26 octubre, 2005

¿QUÉ SIGNIFICA SER ROJO? SOBRE DERECHAS, IZQUIERDAS Y ESQUIZOFRENIAS

Hace unos días no se me habría ocurrido usar la expresión “rojo” para hablar de derechas e izquierdas... Ahora lo he puesto así porque nuestro Presidente ha rescatado la palabra “rojo” de la hornacina en la que guardábamos los restos de los muertos y las armas por las que murieron. Alguien ha debido de decirle que se pescan más votos a base de hedor de viejos cadáveres y gesto de vengador caduco. Mis alumnos veinteañeros no tienen ni remota idea de las historias de la Guerra Civil –ni de ninguna otra historia-. Que sean tan ignorantes es una desgracia, ciertamente. Pero aún peor será que lo único que aprendan sea a odiar como se odiaba en aquel tiempo del que no conocen más. Y ya han comenzado. Cuando los historiadores en el futuro se pregunten por qué a los sesenta y cinco años de terminada la guerra y a los treinta de finiquitada la dictadura volvimos a las andadas, a la caverna, al insulto, a las ganas de agredirnos, no van a quedar en muy buen lugar los aznares y los zapateros, para nada.
Pero dejemos eso.
¿Qué significa, al menos en teoría, ser de izquierda –o rojo, si fuera lo mismo-? Hay una manera de ser de izquierda o de derecha, rojo o azul, que es profundamente irracional, pues se basa en sentimientos que son la antítesis de cualquier planteamiento presentable de la política. Me refiero a los que se sienten izquierdistas por la sola razón de que odian al rival. Muchos que se tienen por rojísimos responderían hoy que lo que da sentido a su postura es, en abstracto, la convicción de que todos los que militan o simpatizan con partidos conservadores son unos cabrones, y, en concreto, que porque les cae mal Aznar o piensan que Rajoy, o Zaplana, o Acebes son unos impresentables. Y por el otro lado otro tanto de lo mismo, muchos se consideran hoy muy de derechas por lo mal que les cae ZP y porque opinan que toda persona que se defina como progresista o de izquierda es por definición un inmoral o un capullo. El desenlace natural de tan ilustrados credos políticos es la embestida, la pelea, el llegar a las manos. Ya ocurrió en aquella época que ZP (antes lo hizo hasta Juan Pablo II, todo hay que decirlo) se empeña en recuperar para nuestra memoria y va camino de volver a suceder, dado el nivel que el debate político y social está cobrando en este país que hasta ayer parecía tolerante, pacífico y abierto.
Si ser de derecha o de izquierda es algo que se nota sólo en el tono del mugido y en la fetidez del exabrupto, urge que nos hagamos todos apolíticos. Las convicciones serias y las ideologías respetables no tienen nada que ver con ese tipo de desarreglos mentales e intestinales. ¿Convicciones respetables? Pues traduzcamos a ellas lo que sería una derecha seria y una izquierda seria.
La persona de derechas es conservadora en lo social y poco amiga del Estado en lo político. Lo primero es una cuestión de talante (sí, también hay talantes buenos y serios entre los conservadores), y se refleja en la poco propensión al cambio, en el gusto por mantenerse en los esquemas y valores conocidos, en el apego a las tradiciones y el alto valor que se otorga al orden establecido y las reglas vigentes, cuanto más antiguas mejor. Lo de la poca simpatía en la mirada al Estado proviene de que el conservador confía más en la sociedad que en los políticos, y en las reglas de convivencia basadas en el uso y la historia más que en las normas que publica el BOE. Observa al Estado con desconfianza porque sabe que es lo primero que toman los que pretenden hacer la revolución o cambiarlo todo, y eso no le agrada. Y esa desconfianza del Estado y de la política que desde él se hace conduce también a su preferencia por el mercado. Frente al intervencionismo estatal que busca la justicia social valiéndose del Derecho, el conservador prefiere la “mano invisible” del mercado, la vigencia nada o poco alterada de la regla simple de oferta y demanda, y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. De ahí que sea tan amigo de lo privado –educación, sanidad, medios de comunicación- y que estime que los servicios públicos prestados por la Administración son caros, ineficientes y propicios para la corruptela.
Desde la izquierda se ve distinto. Se valora más a los individuos que a los grupos, a los ciudadanos que a las tradiciones, y se desea que todo individuo, todo ser humano, por el mero hecho de serlo, tenga iguales oportunidades vitales e idéntica posibilidad de elegir su vocación y realizarla. Cosa que el mercado no hace, pues su reglas son crueles y determinan repartos tan desiguales de la riqueza como para que por la simple circunstancia de nacer en una cuna u otra los sujetos tengan ya muchas veces marcado su destino: el rico hacer lo que quiera, el pobre de solemnidad, apenas lo que pueda, que será bien poco generalmente. Por eso la izquierda considera que sólo desde la acción política y el Gobierno del Estado se puede trabajar eficazmente en pro de la liberación de los oprimidos y los más desfavorecidos, que siempre se hallarán en tal situación de inferioridad o indefensión por obra de la acción combinada de los dos tipos de reglas que tanto gustan a los de la derecha, las reglas sociales tradicionales –morales, religiosas...- y las reglas económicas que imperan en el mercado. Así que el izquierdista aspira exactamente a remover esas dos cosas que el derechista quiere intocables, las convicciones tradicionales y los resultados de la oferta y la demanda en el mercado. ¿Por qué? Pues porque las primeras generan desigualdades sociales injustas y atentatorias contra la idéntical dignidad de cada persona –piénsese en la situación de las mujeres en la tradición y en las convicciones socialmente vigentes hasta hace bien poco- y porque los segundos, los resultados de un mercado no intervenido ni condicionado, engendran desigualdades de riqueza que privan a muchos de los bienes imprescindibles –alimento, sanidad, educación, vivienda...- que les sobran a otros, a los más habiles para pescar en el río revuelto de la oferta y la demanda, o a sus herederos, aunque sean unos perfectos zoquetes y unos haraganes, en su caso.
Por consiguiente, la clave para detectar a una persona de izquierda que quiera ser seria y coherente se llama redistribución de la riqueza. Cuanto más férrea e intensa se quiera esa redistribución que busca atenuar las diferencias entre lo que tienen unos ciudadanos y otros, más izquierdista será el sujeto. En el extremo está el igualitarismo total que quería el comunismo leninista y que desembocó en la tiranía antiigualitaria y explotadora que todos sabemos. En paralelo, los afanes conservadores de las derechas han desembocado también más de una vez en totalitarismos teocráticos que compran el inmovilismo y la santificación de las tradiciones al precio de mucha sangre. Ambos extremos han ido a parar siempre al asesinato masivo y a la axfisia radical de todas las libertades. Pero entre esos extremos viciosos está el sitio para legítimas posturas conservadoras o progresistas, que tienen perfecta cabida y merecen total respeto dentro del juego político constitucionalmente instituido en los Estados de Derecho. Nadie es malo por la sola razón de pensar distinto, tener otro carácter o profesar otros ideales, con tal de que respete al rival y las reglas del juego político pacífico.
Si algo de lo anterior tiene sentido y si en algo valen esas caracterizaciones, a ver quién nos responde ahora a la siguiente pregunta: ser partidario de que los ciudadanos vivan con calidad distinta, cuenten con medios diversos y gocen de diferentes oportunidades vitales según que vivan en Girona o Soria, ¿suena compatible o incompatible son ser rojo y saber dónde se tiene la mano derecha?
Sospecho que no somos pocos lo que, por un lado, creemos en una al menos mínima necesidad de que se distribuya la riqueza, se imponga la solidaridad y se garantice a todos una básica igualdad de oportunidades, a todos; pero que, por otro lado, no les vemos por ninguna parte el socialismo o la rojez a esos que cada día se acuestan con un conservador distinto, al que prometen luego que harán ricos a todos los de su pueblo. Eso es o esquizofrenia o cretinismo. O ignorancia, que también cabe.

24 octubre, 2005

La crisis de los cuñados: caen como moscas

El Barça y su presidente, Laporta, sentaron el precedente y en el fútbol español se ha desatado la caza de brujos, sección cuñados infiltrados. Como es de todos sabido, Laporta tenía en su directiva a un cuñado que estaba afiliado a una asociación franquista o algo por el estilo, y ahora, a estas alturas, descubierto lo que encubierto llevaba el tal Echevarría, que así se apellida el cuñado felón (ya es mala suerte: ser directivo del Barça, tener apellido vasco y militar el en franquismo. ¿Acaso hubo alguna vez vascos franquistas? Imposible. ¿Acaso los seguidores, directivos y ex-directivos del Barcelona CF no son y han sido todos acrisolados demócratas e intachables defensores de los derechos humanos? Naturalmente, por eso tan gran club no tiene entre su hinchada ni a boixos nois ni a ningún grupo ultra de comportamiento y maneras dudosamente constitucionales), el presidente de más que un club ha obligado al pariente político a quitarse de enmedio del club de los cuñados arrimados. Antes todos sabíamos de qué pie cojeaba cada cuñado, pero ahora cualquiera puede recibir estas sorpresas, pues hemos perdido la sana costumbre de comer todos juntos en casa de mamá los domingos y de celebrar en santa unión la nochebuena, que por eso solía ser la noche más mala.
Pero no acaban ahí los acontecimientos. Escarmentados con el precedente barcelonista, todos los presidentes de los clubes de primera división se han puesto a escarbar en los papeles de sus directivos y en su propia memoria, con resultados dramáticos que mañana recogerán todos los periódicos deportivos. A título puramente ejemplificativo, mencionemos los casos más llamativos sin dar nombres ni datos más concretos:
- Un club vasco ha descubierto que uno de sus directivos mantiene desde hace tiempo serias dudas de que Sabino Arana estuviera en sus cabales. Ha sido fulminantemente cesado.
- Un equipo de Madrid se ha encontrado con que cinco de sus directivos eran del Opus, pero aún no ha decidido qué hacer con ellos. Parece que se impone la opinión de que hay que dejar al menos uno en plantilla, pues puede ser muy útil cuando se ofrecen los trofeos a la Virgen.
- En Galicia se han topado con que uno de sus equipos señeros contaba entre sus mandatarios con un stalinista confeso. Nadie ha dicho a nadie nada de lo que piensan hacer con él.
- Hay un club andaluz en el que el Presidente acaba de averiguar que tiene en su equipo a un sujeto que odia a los constructores y es radicalmente contrario a los pelotazos urbanísticos. Su cese ha sido inmediato.
- Otro equipo vasco ha recibido grabaciones en las que se ve a uno de sus directivos gritando gora ETA en un acto de Batasuna. Son chiquilladas sin importancia, según el Presidente del club.
- En un equipo asturiano, desgraciadamente no de primera división, se ha sabido que un directivo es republicano y, además, dice que no le cae bien Fernando Alonso. Mañana anunciará su dimisión a fin de no causar más daño a la imagen del Principado.
- El Propio Laporta ha intentado hacerse el harakiri al saber que por los altavoces de su estadio se gritaron consignas inconstitucionales. Parece que no le quedarán secuelas ni cicatrices.

