos esos programas, si bien se mira, pues hasta Gustavo Bueno los ve.

Y no, el problema no está en qué programas contemplen esas personas de la supuesta élite intelectual y profesional, ni en cuáles sean sus otros vicios privados. Lo terrible es que la inmensa mayoría de esos mismos sujetos no tiene ni la más remota idea de quién escribió la Eneida o la Divina Comedia, en qué año acabó la Primera Guerra Mundial, cuántos siglos estuvieron los árabes en la Península Ibérica o cómo se llama la capital de Finlandia. Me juego mi sueldo entero de un año a que si a cien profesores universitarios tomados al azar (o a cien abogados, o médicos, o ingenieros, o maestros...) se les somete a un cuestionario de culturilla general con cien preguntas del estilo de éstas, no hay ni un treinta por ciento de ellos que sepa la respuesta ni de una tercera parte. Eso sí, con sólo proponerlo así, medio en broma, ya se estarán levantando voces que digan que el saber puramente acumulativo o enciclopédico es inútil y retrógrado, y que la cultura es otra cosa. Claro que sí, majo, claro que sí, la cultura buena es la síntesis de Almodóvar y Mar Flores, no me digas más. Y la Pasarela Cibeles y Ferrán Adrià, que se me olvidaban.

¿Cómo hemos llegado a esto? No lo sé y sería muy largo andarse aquí con hipótesis. De lo que no me cabe duda es de que las llamadas instituciones educativas han dejado hace tiempo de cumplir un papel que merezca tal calificativo, guiadas con saña por especialistas en didácticas y pedagogías que compiten para ver quién inventa el mejor sistema para que la ignorancia no suponga esfuerzo y para que el más zoquete no se acompleje ante los que quieran aprender algo. Y lo van consiguiendo por la vía de igualar por abajo, en nombre de una enseñanza democrática y progresista, por supuesto. Hoy mismo he leído, en la solapa de un librillo de un divino y muy comprometido periodista italiano, que es lo propio de la derecha más retrógrada el querer que las instituciones más relevantes estén en manos de los mejor formados. Pues eso, entendido queda, y no seré yo quien lo discuta, que lo progresista es que nos gobiernen y nos enseñen los más cenutrios y descarados. Así que a dejar de leer y a operarse la papada si queremos llegar a algo en la vida. Sin olvidar la media horita diaria de práctica del "dequeísmo", claro.

Pues a lo mejor está bien así y la sociedad es más justa de este modo, con catedráticos de universidad que saben menos cosas y tienen mucho peor bagaje cultural que los más modestos padres de sus alumnos. Y que escriben con más patadas a la sintaxis y la ortografía que el camarero que les sirve los cafés cada mañana. Pase, y pongamos que la cultura se haya socializado al fin y que es mejor que los que más ganan y más mandan sepan menos, con lo que quizá hemos encontrado la panacea de la justicia social. Pero si las cosas van a seguir así, como parece, debería advertirse lealmente a la sociedad de unos cuantos detalles, para evitar más fraudes. Por ejemplo, habría que decir a los padres pobres que se parten el alma trabajando para que sus hijos vayan a la universidad a hacerse personas sabias y con buena formación, que no, que no es eso lo que van a conseguir aunque se licencien o se doctoren. Y convendría explicar a albañiles y labradores que no tienen por qué acomplejarse ni cortarse ni un pelo cuando entran en locales llenos de profesionales liberales y funcionarios de altos niveles, pues no es que por regla general éstos sepan más, sino que simplemente visten mejor y se preocupan más de la marca de la ginebra que beben. Y al que prepara sus oposiciones para conserje de instituto o trabajador de los jardines municipales alguien debería tener bemoles para contarle que su prueba no la superaría ni el diez por ciento de los que lo van a mirar toda su puñetera vida por encima del hombro.

El miedo de los jurados ante el veredicto (buen artículo de un amigo)

EL MIEDO DE LOS JURADOS ANTE EL VEREDICTO.
Viejas obsesiones de andar por casa.

Avelino Fierro Gómez
Fiscal de menores. León
(Publicado en Locus Appellationis. Boletín del Colegio de Abogados de León. Nº 49, julio de 2005).

