30 octubre, 2007

El cambio climático y Luhmann

Niklas Luhmann era un jurista y sociólogo alemán que el nuevo pensamiento de orden y pancarta tiene por conservador. Así que ojo al dato y a tomárselo en serio. Luhmann desarrolló una muy peculiar teoría de sistemas con la que explica el funcionamiento de las más variadas instituciones y prácticas sociales. Bebe originariamente en la teoría cibernética y el funcionalismo, a los que sumó luego la teoría de los sistemas autopoiéticos de Maturana y Varela. Pero no es momento de que nos perdamos en abstrusas elucubraciones.
Si me ha vuelto a la cabeza estos días es por el asunto de Rajoy y su primo, compañero éste, creo, de algún buen amigo sevillano de este blog. Habla Luhmann de legitimación por el procedimiento, cuestión a la que quiero referirme brevemente, para acabar en ese tema de actualidad.
Debatía Luhmann con Habermas, la otra gran cabeza de la teoría social alemana contemporánea. Habermas entiende que la legitimación de las instituciones sociales se basa en el consenso, un consenso social alcanzado a base de que todos los interlocutores interesados en la cuestión que sea sopesan reflexivamente argumentos y acaban poniéndose de acuerdo en la verdad o validez de las mejores razones que para cada tema cuenten, razones de fondo, razones de contenido. En cambio, Luhmann sostiene que de eso nada, que si hay acuerdos sociales que permiten a los ciudadanos aceptar decisiones, es porque funciona un elemento de fe, de confianza en la competencia y capacidad de los que deciden, pero sin que ésos que consienten entiendan de la misa la media ni estén en condiciones de dar cuenta del contenido de esas razones. ¿Qué entiende el común de los mortales de una ley de seguros o de una ley sobre telecomunicaciones, pongamos por caso, con sus bandas anchas, sistemas digitales y analógicos, ondas hertzianas y gaitas gallegas? Ni palabra. Sin embargo, díjolo Juan, punto redondo, la ley va a misa y aceptamos sus contenidos. Otro día leemos que han dado el premio Nobel a unos señores que han descubierto no sé qué cosa de la cadena de ADN y convencidos quedamos de que son importantes hallazgos, y bien verdaderos, ésos de tales científicos, ponemos la mano en el fuego por la verdad de sus teorías. ¿Y qué entendemos, la inmensa mayoría, de esas cadenas de ADN, si ni siquiera sabemos colocar las cadenas del coche cuando nieva? Ni jota. Pero si ellos lo dicen, ellos sabrán, con buen fundamento. Si la misma teoría, exactamente la misma, la formula un vecino nuestro que es funcionario de correos y no tiene carrera ni trabaja en un laboratorio, nos lo tomamos a chufla aunque tenga más razón que un santo. Por cierto, que los milagros de los santos también se los creen los fieles, y hasta muchos infieles, sin haberlos visto ni disfrutado y sin sospechar en qué parte de la chistera llevaban el conejo.
¿Entonces? Pues ahí es donde aparece la legitimación por el procedimiento. Lo que provenga de ciertas instituciones que trabajan con determinados procedimientos acreditados dentro del respectivo sistema –el de la ciencia, el del derecho, el de la religión, el de la economía…- goza de una aceptación social por razón de ese origen, no porque los ciudadanos dominen las respectivas claves ni comprendan el fondo de que se trate. El consenso social juega anticipadamente, es un acuerdo apriorístico, una disposición anticipada a creer lo que venga de donde debe: creemos que lo que el Parlamento aprueba como ley, ley es y bien está como ley; lo que los especialistas económicos calculen sobre el PIB del año próximo nos resulta fiable, aunque no sepamos ni desentrañar las siglas; lo que el Papa diga hablando ex cátedra como verdad de fe se toma, aunque no haya la gente visto jamás un alma ni un ángel ni tenga tratos habituales con el Espíritu Santo. Y lo que digan los que trabajan como científicos en sedes e instalaciones científicas, como verdad de la ciencia va a contar, aunque no se entienda ni papa, aunque sólo lo comprendan los científicos.