Los subsaharianos ricos también lloran

(Para Paco Sosa, que me brindó el tema)
Ni debo ni quiero hacer ningún género de humor, tampoco negro, con la muerte de nadie. Ha muerto Stella Obasanjo, esposa del Presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo. Descanse en paz y ojalá está ya en el paraíso, sector correspondiente a la que haya sido su fe, si alguna tenía. Con la muerte, seriedad y nada de bromas.
Ahora bien, las circunstancias de tal desgracia y las del personaje sí que invitan a alguna reflexión, cuando menos amarga. Porque la tal señora, de 59 años, murió con ocasión de una visita a una clínica marbellí, concretamente de Puerto Banús, en la que se estaba haciendo o acababan de hacerle una operación de cirugía estética, probablemente de reducción de peso. La noticia está hoy en varios periódicos.
Como tenemos presentes, en la retina y en el alma, las imágnes de los africanos, hombres, mujeres y niños, que se juegan la vida para cruzar el Estrecho en patera o lanzándose contra las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, es inevitable ponerse a pensar.
¿Así que la señora presidenta de alguno de esos pobres países pobres puede pagarse y se paga una operación de cirugía estética en una clínica de la jet? ¿Estaba la señora tan rellena y bien alimentada que sentía la imperiosa necesidad de aligerarse de redondeces? ¿Tal vez fue puro despiste u ocasional lapsus el que ni ella ni su poderoso marido se parasen a pensar cuántos de sus compatriotas podrían comer unos años con lo que vale semejante rascado de sebo en Pijo Banús?
Puede que la señora tuviera posibles por sí o por su parentela. Alguna noticia turbia apareció en ciertos medios hace un año y pico, en la que se hablaba de manejos de la familia de la finada en materia de venta de más de doscientas casas en Lagos pertenecientes al Estado.
De lo que pasa con los más que corruptos gobiernos de la mayoría de los países de África sabe todo el mundo más que de sobra. Pero a veces se olvida cuando se insiste en que hay que meter dinero del llamado primer mundo allá, a fin de aliviar la sangrante pobreza de aquellas gentes. Pocos objetivos más nobles que ese de acabar con la miseria de tantos millones. Pero, ¿cómo hacer menos pobres a los pobres sin hacer más ricos a los ya indecentemente ricos?, ¿no deberíamos al mismo tiempo que echamos una mano preguntarnos cómo acabar con la panda de cleptómanos sin escrúpulos, cuando no de viles asesinos, que por aquellos pagos mandan? ¿No habría que rebajar un poco el timorato respeto al principio de soberanía nacional y meter mano de alguna manera, ONU de por medio, en semejantes cuevas de ladrones? Acaso, mientras los mismos manden, ¿no equivale el envío de medios a arrojarlos por un sucio sumidero? Viaje de ida y vuelta entre mundos, al fin, el que hace ese dinero, pues acaba regresando a Suiza, a las sabrosas cuentas de tales dictadorzuelos, de sus señoras y de las respectivas familias. Apuesto a que la cirugía de Puerto Banús se pagaba con algún cheque girado contra un banco de Zúrich o Ginebra.
El pasado verano estuve en Ginebra y puedo asegurar que en la zona de los grandes bancos y las tiendas de superlujo se ven más chilabas que en Melilla y más negros (no me da la gana escribir ciudadanos de color o pamplinas por el estilo; los negros son negros igual que yo soy blanco, y ni ellos ni yo somos ni más ni menos por razón del color) que en los invernaderos de Almería. Y no estaban haciendo cola para solicitar papeles o buscar trabajo precisamente.
El caso es que los países del llamado Club de París acaban de condonar a Nigeria el 60% de su deuda externa, lo cual fue considerado como un gran éxito político y diplomático del presidente Obasanjo, marido de la difunta. A lo mejor lo que querían era celebrarlo con un nueva operación, esta vez no financiera. Nada raro en estos tiempos. Cuentan en Latinoamérica, otro buen lugar para comprobar que la corrupción florece más lozana justamente allí donde el pueblo llano muere de hambre, que está de moda en las familias bien el que las muchachas pidan como regalo de puesta de largo una cirugía, que si un poco de silicona en el labio, que si un aligeramiento de panza, que si un redondeo de las posaderas, anda mami, porfa, porfa. Volviendo a lo de la deuda externa, bien está, sin la más mínima duda, pero no basta. En poco aliviará a los desfavorecidos mientras tenga las llaves de la caja quien las tiene y las use para lo que se suele.
¿Cómo habrá pasado la frontera la buena señora que en paz esté? Saltaría por Melilla? ¿Navegaría en frágil patera hasta Fuerteventura, consiguiendo allí que amables guardias civiles la metieran en un bus a Málaga y búscate la vida? Me parece recordar que hace unos meses saltó el escándalo de que a muchos recien llegados sin papeles los metían en buses para Málaga. ¿Sería para que les costara menos llegar a Marbella a operarse?
Y uno, ingenuo, que pensaba que en Marbella eran unos malditos racistas que no querían a los negros. ¿No decían que Jesús Gil -otro que descansará en paz si se confirma que no hay dios- había conseguido "limpiar" aquello de todo tipo de gente allí indeseada? Al menos Jesús Gil era un fascistoiode declarado, no como el actual alcalde de Bogotá, que es una de las esperanzas de la izquierda colombiana. En mi reciente viaje por allá obervé que se veían muy pocos vagabundos por las calles bogotanas, al menos en comparación con lo que antes sucedía. Pregunté a un amigo y me dijo que eso lo había solucionado el alcalde en un periquete y con gran habilidad. ¿Cómo?, le inqurí. Y me contestó tal que así: metiendo en un bus a todos los desechables -así es como llaman allá a los vagabundos, palabra- y mandándolos para Cali. Ni más ni menos. ¿Y cómo es posible que se tolere tal cosa?, volví a preguntar. Hombre, no hay problema -me respondió-, ten en cuenta que en Cali los desechables están mucho mejor, pues el clima es excelente.
Así estamos. A los africanos les financiamos la rebaja de papada en nombre de la ayuda al tercer mundo y a los americanos les reímos las gracias cuando es un progre el que las hace. Pero de ayuda a los necesitados, de verdadera ayuda y verdadero interés en salvarlos de la injusticia, poquito, muy poquito. Porque si de verdad fuera ese el objetivo primero, ningún político decente de los nuestros le daría la mano a un sátrapa de aquellos y devolveríamos en la frontera con una patada en el trasero a los que vinieran a Marbella a gastarse los cuartos robados . Lo demás, zarandajas.
Muertos, sí, ya todos iguales. Descanse Stella Obasanjo en paz y en compañía de sus compatriotas caídos en la lucha por el pan y la libertad.

22 octubre, 2005

¿Llega la policía del pensamiento?

No deberíamos perdernos el artículo que publica Francesc de Carreras hoy en la Vanguardia. Sobre todo en su primera parte, referida a la creación en Cataluña, dentro de la Consejería de Presidencia, de un ára de Historia y pensamiento contemporáneo. Y todo ello a las órdenes de Apeles Carod Rovira, el otro hermano. Y luego releamos 1984, la obra magistral de Orwell. Y a ver qé se nos ocurre.

20 octubre, 2005

¿POR QUÉ APESTA EL PERSONAL?

Debe de ser una de tantas paradojas de esta posmodernidad que ha invertido el progreso y lo ha convertido en regreso, regreso a la caverna. ¿Ustedes no han notado que cada vez es más frecuente que a uno se le alarme la pituitaria al pasar cerca de un compañero de trabajo, al ir a parar al lado de uno que va agarrado a la barra del autobús o, colmo de la desdicha, cuando en el cine se le sienta cerca un sujeto que transpira hasta por las uñas? ¿Será que tengo mala suerte yo o es un fenómeno general? Mismamente ayer me pasó en un aula. Treinta o cuarenta estudiantes, formales, amables, bien alimentados, aparentemente aseados. Me pongo a pasear un poco entre ellos mientras cuento no sé qué y... cielos, allí estaba, la peste, los vapores del infierno, otra vez, maldición. A recular y a dejarme caer para otra esquina, pero desconcentrado, preguntándome por qué no se inmutan ni mudan el gesto los que están sentados por el lado de las miasmas.
Hace ya un puñado de años vi en Fisterra la pintada más genial que recuerdo. Decía: “Valentín dira o que queira, pero cheirar, cheira”. Luego un amigo gallego me contó la clave política de tan literario graffiti. Pero, explicaciones aparte, tengo yo la impresión esta temporada de que el tal Valentín se ha hecho ubicuo y nos ataca en cualquier parte.
Podría contar muchos casos de los últimos tiempos. Sólo narraré alguno, y no para recrearme morbosamente en lo que si fuera una práctica sexual perversa habría que llamar aire dorado o algo por el estilo. Únicamente pretendo que el paciente lector haga examen de si él también está notando esta avalancha reciente de efluvios malignos, o si serán manías mías o azares de mi mala suerte.
Tiempo atrás trabajaba un par de pisos por encima de mi despacho una persona joven que cantaba tantísimo a sudor, que uno ya sabía si estaba o no estaba en su cubículo con sólo asomarse a la escalera un piso más abajo, tal era el rastro que arrastraba. No cuento más para no quebrarle la resistencia al pobre lector. Así que pasemos a la reflexión.
Digo que lo que está pasando me parece paradójico porque vivimos en la época del imperio de los potingues y el reinado absoluto de los desodorantes. En cualquier baño de casa que se precie los encuentra uno alineados en formación, los unos con aroma, los otros sin él, los unos con alcohol, los otros sin él, los unos para varones, los otros para hembras, y aun los unisex. Y con la pasión cosmética y metrosexual que ahora compartimos los de todo género y especie, cabría pensar que hasta cuando uno sale de casa sólo cinco minutos para comprar el pan y el periódico se embadurna las partes angulosas de desodorantes, perfumes y otros ungüentos odoríferos. ¿Entonces?
Como digo siempre que puedo, me crié en una aldea asturiana, entre las vacas, las gallinas, los cerdos, los conejos y algún que otro ser humano. En mi casa hubo agua corriente cuando yo tenía nueve años. Descubrí entonces el retrete y la cisterna, que me siguen pareciendo el no va más del grato hedonismo burgués. Ahí comenzó a desarrollarse, como en tantos, mi afición a la lectura y mi propensión al cultivo del intelecto. Pero a lo que iba. Yo creo que en mi pueblo la gente no olía. Y si algún aroma llevaba pegado a su ropa era olor a vaca, no a rancia exudación de homo sapiens. Y no vamos a comparar, a mí que me den un rebaño entero de vacas antes que uno solo de estos colegas-mofeta.
¿No olían los de mi pueblo porque usaban desodorantes? Madre mía, si en aquellos tiempos pillan a uno masajeándose el sobaco con un tubo le ponen un mote alusivo y se convierte en el hazmerreír de toda la comarca. ¿Acaso se duchaban a menudo? ¿A menudo? Ja. La cosa funcionaba así. Cada dos o tres días se lavaban los pies en el bidé (desde que lo había, antes se usaba para todo la palangana). Sí, cielo, en el bidé. En mi pueblo todos, grandes y pequeños, juraban que el bidé era para lavarse los pies. Y los fines de semana, en el mejor de los casos, se hacía un repasito general, pero por partes y a plazos, que eso de la ducha fue cosa que uno descubrió con el paso del tiempo y la vida en la metrópoli.
Ya estará alguno pensando que qué guarros. Pues no señor, de guarros nada, pues no olían. O, al menos, no olían ni la cuarta parte de mal que estos jovenzuelos y jovenzuelas que nos contaminan hoy en día los pasillos y las oficinas.
O sea, que en tiempos de derroche cosmético, fetidez a mansalva. ¿Cómo se entiende? ¿Será que la gente ya no se ducha? ¿Será que hay una sublevación general de hormonas? ¿Será que se ha puesto de moda la esencia de jabalí y no me he enterado? ¿O acaso estará Carolina Herrera comercializando Eau de Pocilge y yo sin saberlo? ¿Habrá lanzado Calvin Klein su línea Air Sobaqué para hombre y mujer? Cualquier día descubriré que todos quieren imitar el olor de Beckham después de un partido o de una agarrada con la Spice intelectual.
El caso es que como sigamos así vamos a tener que ir a trabajar con escafandra. Y no por la gripe del pollo precisamente.

Un poco de cuento (breve).

TRES MANERAS DE LEER UN LIBRO EN UN AUTOBÚS DE LÍNEA REGULAR.
Úrculo Combarro.
1. De pie y con mucha gente.
Conviene agarrarse de esos lazos de plástico que cuelgan de las barras altas y dejarse bambolear un poco al son de las frenadas y los arrranques. En la otra mano, claro, se sujeta el libro, tomado por abajo y con el pulgar separando sus páginas abiertas. Es sumamente importante colocar bajo el codo un pequeño portafolios o simple carpeta de cartón, no muy ajada, y provocar la impresión de que en cualquier momento puede caerse, incluso con profusión y vuelo de cuartillas. Nunca levantar la vista en las paradas, pero colocar de vez en cuando una sonrisa sutil, diríase que cómplice.
2. Sentado enfrente de una mujer joven o de otra algo mayor, pero de aspecto desencantado a la par que elegante.
Al cabo de un máximo de dos páginas cerrar el libro, como si sus páginas quemaran, y mirar un rato, quedamente y sin pestañear, hacia afuera, a través del cristal. Puede prolongarse un poco más esa mirada si llueve o si es el comienzo del atardecer. Luego tocará levantarse como movido por un resorte no muy violento, pero ciertamente determinante, y bajarse en la primera parada siguiente con expresión de ir a buscar algo que erróneamente se creía perdido para siempre.
3. Solo o acompañado únicamente por obreros.
Tus dedos tamborilean sobre el libro cerrado. Meditas sobre la distancia enorme que separa mundos que parecen tan próximos al observador poco sagaz. Puede que algunos estéis demasiado apegados a un sistema de referentes que os aleja de lo que para la mayoría es la cotidianeidad; cabe incluso que os halléis tan contaminados de textualidad que corráis el peligro de un encastillamiento ago(s)tador. Hölderlin no habría soportado un viaje en bus, pero quién nos dice que haya que buscar tales modelos. Basta saber sumergirse una y otra vez hasta aprender a salir indemne. La sociedad, las ciudades, este mismo bus, son retículos, son redes aleatorias, fractales recomponiéndose siempre. Pero el libro también es eso, todo libro, y la literatura más. Y así hasta llegar a tu parada, donde te bajas y dejas que el aire bata las alas de tu gabardina.