Algunas sentencias recientes del Tribunal Constitucional nos han venido a recordar que el Jurado sigue existiendo y que funciona mal. Creo que son sentencias inexcusables que reparan sólo en los aspectos más evidentes, más groseros del asunto. Tendría que haber muchas más que desmenuzaran esa maquinaria que chirría con molesto estrépito en la administración de justicia.
A mí, al menos, me sucede algo así: siento como un escalofrío, una especie de malestar epidérmico cada vez que me cuentan la última “anécdota” de un juicio con jurado. Vamos, que no me acostumbro a justificar con el consabido “el errar es humano” las habituales meteduras de pata de los ciudadanos jurados.
Cuando los compañeros fiscales dicen “tengo un jurado”, en su semblante se pinta una especie de fastidio o resignación ante la fatalidad: saben que el resultado va a estar determinado en gran medida por el hado o destino, no por la lógica.
Ya sé que los simples –de buen corazón, por supuesto- me desacreditarán de un plumazo, tildando estas ideas mías de conservadoras, propias de aquél que no cree en ese artículo de la Constitución que dice algo así como que “la justicia emana del pueblo”. Ese es el estúpido argumento preferido del político jacobino, que tiene fácil contestación. Aquí lo dejamos.
Uno confía también bien poco en el Tribunal Constitucional. En estos casos lo tenía fácil. En los dos, la motivación es inexistente. Las sentencias a que me refiero eran “de libro”: que hay que repetir el juicio contra Mikel Otegui y que hay que motivar el veredicto de inculpabilidad (aunque en ésta la cuestión no debía estar tan clara -había tres votos particulares- y en aquélla se hablaba del “diferente nivel de exigencia de motivación entre sentencias condenatorias y absolutorias”). En otros supuestos, tanto el Constitucional como el Supremo han rebajado las exigencias en este aspecto a unos mínimos inaceptables. Como si los tribunales y los demás operadores jurídicos (¡quién inventó esta expresión!) estuvieran juramentados para procurar que la maquinaria funcione. Como si no pudiera cuestionarse nada, como si todo fuera evidente y necesario.
Y es que ni siquiera era evidente –todo lo contrario- que el constituyente obligase a la creación del jurado. Eso no se desprende ni por asomo del art. 125 de la Constitución. Y ya, si leemos la exposición de motivos de la ley, no se entiende cómo un derecho de participación –como allí se le denomina- llega a imponerse coactivamente cuando eso no ocurre con el más representativo de esos derechos, como es el del sufragio del art. 23. Y de la objeción de conciencia, mejor no hablar: algo que se admitió sin discusión en el trámite parlamentario y que se entendía incluido en el art.12,7ª, a instancia del grupo parlamentario socialista siguiendo indicaciones de Jueces para la Democracia, se ha transmutado en esa especie de bicha éticamente inaceptable, propia de ciudadanos que quieren que la ciudadanía les salga gratis. O eres jurado, aunque sea a regañadientes -como lo son casi todos- o te conminamos con sanciones penales.
En fin, que todo vale porque, como podía leerse en la reseña de un congreso para acercar la justicia al ciudadano, no se puede seguir con esa imagen tradicional del Juez “sesudo, distante, que trata a la gente de usted y es muy riguroso a la hora de aplicar el derecho”.
A un servidor le cuesta ir “de colega” en estas cuestiones y, a la mínima de cambio, le explica a los bachilleres que es antijuradista porque la Justicia debe ser “rápida, barata y justa” y le parece que el Jurado no cumple ninguno de los requisitos: las interminables sesiones de los juicios con jurado, incluso en los asuntos más baladíes, -ésa es otra: leer el art. 1 de la ley que enumera los delitos competencia del Jurado, por innecesarios o por complejos, es un gran ejercicio de estupefacción-, se resolvían, con mucha más celeridad y sin merma de garantías, ante cualquier tribunal o juzgado técnico; lo del despilfarro –sin ningún beneficio a cambio- no necesita comentario (bueno, quizá que produzca cierta envidia ver que los jurados tienen dieta, restaurante y cama gratis y mueble-bar bien abastecido y lo de los fiscales, jueces y funcionarios va en la toga o en la suela de los zapatos). Lo de que el Jurado no produce resoluciones más justas –que a muchos nos puede parecer evidente- quizá merezca explicación para algún lector no profesional del derecho. A eso dedicamos la segunda parte de esta colaboración.