Lo del cambio climático puede ser un buen ejemplo. No digo yo que no tenga fundamento científico, líbrenme los dioses de echarme a los pies de los caballos como un vulgar Rajoy. Habrá cambio climático, pues la mayoría de los científicos dedicados a esos menesteres están diciendo que sí y uno no está en situación de contradecirlos, pues no es científico. Verdad es que en mi pueblo oía desde pequeño a los paisanos decir cada verano que el tiempo estaba loco y que ya no hacía los fríos de antes; o los calores. Pero será que ya había comenzado la movida en los Polos. El caso es que los que no somos científicos sólo estamos en situación de creer sí o sí, y de corroborar modestamente las aseveraciones de la ciencia con la observación de que esta temporada han estado más tristones nuestros geranios. No va a cumplir su papel social la ciencia si nos dedicamos a llevarles la contraria a los expertos, igual que no va a funcionar el Estado si cualquier mindundi se pasa el día poniendo en tela de juicio la competencia de los legisladores, o se va al garete la Iglesia si cada beata se lo monta de teóloga alternativa. Pero, repito, ¿en el fondo qué sabemos? Nada; o casi.
No hay ciencia posible, ni derecho ni economía ni nada, si la gente pierde la fe en las verdades de los que sientan las verdades. Sólo un científico puede cuestionar a los científicos, sólo un teólogo a los teólogos, sólo un economista a los economistas. Y ellos lo son por el tipo de dedicación que cultivan, los instrumentos con que trabajan y los métodos que aplican. Y punto.
También cuenta Luhmann que el progreso de la vida social se ralentiza cuando esos sistemas sociales –el de la ciencia, el del derecho, el de la economía…- son invadidos por sistemas ajenos. Cuando la ciencia se hace con criterio religioso, por ejemplo, o el derecho se practica con miras políticas, o la economía hace sus cálculos con pautas morales. Acabará entonces siendo verdad que Dios hizo a Eva con una costilla de Adán lisiado y que los fósiles engañan como bellacos, o las normas jurídicas se aplicarán buscando nada más que la justicia y a la porra la seguridad jurídica, o los tribunales se guiarán en sus decisiones por la consideración de qué beneficia más al gobierno o a la oposición, y adiós independencia judicial y derechos de los ciudadanos. Por cierto, esto último me suena de algo.
En el tema del cambio climático la ciencia se ha contagiado de política, pues el complicado discurso científico se está convirtiendo en eslogan político. Ya ven lo que entenderá don Z de los fundamentos causales del cambio climático; lo mismo que Rajoy: ni puñetera palabra. Cuando la ciencia se convierte en arma política suceden dos cosas temibles: se trivializa y se alteran sus resultados a conveniencia. No es que mientan los científicos, es que el político va a tomar de sus resultados lo que le convenga, como le convenga y para lo que le convenga. Y el día menos pensado acabarán quemando en una hoguera en plaza pública al científico que tenga la ocurrencia de llevarle la contraria a la ciencia oficial o, lo que es mucho peor, al que discuta la peculiar verdad científica que los partidos hayan convertido en estandarte electoral. Discurso político único, prietas las filas y neolengua. En ésas estamos.
A Rajoy se le fue la olla, seguro. Porque qué diablos sabe él en verdad del cambio climático. Y a su primo ni lo entiende ni puede entenderlo. Le toca creer lo que nos digan, como a todos. Corcho, pero Al Gore tampoco es un científico. Así que por qué habíamos de tenerlo a él por un gurú de la climatología. Porque cobra una pasta por las conferencias. Muy bien. Pero, ¿esas conferencias no deberían darlas los científicos? ¿No sería mejor asistir a sus discusiones, las de los científicos, en lugar de escuchar al nuevo sacerdote del dogma climático incuestionable? A un tipo, por hablar de ciencia, le dan el Premio Nobel de la Paz. Me parece estupendo, se le premia la buena intención y aunque haya estado en un gobierno que bombardeó lo suyo. Pero no le han dado el de Física, ojo. Así que mejor sería escuchar a los Físicos. Y los Físicos aún discuten sobre el cambio climático, sus porqués, sus alcances, sus efectos posibles. Los políticos no. La gente que hace de la ciencia mal digerida una nueva fe con la que machacar heterodoxos y conseguir votos, tampoco. La mayoría de los no científicos entregados a la causa del cambio climático se lo creen con la misma convicción con que los fieles cristianos están convencidos que una vez se abrió el Mar Rojo y allá se fueron los judíos, de la mano de Moisés, por el sendero marítimo. Al final, es la fe, a ser posible religiosa, lo que mueve montañas; y urnas. Y los políticos guiando al Pueblo de Dios al son de los telepredicadores.
No sé de qué vale perder la fe en la Biblia y su autor para acabar profesando la religión de Al Gore, la verdad. Aunque igual un día vemos al picaro yanqui elevarse en un carro de fuego. Todo se andará. A ver a quién le echan la culpa de lo del fuego y de lo que contamina el carro.