19 octubre, 2005

Ahora resulta que los mentirosos compulsivos tienen el coco blanco por dentro

Ya me parecía a mí que eran de una pasta especial. El Mundo cuenta una cosa curiosa. Resulta que los mentirosos compulsivos, esos sujetos que todo el día están soltando bola tras bola, a cada cual más gorda y delirante, tienen en el lóbulo frontal del cerebro más cantidad de materia blanca. Mira, no es tan mala la cosa. Yo pensaba que era una simple boñiga lo que tenían.
Allá por julio, creo, colgué aquí una cosa que se titulaba "mentirosos compulsivos". Por los archivos de este blog andará. Contaba allí mi experiencia abracadabrante con uno de estos sujetos de lóbulo frontal blanco (por la parte de dentro) y rostro hormigonado. No voy a repetirme, sólo a hacer una sugerencia a los investigadores californianos que han descubierto el asunto ese de la pasta blanca en el coco de los troleros.
¿Por qué no investigan de qué color es la materia que tienen en el cerebro -me da igual que sea en el lóbulo frontal o en la parte del embrague- los sujetos que se creen, una sí y otra también, las mentiras de los compulsivos ésos? Yo me imagino que el crédulo irredento debe de tener un cerebro de tonos azul cielo, con algún estampado leve en la parte de la sisa. Pero bobos, bobos, así de bobos como para creerse todo seguido las patrañas de los malabaristas del embuste hay pocos, al menos que yo conozca. No señor. Lo que yo he visto y veo es que hay muchos que no le creen al embustero ni una, pero que se dejan querer. Oye, total por aguantarle un poco el rollo lo mismo te cae una invitación a cenar que un revolcón, o un masaje para tu ego, que para eso son esos profesionales de la bola generosos en el halago (sobre todo del que manda algo o tiene influencia en cosa que les interese) y prolijos en el peloteo. Pon que seas bizco total, por decir algo no muy políticamente incorrecto. Viene el de la materia cerebral blanca y te suelta que jo, qué ojos, lo más bonito que ha visto, y que le recuerdan a una novia (o hermana, o prima, o a su misma madre, pues cambiará el argumento según convenga para el caso) que tuvo él y que era preciosa y que luego se murió y él estaba a punto de suicidarse, pero que un primo suyo le regaló unos décimos de lotería y que le tocaron mil millones y que con eso compró un palacio y... Y su interlocutor bizco le soporta todo el rollo a cambio del gustito que le dio lo de escuchar que olé sus ojos misericordiosos.
Voy a contar otra, breve, de aquel, tan feo, que yo conocí. Un día apareció con un ojo morado y me narró de inmediato una historia terrible de que le habían descubierto una gravísima enfermedad de la vista y que lo iban a operar los Barraquer y... dos horas de lacrimógeno discurso. Y yo creyéndomelo, como un pringao de los del cerebro azul cielo. Y esa tarde me encuentro a la asistenta del sujeto, conocida común, que me dice que si vi qué golpe se dio ayer el tal elemento mientras jugaba con su hijo pequeño. Ese día defequé mentalmente sobre sus antepasados (¿me habrá quedado políticamente correcta la expresión de esta manera?) y me juré que no me colaba ni otra. Pero hubo muchas más. Hasta que lo mandé a tomar por donde se hacen las deposiciones (sigo preocupado por la corrección lingüística y política).
El otro día me contaron que había aparecido con una tirita en la cabeza y que iba explicando que tenía un tumor cerebral y lo tenían que operar de urgencia. Al poco, lo vi pasar por la calle de la mano de una autoridad local importante, que sonreía beatíficamente mientras lo escuchaba. Supongo que le estaría diciendo lo de los ojos, o lo de cualquier otra parte.
Hace un par de semanas lo nombraron experto autonómico en no sé qué cosa de postín. Y digo yo, ¿de qué color tendrá por dentro el lóbulo frontal el genio que se rindió así a sus trolas? Y qué le habrá contado el de la masa blanca, dios mío, qué le habrá contado.

La gran coalición (pero en Alemania). Cómo van las negociaciones

Ay, qué pelusilla da ver a estos alemanes, ya lo dije el otro día. Debería ser información obligada en todos los noticiarios el dar cuenta de cómo están llevando los unos y los otros, los del SPD, el de Schröder, y los de la CDU de Angela Merkel, inminente canciller, los tratos para gobernar juntos. Como no se conoce mucho de esos detalles por estos pagos, me permito resumir lo más interesante de lo que al respecto cuentan hoy un par de periódicos alemanes, el Frankfurter Allgemeine Zeitung y el Süddeutsche Zeitung. Lo haré a modo de breves píldoras y tratando de evitar todo comentario por mi parte.
- Ha habido estos días alguna fricción por la visita de Schröder, aún canciller, a Turquía, pero se apresuró a declarar que no tomaría ninguna decisión ni haría ninguna promesa que vinculase al gobierno que inminentemente va a suceder al suyo.
- Esta semana se están reuniendo en la sede central de los socialistas, en la Willy-Brand-Haus. Como anfitrión, el máximo responsable del partido, Müntefering, pronunció unas palabras de bienvenida y de deseo de éxito y buen trabajo para todos. Luego hicieron sus breves discursos la Merkel, Stoiber y Schröder, y coincidieron en el propósito y la promesa de aparcar la agresividad de la pasada campaña electoral y buscar acuerdos en interés de Alemania.
Müntefering dijo que el Estado era imprescindible para garantizar la seguridad y la solidaridad. Stoiber, máximo dirigente de la democracia cristiana bávara, el más conservador de todos, le dio la razón sobre la importancia del papel del Estado y expresó su esperanza de que la unión de los dos grandes partidos sirva para superar la parálisis provocada por el derecho de veto de los Länder en el Bundesrat. Hay esperanzas de retomar, esta vez con éxito, el agudo problema de la reorganización territorial del Estado alemán, ¡quitando poder a los Länder! En los pasados años no se ha conseguido por causa de la resistencia de ciertos gobiernos de algunos de esos Estados federados, ocupados por barones conservadores que no querían perder poder.
Schröder dijo que la política no podía obrar milagros económicos y apeló al esfuerzo y la buena disposición de los sindicatos y los agentes económicos. “La política no crea puestos de trabajo”, manifestó. Opinó que el programa de la nueva coalición debe ser realista y ofreció su apoyo para el éxito. No olvidemos que habla de la coalición que va a presidir la que acaba de ser su gran rival, Angela Merkel.
El socialista que va a ser ministro de finanzas declaró que no podrá haber bajada de impuestos el próximo año, y todos los paridos asintieron sin réplica. Parece que hay un acuerdo tácito entre los dos partidos para no echarse a la cara las pasadas promesa electorales de unos y otros, en estos momentos de búsqueda en común.
- Más lejano se ve el consenso en materia de producción energética, pues los socialistas pretenden el abandono de la energía nuclear y los conservadores quieren su mantenimiento, pero ya comienzan a aparecer las primeras propuestas negociadoras, como la de que sean las empresas que producen la energía atómica las que corran con las inversiones en nuevas energías renovables.
- A partir del próximo lunes las reuniones se trasladarán a la sede central de los conservadores, la Konrad-Adenauer-Haus. Se han formado 17 grupos de trabajo, que ya comienzan a trabajar, catorce correspondientes con los ministerios y sus temas y tres más, uno dedicado a la política cultural, otro a la reconstrucción del Este y el otro, ¡a la reforma del federalismo! Se turnarán ambos partidos en la presidencia de esos grupos y en todos los casos se pretende que sean verdaderos especialistas en cada tema los designados para esas presidencias. Para el 12 de noviembre todo debe estar listo.
¿Qué por qué cuento esto aquí si no somos alemanes? Para hacer pensar que ojalá lo fuéramos. U ojalá, al menos, nuestros políticos fueran como los actuales de allá, cerrando heridas en lugar de abriéndolas, haciendo por el país en lugar de por sus obsesiones, modestos y dialogantes en lugar de iluminados y paletos.

18 octubre, 2005

La Trola (edición de noche). Noticias que podrían ser verdad guapamente

Arden los telepitos, perdón, teletipos:
- Al parecer ZP planea que su próximo Gobierno no sólo tenga igual número de varones y de damas, sino que, además, dentro de cada género haya especies. O séase, que la mitad de los ministros varones sea hétero y la otra mitad homo. Y lo mismo en el caso de las señoras ministras. En la próxima campaña las siglas ZP se sustituirán por HH. Se estudia adoptar como lema de la campaña el de "tanto monta", aunque se teme que el pueblo se lo tome a chufla y replique "manta tonta".
Se ha encargado a Solbes un estudio matemático y ha concluido que esa medida obligará a que el número de ministros sea múltiplo de cuatro. Zaplana pide explicaciones por lo de múltiplo y la Conferencia Episcopal hace cuentas atrás.
- Invitan a Bono al toque de generala y se excita. Luego se confesó.
- Se encauza la relación diplomática con la nueva Canciller alemana. "Si tuviera una hija la llamaría Angelika", aseguró Zapatero en entrevista concedida al Milch Zeitung. Rajoy le recueda que si fuera sincero en sus propósitos ya llamaría así a sus actuales hijas en la intimidad. ZP replica: "adoro a los alemanes porque son soles".

La Trola. Noticias que podrían ser verdad guapamente

- Ante las crecientes críticas a los árbitros, ZP encarga a Moratinos la convocatoria de una Conferencia Internacional sobre Arbitraje Futbolístico. Asistirán árbitros y jueces de línea de los cinco continentes. Nuestro país quiere arbitrar, declaró ZP. Por su parte Moratinos dijo: no aceptamos a EEUU como árbitro de las relaciones internacionales y tampoco vamos a quedarnos solos en fuera de juego.
Al parecer, Chávez se ha ofrecido para pitar el próximo derby madrileño. Florentino calla y sondea el terreno para encontrar petróleo en Venezuela.
- Dicen que en los pasillos más oscuros de la Moncloa circula el siguiente acertijo: ¿qué hay que echarle a un ejército para que crezca bien lozano? Respuesta: abono.
- Acebes cuelga el escaño y toma los hábitos. "He oído una voz en lo más hondo del interior interno de mi persona íntima más profunda", ha declarado, con gesto beatífico, mirada perdida y recio mentón. Se rumorea que Rajoy nombrará a Michavila para sustituirlo. No podemos perder esa línea directa con el más allá, explicó el locuaz gallego.
- Preocupación en la Conferencia de Rectores (CRUE). Al parecer en el anteproyecto de contra-meta-anti-super reforma universitaria se contiene un artículo que exige que para ser Rector de Universidad pública o privada se ha de ser investigador de reconocido prestigio. "¿Piensan que no hay más que hacer? ¿Acaso esos politicastros no tienen también que atender una casa, hija, que es una una esclava y empiezas y no sabes cuando acabas?", declaró un Rector en la peluquería.
- Este blog recibe docenas de protestas por el burdo sexismo de la última parte de la noticia anterior. Así que se añade a dicha noticia un nuevo párrafo final del siguiente tenor: el declarante es homosexual y prepara en la actualidad su boda.
- Nueva avalancha de protestas. Revisada la información, se decide alterar su contenido para no herir susceptibilidades de nadie y el párrafo entrecomillado se modifica en estos términos: "¿Piensan que no hay más que hacer? Bien se nota que esos politicastros no estudian ni preparan clases ni publican ni nada. Arrastro y veinte en bastos", declaró un Rector en el bar de su barrio.
- Se acallan las protestas. Mal asunto.
- Legionario español arrestado por arrancar una florecilla en un parque. "Estamos hartos de decirles que hasta la vida del más pequeño de los seres es sagrada", declaró el general responsable de la zona. Según un comunicado del Ministerio de Defensa, la próxima primavera comenzará en todos los cuarteles un curso obligatorio de corte y confección. En palabras de Subsecretario de la cosa, "no podemos quedarnos con las manos cruzadas sobre el fusil mientras llevamos el traje hecho unos zorros". También se programarán sesiones gratuitas de depilación y mechas.