¿Qué pasa por la cabeza de los jurados?

De un veredicto sorpresivo, extravagante o claramente infundado no puede decirse que sea justo. Por desgracia, son habituales. Y aunque, al final, algunas veces se acierte (porque se declaró culpable al que efectivamente asesinó, o malversador al cartero que se quedaba con el dinero de los giros postales), si lo desgranamos o escudriñamos, en todo veredicto siempre hay ejemplos para la sorpresa: en mis dos experiencias con jurados, recuerdo que en uno de los supuestos no se daba por probada la agresión previa, pero se estaba a punto de admitir la legítima defensa. En el otro, los jurados hacían desaparecer el arma homicida ¡a pesar de reconocerlo el acusado y su defensor!. En la Sentencia del TSJ antecedente de la que hemos citado del Tribunal Constitucional sobre el veredicto de inculpabilidad, se dice que de los cuarenta y siete hechos propuestos como objeto del veredicto sólo se explicó la convicción alcanzada respecto de siete y que varias declaraciones a las que los jurados aluden “no coinciden en su literalidad ni en su sentido con lo declarado probado por los jurados” y otras no coinciden con las prestadas en el acto de la vista.
Si hablamos de cuestiones algo más técnicas, los problemas crecen. Como escribió Perfecto Andrés Ibáñez, el hecho y la norma se interpelan recíprocamente, hay imposibilidad de aislar el juicio de hecho del juicio de derecho en la experiencia jurisdiccional; la exigencia de prueba y de motivación se traduce en que juzgar no es un ingenuo ejercicio de sentido común.
Hemos visto, por ello, cómo en supuestos juzgados en esta Audiencia, los jurados traspusieron la acepción vulgar de “imprudencia” (“desde luego, es una imprudencia la de estos jóvenes que van dándose de navajazos”), a la estrictamente técnico-jurídica (la consecuencia pasa de 10-15 años a 1-4 años de prisión) o aceptaron la eximente de miedo insuperable en el homicida que había sido agredido por la víctima, pero se aleja del lugar para coger una escopeta y vuelve para dispararle. En la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 1935 se puede leer que “el Jurado absuelve con sorpresa de los propios defensores”.
Y en esos supuestos, en que el resultado es tan sorprendente, carente de lógica y apartado de las reglas de la correcta valoración de las pruebas practicadas –que los jurados necesariamente vieron y oyeron- la motivación es tan mínima que puede tildarse de inexistente. Y que no se nos venga con la “sucinta explicación” del art.61.
Es inadmisible que, de forma reiterada, en todo tipo de veredictos, se haga constar que los jurados han atendido como elementos de convicción para hacer las precedentes declaraciones a “declaración del acusado y alguno de los testigos”, “en las pruebas practicadas: Declaración del acusado/Testifical/Pericial”; “Declaraciones: acusado, testigos/prueba pericial: fundamentalmente los medios forenses/Reportaje policial (fotográfico, declaraciones en comisaría y Juzgado)”. Eso es todo.
Es cierto que, a veces, nada se ayuda a los jurados en esta ceremonia de la confusión (por si ni fuera bastante con ese oscurísimo art.52) con actas de proposición con una incorrecta formulación del objeto o utilizando expresiones que generan cierta perplejidad y pueden llevar a veredictos poco congruentes. Admitamos que todos podemos tener parte de culpa. Pero si eso sucede, es excepcional que los jurados hagan uso del art.57 para ampliación de instrucciones o modificaciones en el texto de la votación -lo que permite el art.61.1.a)- y es habitual que se pase a la votación y redacción de un acta en la que no existirá, no ya una “motivación razonada”, sino justificaciones tan globales como las citadas, de una gratuidad rayana en la arbitrariedad. Y no encuentro razón alguna para afirmar que la motivación del jurado deba ser inferior o de menor calidad que la de un juez técnico.
No se les exigen tecnicismos ni extraordinarias argumentaciones, sólo que razonen por qué han declarado o rechazado declarar probados determinados hechos. Lamentablemente, el Tribunal Supremo ha venido consintiendo esa tremenda ligereza de las motivaciones en muchas resoluciones; vgr: Ss 21-12-2001, 28-01-2002.