8 comentarios:

Ariadna dijo...

El problema es que la ciencia no es un sistema incontaminado sino que se prostituye, y se abre de piernas para que la folle la economía, que es otro sistema que tampoco permanece ajeno a los cantos de sirena de la política, con quien mantiene cordiales relaciones del tipo do ut des. Así que no siempre es fácil saber si por boca del físico habla la subvención -economía-, o habla la política -subvención, economía-, o habla la física, que es lo que tendría que hablar. Los sistemas puros que operan únicamente con sus códigos son más difíciles de ver que las meigas, que haberlas hailas.
Por otra parte, quizá la cuestión del cambio climático no pueda responderse científicamente porque no se disponga de la información o de los parámetros que permita demostrar la respuesta. Quizá sea incluso un problema conceptual: ni siquiera está muy claro qué significa cambio climático.
Lo de Gore y su vídeo es efectivamente una buena muestra de sistemas tangentes: la economía, la política, la ciencia. Todo se toca y se manosea, para placer y deleite de unos pocos.
Buen día de noche

Luis F. Rull dijo...

Me doy por aludido, y además encantado de intervenir en tan prestigioso blog.
En primer lugar "ariadna" lleva razón la investigación científica se contamina, y la razón es tan sencilla como la que ella expone: Necesita dinero, en algunos casos muchísimo dinero, para progresar. Pero cuando habla, sigo con su forma de exponer el problema, lo hace a través de artículos científicos, los cuales son evaluados de forma anónima por colegas (peer review), publicados y expuestos al debate de la Comunidad Científica.
La cuestión es, como define el Prof. García Amado, a quién hay que escuchar. Por ejemplo en el tema de cambio climático, escuchamos al primer "ágrafo" que no ha publicado un sólo artículo científico sobre el tema, o a un tipo que ha hecho su doctorado en Oxford, su post-doc en MIT y en la actualidad está en la Universidad de Washington en uno de los Departamentos de Climatología más prestigiosos (otra vez la autoridad o el prestigio en el sentido expuesto anteriormente). Pues este individuo acaba de publicar, junto a una Profesora Emérita (otro tema en el que nos sacan varios pueblos) en Science que merece la pena ser leído. Por supuesto que TODOS pueden estar equivocados, recúerdese la controversia que hubo en su momento con al Teoría del Éter, pero la Investigación Científica se basa en ciertos postulados y uno de ellos es que los modelos que utilizamos hoy pueden ser modificados mañana, pueden aparecer datos nuevos que nos hagan abandonar una forma de describir y aparezcan otros que describan la Naturaleza de forma más eficiente.
En mi opinión el tema está lo suficientemente abierto como para tener paciencia y prudencia a la hora de manifestarse sobre él. Gente muy seria y rigurosa parece que todavía discuten sobre el cambio climático, el calentamiento global y sus posibles orígenes y consecuencias. Y sobre todo el tema es de tal complejidad que parece que no se pueden sacar conclusiones definitivas. Por complejidad entiendo un problema que en su formulación matemática aparecen demasiadas variables aparentemente acopladas.
¿Rajoy se precipitó en sus comentarios?, posiblemente, pero no hizo sino reproducir lo que dijo mi compañero de Departamento, por otro lado un científico muy reputado en el área de la Mecánica Estadística.
Mis disculpas por el rollo tan largo que les he largado. La próxima vez intentaré ser más breve.

Luis F. Rull dijo...

Perdón he equivocado la referencia de la entrevista al prof. Brey, es esta

Ariadna dijo...

Yo creo que lo que perjudicó el discurso de Rajoy fue, únicamente, utilizar la expresión 'mi primo'. La publicidad marca mucho, y todos empezamos a pensar en el primo de zumosol. Además, no nos gusta que los políticos hablen de la familia -nos da la impresión de que van a colocarla como alto cargo en cuanto puedan-. Si sustituye 'mi primo' por 'un prestigioso científico', el discurso de Rajoy no tiene pega: elevar el cambio climático a problema principal y primordial de la política española de los próximos años es tan absurdo que es una lástima que después se haya retractado y haya dicho que metió la pata. Tenía razón, pero sobraba el primo.
Yo creo que hay que confiar en la ciencia, claro que sí; y hay que huir de los pseudoprofetas tipo Gore -que el gobierno compre esas copias de su película para proyectarla en los institutos me parece un disparate y una injustificada interferencia del gobierno en la educación-. Pero para eso también hay que desenmascarar a mucho 'científico' de los que sacan provecho de la maraña.
Saludos a todos

Rogelio dijo...

Creo firmemente que las sociedades del futuro; caso de que éste exista, con cambio o sin cambio climático; se aproximarán a un modelo de autogestión cercano a las tesis de Habermas.
El sistema de confianza se está desmoronando, se comienza a vislumbrar; merced a las nuevas tecnologías; la posibilidad de incorporar sistemas de participación masiva en la toma de decisiones y en diversos ámbitos.
El impulso tecnológico tiene un fiel aliado en la quiebra existente entre la sociedad y sus representantes políticos, legítimos sólo en la forma.

AnteTodoMuchaCalma dijo...

I.
Ejem

II.
Lo que más me mosquea es la cosita consecuencial esa.

a) Si el Cambio Climático no existiese / no estuviese influido por el hombre, ¿qué consecuencias tendría creer que sí y reducir las emisiones tóxicas, etc.?

b) Si por el contrario sí existe y se debe a la mano humana, ¿qué consecuencias tendría creer que no y no reducirlas?

III.
Aunque la cosita Public Choice es la que más me mola.

¿Quién tiene incentivos para apoyar las propuestas de acción del IPCC, reducir las emisiones, etc.? En principio, el abanico está muy abierto (descartemos el cutrismo de apoyarlo porque está en el ideario progre).

Pero ¿quién tiene incentivos para OPONERSE a dichas propuestas de acción?
(Descartemos el cutrismo de oponerse porque lo apoya ZP: es aún más patético).
(Y otra... ¿hay algún medio de comunicación con banners sobre "la tontería del cambio climático" o algún cutre-think tank hispano que reciba financiación de esos posibles actores?).

AnteTodoMuchaCalma dijo...

Eeeh...
Pas un nom?--Pas un doigt?--

O, máis da terra: a quen me dea un pau doulle un peso...!

Hugo Cadenas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.