DEMOCRACIA DE BASE

Publicado por J.A.Gª Amado en La Nueva España, Oviedo, el 9 de enero de 2005

Al común de los ciudadanos la política se nos aparece como una actividad cada vez más alejada, ajena, inasible, podríamos decir incluso que esotérica. Se nos muestra como labor para iniciados, menester de especialistas con dotes particulares, con experiencia extraordinaria o con muy cuidada formación. Todo lo cual, por cierto, casa mal con el perfil real de la mayoría de nuestros políticos profesionales, intelectualmente mediocres y personalmente vulgares.
Lo cierto es que se ha conseguido alejar al ciudadano de la política y reducirlo a mero votante escasamente reflexivo, arrastrado casi siempre por la pura emotividad de desear que venza el partido de sus simpatías, con la misma actitud con que desea que gane el domingo su equipo, porque son los suyos y nada más, porque él toda la vida ha simpatizado con esos colores. En lugar de conciencia política, pasión tribal; en vez de ideas, consignas; frente a candidatos con personalidad y programas con contenidos tangibles y diferenciables, moñigotes de diseño y tópicos insinceros.
Se obra así un distanciamiento abismal entre nosotros, ciudadanos, y las decisiones que colectivamente nos vinculan, de manera que asumimos mansamente que los hilos los mueven otros sin que nos sea posible participación ni influencia ninguna, salvo la tan tenue de elegir entre casi iguales cada cuatro años. Y ese mismo escepticismo, propio de quienes asumen su impotencia como destino ineluctable, es el que nos lleva a no ejercitar tampoco otros derechos mediante los que podríamos hacernos oír y respetar, como las libertades de manifestación, asociación, etc. Nos quedamos en casa convencidos de que no hay vía de ningún tipo para que nuestras opiniones y preferencias cuenten algo.
Con todo esto queda la sociedad civil completamente expropiada de política, y la política convertida para la ciudadanía en simple espectáculo en el que no le cabe más papel que la contemplación pasiva. Las decisiones sobre los temas que más pueden preocuparnos se toman delante de nuestras narices con todo descaro, pero haciéndonos ver que cuanto teníamos que decir ya lo dijimos con nuestro voto, mutado luego en cheque en blanco para la mayoría de turno.
Pues bien, creo que hay en todo eso un engaño tan burdo como interesado. Nuestro poder real, como meros ciudadanos de a pie, es en todo momento inmenso, pero sólo se realizará como tal cuando tomemos conciencia de que lo tenemos, cuando nos demos cuenta de que somos sujetos activos de la política de nuestra sociedad no solamente mientras votamos, sino en todas y cada una de las ocasiones en que con nuestras decisiones condicionamos las posibilidades y el futuro de los grupos e individuos que nos rodean. Pongamos un ejemplo sencillo. Si yo estoy en contra del machismo maltratador y violento, haré bien en votar al partido que lleve en su programa electoral propuestas útiles y creíbles para acabar con ese cáncer social. Pero aún más eficaz para ese fin será que deje de saludar a quien sé que es un maltratador, o que me niegue a compartir la mesa o la barra del bar con uno solo de ellos o de quienes los jalean. Y si detesto el terrorismo, nada de reírle las gracietas al batasuno amateur que tome café en el mismo bar que yo. Si la más mínima violencia, por supuesto. Pero sin concesiones.
Nos expresamos con nuestras acciones mucho más radical y claramente que con nuestros votos. Y nuestra fuerza colectiva es infinitamente mayor cuando somos muchos los que en el día a día obramos en consecuencia con lo que sentimos y queremos. En las últimas semanas hemos tenido una prodigiosa demostración de esto con el asunto del cava catalán. Quién nos iba a decir que el comportamiento de los consumidores navideños resultaría más efectivo para moderar ciertas chulerías que todos los talentos del talante. Y digo que eran chulerías y no convicciones serias y respetables porque se las envainaron cuando descendieron las ventas. Eso son ideas mercenarias, creencias de mercachifle, canciones de cabaret cutre.
No se trata de seguir consignas de nadie, ni de acogerse a la disciplina de ningún nuevo grupúsculo, sino de que cada uno traduzca a sus actos cotidianos, y muy especialmente los de consumo –la pela es la pela-, las opiniones y propósitos que le suscitan las actitudes ajenas, ya sean de personas, grupos, partidos o pueblos. Yo no compro en la tienda del que me mira por encima del hombro, no voy a las fiestas del pueblo donde me llaman extranjero y no doy la mano a nadie que no aprecie más mi vida que su ideal de nación. No como donde sobro ni invierto donde me rechazan. Con esta actitud ni mato ni hiero ni insulto. Es un obrar respetuoso con todos, y muy en particular conmigo mismo y mi propia dignidad de ciudadano libre y con autoestima.
A ver quién es el guapo que dice que no es exquisitamente democrática mi conducta en esto, y plenamente considerada con los derechos de todo el mundo. El tendero faltón tiene el mismo sagrado derecho a defender sus ideales que yo a elegir al tendero que me caiga más simpático y mejor me trate. Faltaría más.

17 octubre, 2005

CRISPACIÓN. LOS POLVOS DE HOY Y LOS LODOS DE MAÑANA.

Arrancaré de una anécdota personal, mía, de hoy mismo, no sé si suficientemente significativa, pero que me ha fijado en la cabeza algunas ideas que hace tiempo ya merodeaban en ella. La anécdota es ésta. Para mis clases de Filosofía del Derecho en la Universidad de León he hecho un blog en el que cuelgo los textos que pretendo que cada semana manejen los estudiantes, al tiempo que les pido que sus comentarios y ejercicios los pongan también ahí, para que sea público y transparente lo que hace cada uno. Hemos comenzado por debatir sobre la ley que legaliza el matrimonio homosexual, y les he colocado en el blog un enlace con un texto de la Sangrada Congregación para la Doctrina de la Fe, condenatorio de las uniones homosexuales, y otro de una profesora de Derecho Canónico que habla de los caracteres del matrimonio islámico poligámico y de los problemas jurídicos para su reconocimiento en nuestro país y en otros como Francia, Italia o Gran Bretaña. La idea es tomar pie en esos debates para ir elevándose hacia la explicación y discusión de posturas diversas en materia jurídica y de filosofía política (concepción material contra concepción formal-procedimental de la Constitución, universalismo contra relativismo, comunitarismo contra individualismo, multiculturalismo contra monolitismo cultural, etc.). Pues bien, tanto en los comentarios del propio blog como en mi correo electrónico personal han aparecido en los últimos dos días seis mensajes fuertemente insultantes hacia mi y mi labor como profesor. Unos dicen que soy un fascista y otro que soy un sinvergüenza cómplice de Zapatero. Hasta cuando le zumban a uno está bien la diversidad, ya ven.
Hasta ahí la anécdota, que seguramente no tiene más significado que el de la mala suerte de que esos materiales de mis clases se hayan cruzado en el ciberespacio con un par de chiflados de diversa extracción ideológica e idéntica personalidad infame. Pero la verdad es que, aun así, todo esto me extraña menos hoy de lo que me habría chocado hace dos años, o cinco años, o quince años. ¿Por qué? Porque esta sociedad se está crispando a marchas forzadas y parece cuestión de tiempo –ojalá no sea así- el retorno de la violencia social que creíamos marginada y marginal para siempre. Veamos las razones y los temores de futuro.
Como tantísimas veces se ha dicho, la transición fue un extraño milagro, pues las Españas cainitas de antaño se reconciliaron o, al menos, aparcaron sus más violentos afanes para fundar un modelo de convivencia basado en una Constitución moderna y democrática y que sentaba unas reglas mínimas de juego que todos, o casi, parece que se comprometían y nos comprometíamos a observar: tolerancia social, respeto a las ideas y la dignidad de los contendientes, ya fueran políticos, ideológicos o religiosos, y uso “pacífico” y comedido de los medios de acción política (partidos, sindicatos, Parlamento, derechos de manifestación, reunión, huelga, etc.). Cierto que para que todo esto fuera posible muchos hubieron de tragar mucha bilis, especialmente para aceptar aquella amnistía y para soportar que tantos autores de anteriores desmanes, ya fueran policías o políticos, salieran de rositas y siguieran en sus puestos, muchas veces medrando. Y también, por supuesto, tuvieron que aguantar lo suyo los que fueron víctimas del terrorismo con anterioridad a esa amnistía.
Ese ambiente produjo un fenómeno casi único y profundamente positivo, en mi opinión: la desaparición de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Daba gusto ver en cualquier bar de barrio los acalorados debates entre afines al PSOE o Izquierda Unida y simpatizantes del PP, apasionados pero pacíficos, pues se podía confiar en que no se iba a llegar a las manos ni se iba a traducir esa discusión en males de ningún tipo. Sólo restó sin resolverse el maldito problema terrorista en Euzkadi, donde un grupo de supuestos izquierdistas independentistas siguió matando, amenazando y practicando las formas de intolerancia y extorsión propias de todos los totalitarismos que en malhadado siglo XX han sido. Pero la enfermedad, aun grave, estaba localizada y los riesgos de contagio se percibían realmente escasos.
Esa tranquilidad de fondo se está yendo al garete. Se acabó la calma. Conviene trazar el desgraciado itinerario de la crisis de nuestra convivencia, por si podemos hacer algo todavía para atajar el mal y evitar las consecuencias más duras que pueden estar por venir.
El ejemplo de los etarras y su troupe fue prendiendo ocasionalmente en otros lados, en otros lodos. Un día escuchamos con sorpresa y perplejidad que en alguna universidad catalana ciertos activistas radicales (pobre término éste, “radical”, tan malgastado e impropiamente usado en esta época, ¿por qué el empeño de llamar radicales a los meros gamberros, a los ansiosos de tiranías o a los cómplices de asesinatos?) impedían hablar a algún conferenciante que no era de su cuerda. Pero la sociedad seguía tranquila y la convivencia entre los partidos políticos rivales continuaba siendo ejemplar: debates durísimos pero respeto de mínimos que no deben saltarse para que la contienda política no se torne violento enfrentamiento tribal. Cambió el partido de gobierno y, aun con las tensiones esperables y normales, las cosas no se salieron de madre.
El primero que empezó a dar malos síntomas fue Aznar, el Aznar del segundo mandato. Su gesto desabrido, sus desaires cada vez más comunes, su dogmatismo inflexible y su propensión a tratar al rival como enemigo y al crítico como traidor sembraron la primera semilla de un tipo de desavenencias que van más allá de la discrepancia civilizada y se parecen más a la pura enemistad, cuando no el odio. Dicen que quien siembra vientos recoge tempestades, aunque no estoy seguro de si las tempestades que ahora voy a mencionar nacieron de los vientos sembrados por ese antipático Aznar o eran de cosecha propia del PSOE y sus compañeros de viaje. El caso es que primero con el Prestige y luego, más radicalmente, con la guerra de Iraq se fomentó que la gente se echara a la calle para llamar a Aznar y a su gobierno asesinos y lindezas por el estilo. El insulto seguía su imparable avance hacia la suplantación de la verdadera política digna de una democracia.
Y llegó el desdichado 11M, y con él la torpeza de un Gobierno que duda entre respetar la transparencia o dejarse arrastrar por el mero cálculo electoral, que da una de cal y otra de arena y que siembra en los ciudadanos una comprensible inquietud con sus dimes y diretes, con sus comunicados y desmentidos y con su agresiva actitud contra los que dudan de sus tesis iniciales, a los que se llega a tachar de miserables. Los que no dudaron fueron los del PSOE, que organizaron la rubalcabada. La ocasión la pintaban calva y no se desperdició. Abajo los formalismos y las contemplaciones y usemos la jornada de reflexión para seguir dando caña callejera y mediática. La victoria electoral, así y todo, fue legítima, a mi juicio. Que se deba en más o en menos al shock de los atentados es cosa que aquí y ahora me importa poco. A lo que voy es al nuevo mal ejemplo que se dio a la ciudadanía, el ejemplo de que las reglas de juego están para violarlas y de que las cortesías y los principios de convivencia sólo valen mientras nos beneficien a nosotros, a los nuestros.
Y hete aquí que el nuevo gobierno, aupado en la imagen mediática del talante cuasivirginal de ZP, un bendito de dios, una sonrisa noble, un alma cándida, un inofensivo idealista, comienza a practicar la política más dura y menos dada al consenso y la tolerancia de todas cuantas hemos vivido del 78 para acá. La consigna real es nada el PP, todos contra el PP. Llueven los calificativos de grueso calibre. A ese partido constitucional, conservador, sí, incluso reaccionario en muchas cosas, pero constitucional, que es el Popular, se le llama cada vez más partido fascista, partido franquista y cosas por el estilo. Al tiempo, se pacta, a efectos de apoyo parlamentario, con aquellos que se habían entrenado en reventar conferencias y amordazar librepensdores. Y se hacen guiños a unos cuantos cómplices de los únicos desgraciados que venían matando y llevaban mil muertos en su cuenta. El mundo al revés, al menos en términos constitucionales y de convivencia. Como si Rajoy fuera de peor calaña que Josu Ternera o Acebes de más dudosa moralidad política que aquel Rovira que viajó a Perpiñán.
Acción y reacción. Los del otro lado tampoco son unos santos ni un dechado de prudencia y educación. Rajoy no es capaz de manejar el ala más extrema y autoritaria de su partido. Zapatero parece que no tiene ningún interés en tener a raya a los más faltones y macarras de los de sus filas, tanto parlamentarias como extraparlamentarias. De vez en cuando se alza en el PSOE alguna experta voz razonable que pide mesura, contención y seso. Y a esos les manda callar ZP cuando así se lo indican sus socios más gamberros.
Y ha comenzado a pasar, para desventura de todos, lo que tenía que pasar, así puestas las cosas. Una cadena de desgracias interrelacionadas, que ojalá no tengamos que pagar más caras que lo que ya nos están costando. Por una parte, resurge la extrema derecha. Apuesto a que antes de dos legislaturas los tenemos en el Parlamento dando mal ejemplo y en la calle dando otras cosas aún peores. Sólo están esperando que aparezca su Le Pen, una figura que los aglutine. Y, si acierto en esta negra previsión –ojalá no- será el momento de preguntarse de quién fue la culpa. Estará repartida, seguro, pero me atrevería a pronosticar que será de una derecha constitucional débil y dubitativa, sin criterio claro sobre márgenes y límites, como la que encarna Rajoy (uno se acuerda de Suárez o Calvo Sotelo y la nostalgia se hace insufrible), y de una izquierda zapateril y rubalcabista, que con su resentimiento atávico (¿por qué odia ZP? Algún día un doctorando psicólogo o psiquiatra se hará en serio esta pregunta) es reacia al diálogo con una derecha civilizada y quiere echarla toda al saco de los franquistas más reaccionarios, y que con su indigencia intelectual hace de la política cotidiana improvisación al son que toquen sus socios más truculentos, que más que aliados deberíamos llamar cómplices.
Acción y reacción. Agitan los unos el fantasma del franquismo, que estaba muerto y bien muerto, y Franco resucita, otra vez envuelto en la bandera “nacional” y al grito viejo de “España, una; España, grande; España, libre”. En Madrid ya se los ve cada fin de semana en determinadas plazas. Y en la red de redes hacen furor. Y en los chats, y en los blogs. Acción y reacción. Y los otros, los matones que en nombre de otras “naciones” también están dispuestos a amenazar, herir y matar (o a seguir haciéndolo), ven una nueva razón para su guerra y una nueva justicia para su delictiva condición. Y se crecen con los guiños y la comprensión de todo un gobierno, un gobierno que guarda la posta más gruesa para la derecha constitucional del PP y que por un plato de lentejas parlamentarias es capaz de mostrarse comprensivo y aterciopelado con el mismísimo Pol Pot, si se pone a tiro de sonrisa.
Somos, pobres ciudadanos, el espejo de nuestros políticos, nos contagiamos de sus sensaciones y sus actitudes y las devolvemos multiplicadas. Aquella sociedad que veía cómo Carrillo, González, Suárez y Fraga se daban la mano, mirándose a los ojos con franqueza y jugando limpio, tomaba buen ejemplo de un modo de convivir y del significado de las reglas del juego democrático, de esa especie de Constitución material que se teje de lealtad al conciudadano por encima de las discrepancias ideológicas con él. Y eso al margen de lo que entonces se dijera, o de lo que aún se diga hoy, del pasado mejor o peor, más presentable o menos, de cualquiera de esos personajes que he puesto como ejemplo. Y hasta la superación de aquellos pasados dogmáticos o muy poco edificantes en algún caso, era ejemplo para los ciudadanos: lo que había que construir sólo podía construirse entre todos, y edificarlo era tan importante como para explicar perdones y compensar impunidades.
Eran otros tiempos, eran otras gentes. Eran otros talantes. El talante de los de ahora, y muy en especial de los que desde el gobierno disfrutan más arrinconando al rival con fintas mediáticas y argucias retóricas que proponiendo un programa de gobierno al que atenerse y del que fiarse, provoca tensión y ánimo revanchista en muchos. Y una buena parte de esa oposición que vuelve a oler a sotana raída y a porra de goma tampoco sirve precisamente para calmar los ánimos inquietos.
¿Aguantará ZP sin sonreír cuando llegue el primer muerto o se deshará su talante en sonrisas al pensar que ya ganó, otra vez, las elecciones? ¿Deberá Rajoy confiar en que vuelva ETA a las andadas para ganarlas él? Triste política, mezquina política de odios que computa los muertos como triunfos.
Entretanto, nosotros ya hemos comenzado a insultarnos. La cuenta atrás ya ha empezado. Malditos sean.