La Ley es muy deficiente técnicamente. Desconoce principios procesales tradicionales que siguen vigentes en el proceso penal. Pero, además, es un canto a la complicación y a la oscuridad. Una propuesta razonable de cambios figuraba en el informe de la Fiscalía General del Estado de octubre de 1997. No es de extrañar que fuera cierta la anécdota que nos contaban de un compañero del magistrado al que se atribuye la autoría de la ley que ante las dificultades de interpretación se dirigiera a menudo a éste invocándolo: “Dime, ¡oh!, espíritu de la ley, qué quisiste decir en tal artículo”.
De los jurados no se puede esperar, lógicamente, que contribuyan a esclarecer nada, como ya decíamos. Además, tengo la impresión de que se produce en ellos una cierta transformación anímica: del temor y desagrado que suelen expresar en la selección, pasan a una cierta infatuación y un amor propio mal asentado en su evidente ignorancia, también alentado por las continuas admoniciones a la trascendencia de su misión y a su soberanía decisoria.
Y después de días o semanas de agotadoras sesiones (en las que yo no recuerdo que los jurados tomen notas de las incidencias de la prueba, ¡bendita memoria!), se suceden un cúmulo de trámites técnicos que si ya son arduos y complicados para los intervinientes técnicos, vienen a precipitar una conclusión trascendental que da la impresión de ser poco meditada. Y es que la rutina del mecanismo decisorio aboca a ello; casi no podría ser de otra manera.
Si los informes orales ya empiezan a sumirlos en el desconcierto –que para eso estamos los profesionales sesudos y distantes y algunos ya hemos renunciado a “bajar el listón” para hacernos entender-, si le da a algún letrado por organizarla haciendo el Demóstenes y retorcerle el cuello a las ideas (decía R.L.Frost que el Jurado está compuesto de doce personas para decidir quién tiene el mejor abogado), por si no tuvieran bastante, hace su aparición en escena el artículo 54.
Una anécdota y un inciso: Recuerdo a una ciudadana de más de 65 años que quería participar a toda costa: mi informe le gustó sobremanera, porque las muestras de aprobación eran evidentes; quedó encantada de la voz tronante y las maneras de la acusación particular; pero me dejó preocupado cuando sólo le faltó aplaudir a la defensa. Me pareció entonces que aquello era, más que nunca, el teatrillo del proceso.
Puede ocurrir también que, después de todo lo que han pasado los actores, no se sepa cómo acaba la obra, que la cosa se quede en nada y se produzcan las conformidades o, como una manifestación más de la insistencia de la ley en primar al acusado, se produzca la disolución anticipada o se dé el “erróneo tratamiento de la crisis decisoria “ que contemplan los arts. 63 y 65 y el asunto quede imprejuzgado.
Hablábamos del art.54. Hasta este momento el papel del Magistrado Presidente ha sido muy fácil. Ha sido una especie de Don Tancredo sin riesgos (lo seguirá siendo después, teniendo que redactar una sentencia que ya le viene “medio hecha” y puede que no comparta). Pero puede que quiera tener su monólogo, su momento de gloria y baje al ruedo y se arranque en una perorata bienintencionada y que él reputa tranquilizadora para los ciudadanos jurados. Y la experiencia es demoledora: por lo que yo he visto y me han contado, no se han encontrado guionistas ni actores que dibujen bien las puntiagudas aristas de ese personaje.
Todos sabemos qué es la presunción de inocencia, pero cómo nos cuesta explicarlo. En el informe de la Fiscalía General del Estado, se cuenta que ante la insistencia en ese extremo del magistrado, un jurado exclamó, “¡que Dios nos perdone!”. Y lo de la duda razonable es de nota. Los jurados se aferran –algo entendible, ante el papelón que les hace representar el legislador- a la errónea creencia de que la mínima duda sobre la prueba de un hecho, lleva automáticamente a entender que quedó probado el hecho contrario. Como bien escribe Juan Igartua Salaverría, comentando la STC 169/2004, “si no se logró probar que Juan mató a Pedro, de ahí no se sigue que se haya probado que Juan no mató a Pedro... el proceso penal no está para expedir títulos de inocencia; están para probar la culpabilidad del acusado y, en su defecto, para conservar la presunción de no-culpabilidad de aquél (y como tal presunción, no probada ni falta que hace)”.