16 octubre, 2005

Lula, la corrupción y nosotros mismos.

Escribe Ignacio Ramonet un editorial de Le Monde Diplomatique titulado, Brasil, el atolladero. En él se refiere a los casos probados de corrupción del Partido de los Trabajadores, el de Lula, que compraba a precios bien altos los votos de los parlamentarios de los partidos aliados y que financió también con fondos ilegales, al parecer, la campaña misma que dio la Presidencia a Lula. Se nota cómo a Ramonet se le abren las carnes al tener que reconocer un dato que le sorprende, el de la corrupción de un partido progresista y de izquierda como el PT, y hace gala de su mejor estilo para oponer, al menos, atenuantes a esas prácticas que ya no se pueden negar: Lula no está pringado, no se ha probado que las corruptelas hayan servido para aumentar el patrimonio personal de los políticos del PT, es la de la compra de votos práctica usual en muchos países con sistemas parlamentarios deficientes y a ella son proclives, por lo que se ve, los partidos y parlamentarios coyunturalmente aliados con Lula, no el PT mismo, etc., etc.
Comparto plenamente con Ramonet (en mi modestia, que tiene que ver con algo que diré al acabar) un sentimiento de profunda decepción. Pero tal vez no las razones de la misma. A mí (modestamente) no me sorprende absolutamente nada que la corrupción haya impregnado también el partido de Lula, una vez en el poder. Luego diré por qué. La decepción que comparto tiene que ver con el fracaso, si no total sí muy elevado, de Lula y su partido a la hora de comenzar a solucionar en serio y con eficacia los tremendos problemas sociales de Brasil y, ante todo, la apabullante pobreza de una gran parte de su sociedad, unida a la riqueza descomunal de unos pocos. Parecían el partido y el hombre apropiados, pues prescindían de veleidades pseodorevolucionarias y genocidas -y corruptas- del tipo de las de la guerrilla de la vecina Colombia, y prometían una política capaz de combinar el respeto a la democracia con la acción constante, segura y eficiente en favor de la mejor distribución de la riqueza en Brasil. Y, por lo que parece, los logros en ese campo son bien escasos. Ésa es la pregunta que hay que hacerse y ése es el fracaso cuyas causas conviene averiguar. Si Lula fracasa, se desvanece tal vez la última esperanza seria para Latinoamérica. Quedarían tan sólo el populismo y la demagogia de sujetos como Chávez, antes militar golpista y hoy consumado payaso, especializado en tongos electorales y deslumbramiento de jóvenes políticos incautos y prejuiciosos.
¿Y la corrupción? Nada sorprendente. Siguen muchos, como Ramonet, dando por sentado que los gobiernos conservadores son corruptos por definición, y no así los de izquierda, que se presumen puros, muchas veces con fuerza casi irrebatible. Me parece que el error está ahí, en extender el maniqueísmo también a este asunto. ¿Cuándo vamos a aprender de la historia del siglo XX, sin ir más lejos? Y esa historia nos enseña que regímenes y gobiernos corruptos lo han sido los de una mano y los de la otra. Corrupción hasta los tuétanos en los fascismos y corrupción hasta el alma en los llamados países comunistas. Y en las democracias, corrupción en los gobiernos conservadores y corrupción en los gobiernos socialistas. Tal cual. Así que la propensión a hacer de la práctica política una rentable empresa personal o grupal no es signo distintivo de esta o aquella ideología. Tampoco lo es de credos de otro tipo, comenzando por el religioso. Todos hemos visto putrefactos gobiernos católicos y otros ateos no tan corruptos. Y exactamente igual a la inversa en otras ocasiones.
Que el supremo líder no se enriquezca dice bien poco también, historia en mano. Lo mismo parece demostrado de Stalin, Hitler, Franco, etc. ¿Eso los hace mejores o menos responsables? De Pinochet se decía hasta hace poco, cuando al fin se demostró que era un ladrón, además de un asesino como los demás. Sí hay una curiosa coincidencia en casi todos los casos, y que también dicen que salpica a Lula: ellos no ponen la mano, pero siempre aparece algún familiar (hijo, yerno...) que sí se forra a cuenta de su influencia, real o presunta, en el régimen.
¿De qué dependerá entonces este molesto asunto de la corrupción? Pues creo que no queda más remedio que pensar que es un asunto ligado a la naturaleza humana, una cuestión de carácter. O de talante. La tentación de la riqueza, del lujo y del privilegio es muy fuerte en todo ser humano, sea cual sea su credo o su militancia. Y la mayoría sucumbe. Sólo se salvan unos pocos, de un lado o de otro, armados de una conciencia escrupulosa y una voluntad muy sólida.
¿Y no hay soluciones? Desde luego, si las hay no pasan por creer que el problema se resuelve mágicamente porque gobiernen blancos o negros, mujeres u hombres, progresistas o conservadores, defensores del mercado o partidarios del Estado, creyentes o descreídos. No. La corrupción, como termita, penetra y roe en cualquiera de esos grupos en cuanto tienen poder y acceso al arca de los dineros. ¿Entonces?
Las soluciones sólo pueden ser estructurales, y pasan por la acción combinada de dos mecanismos. Uno, una reglamentación de la gestión de los asuntos públicos que ponga las mayores barreras a esas prácticas, procurando el grado más alto de transparencia de las decisiones y de responsabilidad de los gestores. Y dos, más importante, que la sociedad participe de una moral de lo público muy estricta, de modo que sea muy fuerte la convicción de que es un indeseable el que se prevale de su responsabilidad pública para robar o lograr para él o los próximos lo que no se corresponde con su mérito, y que al que así proceda se le condene al más oprobioso ostracismo social.
Y en esas dos cosas las sociedades actuales transitan hoy los caminos inversos. La legislación suele ser puramente simbólica, orientada a cultivar apariencias de combate de la corrupción, al tiempo que subrepticiamente se crean reductos cada vez mayores de impunidad y opacidad. Otras veces esto último ya se hace a cara descubierta, como ocurre en la Italia de Berlusconi. En cuanto a la moral social dominante, mal puede resistirse a la corrupción y condenarla una sociedad en la que los más sucios ladrones, los campeones absolutos del cohecho y la mordida, son el modelo admirado que todos quieren imitar. ¿O es que no nos gustaría que un hijo nuestro presidiera algún importante equipo de fútbol, por ejemplo?
Todo esto es muy abstracto, lo sé. Así que terminemos con algo más cercano y práctico: usted, amable lector, si formara parte de un tribunal que resuelve un concurso para el acceso a una plaza de funcionario, ¿decidiría a favor de un pariente suyo, o de un amigo suyo, o de uno de su partido, su sindicato o su barrio, en detrimento de un desconocido que tuviera mayores méritos objetivos? No hace falta que me conteste, pero sea sincero consigo mismo. Verá como entiende lo que pasa. La limpieza debemos comenzarla por la casa de cada uno, en lugar de confiar en que venga un Lula que nos transforme tanto como para que no nos reconozca ni la madre que nos parió.
Ah, me faltaba algo que había prometido. Varios amigos que frecuentan el personaje y sus ambientes me aseguran que el mencionado director y editorialista de Le Monde Diplomatique exige hotel de cinco estrellas cuando es invitado a dar una conferencia por estos lares. No, eso no es corrupción, en absoluto. Ni delito. Ni siquiera inmoralidad. No pretendía insinuar nada de eso. Sólo que parece un aristócrata conservadorón a la antigua usanza, no un tipo de origen humilde y espíritu igualitario como Lula. Nada más.


El cuadro de la semana













Lo que queda de España.
Homenaje a Cernuda

Aníbal Huidobro.

Marruecos

Interesante artículo de Ángel Aznarez, notario en mi querido Gijón (y en tiempos pasados profesor de Derecho Internacional en Oviedo), sobre Marruecos y otras cosas, publicado hoy, domingo 16, en La Nueva España, sección de opinión. Me permito cortar y pegar aquí lo que opina del Estado marroquí en cuanto empresa familiar de sus monarcas. De todos modos, ¿acado eso nos va a hacer dudar de que Mohamed VI es un amigo leal y su sistema político mucho menos merecedor de reproche y rechazo que estas pervertidas democracias occidentales, y no digamos la de EEUU?
Ahí va lo que dice Aznarez:
"En este siglo nuevo, la mal denominada comunidad internacional sigue teniendo a los estados como actores y protagonistas principales -la mayoría de las organizaciones internacionales son una mera yuxtaposición de estados-, habiéndose multiplicado el número de éstos. Sí en vísperas de la II Guerra Mundial eran sesenta, con los procesos de descolonización pasaron a ser ciento dieciocho en 1963, alcanzando en el año 2000 la cifra de ciento noventa y seis. Tal hecho permite tres deducciones. La primera es el atractivo que la idea de Estado sigue teniendo para muchos pueblos (o mejor, para sus dirigentes), que aspiran tenazmente a la autodeterminación y a la soberanía estatales. La segunda es lo que se ha llamado «la descomposición interna y externa de la soberanía» (Pierre Rosanvallon «Lección inaugural del Colegio de Francia el 28 de marzo de 2002»), haciéndose los espacios físicos y territorios de la política cada vez más pequeños y reducidos, al tiempo que, opuestamente, los espacios económicos se hacen cada vez más globales. Por ello, lo que viene ocurriendo en España desde hace años forma parte de una tendencia generalizada y preocupante, donde la política, cada vez más encerrada en pequeños territorios, facilita la aparición de señores feudales, como si del Estado moderno se regresase al medievo, y de caciques, cuyos intereses particulares, básicamente económicos, van en contra de los generales del pueblo (cada vez más los discursos políticos falsean conscientemente esa realidad lamentable). Finalmente, la tercera deducción es que en tan elevado número de estados hay de todo; junto a verdaderos estados, hay otros, que de Estado sólo tienen la apariencia (fantoches), siendo en realidad organizaciones dedicadas a la delincuencia (al terrorismo, al narcotráfico, a tráficos ilegales, a la evasión fiscal y a la custodia de los dineros de la corrupción política y económica). Y nuestro vecino del sur, Marruecos, ¿qué tipo de Estado es? Su importancia geoestratégica siempre ha sido grande. Antes, en plena guerra fría (hasta 1989), fue pieza fundamental en el norte de África al servicio de Occidente, controlando el filocomunismo de otros vecinos, en particular el de Argelia (República Socialista de Houari Boumédienne). Ahora es instrumento clave, también al servicio de Occidente, en la estrategia primera de información y penetración en el hermético Islam radical (no hay país musulmán donde los espías trabajen tan cómodamente) y la posterior de su contención. Fue a la muerte de Hassan II, en libros y en revistas especializadas de economía y geopolítica, donde se reveló el entramado económico-financiero del Reino alauita, resultando que los intereses económicos de la llamada «familia real» son los motores de la política marroquí. Eso es nuestro vecino Marruecos: una empresa familia dedicada al «business» con forma de Estado, a merced del más pagador, y con una gran importancia estratégica. Tal naturaleza del vecino ha colocado y coloca a España en una posición delicada y frágil, pues muchas cosas graves aquí ocurridas han sido dirigidas desde allí, bien por cuenta propia o bien por cuenta de terceros. Los españoles no deberíamos haber olvidado el episodio de la «marcha verde», que fue uno -entre otros- de los preludios de la intervención extranjera en la Transición política española; ahora ya sabemos quién estuvo detrás de tal marcha, allá en 1975, que dejó muy desairado al entonces Príncipe de España, que se estrenaba en funciones de jefe de Estado, por el vergonzoso abandono del Sahara Occidental y de sus habitantes en infame retirada española. Meses antes, la que era emblemática revista «Cambio 16» (número 155, de 10 de noviembre de 1974), titulaba en portada: ¡Que viene la CIA! Haría muy bien el Gobierno de España, si pudiere, profundizar y responder a las informaciones de algunos medios españoles, acaso sin fundamento, sobre la intervención marroquí, por su cuenta o por la de otros, en el criminal atentado de marzo de 2004 en Madrid. Y ello, porque aclarar dudas es, aunque atípico, un derecho de los ciudadanos; y también porque la «seguridad del Estado», expresión pomposa donde las haya, debe ser algo más consistente que una frágil pompa de jabón para distracción de niños.¡Qué temerario es tener tal vecino, ser al tiempo detestado por Norteamérica y aliarse con el venezolano Chaves! Y eso aunque los EE UU a veces se distraigan, como distraídos debían de estar en marzo de 2004".

15 octubre, 2005

Derecho y poesía.XIV.

CHINOS DE CHINA
en Panama Air
las azafatas
son muñecas mestizas
de orquídea negra y mujer

los chinos roncan cansancios
reconocen la coca-cola y el huevo duro

trabajarán
tierras ocultas en selvas roturadas
o buscarán el oro negro en bosques aterrados
las azafatas se casarán con petroleros
o hacendados
y morirán degolladas por los hijos de estos chinos

en el año dos mil.

Manuel Vázquez Montalbán, Pero el viajero que huye.

14 octubre, 2005

LAS COSAS CLARAS Y LA ACADEMIA ESPESA

La Academia Sueca acaba de conceder el Nobel de literatura a Harold Pinter, afamado dramaturgo inglés. La justicia del galardón se supone (al menos en todo lo que se pueda suponer justicia en los asuntos humanos) y, sea como sea, no soy yo quien para cuestionarla. Lo que sí me admira es la claridad con que la prestigiosa institución que lleva el nombre del inventor de la dinamita ha justificado dicho premio.
Según cuenta El Mundo “La Academia Sueca señala en su argumentación que Pinter deja al descubierto en sus dramas "el precipicio que hay detrás de la conversación diaria y que irrumpe en los espacios cerrados de la opresión". En sus dramas, Pinter "crea situaciones dramáticas a partir de conversaciones cotidianas, que para nosotros ponen en evidencia la existencia humana de una manera única", ha añadido”. La Vanguardia recoge así la argumentación: “Horace Engdahl, secretario permanente de la Academia Sueca, indicó que la labor de Pinter, "basada en el drama, descubre el precipicio de las conversaciones cotidianas e irrumpe en los espacios cerrados de la opresión (...) revelando la existencia humana con una habilidad sin precedentes". Muy bien. Así, con un par de cataplines/as. Ya ningún ciudadano, o al menos ninguno de los de a pie, tendrá dudas sobre los méritos literarios de tal escritor ni sobre los contenidos de su obra. Y de paso se fomenta la lectura, naturalmente. Qué menos se podía esperar, sino que fuera sublime la literatura con que se da cuenta de un premio Nobel de literatura. Si lee esas parrafadas mi tía Obdulia, se sentirá irremisiblemente atraída por la obra de Pinter y correrá afanosa a la librería para mercar todos sus libros.
Uno se abandona a las ensoñaciones y se imagina que un día le dan un premio de éstos, por ejemplo por este blog mismamente, qué caray, y que los mecenas que a uno así le distinguen y le hacen justicia se sueltan con un discurso tal que así, verbi gratia: “destaca en la obra de garciamado la voluntad de simetrías compactas que sintetizan el claroscuro de la densa paradoja que impregna el trasunto existencial en que se aúna el vértigo histórico del homo sapiens y el rictus sincopado del homo ludens, matizado todo ello por una conciencia que se hace a sí misma al deshacerse en fútiles morosidades”. ¡Guau, cómo me pone!.
La cultura al alcance de todos, como tiene que ser. Y yo con estos pelos.
Menos mal que, al menos, Pinter es de los nuestros. Será por eso que ayer Radio Nacional de España (¿para cuándo la enmienda de ERC que proponga que pase a llamarse Radio Transnacional del Estado Español?) después de leer parrafadas como ésas añadió que recientemente Pinter llamó idiota a Blair y asesino de masas a Bush. Lo mismo que opinan la mitad de los de mi pueblo sin ser conscientes de que están al nivel de todo un premio Nobel. Para que vean como somos los de Ruedes.

13 octubre, 2005

Buen artículo para un buen debate entre gente seria

Interesantísimo el debate generado por el artículo valiente que ayer publicaba Alfonso Rojo en ABC (mañana cuento algo sobre los riesgos de leer y mencionar ABC en público) y que hoy reproduce, con muchos comentarios de lectores, Periodistadigital. Se estará de acuerdo o no, pero lo indudable, a mi modo de ver, es que planteamientos así hacen falta para acabar con el maldito discurso único de lo políticamente correcto y para que nos pongamos de nuevo a pensar, en lugar de repetir consignas fofas de las que quedan bien en los cócteles de la gente guay que aspira a carguito o puestito o polvete con chica/o progre. Pues eso, más madera es lo que hace falta.

Vuelven los escudos humanos a Iraq

La revista alemana Die Lüge publicaba ayer una noticia que me sorprende muy gratamente. Explica que en muchos países, y muy destacadamente en España, se están alistando voluntarios para viajar a las principales ciudades iraquíes que están siendo objeto de continuos y cruentos atentados con bombas contra la población civil, atentados causados por los que muchos medios de comunicación llaman "la insurgencia" y que tienen como móvil claro el de evitar que Iraq tenga Constitución y alguna forma de democracia, que sus ciudadanos sean libres y vivan en paz, en suma. Uno de los líderes de ese nuevo movimiento de escudos humanos, el vasco Gorka K., declara a la mencionada revista lo siguiente: "De la misma manera que nos opusimos a los bombardeos de Bush porque no podíamos permitir la muerte de civiles inocentes, incluidos muchos niños, tenemos ahora que hacer valer nuestra voz y nuestra presencia para parar los crímenes de los enemigos de la libertad, ésos que no reparan en atentar con la mayor crueldad contra la población civil que sólo quiere un trozo de pan, trabajo y vivir en libertad con pleno respeto de sus derechos más elementales". Informa luego la mencionada revista de que el propósito de esos valerosos defensores de los derechos de los ciudadanos iraquíes es tener presencia constante y bien visible en las calles y las entradas de las instituciones que más fácilmente los "insurgentes" pueden tener como objetivo para sus atentados, y que para ello dichos voluntarios se turnarán a lo largo del día en grupos de dos.
FIN DE LA NOTICIA
¿Se la ha creído usted? Pues es falsa, por supuesto, pura broma de un servidor.
Pero meditemos y hagámonos algunas preguntas:
- Si hubo escudos humanos para defender a la población civil iraquí frente a la agresión perpetrada por Bush cuando aún mandaba Sadam Hussein, ¿por que no los hay ahora que la población civil muere en mayor número y de forma aún más vil, si cabe? Elija el amable lector qué respuesta le parece más acertada de entre las siguientes posibles, o sugiera alguna alternativa verosímil:
a) Porque lo que cuenta no es quién muere, sino quién mata, y si mata Bush es más reprobable la acción que si lo hacen los esbirros de Al-Queda o los nostálgicos de Sadam.
b) Porque los escudos humanos de entonces confiaban en que los americanos no bombardearan cuando o donde ellos estaban, mientras que los "insurgentes" se pueden desternillar de risa ante la sola idea de frenarse ante tales escudos de occidentales que consideran degenerados.
c) Porque lo que aquellos escudos humanos defendían no era lo que decían que defendían, es decir, la vida y los derechos de los iraquíes inocentes.
d) Porque lo que aquellos señores y señoras querían no era proteger a la población civil iraquí, sino a Sadam.
e) Porque opinan que en este momento la presencia en Iraq de tan aguerridos activistas de los derechos humanos puede dañar las expectativas mundiales generadas por el proyecto de alianza de civilizaciones, y lo primero es lo primero.