También precisa este autor, en el comentario que citamos y en su librito sobre el caso Marey, qué debe entenderse por duda razonable, algo que trasciende la esfera de lo individual para convertirse en asunto universalizable y la única manera de apreciar la universalizabilidad o racionalidad es exponer las razones que la sustentan. “Sólo una duda razonada –escribe- acredita ser una duda razonable”.
Para los jurados, inmersos en un mar de dudas, la mente, embotada y adormecida, no pondrá obstáculos al recurso fácil de expresar sus titubeos e inseguridades sobre una certeza total en los hechos desfavorables y trasladarlo a las votaciones y ni siquiera se les exigirá razonarlo, motivarlo. Eso con las bendiciones de la jurisprudencia.
Después de las instrucciones (anoto aquí un ruego: que alguien me explique lo del recurso por parcialidad, si no se documentan las instrucciones), los jurados recogen el objeto del veredicto y se retiran a deliberar. Intentarán comprender aquel galimatías de cuarenta, cincuenta o cien proposiciones y, si son de este mundo, sentirán primero perplejidad y, luego, miedo. El miedo escénico o un miedo como el del portero ante el penalty de la novela de Handke. Y ganas de irse a su casa. O lamentar que aquello se alargue y no lleguen al partido, como el personaje de “Doce hombres sin piedad”. Aunque, para mitigar sus temores, se les retira del escenario. Se va a dar el paso – como dicen los teóricos- del contexto del descubrimiento al de la justificación. ( ¡ Ah, qué ansias de “voyeur” le invaden a uno!). Ahora sí tienen algo que hacer. Hasta ese momento se les había pedido bien poco y se les había evitado lo desagradable: el muerto nunca estuvo presente -¡ni siquiera se les deben mostrar las fotos de la autopsia, no vayamos a herir su sensibilidad!- como no lo estaba el monte calcinado. Y el acusado, tambien con poca presencia, sin banquillo, difuminado entre los faldones de la toga de su abogado.
Habrá algunas preguntas sencillas, pero también se les exigirán pronunciamientos sobre la noción de intención o la condición de vencible del error, o el criterio de gravedad en un incendio forestal. Hasta se les pedirá opinión nada menos que por una predeterminación del fallo en la Sentencia: la aplicación de la remisión condicional y el indulto.
Después de pronunciarse sobre las causas de exención o modificación de la responsabilidad se les exige, de forma muy contundente y a la americana, el veredicto de culpabilidad. Algo innecesario, como bien y extensamente se argumentaba en el informe de la FGE. (La actual Vicepresidenta Primera se oponía a cualquier modificación y lo despachaba con un “se le excluye (al Jurado) de contenido”).
El resultado es que, como vimos, se “descubrirán” cosas inverosímiles que no irán acompañadas de razones. Al menos, los jueces nos han malacostumbrado con kilométricas argumentaciones, aunque en los órganos colegiados –como dice, con su proverbial mala uva, Alejandro Nieto- eso sea engañoso y sólo trabaje el ponente.
Deberíamos ir acabando, aunque no todo acaba aquí. Quedan importantísimos trámites que, según mi experiencia, se suelen ventilar de forma apresurada. Apuntamos uno: no se da un examen pausado y riguroso del acta, obligado, y que puede llevar a la devolución de la misma al Jurado por los varios motivos del art. 63. Ya que el omnipotente legislador nos ha puesto a todos en este brete debe exigírseles unas mínimas dosis de trabajo, de argumentación y razonabilidad a los Jurados. Eso es función del magistrado presidente. Y lo que suele suceder -otra vez la idea del estotienequefuncionaratodacosta- es que se eche una manita y se traten de corregir los defectos y completar la motivación del fallo por la vía del art.70. (De todo lo dicho hasta aquí, ¿no se infiere al menos la necesidad de los escabinos, con una competencia y objetos sencillos?).
Pero, para entonces, todos queremos irnos ya a casa, cansados e intranquilos, pensando que lo que no se arregló allí lo arreglarán los recursos y el Supremo y el Constitucional, como a veces puede que suceda y como, afortunadamente, sucedió en las Sentencias que dieron lugar a este comentario.