11 octubre, 2005

Foto de la semana.



Y al final, la libertad

(restos del Muro de Berlín. Octubre 2005)

Juan A.Gª.Amado

MINIMA BERLINESA

- Todo un carácter Otto Schily, importante personaje histórico del Partido Socialista Alemán y ministro de interior en el Gobierno socialistas-verdes presidido por Schröeder y que ahora acaba. Declaró estos días que buena parte de la responsabilidad por las recientes avalanchas de inmigrantes hacia Europa, y en particular a través de Ceuta y Melilla, la tiene el Gobierno español, por el efecto llamada de sus recientes decisiones en materia inmigratoria, especialmente la última legalización de ilegales. Como medida para atajar por el momento el grave problema propone que Europa sancione a los países de origen que se nieguen a aceptar la repatriación de sus ciudadanos. Todo eso lo dice él, y si alguno no me cree, que se agencie la manera de consultar Der Tagespiegel del pasado domingo, página 6. Que ZP lo mande callar, carajo, como a los suyos. Además, ¿no éramos amigos de Schröeder y su Gobierno?

- Más de Otto Schily. Se halla metido en un escándalo mediático por haber permitido que, a instancia del Ministerio Fiscal y en el curso de una investigación judicial en marcha, la policía allanase las instalaciones de la revista Cicero y se llevase quince cajas con documentos que uno de sus periodistas guardaba y que contenían información confidencial que se había filtrado ilegalmente desde la Fiscalía Federal. El detonante fue una publicación de dicha revista en la que se daban datos secretos sobre la red de Al-Queda en Alemania. El Ministro, muy cuestionado por casi toda la prensa e, incluso, en su propio grupo parlamentario por causa de ese ataque a la libertad de información, se defiende con uñas y dientes y afirma que también los periodistas y los periódicos están sometidos a la ley. Pobre PedroJ como Schily caiga por España.

- Un español observa aquí mismo, en Alemania, las negociaciones para la próxima coalición entre socialistas y conservadores y se muere de envidia. Y eso después de una campaña electoral durísima y en la que se dijeron de todo. Tal vez la diferencia con nuestros pagos es que éstos políticos alemanes compiten duramente, pero no se odian. O que quieren más a su país de lo que odian al rival.
Al mismo tiempo, el partido liberal y el de los verdes rugen de desesperación, pues esta vez no les toca trincar nada. Maldición, tenemos el ejemplo a tiro de piedra de España y como si nada, a seguir llamando fachas a los del PP y a darles caprichitos a ciertos niñatos de la periferia de la modernidad. Y si vemos los términos del acuerdo hasta el momento alcanzado, la envidiosa admiración se hace ya insoportable: para el partido que tuvo unos pocos votos más, la Cancillería, es decir, la Presidencia del Gobierno. Pero, para compensar, el partido socialista tendrá en ese Gobierno de la conservadora Angela Merkel dos ministros más que los conservadores. Y Schröeder se quita de enmedio para no ser un obstáculo, aunque trata de controlar lo posible de la renovación inminente de su partido.
Y ni un minuto de tiempo ni un gramo de energía para debatir chorradas sobre si Baviera será nación o si los círculos serán cuadrados. Flipante.

- Los tribunales alemanes acaban de rehabilitar oficialmente a Johann Burianek, que en 1952 fue condenado y ejecutado en la Alemania del Este por sus actos de oposición y resistencia a la dictadura. Su "delito" había sido repartir octavillas y poner carteles contra aquel régimen canalla. Todos los que lucharon contra la tiranía y arriesgaron su vida por enfrentarse a los verdugos de las libertades merecen pasar a la historia con honores. He dicho todos. Todos.

- Este que suscribe llevaba ya casi diez años sin venir por Berlín, después de algunas temporadas anteriores por estas tierras. Y le sorprenden a uno algunas cosas, bien por contraste con nuestro país, bien por diferencia con lo que esto era antes. Tres ejemplos rápidos.
Uno, que parece que los alternativos de antaño han desaparecido o han cambiado de aires. La ciudad ha perdido colorido con eso y ya no tiene aquel tono tan especial de antes. No es raro cuando uno lee también estos días que los Verdes, una vez descabalgados del Gobierno federal, empiezan a coquetear con los conservadores, con la esperanza de alianzas con ellos después de las elecciones próximas en los Länder.
Dos, que los alemanes fuman más que los españoles y que se permite fumar prácticamente en todos los lugares en los que España ya no se consiente.
Y tres, lo más interesante, que se nota un montón que a las instituciones públicas alemanas el dinero ya no les alcanza y comienza a percibirse un cierto deterioro en la ciudad y en ciertos servicios públicos. Causa perplejidad pensar que, entretanto, en los pasados años España se ha transformado muy positivamente, hasta el punto de haber superado a los alemanes en más de cuatro cosas, gracias a.... el dinero alemán que nos llegó a través de la UE. No me extraña nada que digan que ya está bien y que ahora nos toca pagar a nosotros para que progresen los siguientes, los países nuevos en la UE.

08 octubre, 2005

SOBRE DIOSES PARLANCHINES

Fantástico artículo en la portada del Berliner Zeitung de hoy sábado 8 de octubre. Lo firma Olivia Schoeller y se titula "Cuando Dios habla de política". Toma pie en la reciente noticia de que Bush reveló a un político palestino que a él, a Bush, Dios le ordenó personalmente que atacara Afganistán e Iraq y que trabajara para que fuera posible un Estado palestino y la paz en Oriente Medio. Recuerda también la autora que Osama Bin Laden, por su lado, también dice siempre que es Dios quien le ordena atacar el mundo infiel para edificar un Estado islámico. ¿Se contradice Dios? ¿Surgen tales intervenciones contradictorias del cielo porque allá no se trabaja lo suficiente, tal vez debido a falta de celo o de productividad o a huelgas? Porque de algún modo habrá que explicar que haya el Supremo Jefe dado a esos dos líderes mundiales órdenes tan opuestas. ¿O acaso Dios ya no sabe lo que quiere? ¿O será que esos tipos creen oír voces, aunque ni Dios les dice nada? Pero la cosa es grave, pues muere mucha gente por culpa de esos mensajes de marras que al uno y al otro les caen del cielo.
Hasta aquí lo que el artículo dice, en mi versión libérrima y resumida.
No es raro que Dios vaya diciendo de todo a esos dos personajes. Tengo yo un gran amigo, culto, inteligente, viajado, sensible, que en uno de nuestros últimos encuentros me aseguró, muy serio y sin pizca de ironía, que a él Dios le dice cosas con frecuencia, que si haz esto, que si no hagas lo otro, que si hónrame así o asá, que si cásate con esa chica o no mires a aquella otra. Y a la mujer de un colega muy serio y estricto la oí no hace mucho comentar, en una cena con bastante gente, que ella conoció un día en sueños a su ángel de la guarda, que se llama Jimmy, y que desde entonces conversan a menudo y él la aconseja siempre y con gran éxito.
En verdad en verdad os digo que no sé por qué nos sorprendemos de que el Supremo Jefe le dé indicaciones a Bush o al otro cabrón. Lleva una eternidad diciéndole de todo a mucha gente. Sus razones son inescrutables, se supone. Aunque sobre sus obsesiones favoritas algo ya podemos ir entresacando con nuestra lógica, modesta por humana: le encanta dictar a quiénes se debe matar, quién debe mandar y qué partes del cuerpo no podemos tocar placenteramente a los demás o a nosotros mismos. En eso no suele contradecirse, mira. Y cualquier teólogo un poco competente nos explicará que cuando le manda a A que mate a B y a B le ordena que acabe con A, lo hace con afán generoso, para honrar la libertad de ambos y con paternal determinación de respeto a la libertad de cada uno de ellos.
Si Dios existe debe de estar que lo lleva Dios. Pues que le diga algo de verdad a alguno que sea normal, rediós.
Nota para creyentes: efectivamente, sí, el que no se aclara y manda malas cosas es el dios de los otros, natürlich. El nuestro es bueno, justo y sabio, y cómo va a contradecirse, por Dios.
Nota per tutti: si he dicho algo políticamente incorrecto e impropio de estos tiempos en que a cualquier patán le está permitido presumir de embajador de la divinidad en la tierra y con ello forrarse, salir en la tele y hasta hacerse con el dominio de medio planeta, que me parta un rayo, divino a ser posible. Pero que no me mate uno de esos dichosos recaderos de pacotilla, please.

La foto del día



¿Alianza de civilizaciones?

J.A.Gª.Amado

Berlín, 8-X-2005

04 octubre, 2005

A viajar de nuevo. Nos vemos en Berlín.

Queridos amigos del blog, los próximos siete días andaré por Berlin, buscando el modo mejor de combinar la Staatsbibliothek y la cerveza de litro. Como siempre, trataré de contar algo de lo que pasa por allá y de seguir despotricando sobre lo que no debería pasar por acá. Y alguna foto caerá, seguro.

Breviario de bitácora. 4-X-05

Ya sé qué quiero ser de mayor: miembro de un consejo autonómico del poder judicial, de esos que se van a crear. Anda, porfa, nómbrame y prometo que llenaré mis escritos de cantos a ese benéfico acercamiento de la justicia al pueblo. Si no, tendré que decir la puñetera verdad, igual que todos esos desgraciados que no trincan nada de lo que se descentraliza con tan altruista criterio. Pesebre for me o revolución.

¿Quién quiere lo que queremos? Las grandes reformas de este país en los últimos tiempos se hacen para satisfacer los deseos de la ciudadanía: nuevos Estatutos de Autonomía porque la gente los pide, matrimonio homosexual porque la sociedad lo demanda, consejos autonómicos de la judicatura, sin competencias, pero con puestos golosos y bien remunerados, porque el pueblo desea que se le acerque la Administración de justicia. Pueblo somos usted y yo, si no ha cambiado el concepto. A mi me traen al fresco las tres cuestiones, y sospecho que como a mí a muchísimos, salvo los que están en contra de esos “progresos”, que son la mayoría ¿La mayoría? Probablemente. Entonces, ¿quién quiere eso que se hace porque lo queremos nosotros?

¿Se va a producir una revolución en la Universidad? Un testigo directo y de toda mi confianza me acaba de contar lo que ocurrió hoy mismo en una reunión del Rector de mi Universidad con los decanos de las Escuelas y Facultades. A media reunión, uno de aquellos decanos se levanta y dice que buenas tardes y que hasta la vista, que le reclama un deber familiar, pues debe recoger a su hija en la escuela. Y ahora, la sorpresa: el Rector monta en cólera y le recuerda al descarado que está en horas de trabajo y que si no le da vergüenza decirle a su propio jefe supremo, el Rector, que deja de trabajar en ese momento por razones personales. Al parecer, la bronca no quedó ahí y el decano se fue a cumplir con los deberes que considera más altos, sí, pero jurando en arameo. ¿Habrá sido un hecho aislado o nos hacemos ilusiones?

YO SÍ QUE SOY NACIÓN.

Ah, qué maravilla, hoy sí que es un buen día. Me he levantado con el pie derecho y sintiendo que comienza una etapa de mi vida, la mejor. ¿Qué me ha pasado? He descubierto que soy nación. Sí, sí, yo mismo, tal cual. Este pelmazo del blog, hasta ayer mismo su humilde servidor, ha cambiado de estatuto y ya no es un vulgar ciudadano más. Ahora soy nación. Así que cuidadín, pues me veré obligado a reconsiderar todas mis relaciones con el Estado opresor de mi autonomía y con el resto del personal.
¿Qué cómo lo he sabido? Gracias a un cuento chino que leí anoche y que paso a resumir, traduciéndolo a una prosa menos florida y con la que podamos entendernos más rápidamente. Ahí va.
Pues resulta que un individuo llamado X vivía en un gran Estado que era también un Estado grande cuyas gentes se relacionaban entre sí, comerciaban, viajaban y competían en múltiples torneos deportivos. Un día un grupo de personas de las que vivían en la misma región que X cayeron en la cuenta de que las gentes de esa región tenían cosas peculiares: hablaban de un modo distinto, les gustaba comer cosas diferentes de las que eran habituales en los otros territorios de ese Estado, eran aficionados a ciertas músicas o danzas que resultaban también bastante peculiares de aquella tierra y diferentes de las de las tierras vecinas, aun dentro del mismo Estado. Así que ese grupo dijo: nosotros somos nación y una nación tiene el derecho a autodeterminarse y a tener sus propias leyes, su gobierno propio y, a fin de cuentas, su propio Estado. Convencieron no sólo a X, sino también a la mayoría de sus coterráneos y fundaron su propio Estado, del que X pasó a ser ciudadano.
En esa región, ahora Estado, X había nacido y vivido siempre en una ciudad que podemos llamar C, para abreviar. Un día, un grupo de habitantes de C cayeron en la cuenta de que los naturales de tal ciudad eran bastante peculiares. Hablaban la lengua de la zona con modismos propios y una entonación inconfundible; bailaban una jota (bueno, su equivalente en chino) que todo el mundo conocía como “la jota de C”, pues sólo allí se danzaba desde tiempo inmemorial y sólo los de allí acertaban con la cadencia exacta de sus pasos; tenían un potaje muy curioso que era en C la comida popular por excelencia y que apenas se tomaba en otros lugares de aquella región, ahora Estado. En fin, que a base de darle vueltas a sus propias particularidades, los habitantes de C llegaron a la conclusión de que eran nación, y de inmediato exigieron y lograron tener un Estado para ellos, pues es derecho inalienable de toda nación convertirse en Estado independiente. Así que nuestro amigo X pasó a ser nacional de un Estado nuevo. Ya había cambiado dos veces de ciudadanía. No sería la última vez.
En aquella ciudad C, ahora Estado C, nuestro protagonista se había criado y había vivido siempre en un barrio de las afueras, llamémoslo B. Un día estaba X sentado con un grupo de amigos en un café de B, celebrando la fiesta local de ese barrio. A partir de la tercera cerveza se pusieron a repasar lo ligados que estaban a ese barrio suyo y cuánto les gustaban las cosas especiales que tenía: ese plato que sólo se preparaba en sus bares, aquella manera de hablar tan suya que tenían sus vecinos, las leyendas que circulaban entre sus gentes y que decían de cuando aún no era un barrio de C, sino una aldea aislada y con mucha personalidad. En fin, que esa misma noche X y sus amigos cayeron en la cuenta de algo en lo que, de tan evidente, hasta entonces no habían reparado: B era una nación. Comenzó así una disputa de años, hasta que consiguieron independizarse del Estado C y tener su propio Estado, derecho irrenunciable de toda nación, como bien sabemos.
Pasó un poco de tiempo. X se casó y tuvo hijos. Uno de esos años, con ocasión precisamente de su cumpleaños, reunió en su casa todos los miembros vivos de su familia, que representaban a cuatro generaciones. Les dio un gran banquete y después de los brindis se pusieron entre todos a recordar cosas de sus antepasados, anécdotas de su vida en común y diversas peripecias de la vida de cada uno. La conclusión se les fue imponiendo por sí sola y al cabo de un par de horas ya no había duda posible: más que una familia, o además, eran una nación. Bastaba atender a cómo a lo largo de las generaciones se había mantenido en todos cierto deje gangoso al pronunciar determinadas letras del alfabeto chino, cómo habían nacido entre ellos determinadas leyendas que cada generación narraba a la siguiente, cómo se habían afirmado determinadas tradiciones, como aquella misma de celebrar los cumpleaños en familia guisando un cordero con unas hierbas que le daban un sabor único y que, se decía, era receta que había inventado una tatarabuela hacía ya siglos. Y así tantas cosas que fueron recordando y enumerando con creciente emoción.
Les costó años, pero consiguieron que aquel Estado que no quería reconocerlos se rindiera ante la evidencia de que eran nación y ante su insoslayable consecuencia: tenían derecho a su propio Estado. Y así fue.
Pasaron los años. Con cada uno que transcurría el señor X se iba sintiendo un poco más incómodo, oprimido, tenso. Ya se sabe lo que es una familia. Donde hay confianza... Todos querían mandar y cada uno invocaba su mayor derecho: el uno que si por ser más viejo, el otro que de ninguna manera, que la prioridad debía ser de los jóvenes; los varones de la familia argumentaban que tradicionalmente en esa familia, ahora Estado, habían imperado los hombres, y que la tradición es sagrada e intocables los derechos que en ella se gestan, que son derechos históricos; las mujeres, que de ningún modo y que una cosa es que ese Estado tenga su origen en una historia familiar o otra, muy distinta que haya que tragar con todo lo que fue historia. Y así todo el día, en gresca de unos con otros y con continuo movimiento de grupos, facciones, alianzas, pactos y contrapactos.
Así que X, cansado, se subió un día a la azotea de la casa familiar, azotea que era, al tiempo, la parte más vistosa del territorio de ese Estado, y se puso a reflexionar. Y vio la luz. Él, X, era un sujeto con una fuerte personalidad. Todos le reconocían siempre que era muy suyo. Y tenían razón. No se parecía propiamente a nadie, ni a su padre ni a su madre, y por el aspecto nadie sacaría que era hermano de sus hermanos. Además, tenía muy claros sus gustos. Detestaba el acento con que hablaba su familia y trataba de evitarlo poniendo en sus palabras una entonación neutra. Se había hecho vegetariano tiempo atrás, por lo que a diario cocinaba para sí y se abstenía de tomar de la perola con el potaje familiar, que era, simultáneamente, el plato típico de aquel Estado casero. Nunca había conseguido dar ni dos pasos de aquella horrible danza a la que se entregaban con frenesí en todas las celebraciones y conmemoraciones los otros miembros de aquel Estado-nación familiar, pero le encantaba el jazz, que tenía que escuchar en solitario y entre la incomprensión general. And so on, pensó después, recordando que otra peculiaridad muy suya era que le gustaba expresarse en inglés, pese a la consigna familiar de que se debían desterrar los idiomas foráneos que pudieran poner en riesgo la identidad grupal.
En esas estaba cuando, súbitamente, tuvo la revelación crucial: Dios mío, se dijo, soy una nación. Y bajó las escaleras gritando, soy una nación, soy una nación, soy una nación. Sus conciudadanos consanguíneos y afines tanto en línea recta como colateral lo contemplaron estupefactos, pero no tuvieron más remedio que avenirse a sus argumentos cuando les dijo ¿pero no veis que tengo en mí todos y cada uno de los caracteres de una verdadera nación? ¿No os dais cuenta de que pienso distinto, hablo diferente, tengo mis propias costumbres, voy desplegando mi propia historia, llevo toda la vida siendo un ser ontológicamente separado de los demás –esto no lo entendieron todos de la misma forma-? Soy libre, soy libre y tendréis que asumirlo, no os quedará más remedio que aceptar mi derecho a autodeterminarme como nación, como nación individual. ¿O acaso vamos a hacer de la libertad para autodeterminarse una cuestión de número? ¿Acaso no hemos admitido, incluso, la sociedad anónima unipersonal? Padecía cierta deformación profesional el bueno de X, pero ese es otro tema.
Ese discurso de X tuvo efectos arrolladores. El rechazo inicial de sus connacionales, tanto consanguíneos y afines, se fue tornando silencio reflexivo. En cuestión de minutos a todos y cada uno se les fue iluminando la mirada y su ceño fruncido se tornó en sonrisa: todos y cada uno acababan se sentirse y saberse nación.
La noticia corrió como la pólvora en todo el vecindario, es decir, en los Estados vecinos, en la sociedad internacional, por tanto. El movimiento nacionalista individual se hizo imparable. Al poco, a X se le ocurrió convocar una gran asamblea de naciones individuales. Miles y miles de sujetos acudieron revestidos de unas camisas en las que en grandes letras doradas estaba escrito el lema de la reunión: “soy mi propia nación. ¡Viva mi nación libre!”. Pasados dos días de pura exaltación, alguien formuló la pregunta que todos tenían en mente y nadie se atrevía a enunciar en voz alta: ¿y ahora qué hacemos? Veían los inconvenientes de que cada uno se autodeterminase por libre. Así que, sin apenas debate, acordaron fundar un Estado. Un Estado que de tan plurinacional, pues reconocía tantas naciones como habitantes, ya no era ni siquiera un Estado-nación. Era un Estado preocupado sólo por que cada uno de sus ciudadanos individuales fuera libre, tuviera cómo ganarse dignamente la vida y no sufriera discriminación.
Fin del cuento chino.
Ahora tome cuenta el lector de la profunda emoción que a mí, a mí mismo, garciamado, me embarga en este momento. Es una emoción contradictoria. Por un lado me exalta el descubrimiento de que yo soy con toda propiedad una nación, ¡ah, qué cosa más grandiosa! Pero, por otro lado constato que soy una nación sin Estado. Miro a mi alrededor pero no veo más que rebaños conducidos por oscuros pastores. Esta misma tarde saldré a buscar otros individuos-nación como yo que estén dispuestos a fundar conmigo, de igual a igual, un auténtico Estado, un Estado de individuos libres. Lo llamaremos Estado de Derecho.
Amen.

02 octubre, 2005

Breviario de bitácora. 3-X-05.

- Cuenta hoy el Diario de León que un chimpancé ha logrado dejar de fumar después de dieciseis años de adicción. No sé yo si eso va a estimular mucho a los fumadores humanos para dejar el vicio, o si más bien les va a parecer que dejar de fumar es hacer el mono. Como cuando algunos del PP o de la Conferencia Episcopal invocan como argumento a favor de la indisolubilidad matrimonial que hay ciertos primates superiores, ciertos monos, que permanecen toda la vida con la misma pareja. Otra manera de hacer el mono y, encima, el mono rarito. ¿Por qué no nos cuentan que son muchos más los animales, criaturas de Dios, monos y no monos, que le disparan a todo lo que se mueve sin tener que pasar por el confesionario ni por el psicoanalista? La razón está con las minorías, al parecer.
El día que un grupo de monos reivindique su derecho colectivo como nación la habremos pifiado definitivamente. Y todo se andará. Al tiempo. Al fin y al cabo, ¿qué es un rebaño?

- En la inauguración del curso de la Universidad de Oviedo, el Presidente del Principado, Sr. Álvarez Areces, dijo que resultaba inaceptable que en la Universidad se siguiera suspendiendo a tantos estudiantes y que había que buscar el método para que fueran más los aprobados. ¿No habrá pensado el Sr. Areces que tal vez el problema es que son muy torpes y vagos muchos de esos alumnos que tanto suspenden? ¿Deberían superar los cursos y carreras también los más lerdos? Temo la respuesta. Así que mejor retiramos la pregunta.

- Siguen las discrepancias sobre la procedencia de las balas que mataron en la valla fronteriza de Ceuta a los cinco inmigrantes que trataban de entrar en territorio español. Dicen los de acá que fueron los de allá los que dispararon –y parece bastante claro- y dicen los de allá que fueron los de acá. ¿Cómo no se les ha ocurrido a Mohamed VI y ZP una solución de consenso, que satisfaría a los dos y pondría fin a la disputa? Sólo tendrían que decir al unísono que fue Aznar quien disparó, y todos tan contentos.

- Ayer estaba yo tomando un café en un bar de mi tierra y una señora y un señor, sentados en mi lado a la barra, contemplaban en la televisión una carrera automovilística y veían que uno de los coches chocaba. “Mira, ese se defenestró”, dijo la señora. A lo que su acompañante respondió: “sí, en estas carreras se defenestran muchos”. Estos dos paisanos míos podrían ser locutores deportivos. O licenciados de la Universidad que quiere Areces en Asturias. ¿O profesores?

- Ayer domingo lo decía un columnista de periódico y no está de más repetirlo: si tan sensible es ZP a la autodeterminación de las naciones, ¿por qué no defiende la autodeterminación de la nación saharaui?

- Cuentan que durante su estancia de ayer en su tierra leonesa, al Presidente se le preguntó sobre si se aprobaría o no en el Congreso el Estatuto catalán, ante a lo que se respondió con una de sus precisas y bien medidas respuestas, tal que así: “Que sique, que noque, que a mi novia le gustan los albaricoques. Que noque, que sique, que a mi novia le gusta el palique”. No quedó lugar a dudas.

- Si finalmente en Alemania se hace un gobierno de coalición entre los dos mayores partidos algunos nos vamos a morir de envidia. Pero aquí el jefe seguirá pensando que antes pactar con el diablo que con esos cabrones de la derecha. Talante a manos llenas, talán, talán.