27 julio, 2005

El chollo de tener asesinos en casa

En El Mundo de ayer, 27, venía una tribuna de Benita Ferrero-Waldner titulada"Crear un bloque contra el terror" (siento no poder poner un enlace, pero, por lo que veo -y si no me equivoco- esta parte es de pago), en la que esta señora, a la sazón comisaria de Relaciones Exteriores de la UE, entre otras cosas viene a decir que hay que meter más dinero en los países islámicos para que se vayan secando los semilleros del terrorismo radical. No lo dice exactamente así, pero me parece que quiere decir fundamentalmente eso. De lo cual se desprende que: i) Los países que no controlan a sus asesinos -o que los animan y les dan facilidades para formarse, entrenarse, etc.- tendrán preferencia para las ayudas de la UE; ii) que cuantos más terroristas produces más razones se te reconocen, y de más peso, para pedir pasta a los demás; iii) que el terrorismo se cura o se alivia, supuestamente, cuando las víctimas potenciales pagan a los que chulean a los matones; y iv) que seguramente todo eso, lo de los terroristas y lo de sus chulos, se explica porque son todos muy pobres, los pobres.
Ante lo cual uno, modestamente propone las siguientes medidas alternativas:
a) Que puestos a ayudar económicamente a los países pobres, cosa absolutamente debida y justa, comencemos por los que no producen ni exportan terroristas; b) que puestos a ayudar a los países pobres, ayudemos a los países pobres, es decir, aquellos que no tienen recursos suficientes, no a los tienen de sobra pero los reparten mal. Si los terroristas buscan la justicia social, que hagan la revolución en su casa y contra esos reyezuelos cleptómanos que los gobiernan con estilo feudal y maneras mafiosas; porque c) digo yo que si tanto petróleo tienen (al menos algunos de esos países que son grandes nidos de imanes radicales y otras especies similares) y si tan caro nos lo venden, ya reciben algunos dinerillos de por aquí, víctimas incluidas ¿o no?; d) que puestos a ayudar incluso a esos países que no son pobres (aunque haya en ellos muchos pobres, pero no por nuestra culpa principal), y digo ayudar y no hacer el capullito de alhelí, que se les dé dinero, sí, pero a cambio de avances claros y tangibles en cosas tales como la redistribución de la renta, los derechos laborales de todos sus trabajadores, la igualación jurídica y social de las mujeres, la reforma radical de la ley penal y procesal para eliminar la tortura y las penas crudelísimas, la democracia parlamentaria y el fin de toda forma dictatorial o autoritaria de gobierno. A lo mejor de rebote disminuye la producción en serio de fanáticos y descerebrados. O no, pero por lo menos habremos conseguido otras cosas buenas en esos países a cambio de los recursos que les cedamos. Como que mueran y sufran menos de sus ciudadanos a manos de los tiranos que los gobiernan.

Derecho y poesía. Antología. VIII

DESOLACIÓN POR LA CIUDAD

Se movía aquel hombre con los ojos vendados,
con las manos atadas a la espalda.

Iban, venían gentes, traficantes,
políglotas, actores, catecúmenos,
condecorados, regidores, tránsfugas.

La ciudad era un caos. Semovientes
mecánicos. Crecía una flor mustia,
contaminante, un labio
con el beso del tósigo.
Bronquios con terciopelo de residuos
quemados del monóxido litúrgico,
votivo de carbono.
Halos santificantes de sustancias
letales. Corazones
opresos por sus válvulas (la vieja
ballena no oprimió otro tiempo tanto
el talle femenino
como el corsé pequeño del infarto
constriñe el talle de las coronarias).

El hombre se movía con los ojos
vendados y las manos maniatadas.

Siseaban reclamos luminosos
y se alternaba el clima del semáforo
entre sus tres veloces estaciones:
estío rojo, verde primavera
y el amarillo neutro del otoño.

Los transeúntes combatían
codo con codo, a brazo
partido. En negras playas
iba el mar de los grandes almacenes
poniendo su oleaje.

Con los ojos vendados se movía,
con las manos trabadas aquel hombre.

Lo fusilaron al amanecer.

Leopoldo de Luís, Entre cañones me miro (1981).

El cuadro de la semana. III.








Aníbal Huidobro.
Sor Ignacia. In memoriam.